LA VIDA EN MINIATURA

Dos primas, dos vidas, y la relación con los otros. Reseña de La Vida En Miniatura (Editorial Impedimenta), de Mariana Sández.
Escribe: Gabriela García
El libro que tengo entre manos, La vida en miniatura publicado por Impedimenta, tiene en su tapa una guirnalda superpuesta a un marco dorado. En ella se ven flores, pájaros y mariposas y en su centro un alce majestuoso y sereno, esos que los “hombres” quieren cazar. Al terminar de leer y volver a mirar la imagen la pintura cobra significado para mí, algo que estaba muy sugerido, pero no se ve hasta que se piensa. Lo que una novela nos ofrece puede ser una experiencia de entretenimiento, y aun así es política, y al mismo tiempo puede ser una provocación para la consciencia, y entonces es cabalmente política.
A mí me gusta imaginar que algún día cuando los arqueólogos estudien los restos del pasado y vean qué dejó esta época se encontrarán que hubo un tipo de literatura en la segunda década del siglo XXI en la cual empezaba a asomar el germen de lo que fue transformando las sociedades, textos que hablaban de la emancipación de los cuerpos y los vínculos, que nos mostraban personajes disponibles para si mismos y para los otros, responsables en el aquí y en el ahora de mostrar amabilidad y apoyo, de juntarse al prójimo en medio del desamparo y el conflicto permanente que significa vivir.
Voy a citar a Miguel Benasayag, » …ni siquiera vamos a estar bien, estamos bien. ¿Sabés que es como todo? Estar bien no depende solamente de las condiciones objetivas… Uno puede estar bien cuando uno actúa, cuando uno es libre, cuando uno es solidario, los problemas existen, se van resolviendo, pero uno no puede quedarse pasivamente esperando que los problemas se resuelvan para después estar bien. Estar bien está metido, es intrínseco con actuar solidariamente con los otros… El mundo no se cambia en lo macro. Es el desarrollo de una miríada de cosas chicas o medianas… no hay que andar pensando siempre en lo macro porque es una trampa…» (*).
El título de la novela es una declinación de las ideas de Benasayag en la literatura. La vida en miniatura de Mariana Sández nos cuenta la historia de dos primas, hijas de ingleses, una radicada en argentina y la otra en su país de origen, que intercambian papeles. Son dos mujeres grandes, rondan los 60, y la prima inglesa apoya a la argentina para que realice una locura: independizarse de la madre y el padre, un famoso pintor.

Ambos padres son tiranos, el hombre a su manera narcisista y posesiva, la madre de un modo agresivo pasivo con sus hipocondrías y sus maniobras manipuladoras para mantener a la hija, un poco sirvienta, un poco secretaria, en casa. La prima inglesa le propone sustituirla en ese caserón del barrio de Belgrano para que la argentina viaje por Inglaterra cuidando mascotas.
La novela le da un capítulo a cada una de las primas, así que podemos tener en primera persona cada una de las experiencias en ese intercambio de vidas. Dorothea, así se llama la prima argentina, va conquistando con pequeños logros llenos de humildad y ternura una vida personal, y la otra, Mary, la prima inglesa, tiene que vivenciar en carne propia lo que es el yugo de tener dos padres estragantes y un novio gris y disminuido.
Mary incita a Dorothea a seguir adelante, a conseguir algo propio, un pequeño salario, el agradecimiento de los dueños de las mascotas que se encantan con la persona tan correcta y agradable que es Dorothea, y los bichos que va cuidando que suelen ser parejas de especies distintas, algunas extravagantes, que caen bajo el influjo de esta Mary Poppins en travesía existencial.
«Después de Liverpool, un chalet sencillo de Chester me esperaba con tres conejos y un mirlo reunidos dentro de un desorden catastrófico en todos los ambientes de la casa, lo que volvía imposible circular sin pisar o patear algo…».
Y por qué abrí la reseña con la cita de Miguel Benasayag, porque puedo captar su intuición y la veo plasmada en esta suave y entrañable novela: Estar bien es intrínseco con actuar solidariamente con los otros. Es Mary la que actúa para ayudar a su prima y es la prima la que junta valor para liberarse. Definitivamente podemos escuchar en esta novela un llamamiento a actuar donde podemos y resolver en favor de la vida, la propia y ajena. Y uso la palabra vida aquí como lo que se opone al poder mortífero de esos otros que quieren gozar a costillas nuestras. Esos otros pueden tomar muchas formas, incluso parasitarnos desde adentro. Lacan (perdón por mi manía de citarlo) homologaba el plus-de-gozar a la plusvalía capitalista, algo insaciable y que sin embargo necesitamos limitar si queremos encontrar alguna forma de libertad. Libros como este nos ayudan a oír un imperativo ético, no para perseguir una utopía o una vida ideal, sino para vivir en el reconocimiento de que podemos actuar para ayudarnos sin apoderarnos unos de otros, dejándonos en la única libertad que vale la pena de ser vivida, una libertad como la de Dorothea Dodds… o como la del alce cuando no es presa.
(*) BIBLIOGRAFÍA OBLIGATORIA / Miguel Benasayag sobre su libro “La epoca de la intranquilidad”, entrevista radial.
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