14 octubre, 2026

¿Y SI LA NOCHE ES MÁS LARGA DE LO QUE ESPERÁBAMOS?

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idiotas

La larga noche de la ultraderecha se cernió sobre nosotros. ¿Dónde se buscan y desde dónde se empujan las respuestas que ya no pueden dar las coaliciones existentes para dejarla atrás?

Escribe: Laureano Ponce

Publicada originalmente el 9 de octubre del 2026 en La Nueva Poesía

¿Cómo va?

Cuando la derecha gana en Brasil, Argentina o Chile, la pregunta de siempre es “¿cómo se frena?”.

Nosotros nos pregunatamos, además, otra cosa: qué es exactamente lo que alterna. La victoria de Flávio Bolsonaro sobre Lula en la primera vuelta electoral de Brasil (esperamos la segunda cruzando los dedos) se parece demasiado a lo que vivió la Argentina entre CFK, Macri, el albertismo y Milei, o Chile entre Bachelet, Piñera, Boric y Kast.

Los jugadores del tablero electoral en esta época de nuestro continente parecen ser una derecha cada vez más radicalizada pero sin impulso vital, un “neoliberalismo zombie”, y progresismos cada vez más moderados, que le dejan a la clase trabajadora pocas respuestas para sus problemas de fondo.

Así, parece que la larga noche de la ultraderecha está en pañales.

¿Y si la noche es más larga de lo que esperábamos?

“Hacia donde vaya Brasil, irá el resto del continente latinoamericano”. La frase no es de un irredentista carioca ni de un pastor de la Iglesia Universal.

La pronunció el expresidente estadounidense Richard Nixon en 1971. El inquilino de la Casa Blanca tomaba nota así del peso geopolítico del único país lusoparlante de la región y su capacidad de traccionar políticamente a sus vecinos.

Seguramente por eso esperábamos tanto la elección del domingo 4 de octubre y soñábamos, desde la Brigada Editorial, que Lula saliera victorioso. Pero ese no fue el caso, y el resultado, una vez más, nos aleja de las afirmaciones categóricas posta posta, y al contrario, nos abre un montón de preguntas.

Direita nao tem fim

Lo primero, obvio, es el pelotazo que significa haber visto la victoria de Flávio Bolsonaro frente a Lula tras un sólo mandato del ex obrero metalúrgico, que a su vez llegó tras un sólo mandato de Jair Messias Bolsonaro (que llegó tras las elecciones que siguieron al golpe de Estado al gobierno de Dilma Rousseff, y la historia ya conocida).

La situación tiene ecos de la Argentina que se mueve de un costado a otro del bicoalicionismo político proyectado por Néstor Kirchner como el borracho que va caminando por el pasillo y rebota entre las paredes, luego de pasar de CFK a Macri, de Macri al “peronismo liberal progresista” del albertocristinismo, y de ahí a Milei.

Pero también del Chile de Bachelet / Piñera / Bachelet / Piñera / Boric / Kast, por ejemplo.

bicoalicionismo

m. Pol.

1. Sistema político en el que la competencia por el poder se organiza en torno a dos grandes coaliciones de partidos, por lo general de centroizquierda y de derecha, y no en torno a dos partidos únicos (bipartidismo) ni a una multiplicidad de fuerzas dispersas.

2. Por ext., esquema de alternancia en el gobierno entre dos bloques, que según sus críticos puede ofrecer variaciones de matiz sin cambiar el proyecto de fondo.

Ej.: El bicoalicionismo proyectado por Néstor Kirchner en 2003 buscaba superar a los partidos tradicionales y generar una competencia entre centroizquierda y centroderecha, aunque buena parte de su base seguía siendo la estructura del PJ de siempre.

¿Esto es una mera coincidencia? Puede ser, pero cuando las coincidencias se reiteran, como dicen los Tupamaros en Estado de Sitio de Costa-Gavras, hay que analizarlas como hechos objetivos.

Yves Montand como Phillip Michael Santore en Estado de Sitio. Miren esta película AYER.
Yves Montand como Phillip Michael Santore en Estado de Sitio. Miren esta película AYER.

Lo que sugiere la comparación es claro: existe la sacrosanta “alternancia democrática”.

Pero como dicen los chicos color, hagamos doble click para ver mejor cuál es el contenido de esa alternancia.

De un lado, fuerzas de derecha que, en su momento, Álvaro García Linera caracterizó como portadoras de un neoliberalismo zombie, porque ese proyecto aún camina pero ya no tiene el impulso vital para llevar adelante los cambios reaccionarios que sí consiguió materializar durante la década de 1990.

“Tenemos un neoliberalismo fallido de corto aliento y un mundo incierto. Se ha agotado el combustible neoliberal […] Está repitiendo las viejas recetas que hace 20 años fracasaron y llevaron al desastre económico y social. Es una vieja repetición mal formulada de viejas actitudes”, dijo el exvicepresidente boliviano, y la derecha pareciera haber tomado nota, porque definitivamente no es la misma que en 2018, cuando se hizo esa caracterización.

¿Y qué es lo que hay del otro lado? Ahí el terreno es más áspero, porque obliga a muchos sectores de nuestra clase trabajadora a asumir frustraciones.

Y es que las expresiones progresistas que generaron esperanzas en las dos primeras décadas del siglo XXI, a esta altura también están dando reiteradas muestras de agotamiento de sus proyectos, aquellos que fueron exitosos, podríamos decir, en la era pre-pandemia, como bien evidencia la alternancia que mencionábamos.

Pero, mientras los espacios de derecha se radicalizan, las coaliciones progresistas se entibian y se moderan, intentan dar garantías de no ser lo que otrora los acusaban de ser, y por esa vía, las discusiones de fondo para abordar las raíces de los problemas de la clase trabajadora están cada vez más ausentes en su agenda política.

Entonces, si bien existió y tal vez exista aún ese neoliberalismo zombie, también vale preguntarse si, desde la vereda “progre”, no empezó a sonar cada vez más apetecible la idea de cenarse un cerebro.

El sueño de los candidatos del progresismo argentinos: que este hombre los quiera.
El sueño de los candidatos del progresismo argentinos: que este hombre los quiera.

La gobernabilidad democrática y la alternancia dentro del proyecto

En su muy recomendable obra América Latina entre siglos, el politólogo cubano Roberto Regalado señala que la idea de gobernabilidad democrática promovida desde EEUU al final de la guerra fría y tras la salida tutelada de las dictaduras latinoamericanas hacia democracias liberales buscaba consolidar un esquema de alternancia política formal sin que ningún proyecto político pudiera poner en riesgo los intereses de Washington en América Latina.

Regalado, en ese marco, retoma un al sociólogo chileno Hugo Zemelman, que al analizar su país en el período post pinochetista, identificaba un esquema de alternancia dentro del proyecto.

Es decir, vale elegir entre opciones con matices diferentes, pero no entre proyectos diferentes. ¿No suena frustrantemente similar a un ballotage entre, o sea digamos, un Massa y un Milei?

Por si lo dudas, acá está la opinión del economista de referencia de Sergio Tomás, o sea digamos, su vice durante su gestión en el ministerio de Economía en 2023, bajo presidencia de Alberto Fernández y con impulso y respaldo del kirchnerismo paladar negro que no quiere más sciolis.

Analizando la similitud con la alternancia dentro del proyecto que destaca Regalado, el sociólogo Artemio López, consultado por La Nueva Poesía, sostiene: “Los regímenes que EEUU promueve para nuestra región, con una injerencia ya directa, son aquellos que les permiten el despliegue básicamente del extractivismo estructural y alineamiento absoluto y automático con las posiciones del Washington. Un colonialismo siglo XXI, que es mucho más que el vínculo dependiente establecido en los años 90 pero conceptualmente similar al de aquella década donde, más allá de los cambios de gobierno, el modelo de acumulación permanecía intocado. Cambiaba el director de orquesta manteniendo la misma melodía”, considera.

Coincidiendo con el análisis de Regalado de la larga década neoliberal, López considera que “ese esquema que vinieron a poner en pausa Néstor Kirchner y Cristina Fernández entre los años en el año 2003 y 2015, se retomó con el gobierno de Mauricio Macri y continúa hasta hoy profundizando la subordinación al imperialismo norteamericano, que con el actual gobierno de Milei, es ya total”.

Entonces, más preguntas: ¿Dónde se buscan -o desde dónde se empujan- las respuestas que ya no puede dar el “bicoalicionismo zombie”? ¿Cuál es el camino para salir del laberinto?

“Y al volver la vista atrás se ve la senda que quizás debamos volver a pisar”

La similitud de la década neoliberal con la “década tarada” que atraviesa la región está ahí, pero con límites.

En una reciente entrevista en El Destape, el politólogo brasileño Emir Sader planteó que “si bien en Chile ganó Kast, inmediatamente ya pierde prestigio. ¿Por qué? Porque es neoliberal. Que gane la derecha no significa que va a tener éxito. ¿Qué gobierno neoliberal en América Latina está bien hoy? ¿Cuál está estable? ¿Cuál funciona? ¿Cuál puede decir que van bien? Ninguno, no hay ningún país estabilizado con políticas neoliberales. Entonces, yo creo que la perspectiva futura sigue siendo favorable”.

“Hay que mirar los ejemplos de radicalización actuales. Todos apuntan a problemas concretos y comunes de la clase trabajadora, y tuvieron la eficacia de lograr articular esos problemas con una propuesta política al respecto. Lo de Mamdani en Nueva York, por ejemplo, tuvo como eje el tema de la vivienda, y ahora se ven las protestas en España y Francia”, agrega Mariano Del Pópolo, doctor en Ciencias Sociales de la UBA e investigador de la Universidad Católica de Chile.

Y algo de eso hay si revisamos la historia de cómo se superó en distintos países de América Latina la trampa de la democracia tutelada: en los países en que la ruptura con ese esquema de dominación fue más frontal, se dio luego de momentos en que el agotamiento del modelo económico fue acompañado de procesos de lucha social que empujaron “desde abajo” ese quiebre, como el proceso iniciado con el 4F en Venezuela, las guerras del gas en Bolivia, o el 2001 en Argentina.

Si para romper pasajeramente esa “alternancia” en esos años se hizo camino al andar, ahora hay una experiencia histórica de resistencia y lucha que es patrimonio de los pueblos y se debe recuperar para conjurar lo que bien señalaba Regalado: “incluso cuando la izquierda logra imponerse en una elección presidencial, esos triunfos se producen en condiciones en las que resulta muy difícil ejercer los resortes del gobierno para detener —y mucho menos revertir— la reestructuración neoliberal. No se trata de negar o subestimar la importancia de los espacios institucionales conquistados por la izquierda, sino de comprender que esos triunfos no son en si mismos la “alternativa”.

De ello se desprende que la prioridad de la izquierda no puede ser el ejercicio del gobierno y la búsqueda de un espacio permanente dentro de la alternabilidad neoliberal burguesa, sino acumular políticamente con vistas a la futura transformación revolucionaria de la sociedad”.

Entonces, ¿será muy larga la noche? Puede ser. Pero que la noche sea larga no quiere decir que no amanezca, y menos todavía que haya que esperar a oscuras, sentados, con miedo, a que salga el sol.


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