La categoría renueva su atractivo con el millonario pase del piloto británico a Ferrari. Una sociedad que buscará volver a sus mejores años, dentro y fuera de la pista.

Escribe: Alejandro Duchini

Publicada originalmente el domingo 18 de febrero del 2024 por Revista ACCIÓN

A sus 39 años (7 de enero de 1985), el piloto británico de Fórmula 1 Lewis Hamilton –siete veces campeón de la categoría–, forma parte de una generación de deportistas que parecen ganarle al tiempo. Son una camada que compite en los más altos niveles. Ahí están, entre otros, Lionel Messi (36 años), Cristiano Ronaldo (39), Rafa Nadal (37) y Novak Djokovic (36). Además de sus resultados, tienen carisma (y si no lo tienen, las agencias de publicidad lo arman) para manejar millones a través del marketing.
A su alrededor asoma la posibilidad del retiro por el inevitable paso del tiempo, que, por más cierto que eso sea, ellos lo desestiman con hechos. En el caso de Hamilton, acaba de firmar un contrato millonario para incorporarse, desde 2025, a la emblemática Ferrari, la histórica escudería italiana. Una decisión que revolucionó la Fórmula 1. Al punto que hasta las acciones de la marca subieron a 7.000 millones de dólares en la Bolsa de Nueva York.
En la Fórmula 1 no hay como Ferrari, «Il Cavallino Rampante» (el caballo encabritado, en español), sobrenombre de la marca por el ícono que la identifica. Tiene tradición, glamour e hinchas, muchos hinchas que son fanáticos de la escudería no solo en Italia sino en todo el mundo. Sin embargo no gana un campeonato de pilotos desde 2007 (con Kimi Raikkonen) ni uno de constructores desde 2008.
Por sus máquinas pasaron los mejores. Desde Juan Manuel Fangio a Michael Schumacher. Y ahora Hamilton, que con su llegada provocará para el año próximo un cambio de fichas en las demás escuderías. Ya se especula con pases de pilotos. En Ferrari seguirá el monegasco Charles Leclerc, pero se irá el español Carlos Sainz, el único piloto ganador que tuvo Ferrari en 2023. Y con Leclerc-Hamilton algunos apuestan a una dupla genial, mientras que otros avisan lucha de egos.

Cuestión de imagen

Hamilton, que cuando corra en Ferrari tendrá 40 años, apuntará en esta última temporada con Mercedes a ser el más ganador de todos los tiempos con un octavo título. Lo consiga o no, luego dejará atrás su vínculo de doce temporadas con la alemana, con la que estaba sólidamente identificado. Tanto que Mercedes ya lo apoyaba en 1998, cuando era una promesa de 13 años que participaba del Programa de Jóvenes Pilotos de Mercedes/McLaren.
Con Mercedes, cabe recordar sus escalofriantes números: Hamilton ganó seis de sus siete títulos mundiales: 2014, 2015, 2017, 2018, 2019 y 2020. El otro fue con McLaren, en 2008. Habrá que ver cómo procesa la decisión de Lewis la escudería alemana. Por el momento, ya se habla de que el español Fernando Alonso sería su reemplazante. Justamente, la convivencia entre Hamilton y Alonso en McLaren fue traumática para los pilotos y para la escudería.


Conductor emblemático de las últimas décadas, Hamilton es ahora eclipsado por el actual campeón, Max Verstappen (26 años, de Red Bull), quien supera a todos en cuanto a ingresos económicos. Ferrari, obligado a cortar su mala racha, le pagará al británico unos 60 millones de euros anuales. En la millonaria Fórmula 1 el dinero no es el problema. El problema es otro: la imagen. Y para mejorarla, hay que ganar. No se vive de la historia.
Hamilton, que no gana una carrera desde el 5 de diciembre de 2021 en el GP de Arabia Saudita, no llega en su mejor momento. Lleva 45 premios sin ganar y sin embargo sigue vigente tanto por sus condiciones como por su influencia. Todo un caballero, tiene gran ascendencia en el público infantil y juvenil. Suele vestirse descontracturado, no tiene problemas con las selfies y hasta entendió que las redes sociales son necesarias para tener llegada. El reconocido diseñador de moda estadounidense, Tommy Hilfiger,  lo declaró embajador de la firma y hasta le permitió aportes en el diseño de alguna colección de ropa.

Alto perfil

Su condición de primer corredor de raza negra (*) en llegar a lo más alto de la categoría lo refiere positivamente. Nunca dejó de pelear por las minorías. Declaró su apoyo al movimiento internacional Black Lives Matter (Las vidas negras importan), iniciado en redes sociales en 2013 a raíz de la absolución de George Zimmerman, vigilante de un barrio privado que disparó y mató al afroestadounidense Trayvon Martin. También creó la fundación Mission 44, para ayudar a los jóvenes británicos discriminados. Incluso contó haber sufrido comentarios racistas en el mundo del automovilismo. Junto al ya retirado Sebastian Vettel impulsó el gesto de arrodillarse antes de cada carrera como un gesto contra el racismo.
Con 23 años, 9 meses y 27 días se había convertido en el campeón más joven de la F1. Había desbancado a Alonso. Su imagen se hizo tan positiva que hasta Tom Cruise le ofreció participar en Top Gun: Maverick, de lo que desistió por su falta de tiempo; pero sí se animó como productor de una película sobre F1 que protagonizará Brad Pitt y que, ¿casualmente?, se estrenará a principios de 2025. Pudo haber formado parte de un consorcio interesado en la compra del Chelsea, de la Premier League, pero se inclinó por la NFL: es uno de los accionistas de Los Denver Broncos.
También tuvo sus puntos oscuros. En sus primeros tiempos en la F1, le acusaron de soberbio y mal compañero. A su mala relación con el español Fernando Alonso se le agregaron cortocircuitos con Heikki Kovalainen, Jenson Button y Nico Rosberg. Con los años, se volvió más amable. Millonario, glamoroso y famoso, fue tapa de las revistas del corazón que hicieron historias por sus supuestos romances con modelos y celebridades, como Rihanna, Nicki Minaj y Shakira.
Al borde de los 40, Hamilton no piensa en el retiro. Piensa en apretar a fondo el acelerador, ganar su octavo título mundial y convertirse en «Il Cavallino Rampante» de estos tiempos.

(* Nota de la redacción: no queda claro si al referirse a «raza negra», el autor hace alusión a declaraciones del mismo Hamilton, o un señalamiento propio. Por parte de la ciencia, está absolutamente claro que no existe tal cosa, y la raza humana es una sola).

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