PARA CONOCERNOS OTRA VEZ

Para conocernos otra vez, el segundo poemario de Josefina Del Pópolo, con fotos de Lucía Iparraguirre y edición de Malén Denis.
Escribe: Gabriela García
Tengo frente a mí un precioso objeto, es un libro de poemas. Decidí hacerme un presente: hacerme presente frente a él. Detenerme y leer. La cubierta es una foto en blanco y negro de un mar sin tierra a la vista. Entre su esmerilado plateado surge el título Para conocernos otra vez. Y sobre la línea del horizonte el nombre de la poeta, Josefina Del Pópolo. Suelo no googlear nombres, pero sí pienso en los títulos. A las claras este conocernos, como dice su editora, juega con esa ambigüedad preciosa del español: es conocer uno a otro, el pronombre de reciprocidad, pero también puede ser el reflexivo, nos conocemos a nosotros mismos. Y además el título agrega “otra vez” lo que hace que pueda parafrasearse en re-conocernos. Hay unas palabras de la escritora que revelan que con su ex-amante decidieron componer esta pieza artística, una pondría los poemas y la otra las fotos. Aquí encuentro un
gesto fuera de serie. En general la relación de pareja ocupa la cúspide de nuestra pirámide de relacional, bajarse de esa cúspide al llano amoroso de la amistad, esa por la cual dos seres humanos en duelo se reconocen y se enlazan en una responsabilidad mutua de cuidarse, o curarse, o intentar hacer algo con las heridas, por ejemplo, arte, me pareció por afuera de toda lógica de funcionamiento social . Un ejemplo también de cómo se puede llevar un vínculo a transitar su derrotero ético e intersubjetivo hasta el límite más valiente y tierno. El resultado es un libro con poemas de amor. Sí, otro, ¿o alguien conoce a algún ser humano que haya dado con las palabras precisas?

Si en general, decimos de más o decimos de menos, en el amor hay algo que definitivamente no se puede capturar porque está al margen de todo intercambio. Recuerdo el texto sobre el don de Jacques Derridá. El filósofo reflexiona sobre la acción de “dar”. Si te doy algo espero algo a cambio, y en esta lógica es sobre la que se fundamenta nuestro sistema cultural. El mismo sujeto o siempre está en deuda o siempre está fingiendo generosidad porque la simetría es imposible. El sujeto que ama, ni lo piensa, no sabe porque ama, el amor es puro gasto. No hay cálculo. En ese punto es que el amor es revolucionario como lo es la poesía, hace estallar las relaciones de utilidad por los aires.
“Paso todo el día pensando en vos
vos pensás que pierdo el tiempo”
Cita la autora “El tesoro, El mató a un policía motorizado”. El amor escapa a la economía de las pérdidas y las ganancias, y no se sabe por qué ocurre. “nNnca entendí por qué nos enamoramos” Dice la poeta en su lenguaje
verdadero, indefenso, hecho de las cosas que el amor hizo aparecer de nuevo: una flor, una milanesa, un perro, las estrellas, un bodegón. Porque el amor crea mundos y cuando lo perdemos la proferición “Te extraño” no es más que una onomatopeya del ruido que hizo el corazón al romperse y perder ese mundo.

Los poemas abarcan desde el rapto amoroso: ese momento en que el cielo es tan azul, hasta la pérdida del ser amado. Y entonces es gris y se convierte en una foto ardida y vieja que sólo evoca la ausencia y nos convierte en
nada.
Josefina Del Pópolo logra, una vez más, que recibamos las palabras que llegan de la experiencia, tal vez, significativa de la vida, el amor y su desgarro. Y lo logra con recursos simples, con sonoridad, y una escansión del espacio que refuerza la sensación de despojo.
Los textos van pespunteados con imágenes. Dicen que de las artes las que más se acercan a la poesía son la música y la plástica. Este libro es una muestra de ello. Las fotos son como una voz en off para los poemas y viceversa. Las amantes se han hecho un gran regalo una a la otra. Es conmovedor el resultado. Tanto el lenguaje visual como el escrito alude a esa experiencia inasible que es nombrar un duelo, ambas apuestan a lo despojado, lo minimalista, acorralan el exceso de lo que han sentido o sienten y lo ponen en los lugares más triviales, esos donde nos jugamos la vida:
“el paisaje es el mismo
la sombra del ventilador
los ruidos malditos
el falso resplandor
si no estás
la noche no sabe
cuando el verano cae”
Estos verso precedidos de la foto de la luz estriada de una persiana baja son descorazonadores.

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