TRES RAZONES PARA NO SER ESTOICO (Y PROBAR NIETZCHE EN SU LUGAR)

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Para ser una filosofía antigua, al estoicismo le va muy bien en el 2023. No obstante, hay problemas con el estoicismo, tanto en su forma moderna como en la antigua. Para mí, la filosofía de Nietzsche ofrece un camino mucho más realista y apasionante.

Escribe: Neil Durrant

Publicada originalmente el 20 de febrero del 2023 por DIALEKTIKA

Para ser una filosofía antigua, al estoicismo le va muy bien en el 2023. Citas del filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio llenan mi feed de Instagram; puedes encontrar consejos expertos de pensadores estoicos modernos sobre liderazgo, relaciones y, bueno, casi cualquier cosa. 

Es difícil imaginar que Zenón, el filósofo ateniense que fundó el estoicismo, o sus pares romanos Séneca, Marco Aurelio y Epicteto existan en el mundo actual. Sin embargo, aquí están, citados y debatidos constantemente. 

Esto se debe, en parte, a autores internacionales como Ryan Holiday y Massimo Pigliucci y la australiana Brigid Delaney. Cada uno de ellos tiene su propio enfoque del estoicismo. Holiday, antiguo ejecutivo de marketing de American Apparel, se centra en las cuatro virtudes estoicas: coraje, templanza (o moderación), justicia y sabiduría. Pigliucci, académico establecido en Nueva York, se interesa por las prácticas estoicas. La periodista Delaney, autora de Reasons not to worry: how to be stoic in chaotic times (Razones para no preocuparse: cómo ser estoico en tiempos caóticos), busca un método adecuado para afrontar la vida. 

Holiday ha sido probablemente quien más ha influido a la hora de llevar el estoicismo a un público amplio. Su nuevo libro Discipline is Destiny: the power of self control  es un bestseller del New York Times. Además, dirige una página de Instagram de gran éxito llamada dailystoic, y ha abierto una librería en su estado natal de Texas. 

Es increíble ver tanto interés público por la filosofía antigua. Como filósofo que soy, resulta inspirador. Hay muchos filósofos académicos que intentan llegar al público. Queremos demostrar la utilidad de la filosofía para la vida cotidiana. La mayoría de los filósofos y filosofías no lo consiguen. Sin embargo, si nos atenemos al éxito de estos autores, millones de personas están interesadas en el modo de vida estoico. 

No obstante, hay problemas con el estoicismo, tanto en su forma moderna como en la antigua. Reconozco que no soy un fan. He aquí mis tres razones para resistirme a esa escuela de pensamiento, y también un enfoque alternativo a algunos de los mismos problemas que aborda, que he tomado prestado de Friedrich Nietzsche, el gran filósofo alemán del siglo XIX. 

Pasividad 

Holiday, Pigliucci y Delaney están de acuerdo: uno de los aspectos más importantes y útiles del estoicismo es lo que se denomina la «dicotomía del control». Esto implica comprender que hay cosas que se pueden controlar y otras que no. La felicidad se consigue centrándose sólo (literalmente, sólo) en las cosas que se pueden controlar y dejando de lado todo lo demás. 

Para un estoico, resulta que hay muy pocas cosas que puedas controlar. De hecho, el estoicismo sugiere que lo único que realmente está bajo tu control es tu respuesta al mundo, más que cualquier cosa del mundo en sí. Delaney resume: «Sólo podemos controlar tres cosas: 1. nuestro carácter, 2. nuestras reacciones […] 3. cómo tratamos a los demás». Esforzarse en cualquier otra cosa se considera una pérdida de tiempo y energía. 

Tengo un problema con esto. En primer lugar, hay muchas cosas en el mundo real que puedo controlar. Puedo controlar mi vehículo cuando voy de compras. O, cuando me siento en mi terraza los domingos por la noche, puedo controlar el fuego de la hoguera. También puedo ejercer cierto control sobre otras personas. Digamos que mi mujer está cansada e irritable. Puedo, como buen estoico, intentar sentirme bien por ello, o puedo levantarme del salón y llevarle un vaso de vino y unas galletas con Taramasalata. 

Uno de los problemas aquí es la insistencia del estoicismo en esta distinción binaria entre las cosas que controlas y las que no. Pigliucci lo reconoce y considera brevemente una tercera categoría de cosas que están en parte bajo nuestro control, pero luego la descarta. 

«Es natural pensar que la dicotomía es demasiado estricta […]», escribe. A continuación, describe cómo un estoico moderno, William Irvine, ha sugerido una «tricotomía» que comprende el control, la influencia y el no control. Pero «esta sugerencia», escribe Pigliucci, «es un error». 

Esto nos lleva al problema de la pasividad. Si nos centramos únicamente en nuestro carácter, reacciones y acciones, como propone el estoicismo, y no ponemos ningún esfuerzo en las cosas que escapan a nuestro control directo, me parece que un estoico practicante permanecerá pasivo ante problemas importantes como el cambio climático o la desigualdad social. 

Pigliucci, Holiday y Delaney reconocen este problema. Sin querer simplificar en exceso la forma en que estos autores dan respuesta a este complejo asunto, hay un tema común en su obra. En un momento u otro, cada uno de ellos señala que, a pesar del problema de la pasividad, los estoicos practicantes pueden ser progresistas y activistas. 

Es cierto que algunos de los estoicos eran (más o menos) progresistas, o incluso activistas, en sus posiciones. La educación estoica estaba abierta a las mujeres, a diferencia de la mayoría de las escuelas filosóficas de la época. Epicteto, un estoico tardío, era un esclavo que se convirtió en sabio, un tipo de movilidad social que era más o menos inaudita en el mundo antiguo. 

Pero yo argumentaría que, independientemente de las posiciones progresistas que un estoico individual pueda o no defender, la «dicotomía del control» es una afirmación importante que milita contra el activismo, promoviendo la aceptación de todo lo que está fuera de tu control directo. 

Nietzsche nos ofrece un enfoque radicalmente distinto. Para entender lo que nos ofrece tenemos que comprender que lo ve todo como una contienda. Todo el mundo (y todo) está expresando su agencia en el mundo (su «voluntad de poder») todo el tiempo. Cuando dos personas entran en contacto entre sí, o con un animal, o una planta, o una situación, su orientación natural hacia esa persona (cosa, situación) es expresarse, ejercer su albedrío, tomar el control (o intentarlo). 

Para él, este concurso es algo que hay que aceptar independientemente del resultado. Puede ser que tengas éxito, al menos en cierta medida, y esto conlleve la satisfacción de la autoexpresión. O puede que fracases y te sientas frustrado, enfadado o deprimido. Para él, todo esto está bien. Es natural experimentar tanto el éxito como el fracaso, sentirse bien y sentirse mal. De hecho, todo ello forma parte esencial del proceso de llegar a ser lo que uno es, aunque en el intento «naufrague contra el infinito»

Este me parece un camino mucho mejor, sobre todo si quieres aprovechar al máximo tu vida y tu potencial como ser humano. Nadie conseguiría nunca nada increíble, ni daría un paso más allá de sus propias limitaciones y fronteras, si simplemente aceptara que lo único que «realmente» puede controlar es a sí mismo. Aunque el fracaso esté (casi) garantizado, tiene mérito abrirse y expresarse en el mundo (o incluso contra él). 

Claro que no puedes controlar el resultado. Claro que experimentarás el fracaso y, como consecuencia, la angustia. La respuesta de Nietzsche a esto es simplemente: ¿y qué? Citándolo directamente de su obra La gaya ciencia

¿Tan dolorosa y molesta es nuestra vida como para que sea preferible cambiarla por la forma petrificante de vida del estoico? No nos sentimos tan mal como para tener que enfermarnos igual que los estoicos.

Ecuanimidad 

Esto nos lleva al segundo problema que veo en el estoicismo: su miedo morboso a las emociones fuertes y en particular a las negativas. 

Los estoicos argumentan que la razón por la que deberíamos aceptar que no podemos controlar nada de lo que hay en el mundo es porque si no acabamos saliéndonos con la nuestra, podríamos sentirnos mal por ello. Este es el punto sobre lo externo frente a lo interno en la teoría estoica: no puedes controlar lo externo, así que no lo persigas, o podrías frustrarte, enfadarte o amargarte.  

Epicteto escribe

En cambio, si tú tienes, a lo que te pertenece, como propio y, a lo ajeno como de otro; nunca, nadie, te forzará a hacer lo que no quieres ni te impedirá hacer lo que quieres. No increparás a nadie, ni acusarás a persona alguna; no harás ni la más pequeña cosa que no desees; nadie, entonces, te hará mal alguno, y no tendrás enemigos, pues nada aceptarás que te sea perjudicial.

La autorregulación emocional y la búsqueda de la ecuanimidad interna permanente son dos cosas muy distintas.  

En la primera, nuestro objetivo es experimentar plenamente nuestros estados emocionales, pero seguir comportándonos éticamente con los demás. En la segunda, nuestro objetivo es no experimentar toda la gama de emociones humanas y, en su lugar, flotar lánguidamente en un pacífico y estéril mar que nos haga sentir bien. 

Personalmente, no puedo imaginar nada peor que la ecuanimidad. Parece una especie de muerte, un deseo de arrebatarnos una de las experiencias humanas por excelencia: nuestras emociones. 

¿Acaso sentir emociones fuertes y negativas es (quizás extrañamente) una de las grandes experiencias de la vida? ¿Por qué nos gustan las películas de terror, las canciones tristes, el teatro trágico, las obras de arte descarnadas? ¿No es precisamente para evocar esas emociones: odio, desprecio, asco, miedo, ira? El estoicismo, me parece, nos quita algo que nos encanta experimentar, aunque sea de una forma un tanto indirecta. 

Una vez más, Nietzsche ofrece una perspectiva diferente. Para él, si la vida es una contienda sin fin, y el objetivo de la vida es navegar por ella éticamente, entonces tenemos una perspectiva diferente de nuestras vidas emocionales. Cuando se trata de emociones negativas, no nos preguntamos si éstas nos hacen felices – obviamente no lo hacen, por definición. En cambio, nos preguntamos si nos ayudan en el concurso de la vida, en la autoexpresión. 

Desde esta perspectiva, emociones como el amor (y la simpatía y la compasión) pueden ser buenas, pero también perjudiciales. Emociones como la frustración, el desprecio o la ira pueden ser malas, pero también útiles. En ambos casos, la clave está en ser lo suficientemente fuerte como para permitirse sentir realmente esas emociones y luego convertirlas en acciones éticas. 

Citando a Nietzsche, la cuestión no es si estas emociones son intrínsecamente buenas o malas, sino si proceden de un lugar de déficit personal o de abundancia interior: 

Frente a todos los valores estéticos me sirvo ahora de esta distinción principal; en cada caso pregunto: «¿es el hambre o es la abundancia quien se ha convertido aquí en creador?»

Si proceden de la primera, te debilitarán y, en consecuencia, te comportarás mal. Si provienen de la segunda, te harán más fuerte y te comportarás bien. La gran ventaja de este enfoque es que te permite experimentar plenamente quién eres. 

La contradicción del perjuicio 

El último problema del estoicismo es el de los perjuicios. Esto tiene dos partes. La primera es la idea de que uno sólo está perjudicado si cree que lo está. Pigliucci resume la teoría: «No te molestan las cosas en sí, sino tus juicios sobre las cosas». 

Si, por ejemplo, alguien te roba, el problema es tu juicio de que esa cosa alguna vez fue tuya. Él lo explica: 

Nunca consideres nada como tuyo, sino como un préstamo del universo… ¿Alguien te ha quitado tu propiedad? En primer lugar, eso no era tuyo.

Pero, también según Pigliucci, el estoicismo tiene como objetivo fundamental ayudar a los demás. Hay que actuar de tal manera que se mejore la vida de los demás: «el objetivo (es) llegar a ser mejores seres humanos, lo que significa llegar a ser más reflexivos y útiles a la sociedad en general». En otras palabras, un buen estoico sólo actuará para mejorar la vida de los demás. 

Pero discrepo con el argumento de que si alguien se siente ofendido por algo que he hecho o dicho, en realidad el problema está en su cabeza, y no en mis acciones. Si le doy la vuelta a las perspectivas, ¿no podría decir simplemente que soy libre de hacer lo que me plazca y que, si la gente se siente perjudicada, pues allá ellos? Entonces, ¿en qué sentido estoy obligado a comportarme bien con los demás? 

Una de las razones por las que el estoicismo atrae a la gente es porque los estoicos tienen fama de tener una actitud muy realista ante la vida. Las cosas irán mal. Morirás. Los seres queridos te abandonarán. El estoicismo se enfrenta a todas estas realidades y dice «simplemente acéptalo». 

Pero cuando se trata de tus sentimientos sobre el perjuicio que sufres, dice: «rechaza». Rechaza la sensación de pérdida. Ignora las consecuencias económicas. Lo que creas que te ha costado este daño, no te lo ha costado. 

Esto me parece poco realista, antihumano y rayano en la falta de ética. ¿No sería mejor que, si me roban mi bicicleta de carretera de 20.000 dólares, pudiera enfadarme? ¿Sentir la injusticia? ¿Reprender al mundo? La cruda realidad es que me han herido. No todo está en mi cabeza. Pretender lo contrario es, bueno, pretender. 

De nuevo, aquí es donde encuentro útil el enfoque de Nietzsche. Él también promueve una versión de la aceptación, pero la suya es mucho más radical. Se trata de aceptarlo todo, incluido a uno mismo. 

Eres una persona que se irrita por las cosas más insignificantes, cosas que escapan a tu control, como una persona que hace crujir ruidosamente las patatas chips en el cine. Acepta todo lo relacionado con esta situación, incluidas tus propias respuestas. Tu creciente odio instintivo hacia el autor del molesto ruido. Tu absoluta incapacidad para seguir adelante y disfrutar de la película, incluso. 

Esto me parece mucho más atractivo, realista y afirmativo que el doble rasero estoico, en el que aceptas todo lo que ocurre en el mundo «ahí fuera» pero idealizas el mundo «aquí dentro». Si criticas lo que te pasa a ti y dejas pasar todo lo que pasa a los demás, acabarás sometiéndote a estándares imposibles. 

Si no es estoicismo, ¿entonces qué? 

Así pues, ¿hacia dónde vamos? Si la sabiduría estoica te ayuda a vivir como quieres, adelante. Pero si, como yo, tienes un problema con su enfoque pasivo, su reducción de la vida emocional hacia la ecuanimidad, su forma contradictoria de hablar de las normas personales en comparación con las normas para los demás, entonces te animo a buscar en otra parte. 

Para mí, la filosofía de Nietzsche ofrece un camino mucho más realista y apasionante. 

Neil Durrant es autor de Nietzsche’s Renewal of Ancient Ethics: Friendship as Contest, y dirige una cuenta de filosofía pública en Instagram 


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