LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN Y EL SAQUEO NEOLIBERAL DEL ESTE

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Escribe: Santiago Mayor

Publicada el 9 de noviembre del 2021 por NOTASPERIODISMOPOPULAR

El 9 de noviembre de 1989 fue derribado el muro que dividió la capital alemana durante 28 años. La imagen marcó el triunfo del occidente capitalista sobre el “socialismo real” y fue vendida como el principio de un camino de esperanza que no sucedió.

Tras la Segunda Guerra Mundial las potencias aliadas (EE.UU., Reino Unido, Francia y la Unión Soviética) dividieron a la derrotada Alemania en dos países: uno occidental y con economía de mercado; y otro oriental y socialista. A su vez Berlín, la capital que se encontraba dentro del Estado comunista fue también partida en dos, con el mismo criterio y en 1961 se construyó el famoso muro que terminó de materializar esa separación.

En 1989, el muro fue derribado por el pueblo oriental que reclamaba una democratización del país. Sin embargo, la “revolución pacífica” lograda por la población de la República Democrática Alemana (RDA) fue arrebatada por políticos y burgueses occidentales que no dudaron en arrasar con el país de quienes llamaban sus compatriotas.

Según un sondeo de la revista Der Spiegel -la más importante de Alemania- de diciembre de 1989, el 71% de la población oriental no quería una unificación con la República Federal (RFA) sino la RDA socialista y democrática por la que venían luchando hace años. No obstante la injerencia de Alemania Occidental fue inmediata y brutal. A tal punto que Egon Bahr, ex ministro socialdemócrata de occidente, calificó las elecciones legislativas de marzo de 1990 en la RDA (las primeras pluripartidistas) como las “más sucias que he observado en mi vida”.

Apenas unos meses después, como señalaron Rachel Knaebel y Pierre Rimbert en un artículo de Le Monde, la República Federal “anexó un Estado soberano, liquidó por completo su economía e instituciones y le trasplantó el régimen capitalista liberal”. Es que más allá de la historia oficial, no hubo ninguna “reunificación”. En 1990 Wolfgang Schäuble, ministro del Interior de la RFA dijo: “Estimados amigos, se trata del ingreso de la RDA a la República Federal no es la unificación de dos Estados iguales”.

En lugar de votar una nueva Constitución en la Alemania unificada, conforme a la Ley Fundamental de la RFA, se impuso una anexión en virtud de una discutible disposición que se había utilizado en 1957 para integrar el territorio del Sarre a occidente. Un primer paso para garantizar la anexión (y ganar las elecciones de marzo del 90) fue anunciar la unificación monetaria. El marco occidental cotizaba 4,4 marcos orientales por lo que la medida fue bien recibida en el Este. Sin embargo, el contrato tenía una contracara.

En mayo de 1990 el “gobierno del Este” controlado por Occidente firmó un acuerdo en el cual se estableció que “la unión económica se basa en la economía social de mercado en cuanto orden económico común de las dos partes contratantes”. Se especificaba el imperio de “la propiedad privada, la competencia, la libertad de precios y la libre y fundamental circulación de mano de obra, capitales, bienes y servicios”. Además establecía que se eliminaban “los fundamentos hasta ahora socialistas” de la RDA.

Sin embargo lo que vino inmediatamente después fue un alza de precios del 300% y 400% y las empresas orientales perdieron de repente toda competitividad ante la invasión de productos occidentales. Perdieron el mercado interior y también el del bloque socialista. Karl Otto Pöhl, presidente del Banco Central de Alemania Occidental, declaró que la RDA fue sometida a “un remedio para caballos que ninguna economía estaría en condiciones de soportar”.

En agosto de 1990 la producción industrial de la RDA cayó un 51,9% y a fines de 1991, un 70% respecto al año anterior. El desempleo subió de apenas 7.500 personas en enero de 1990 a 1,4 millones en enero de 1992. Ningún otro país ex-comunista tuvo números tan malos. 

La cara visible de esta destrucción fue la Treuhand, abreviatura de Treuhandanstalt. Esta institución, creada el 1º de marzo de 1990, fue la herramienta de conversión de la ex RDA al capitalismo. La entidad se convirtió en propietaria, de un día para el otro, de 8.000 empresas, 32.000 establecimientos –desde acerías hasta almacenes y cines barriales– que representaban el 57% de la superficie inmueble de la RDA. Pasó a ser el conglomerado más grande del mundo y manejaba los destinos de 4,1 millones de trabajadores (45% de la población activa del país). Al momento de su disolución en diciembre de 1994 habría privatizado todo y destruido 2,5 millones de puestos de trabajo.

Capitales privados de la RFA compraron el 85% de los bienes que poseía la Treuhand mientras que los alemanes del Este adquirieron solo el 6%. Fue “la mayor destrucción de capital productivo en tiempos de paz” según la última ministra de Economía de la RDA, Christa Luft. 

La Treuhand, no había sido creada para privatizar la economía sino que los opositores al régimen comunista la constituyeron con el objetivo de proteger “los derechos de los ciudadanos germano-orientales sobre el patrimonio del pueblo de la RDA”. La intervención occidental trocó los planes.

Su principal objetivo fue eliminar toda competencia que pudiera atentar contra los intereses de los grupos empresarios de Alemania Occidental. Es que si bien la economía oriental estaba estancada, tenía algunas empresas insignia. Una de estas era la fábrica de cámaras fotográficas Pentacon, en Dresde, que empleaba a 5.700 personas y exportaba su modelo Praktica a varios países del Oeste. Fue cerrada por la Treuhand el 2 de octubre de 1990, un día antes de la anexión. También se liquidó la rentable línea aérea Interflug para cederle todo el mercado a Lufthansa. En 1990, la Treuhand reunió en una sola entidad a todas las minas de potasio y las cedió al competidor del Oeste, la empresa K+S, que decidió cesar sus actividades de inmediato.

Las malversaciones de la Treuhand fueron tantas y tan intensas que se creó un término específico para nombrarlas: Vereinigungskriminalität (“delincuencia de la unificación”). En 1998, una comisión parlamentaria estimó el robo entre 3.000 y 6.000 millones de marcos. En 1996 el ex alcalde de Hamburgo, Henning Voscherau (socialdemócrata), sostuvo: “En verdad los cinco años de ‘construcción del Este’ representaron el mayor programa de enriquecimiento de la historia para los alemanes del Oeste”.


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