27 febrero, 2026

¿DEMOCRACIA PARA QUIÉN? ENSAYOS DE RESISTENCIA

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Un libro que nos acerca las reflexiones de “Democracia en colapso”, el seminario compartido por Ángela Davis, Patricia Hill Collins y Silvia Federici, tres feministas de referencia mundial.

Escribe: Gabriela García

No puedo omitir de ninguna manera que estoy escribiendo esta reseña a pocos días de lo que se dio a llamar “el triple femicidio de Florencio Varela. Brenda y Morena, de 20 años, y Lara, de 15 años, fueron descuartizadas en manos del “poder narco”. Y como nuestro libro reseñar se llama Democracia para quién, voy a recordar la advertencia repetida de otra gran feminista, Rita Segato, cuando dice que la cartelización es un fenómeno que está bajando por el continente americano, y que en tanto ésta se vaya apoderando de los territorios, la democracia será imposible. Cómo no hilvanar entonces este pensamiento con el de las tres conferencistas de nuestro libro. Las tres son anticapitalistas y ven que, dentro de este sistema, especialmente en su fase financiera, las democracias pueden ser vaciadas de cualquier contenido que nos evoque una pizca de igualdad o de justicia, y que dentro de su marco formal pueden albergar las más diferentes aberraciones, tal como el control de la población por organizaciones mafiosas. Los cárteles de droga tienen especial preferencia por el cuerpo de las mujeres donde inscriben con ferocidad los mensajes a sus enemigos en la disputa por los territorios.

Entre el 15 y el 19 de octubre de 2019 tuvo lugar en San Pablo, Brasil, un seminario internacional que dieron en llamar “Democracia en colapso”, en él tres feministas de referencia mundial tomaron la palabra: Ángela Davis, Patricia Hill Collins y Silvia Federici.

El libro que nos trae Eterna Cadencia presenta una versión de estas conferencias bajo el título Democracia para quién con traducción de Fernando Bogado. Está divido en tres partes, cada una corresponde a la disertación de las intelectuales. Y a su vez en cada parte encontramos la contribución de prestigiosas feministas brasileñas, quienes con lucidez aterrizan a sus propias realidades territoriales las ideas de las invitadas internacionales, y vehiculizan las preguntas del público y las sintetizan.

Hasta aquí, el objeto libro, y antes de ir al texto, veremos el contexto en el que ocurrió el evento que dio pie a esta publicación .

Lo primero que debería llamarnos la atención es que este Seminario ocurrió poco antes de que se declarara la pandemia del Coronavirus a nivel mundial. Una pandemia que, como ahora sabemos significó, un grave trauma a nivel social y una crisis política y económica que continúa operativa. Voy a detenerme un poquito aquí para calibrar la importancia de ese contexto. La pandemia representó la destrucción, parcial o total, de los códigos que disponíamos para hacer lazo social, y también fue un desastre a nivel cognitivo porque comprendimos de alguna forma, más o menos clara, que el Estado no podía garantizar las condiciones de existencia, sino que dependíamos del Mercado (el desarrollo de las vacunas, la fabricación de respiradores, de mascarillas, y un largo etc. de insumos que con mayor o menor eficiencia los gobiernos lograron proveerse). Hubo una especie de toma de conciencia del retroceso del Estado durante las décadas neoliberales, y de cuánto éste importaba. Por otro lado, la pandemia tensionó fuertemente las estructuras democráticas al hacer que un sólo poder del Estado decidiera sobre la mayor o menor rigidez de “la cuarentena”, entre otras medidas que parecían de vida o muerte. A tiempo que los engranajes de la economía se paralizaban o ralentizaban de modo tal que cuando pudieron volver a funcionar lo hicieron con dificultad y afectando la capacidad de consumo de las grandes mayorías. La calidad de vida empeoró, especialmente para los más jóvenes que vieron que la zanahoria que se les ponía por delante era cada vez más inalcanzable, definitivamente estaban mucho más limitados económicamente que sus padres. Estábamos todos más pobres y más frágiles al salir de la pandemia, como ya había advertido el presidente de Portugal mientras atravesábamos “nuestro fin del mundo”. Entendimos poco tiempo después que no todos salimos más pobres. Se produjo un fenómeno de concentración obscena en pocas manos durante esos años y los años posteriores, especialmente en manos de los CEOS de las grandes tecnológicas, el poder se redefinió, se convirtió en el poder de los algoritmos, algo asociado además a lo que empezamos a sentir bajo nuestros pies, el movimiento de placas tectónicas que se producía a nivel mundial por el cambio de manos de la hegemonía entre Estados Unidos y China en su disputa por el poderío tecnológico, y tecnológico militar.

Tuve que usar una anacrónica para comprender mejor el horizonte desde el cuál pensaban esas tres mujeres, ¿pero qué pasaba en Brasil durante ese año de 2019? Bolsonaro había asumido el poder unos meses antes, y representaba una amenaza para la idea de presente y futuro que los sectores más progresistas de la sociedad imaginaban. Lamentablemente no se equivocaban, pero que sufran las ideas es menos aterrador a que sufran los cuerpos. Los números de ese mandato en términos de muertes violentas, enfermedad y hambre así lo demuestran.

Creo que es importante tener en cuenta todo esto porque la pregunta sobre la democracia es una pregunta que puede recibir diferentes respuestas, y todas serán hijas de su tiempo. Cuando estas tres monstruas del activismo y la producción intelectual hablaron en aquel auditorio la pandemia no había ocurrido, y en otro orden, pero no menos hiriente, Gaza no estaba ocurriendo, y sí está pasando ahora frente a nuestros ojos impávidos o escandalizados. Como exhorta Bifo Berardi: cómo pensar después de Gaza. El filósofo italiano nos hace comprender que estamos en una crisis civilizatoria, pos discursiva. La palabra ha quedado arrasada, ya no vale, quienes tienen autoridad pueden decir y desdecirse, hacer lo que quieren sin límites en su goce. El ancla de lo simbólico se ha levantado, parecemos a la deriva en un mundo donde algunos ejercen su fuerza para someternos sin ningún escrúpulo, gastar nuestros cuerpos y descartarnos. Ya no se trata de un capitalismo analógico, industrial que expropiaba nuestro trabajo, sino de un tecno capitalismo, uno que chupa nuestras vidas mientras nos entretiene en “las nubes”.

Entonces de qué manera las voces de estas tres mujeres podrían alcanzarnos ahora, qué tienen para decirnos desde aquel escenario tan bien arreglado.

Ángela Davis, Patricia Hill Collins, Silvia Federici.

Ángela Yvonne Davis nació el 26 de enero de 1944, es una filósofa, política feminista, marxista y antirracista y académica estadounidense. Es especialmente conocida por su participación en distintos movimientos políticos desde la década de los setenta y por su enorme contribución al feminismo negro con su libro Mujeres, Raza y Clase de 1981. Tanto en su disertación como en su conversación parece estar pensando en la democracia como en ese sistema de gobierno que considera ciudadanos sólo a algunos, hombres pálidos y propietarios. Su discurso está atravesado de cabo a rabo por su feminismo negro, por sus luchas, por su mirada de la sociedad de abajo hacia arriba, por sospechar de la democracia liberal que, como en Estados Unidos, excluye y criminaliza a los no blancos Es vehemente al insistir en que “cuando las mujeres negras luchan por su libertad, nunca se representan solamente a ellas mismas. Representan a todas las comunidades: las negras, las indígenas, las pobres, comunidades que han sufrido una muy dura explotación económica, opresión de género, violencia racial”. Todavía George Floyd no había muerto bajo la rodilla de la policía asesina, y sin embargo Ángela ya respondía a los que dirían que no se tenía decir “Black Lives Matter” sino “todas las vidas importan”, advirtiendo que sabía por experiencia propia que las supuestas soluciones universales suelen hacer que las desigualdades propias de este sistema se hagan cada vez más rígidas. Ángela ha actuado conciente de que la lucha por los derechos, de aquellos que ridículamente se llaman minorías, es el intento dramático de desacoplar a la democracia del mercado, un mercado que nos quiere vender kits de identidades para fragmentar y controlar los reclamos. Ángela ha puesto el cuerpo a estas luchas y ha ido a prisión por darlas. Ha pensado en cómo eso que se llama democracia en su país, pero que mucho no han experimentado nunca, va intrínsecamente de la mano con el sistema carcelario, que sí tuvo que probar en carne propia. En esta disertación se ocupa largamente de cómo el encarcelamiento de personas racializadas sigue siendo un negocio tan grande como en 1864, luego de la enmienda XIII, que dejó la puerta abierta para que “todos fueran libres” menos los que delinquían, y así los que antes habían sido esclavos pasaron a ser presos forzados, acusados por delitos inexistentes, especialmente ligados a lo sexual, y formaron nuevamente la mano de obra que permitió a la economía de Estados Unidos seguir funcionando con tracción a sangre. Ahora en el país de la libertad se albergan en cárceles privadas al 25% de los presos de la población mundial. No reclaman y están monetizados, un negocio redondo.

La moderadora de Davis fue Adriana Ferreira Silva, quien llevó permanentemente la conversación a la realidad de Brasil trazando comparaciones y paralelismos, y exhortando a Ángela a pensar con ella y con su público, extrajo tal vez la pregunta más poderosa, y que tendrá siempre actualidad en tanto no consigamos mayor justicia social: ¿A qué sociedad queremos incluirnos? ¿a esa que continúa perpetrando sus ideologías y prácticas excluyentes? Ángela termina esta exposición incitándonos: “… precisamos acabar con el racismo, acabar con el heteropatricarcado, y acabar con los ataques al medioambiente. La libertad es, efectivamente, una lucha constante”.

Patricia Hill Collins es una socióloga y profesora emérita estadounidense. Nació en Filadelfia en 1948, es reconocida por su trabajo pionero en el campo del feminismo y que se puede leer en un libro icónico:   Pensamiento feminista negro y Interseccionalidad. Quizás, porque como ella misma dice, “estoy envejeciendo”, es que Patricia Hill Collins, la gran intelectual nos hace la pregunta más conmovedora: «Cómo es que seguimos viviendo nuestra vida día tras día?». Así que en su charla ella quiere indagar en ese comportamiento de persistencia. Y es aquí donde voy a parafrasearla o imaginarla, y es que a lo mejor porque en el corazón de toda activista de pluma y palabra late un interrogante que podría ser dicho de la siguiente manera: todo muy bien, pero cómo lo hacemos, cómo lo hemos hecho, cómo lo seguiremos haciendo, porque la lucha de las mujeres ha dado sus frutos, pero no alcanza, y no sólo no alcanza, no podemos conformarnos. Hay mujeres en el complejo militar-industrial-digital estadounidense, pero no era eso por lo que estábamos luchando. No debemos confundirnos y menos aún las mujeres negras.

El feminismo de Hill Collins no es una versión del feminismo blanco, y es heterogéneo como no lo es el blanco, y subraya su especificidad. Collins ve que en la tradición de resistencia intelectual y política ha habido algo rutinario, muy básico: levantarse e ir a trabajar imaginando un futuro sin cadenas, sin subordinación, el futuro de una vida mejor. La lucha contra la opresión pasando por todas sus instancias, desde que la gente fue cazada en África hasta la elaboración de reflexiones bien articuladas sobre la inexistencia de “lo negro” hasta que así lo nombró el verdugo, está atravesada por esa esperanza.

En su exposición resalta la importancia de la producción intelectual como una forma de empoderamiento, palabra que, mal aplicada cuando se la reduce a lo individual, alude sin embargo a un fenómeno que cuando es colectivo y se lo mira de abajo hacia arriba produce un brillo que permite pensar cosas como la democracia misma. También refiere a la idea de interseccionalidad como la niña de los ojos de las ciencias sociales por su productividad, y porque llegar a ella fue un gran esfuerzo por inteligir lo obvio: la convergencia de raza, clase y género en los sujetos sociales. Un esfuerzo que requiere siempre comprender algo cuando uno está comprendido.

En la ponencia retoma, ordena, y avanza. Así nos recuerda las coordenadas más importantes del feminismo negro, tal como ser una política de la esperanza. Insiste en la idea de interseccionalidad, como conciencia de la multiplicidad de condicionantes que nos implican y se refuerzan unos a otros. También señala la causa de la Justicia social, remarcando que el pensamiento feminista negro tomó hace mucho tiempo posición ética sobre el hecho de que las desigualdades no son naturales y están equivocadas. Asimismo, hace notar que el feminismo negro es acción política. Y es justamente llegando a este punto donde la pregunta por las estrategias cobra importancia. Pero para plantearla le hace falta repasar en una lista sobre cuáles son los tipos de políticas. Política de la supervivencia, si no sobrevivimos, no hay política. Política cultural, cualquier cosa que alimente el alma contribuye al empoderamiento. Política de protestas visibles o clandestinas. Políticas formales, que no queden identificadas a gobiernos y que respondan a la interconexión entre fenómenos.

Luego de repasar estos puntos se concentra en la idea de democracia como ideal. Democratizar la sociedad no significa sólo ir a votar, que es ese instante al que el poder real apunta para lograr dar la apariencia de democracia. Es la vertiente de igualdad y justicia la que le resulta más interesante.

Cuando su interlocutora brasileña, Raquel Barreto, toma el guante señala la necesidad de ver que muchas veces las teorías producidas en Estados Unidos llegan a Brasil bajo una lógica de colonización, es decir no rompen con la organización de la mesa, algunos están en el menú otros en el plato. La lucha en nuestros territorios también es una lucha anticolonial. Estamos juntas, pero nuestras circunstancias son diferentes. A partir de este punto muestra que en el norte están lidiando con un sistema de supremacía abierta, mientras que en Brasil lidian con un sistema de racismo que niega su existencia.

Raquel Barreto usa las imágenes de control, concepto creado por Patricia Hill Collins para explorar cómo son aplicables a las mujeres negras de Brasil. Y agregaría que estas imágenes sirven perfectamente para pensar a los marroncitos de la realidad argentina. Las menciono y comento con las coincidencias autóctonas: la hipersexualizaciòn de las personas negras. Viene a mi mente lo que expresa César González de su experiencia en la cárcel, cuando comenta que es la proyección del morbo de las clases burguesas lo que hace pensar que en presos violándose o teniendo sexo en las duchas mugrientas constantemente.

La negrita revoltosa y la negrita atrevida, desde Cristina Kirchner hasta Nati Zaracho, pasando por la innumerable cantidad de mujeres que sacan pecho y reclaman en la esfera de lo público, son desde el punto de vista clasista, racista, y patriarcal, unas “gronchitas atrevidas”.

La madre beneficiaria, llegado a este punto en Brasil, aquí, o en Estados Unidos, para mucho son unas parásitas que descalabran el presupuesto fiscal y no enseñan a sus hijos una cultura de trabajo. Estas madres son menos sacrosantas que las madres blancas, sus lágrimas no conmueven, las Señoras que las contratan “en negro” como empleadas domésticas sospechan de ellas y sus intenciones. Las sienten amenazantes. Recordemos aquí el mito del bebé asado, una historia truculenta que fue publicada por primera vez por la psicoanalista Marie Langer para dejar en claro que las ansiedades de ciertos sectores sociales durante el peronismo se habían exacerbado. La leyenda cuenta que una pareja burguesa decide ir al cine y dejar a su bebé en manos de la sirvienta, y que al volver se encuentran con espectáculo horroroso de que la mucama se los había preparado en bandeja de plata para cenar. Este mito se reversiona en muchas culturas, y no deja dudas de cuan amenazantes son los pobres para los ricos. Son ese otro con quien entran en relación de dependencia y rechazo.

Y finalmente, la madre de bandido. Esta mujer es linchada socialmente por no haber criado debidamente a su hijo o hija. Así está ocurriendo ahora en Argentina con las chicas masacradas, se cuestiona a las madres que no hicieron que sus hijas fueran personas de bien, el repudio termina cayendo sobre ellas, se desvía el verdadero foco de atención y se abonan todo tipo de prejuicios.

En el intercambio final ambas coinciden en que, aunque el capitalismo desliga destinos, la lucha es común, aunque no la misma. Y afirma algo muy bonito, al pensar cómo salirse de las trampas del capitalismo que convierte todo en marketing y deja a las palabras cómo cáscaras vacías. Voy a citarla: “Cada vez que la música negra se hizo inmensamente popular, aparecía una nueva música negra que nadie podía hacer. Y ese el camino que tenemos que seguir: el camino de la innovación de la imaginación”.

Y el plato final es Silvia Federici, italiana, nacida en 1942, filósofa, historiadora. ​ Escritora, profesora, activista feminista y marxista, conocida por su magnífica obra Calibán y la bruja, libro donde nos abrió los ojos sobre cómo en los albores del capitalismo industrial se domesticó a la mujer para que reparara a su esposo al volver del trabajo para así poder empezar otra vez al día siguiente, y para que cuidara de sus hijos, los futuros trabajadores en un mercado laboral que de esta manera permanece siempre en marcha. La mujer se convirtió en pieza clave de la reproducción social gracias a su encasillamiento en el hogar-taller mecánico. Los hijos y la esposa eran o son propiedad del padre, y el padre es propiedad del Estado. Un topo en el ámbito doméstico de ese estado maquinal y violento. En esta charla Federici nos comparte sus nuevas investigaciones y reflexiones sobre cómo se sigue actualizando la caza de brujas de diferentes maneras y en diferentes lugares del mundo. Hay un nuevo tipo de bruja. Las mujeres negras jóvenes en edad reproductiva en Estados Unidos. Fíjese el lector el paralelismo nuevamente con nuestros pagos. Ella son acusadas de zánganas porque se organizan y piden asistencia social para criar a sus hijos. Los blancos están convencidos de que están reclamando la riqueza que les corresponde a ellos. Federici denuncia cómo se está persiguiendo a las mujeres negras gestantes, cómo se les quita a los niños con cualquier pretexto, cómo se las culpabiliza de todo y se las penaliza. El punitivismo va desde las formas más sutiles como responsabilizarlas si han tenido un accidente de autos estando embarazadas o con niños porque no han sabido evitarlo y cuidar a los niños, hasta las formas más siniestras, ya que se han detectado un gran número de casos en que entran al quirófano por cualquier razón y salen esterilizadas.

En la charla Silvia dialoga con Aliane Dias y Bianca Santana, y vuelven a señalar sobre la exclusión y abuso de todo tipo que sufren quienes los poderosos absurdamente llaman “minorías”, palabra que, si no estuviéramos sometidos a un trabajo constante de los medios de comunicación por apoderarse de nuestra cognición, nos debería hacer reír con sólo pensar en los números que constituyen esas minorías. Las moderadoras hacen su aporte señalando que en Brasil cada dos horas un joven negro es asesinado, y que, si se es negra y activista política, y además se lucha por la preservación del medio ambiente, como Marielle Franco asesinada en Rio de Janeiro en 2018, se tienen todos los números de la lotería de la violencia comprados. El sistema no perdona a gente así.

De igual manera Federici llama la atención sobre la violencia contra las infancias que va recrudeciendo tanto como los femicidio. Silvia afirma que, en las nuevas formas de acumulación capitalista, los fenómenos de ataque a lo común, los procesos de empobrecimiento, el éxodo y reubicación de poblaciones enteras, son parte del mismo proceso.

Sobre la pregunta que las reúne por la democracia, Silvia es contundente:

“Si la democracia significa autodeterminación, si la democracia significa gobierno del pueblo para el pueblo, tal como dicen en Estados Unidos, y si la democracia significa que todo el mundo tiene acceso igualitario a los frutos de la tierra, lamento decirles que infelizmente, nunca hubo un sistema de estas características en la historia del capitalismo moderno”. Las tres mujeres no necesitan hablar sobre marxismo, impregna su visión del mundo, pero no es sombría, está llena de energía, la energía del pensamiento y la acción coherente, esa que inicia procesos que a la corta o a la larga producen felices transformaciones para los pueblos.

Dicen que todo libro es el resumen de una larga conversación, siento que también he participado.


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