27 junio, 2026
Banco datos genéticos

Por qué el Banco Nacional de Datos Genéticos se convirtió en un objetivo político.

Escribe: Paula Ballesty

El Banco Nacional de Datos Genéticos enfrenta restricciones presupuestarias, y cuestionamientos que ponen en discusión mucho más que el futuro de un organismo científico: la continuidad de una política de Estado construida para garantizar el derecho a la identidad. Mientras organismos de derechos humanos alertan sobre los riesgos para la preservación de muestras biológicas y la búsqueda de los nietos que aún faltan encontrar, el debate vuelve a revelar una disputa más profunda sobre el lugar de la memoria en la democracia argentina.

El banco de la Identidad

No hay muchos organismos en el mundo que puedan exhibir un logro comparable al del Banco Nacional de Datos Genéticos (BNDG). Desde hace casi cuatro décadas, una institución científica argentina viene haciendo algo extraordinario: devolver identidades robadas por el terrorismo de Estado.

El Banco Nacional de Datos Genéticos es una de las pocas experiencias internacionales donde la ciencia fue puesta al servicio de reparar un genocidio cometido desde el propio aparato estatal.

Por eso, cada vez que el organismo comienza a ser cuestionado o perseguido, la excusa parece querer fundarse en una discusión presupuestaria cuando en realidad es política.

Lo que está en disputa es la continuidad de una política de memoria, verdad y justicia que nació junto con la recuperación democrática.

Una institución única en el mundo

La historia comenzó con una pregunta formulada por las Abuelas de Plaza de Mayo a comienzos de los años ochenta: ¿era posible identificar a los niños apropiados por la dictadura utilizando la sangre de sus familiares?

La respuesta llegó de la mano del trabajo de científicos argentinos exiliados y de investigadores estadounidenses encabezados por la genetista Mary-Claire King, quien desarrolló junto con las Abuelas el denominado «índice de abuelidad», una innovación científica que revolucionó la genética forense mundial.

Aquella investigación permitió demostrar algo que hasta entonces parecía imposible: identificar a una persona aun cuando sus padres estuvieran desaparecidos.

La creación del Banco Nacional de Datos Genéticos en 1987, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, institucionalizó ese avance.

Desde entonces, el organismo se transformó en el corazón científico de la búsqueda de los nietos apropiados.

Las cifras hablan por sí mismas

De los 140 nietos restituidos por Abuelas de Plaza de Mayo, más de la mitad fueron identificados mediante estudios realizados en el BNDG. Actualmente conserva alrededor de 32.000 muestras biológicas y recibe aproximadamente mil nuevos casos por año. Allí se encuentran almacenadas muestras irrepetibles de familiares que muchas veces ya fallecieron.

Cada tubo de ensayo guarda una historia familiar suspendida en el tiempo.

Y también una prueba judicial.

El ADN de la democracia

La experiencia argentina produjo una transformación inédita.

Mientras en otros países las ciencias forenses fueron utilizadas principalmente para investigar delitos comunes o conflictos bélicos, en Argentina se convirtieron en herramientas centrales para reconstruir la verdad histórica.

La genética permitió demostrar la existencia de un plan sistemático de apropiación de niños durante la dictadura.

Permitió sostener condenas judiciales.

Permitió rearmar árboles genealógicos destruidos por el terrorismo de Estado, unir familias.

Permitió, sobre todo, restituir identidades.

La ciencia se convirtió en una herramienta de reparación.

Por eso resulta imposible analizar el presente del Banco sin comprender que su función excede la realización de estudios genéticos.

El BNDG constituye un archivo biológico de la memoria argentina.

Un clima de época

Desde la llegada de Javier Milei al gobierno, los organismos vinculados a las políticas de memoria, verdad y justicia enfrentan un escenario de creciente hostilidad.

Los cuestionamientos al número de desaparecidos, los ataques discursivos contra organismos de derechos humanos y las iniciativas destinadas a reducir estructuras estatales vinculadas a la memoria forman parte de un mismo clima de época.

En ese contexto, el Banco Nacional de Datos Genéticos quedó expuesto a sucesivas amenazas de reducción de presupuesto, y recursos que podrían impedir el desarrollo de sus funciones básicas.

Primero aparecieron los temores durante el tratamiento de la Ley Bases.

Luego, el decreto 351/2025 intentó modificar aspectos centrales de su autonomía.

Finalmente, la crisis presupuestaria puso en riesgo incluso tareas esenciales vinculadas a la conservación de muestras biológicas.

La advertencia formulada por la directora del organismo, Mariana Herrera Piñero, fue alarmante: la falta de recursos podía comprometer la preservación de material genético, afectar la cadena de custodia y dificultar la incorporación de nuevas muestras.

La situación provocó la intervención de fiscalías especializadas y del juez federal Alejo Ramos Padilla, quien ordenó al Estado garantizar el funcionamiento del Banco.

La decisión judicial fue un reconocimiento de que la continuidad del BNDG integra las obligaciones internacionales asumidas por la Argentina en materia de derechos humanos.

Lo que todavía falta encontrar

Existe una idea equivocada según la cual la búsqueda está llegando a su final.

Los datos indican lo contrario.

Las Abuelas estiman que todavía faltan encontrar cerca de 300 personas apropiadas durante la dictadura. Muchas de ellas tienen hoy entre 45 y 50 años. Varias son madres, padres, abuelas o abuelos.

La búsqueda ya no involucra únicamente a los nietos. Involucra generaciones enteras.

Cada muestra conservada en el Banco puede ser la llave para resolver una historia que lleva medio siglo esperando una respuesta.

Por eso el deterioro de esa infraestructura científica no constituye un problema que podemos dejar de abordar.

Representa un riesgo concreto para el ejercicio del derecho a la identidad.

Una batalla por el futuro

Las discusiones sobre memoria suelen presentarse como disputas acerca del pasado.

Sin embargo, el Banco Nacional de Datos Genéticos demuestra exactamente lo contrario.

La identidad no es una cuestión retrospectiva.

Es una condición para el ejercicio de todos los demás derechos.

Quien no conoce su origen biológico desconoce una parte esencial de sí mismo.

Por eso la defensa del BNDG es una reivindicación de las víctimas de la dictadura, y de toda una sociedad que fue mutilada por tanto dolor.

La Argentina construyó una referencia mundial en materia de derechos humanos porque decidió responder al horror con la lucha de los organismos y una sociedad que nunca bajo las banderas de memoria verdad y justicia.

Cada vez que una persona recupera su identidad gracias al Banco Nacional de Datos Genéticos no solo se devuelve la identidad de una persona. Se reafirma una convicción colectiva: que ningún Estado tiene derecho a borrar el nombre, la historia, ni la identidad.

En el día en que el pase a la inmortalidad del indio Solari es inevitable recordar el compromiso que tenía con la búsqueda de los nietos. Hoy las abuelas despidieron al indio con un sentido mensaje; “te sumaste a las campañas de búsqueda de nuestros nietos y nietas, convocaste al movimiento ricotero a preguntarse por su origen y a toda la sociedad a dudar y cuestionarse promoviendo espíritus críticos y libres. Gracias por abonar a la lucha desde la trinchera del arte”

La trinchera de la búsqueda por la memoria seguirá a pesar del desfinanciamiento, y la persecución, porque claro esta que a pesar de querer matarnos, desaparecernos, demonizarnos; no nos han vencido.


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