HOGARES RADIACTIVOS

Un estudio liderado por un equipo de investigación de Exactas UBA mostró, por primera vez, que ciertas rocas graníticas son la fuente principal de un gas radiactivo que ingresa a las viviendas desde el suelo. El trabajo, efectuado en el valle de Punilla en Córdoba, reveló que el 6% de los domicilios evaluados tienen concentraciones de radiactividad en el aire que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud.
Escribe: Gabriela Stekolschik
Publicada originalmente el 16 de junio del 2026 por NEXciencia
No hace falta que falle una central nuclear o que explote una bomba atómica para que nuestro organismo reciba radiactividad. Habitualmente, estamos expuestos a materiales radiactivos de origen natural que se encuentran en la corteza terrestre desde la formación del planeta. Están en rocas, suelos, arena y agua. Y los ingerimos e inhalamos a través de los alimentos, el agua y el aire.
La radiactividad es un fenómeno natural mediante el cual los núcleos atómicos inestables liberan energía para alcanzar un estado de mayor estabilidad. En ese proceso, el átomo se transforma en otro elemento. Por ejemplo, un átomo de uranio que lleva millones de años formando parte de una roca puede liberar radiación y convertirse en radón, que es un gas radiactivo.
Se calcula que la mitad de la radiactividad natural a la que estamos expuestos anualmente los humanos se debe a la inhalación del radón. Según un informe de la Organización Mundial de la Salud, el radón es una de las principales causas de cáncer de pulmón. De hecho, el radón y sus productos de decaimiento han sido clasificados como “carcinógenos del Grupo 1”, es decir, con evidencia suficiente de carcinogenicidad en humanos.
Es un gas inodoro, incoloro e insípido y su efecto nocivo es consecuencia de la inhalación crónica.
Es un gas inodoro, incoloro e insípido y su efecto nocivo es consecuencia de la inhalación crónica. Por eso, la peligrosidad del radón resulta de su acumulación a largo plazo en ambientes cerrados a los que puede ingresar desde el suelo o las rocas sobre las que está asentada una construcción edilicia.
El impacto del radón en la salud pública condujo a organismos internacionales y muchos países desarrollados a establecer legislación y programas públicos y privados para identificar y monitorear sistemáticamente zonas con alto potencial de exposición. Por el contrario, debido a que los estudios sobre el radón a nivel nacional requieren de programas a largo plazo, metodologías que consumen mucho tiempo y, por lo tanto, altos costos económicos y logísticos, en la Argentina –al igual que en la mayoría de los países de la región- no se efectúan mediciones sistemáticas de radón residencial.
En este contexto, en 2023, un equipo de investigadores del CONICET nucleados en el Instituto de Geociencias Básicas, Aplicadas y Ambientales de Buenos Aires (IGeBA, UBA-CONICET) en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA lanzó el proyecto Rad.Ar (Radón Argentina), una iniciativa multidisciplinaria cuyo objetivo principal es analizar la presencia del gas radón en distintas regiones del país y evaluar su impacto en la salud pública.
El estudio se desarrolló a lo largo de un año en domicilios urbanos y periurbanos de 25 localidades de Punilla, cubriendo un área de 300 km² .
Con esa finalidad, trabajan en regiones específicas de nuestro país como primer paso hacia el desarrollo a largo plazo de un mapa nacional de radón. Los resultados iniciales de ese trabajo generaron dos publicaciones científicas. Una de ellas, da cuenta de las primeras mediciones sistemáticas de radón en interiores de viviendas de nuestro país y, también, de los parámetros del domicilio que tienen un rol significativo en la concentración del gas radiactivo. La otra publicación -de gran relevancia desde el punto de vista científico y operativo- revela por primera vez a nivel internacional cuál es la fuente geológica principal del gas radiactivo y, con ello, posibilita predecir los sitios donde debería focalizarse el esfuerzo para medir la concentración del gas.
Ambos estudios fueron efectuados en el valle de Punilla, en la provincia de Córdoba: “Empezamos a trabajar ahí porque teníamos datos de geología básica, de la química de rocas, que indicaban que las rocas de ese lugar podían tener un poco más de uranio y como el decaimiento del uranio genera radón había mayor probabilidad de encontrarlo”, cuenta Sebastián Oriolo, investigador del CONICET en el IGeBA y docente de Exactas UBA. “Además, porque nos enteramos de que en esta zona se empezaron a lotear terrenos donde se sabe desde hace décadas que hay un yacimiento de uranio, y ahora tenés viviendas que están prácticamente en la zona donde está ese yacimiento”, agrega.

Radón en interiores
Con la anuencia de sus moradores, que colaboraron activamente con la investigación, los científicos y científicas del IGeBA colocaron los detectores de radón en diferentes sitios de las viviendas. También, lo hicieron en unos pocos edificios institucionales o comerciales, como escuelas o tiendas. Dejaron los detectores durante tres a seis meses midiendo la concentración del gas. Después, los retiraron y los llevaron a analizar.
El estudio se desarrolló a lo largo de un año en domicilios urbanos y periurbanos de 25 localidades de Punilla, cubriendo un área de 300 km2. En diferentes rondas de mediciones sucesivas, se instalaron un total de 281 detectores de radón en 247 viviendas y 16 edificios de otro tipo.
“Nuestros resultados muestran que el 6% de los domicilios estudiados tienen niveles de gas radón que exceden los valores recomendados por la Organización Mundial de la Salud”, revela Oriolo.
También evaluaron las variaciones estacionales de radón en el interior y encontraron que su concentración muestra un descenso muy significativo de invierno-otoño a primavera-verano: “Eso se explicaría por los hábitos de ventilación diferenciales a lo largo del año”, acota el investigador.
Hay estudios que muestran que cuando a una vivienda le pones vidrios dobles a las aberturas, las concentraciones de radón aumentan un 60% en promedio.
El mismo trabajo muestra que las mediciones interiores de radón correlacionan con algunos parámetros de la vivienda: “Cuanto mayor es la cantidad de aberturas del ambiente y cuánto más grande es el tamaño del ambiente la concentración de radón es menor. De igual manera, cuantos más pisos tiene el edificio menor es la concentración del gas. Por el contrario, la antigüedad de la construcción se correlaciona positivamente con la concentración de radón”, describe Oriolo.
Según el investigador, los resultados del análisis de los parámetros arquitectónicos se pueden tener en cuenta para mitigar los efectos del gas. Por ejemplo, ventilando los ambientes, o evitando permanecer en ambientes con poca o nula ventilación, como los sótanos.
A su vez, para las construcciones nuevas, el conocimiento obtenido es útil para prevenir: “En las últimas décadas, para ahorrar energía, la tendencia es que las viviendas sean lo que se llaman casas pasivas, que no intercambian con el exterior para mantener la temperatura, y eso hace que suban drásticamente los valores de radón. Para que te des una idea, hay estudios que muestran que cuando a una vivienda le pones vidrios dobles a las aberturas, las concentraciones de radón aumentan un 60% en promedio”.
Oriolo explica que, a la hora de construir, hoy existen alternativas para proteger a la vivienda del ingreso del gas radiactivo: “Hay membranas específicas que se pueden colocar en los cimientos, o se pude construir sobre una platea. También existen sistemas de tuberías pequeñas que se colocan en los cimientos que colectan el radón y lo ventean por una chimenea”.
Uranio exterior
Además de las mediciones en interiores y del análisis de los parámetros arquitectónicos, dado que el radón proviene del decaimiento radiactivo del uranio que se encuentra en suelos y rocas, el equipo de investigación decidió integrar al estudio el contexto geológico de la zona.
Hay ciertas rocas, que son los granitos tipo A, que tienen mayor potencial de tener contenidos más altos de uranio. Estos granitos tipo A están asociados a las viviendas que tienen radón.
Fue así que efectuaron un trabajo de campo en el que, mediante un dispositivo que detecta la radiación gamma, midieron la concentración de uranio en el terreno: “Encontramos una correlación positiva entre la concentración de uranio en el terreno y la concentración de radón en el interior de las viviendas”.
Tenían información disponible de la composición química de las rocas de la región: “Sabíamos que había ciertas rocas, que son los granitos tipo A, que tienen mayor potencial de tener contenidos más altos de uranio. Y la verdad es que fue un poco lo que encontramos cuando empezamos a medir el contenido de uranio”, consigna Oriolo, y precisa: “Vimos que estos granitos tipo A están asociados a las viviendas que tienen radón y, como contraparte de eso, vimos otros tipos de rocas que no tienen tanto uranio y que no tienen viviendas asociadas con radón. O sea, que es como bastante clara la relación”.
Si bien algunos datos dispersos de distintas partes del mundo hacían sospechar esta relación entre los granitos tipo A y el radón, nadie lo había confirmado: “Compilamos una base de datos químicos de rocas del mundo y llegamos a que, efectivamente, estos granitos son los que tienen en general contenidos de uranio mayor y, por lo tanto, son los que van a tener en general el mayor potencial de radón o de radioactividad natural en el conjunto”.
El hallazgo permite identificar los lugares propensos a contener uranio, y por lo tanto radón, sin necesidad de recurrir a mediciones arduas y costosas.
– ¿Se sabe dónde hay granitos tipo A en nuestro país?
– Sí, esto es un poco más conocido. En Córdoba y San Luis, hay una gran cantidad de este tipo de rocas. De hecho, fue uno de los motivos por los cuales nosotros llegamos acá. También hay en algunos sectores de La Rioja y Mendoza. Después, en el mediano y largo plazo, esperamos poder avanzar en otras regiones, donde la evidencia geológica sugiere la posible presencia de uranio, que podría asociarse a alta exhalación de radón.
Tras poner el énfasis en la prevención, Oriolo advierte: “En estas poblaciones de la zona de Punilla donde nosotros trabajamos el crecimiento demográfico es muy grande. Entre los últimos dos censos, las poblaciones que habitan lugares donde hay un problema de radón crecieron entre un 40 y un 60%. Lo cual implica que ese 6% que encontramos implicará cada vez a más gente”.
Descubre más desde hamartia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
