18 mayo, 2026
Bil Finger

Una historieta sobre el otro creador de Batman, estafado y olvidado.

Escribe: Alejandro Gamero

Publicada el 16 de abril del 2026 por La Piedra de Sísifo

Dicen, no sé si como consuelo, que el tiempo acaba poniendo a cada uno en su sitio. Por desgracia, lo que no se dice tanto es que ese reconocimiento viene cuando el que debería haberlo tenido ya ha muerto. Uno de los casos más icónicos es el de Vincent Van Gogh, que apenas vendió cuadros en vida, dependía económicamente de su hermano y murió solo y arruinado, y hoy en día sus cuadros se venden por decenas o incluso cientos de millones. Una de las primeras versiones de Van Gogh en el mundo de los cómics está precisamente en uno de sus pilares: Supermán. En 2017 el guionista Julian Voloj estaba trabajando junto al dibujante Thomas Campi en un álbum sobre el creador del hombre de hierro, Joe Shuster, cuando descubrió que con otro de los grandes colosos del cómic, Batman, ocurría algo si no igual sí parecido.

Siegel y Shuster vivieron una década de celebridad y fueron generosamente remunerados hasta que perdieron los derechos de su personaje. El caso de Batman era diferente, pero, por desgracia, nos suena demasiado familiar. Ocurre a menudo que cuando en una historia hay implicados un dibujante y un guionista se pone todo el foco sobre el primero, porque su arte es lo que salta a primera vista, y el segundo pasa a un segundo plano. Lo hemos visto una y otra vez en la historia del cómic patrio (*), con Bruguera ninguneando sistemáticamente a guionistas y poniendo en primera línea a sus dibujantes, cuyos nombres han pasado a la historia del género. Afortunadamente, parece que ese prejuicio empieza ya a superarse, pero si eso es así es sin duda por episodios como el de Batman, Bill Finger y Bob Kane.

En 2006, el divulgador Marc Tyler Nobleman comenzó a investigar para un libro ilustrado de no ficción sobre el papel de Finger en la creación de Batman. El guionista fue el creador de elementos tan icónicos en el universo de Batman como la creación de los personajes de Robin, del Joker o de Catwoman, o acuñó nombres como Gotham o el «Caballero Oscuro», entre otros muchos. Sin embargo, DC no incluyó su nombre en la línea de crédito de Batman en ningún momento, siendo el personaje únicamente atribuido a Bob Kane. En 1974, Finger murió en la miseria y sin ningún tipo de reconocimiento. En 2007, Nobleman descubrió que Finger tenía una heredera, una nieta llamada Athena, y la contactó para luchar juntos por el reconocimiento de su abuelo. Después de que el manuscrito fuera rechazado 34 veces, Nobleman logró publicar el ensayo de su investigación en 2012 bajo el título Bill the Boy Wonder: The Secret Co-Creator of Batman. En 2015, DC anunció que comenzaría a acreditar a Finger junto a Kane, tanto en películas como en los cómics, novelas gráficas y otras publicaciones impresas.

Bill Finger. A la sombra del mito, con guion de Julian Voloj y dibujo de Erez Zadok, es en realidad doble, porque por una parte reivindica la labor de Bill Finger, como dice el subtítulo del libro, a la sombra del mito, y por otra deja testimonio de toda la investigación que realizó Nobleman para darle forma a su estudio, incluyendo, por supuesto, la búsqueda de herederos de Finger. Hay, por tanto, un doble protagonismo en este libro, en el que Nobleman no hace sombra a Finger, por supuesto, pero al mismo tiempo es presentado como un superhéroe, en el sentido en que trata de establecer justicia ante una situación que es evidentemente injusta, cerrando así el ciclo: Bill inventó a un superhéroe y un superhéroe le rescata a él del olvido.

Bill Finger
Publicaciòn de Editorial Planeta

De hecho, si algo se le puede achacar a esta obra es que cae en un excesivo maniqueísmo. El pequeño Nobleman aparece en varias ocasiones disfrazado de Robin y Bob Kane, que representa el papel del villano de la historia, es representado en una de las viñetas como el archienemigo de Batman, el Pingüino, acompañado de un pequeño ejército de Batman tripones. Un anciano Kane confiesa en algún momento al final tras la muerte de Finger: «Reconozco que Bill nunca tuvo el reconocimiento y consideración que merecía. Es un héroe olvidado. Suelo decirle a mi mujer que me gustaría volver a quince años antes de su muerte y decirle: Me encargaré de que citen tu nombre. Te lo mereces». Para acto seguido añadir, como remarcando el hipocresía del dibujante: «De todos modos, aunque hubieras muerto, Bob habría podido pedirle a DC que añadieran el nombre de Bill junto al suyo. No hizo nada».

Gran parte de la crítica hacia este cómic es que no está a la altura del de Joe Shuster, por comparar dos obras del mismo autor y de temática bastante similar. El hecho de que el punto de partida sea la investigación de Nobleman hace que no sea una historia lineal al uso. Hay constantes saltos en el tiempo, hacia delante y hacia atrás, y la historia de Finger se mezcla con entrevistas a dibujantes y guionistas de la época, que ofrecen sus puntos de vista desde el presente, pero esto lejos de entorpecer la historia genera una sinergia que, como indiqué más arriba, es muy coherente con el relato. También se critica que el dibujo de Erez Zadok está menos logrado que el de Campi. En esto, gustos y colores, pero igualmente el nivel del arte es correcto y casa bien con la historia.

Como se hiciera también con el libro de Joe Shuster, este cuenta con un material extra que si bien no es demasiado prolijo, sí que ayuda a contextualizar toda la historia, ofreciendo puntos de vista tan valiosos como el de Voloj o el del propio Nobleman. Quizá, y esto sí podría ser un punto débil, se echa en falta algo más de exahustividad en este apartado, pero para eso tenemos, en definitiva, el libro de Nobleman.

En definitiva, Bill Finger. A la sombra de un mito no solo rescata del olvido a una figura fundamental en la historia del cómic, sino que también pone el foco en una dinámica injusta que se ha repetido demasiadas veces dentro de la industria. Su valor reside precisamente en esa voluntad de reparación, en ese intento de reescribir una historia incompleta. Al final, como en el caso de Van Gogh, el reconocimiento llega tarde, pero llega, y obras como esta contribuyen a que, al menos, no lo haga en silencio.

(*) La patria del autor es España.


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