17 enero, 2026
Pandemia

La pandemia hizo mucho daño y es preciso decirlo, poner en palabras esas heridas que no sanaron, para comenzar a curarlas.

Escribe: Carolina Camacho

Creo que la humanidad no toma dimensión de lo que fue la pandemia de covid – 19 que se declaró en 2020 en todo el planeta. Nuestro país no toma dimensión. Todo lo que represento desde su inicio y gestación y también para qué fines fue utilizada a largo plazo. Atrás quedaron los tiempos de confinamiento, en lo que para algunos fue un “confinamiento obligatorio” y eso no estuvo en duda en ningún momento y para otros fue un viva la joda. Para los que formamos parte de los que no estuvo en duda, no nos confinamos por sometimiento como nos hicieron creer, lo hicimos porque creímos realmente que era la única manera de cortar con la propagación del virus y de protegernos de una enfermedad de la que aún no se sabía nada.

Afortunadamente no tuve familiares cercanos fallecidos por el covid, pero a veces pienso en todas aquellas personas que perdieron familiares, y creo que yo también en su lugar hubiera salido a gritar y a insultar a quienes lo merecían. Porque hubo responsables que manejaron bastante mal toda esa situación sanitaria que nos pasó por arriba. Muchas cosas se pudieron haber manejado mucho mejor y no fue así. Fue demasiado duro atravesar todo eso. No quiero ni pensar en el dolor que atravesaron quienes perdieron familiares por el covid, no pudiendo verlos.
A nivel país, la pandemia no hizo más que terminar de resquebrajar todo lo que ya estaba bastante desunido desde hacía décadas. Tal como sucede en el libro “La peste” de Albert Camus, la misma nos enfrentó con nuestras propias miserias, pero también nos corrió el velo de los ojos sobre infinidad de temas. Pudimos presenciar la realidad cruda, en vivo y en directo, y eso hizo que se vieran mucho los hilos del poder y los hilos de todo. Creo que pudimos ver la verdadera oscuridad del alma humana, y también se cayeron muchas caretas. La pandemia nos hizo mucho daño y es preciso decirlo, ponerlo en palabras. Esas heridas no están sanadas, y no se sabe cuándo sanarán.

Me da la impresión que la pandemia sacó el mal a la cancha, despertó al monstruo que existe inherente y latentemente en los seres humanos. Y el mal con todo lo que eso implica. El mal pensado desde varios ángulos. Tal vez conocímos el verdadero mal, después de la pandemia. La ultraderecha se instaló con fuerza en el mundo, y aquí en Argentina no fue la excepción. Pareciera como si el mal, hubiera esperado a que el mundo esté con la guardia muy baja para atacar ferozmente.

La pandemia, además dejo un tendal de problemas de enfermedades de salud mental que convive hoy día entre nosotros en puja con la crisis económica lógica del arrastre que dejo la propia pandemia y el desbarajuste económico propio de un país subdesarrollado y latinoamericano endeudado con el FMI y con gobiernos de derecha que desde hace décadas responden al Trumpismo. Gobiernos que se aliaron entre sí, para entregarnos a un neoliberalismo sin precedentes mucho mas nocivo aun que el de el propio menemismo en la década del 90. Vale decir que hay contradicciones con aquel neoliberalismo y este de hoy. Los 90 culturalmente tuvieron algunas vetas y aristas interesantes que nada tenían que ver con las plumas y el champagne, por otro carril pasaban otras cosas copadas a nivel musical me atrevo a decir, fueron años que nos marcaron, sobre todo la música norteamericana nos abrazó, no podemos negarlo, sería estúpido negarlo. Alberto Fernández declaro hace poco que su jefa política no es Cristina Fernández de Kirchner. ¿Pues entonces habría que preguntarle a A. F. a quién responde, quienes son sus jefes políticos, EE. UU? Que lo diga. Solo le falta decirlo. No tendría nada de malo decirlo, hablaría de cierta valentía, gónadas y coraje, que fue algo que le falto mostrar durante su gestión.

Siempre en la historia de las pandemias se comprobó que cada pandemia fue prueba y error de algo mas grueso que se estaba preparando a nivel social, como una especie de ante sala de algo peor. Como generar el caldo de cultivo.
Y aquí nos encontramos, discutiendo nuevamente las clases sociales. Volviendo a poner el tema sobre la mesa. Las sanadoras espirituales empezaron a brotar como un virus, por todos lados, contra el cual no existe una vacuna. Consultoras energéticas, consteladoras, astrólogas y toda clase de chantas queriendo convencerte de que tu destino y tu felicidad dependen de vos y de tu equilibrio interior, como si no existiese un factor social determinante que influye de forma directa sobre la vida de las personas. Sabemos que los procesos neoliberales traen hambre, pobreza y precariedad y ninguna sanadora de esas contempla estas cosas.

La pandemia le dio vía libre y rienda suelta a la impunidad y al modelo de sociedad del no escrúpulo. Del vale todo. No digo que antes no existiera, sin duda la corrupción y el abuso existen desde que el mundo es mundo. No es nada nuevo, pero me da la impresión de que se institucionalizo ser un inescrupuloso y venderle el alma al diablo. Otra vez garpa ser un chico rudo y machote. Que en nuestro país haya recrudecido una enfermedad como el Dengue que ya estaba erradicada desde hacía mucho tiempo, habla de la decidía y de un sistema perverso que no contempla para nada a las personas y sus necesidades. En nombre de las fuerzas del cielo, aquí vamos, otra vez, la derecha hizo un trabajo muy eficiente en el mundo, y aquí también. Se invirtió mucho en lavarle la cabeza a la gente, lo hicieron muy bien, supieron cómo, y claramente en algún momento deberemos recuperarnos de eso. Se percibe una sensación general de que estamos “pagando algo”, más allá de estar pagando una deuda con el FMI, sería algo más simbólico como del orden divino, como si el ajuste al que nos estamos viendo sometidos como sociedad fuera una especie de castigo divino, algo que nos merecemos afrontar, como si quisieran aleccionarnos de algo, porque nos portamos mal y debemos pagar el castigo mediante un largo periodo de sufrimiento. Algo demasiado católico y retorcido, con tintes bastante enfermizos.

Estamos volviendo a “El cuento de la criada” de la autora canadiense Margaret Atwood, donde se ve claramente el retroceso del mundo hacía una sociedad ultra católica y conservadora con sus prácticas nefastas. Dicho plan se lleva a cabo con el secuestro de mujeres fuertes y luchadoras feministas que querían cambiar algo del mundo y que como castigo de eso las raptan para ser explotadas sexualmente y para procrear hijos y llevadas a la máxima esclavitud convirtiéndolas en sirvientas por sus patrones que eran todos comandantes de alto rango. Buscan escarmentarlas por tener el tupé de luchar por un mundo mejor. Logran convertir el sistema en un infierno para esas mujeres en el que tienen que atravesar por todo tipo de situaciones aberrantes en nombre del señor
todo poderoso y de las fuerzas del cielo. Al igual que pasa ahora, ellas no creían que podía llegar a tanto, fueron débiles, lo confiesan, no pensaron que el régimen llegaría a tanto y cuando se empezaron a dar cuenta de donde estaban metidas ya era demasiado tarde para ellas. Las manipulan psicológicamente para poder seguir explotándolas. Se muestra el robo de bebes, como también paso aquí en la dictadura, y muestran la domesticación de la mujer al igual que también está sucediendo ahora. Perdón…. ¿Alguien tiene alguna duda que vamos hacia eso?


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