«EL FEMINISMO ME ENSEÑÓ QUE AL DOLOR Y LA BRONCA SIEMPRE HAY QUE TRANSFORMARLOS EN LUCHA»

Eva Mieri, concejala y presidenta del bloque de Unión por la Patria de Quilmes, vivió uno de los episodios más difíciles de su vida tras ser detenida durante trece días en un penal de máxima seguridad, en el marco de una causa que aún continúa. Vecina del barrio Enrique Muiño, madre de dos jóvenes, militante feminista y peronista, en esta entrevista reflexiona sobre la persecución política, el valor de la organización y la fuerza de las mujeres que se sostienen entre sí. Entre la introspección, la política y los afectos, Eva comparte cómo se reconstruye luego del encierro y qué significa militar en este contexto.
Escribe: María Celeste Wolfert Millara (*)
Eva Mieri es una mujer de Quilmes que no se aleja de sus raíces. Nació y creció en Ezpeleta y sigue viviendo allí, cerca del pulso cotidiano de su comunidad. Es amante de sus mascotas y del calor del hogar. Entre mates y silencios, reflexiona: “Me gusta disfrutar calidad de tiempo, no cantidad, porque el tiempo no me sobra… pero sí me gusta estar con mi familia, con mis amigas, y también sola”, confiesa, mostrando esa mezcla de fortaleza y ternura que la caracteriza.
Su detención en julio de 2025 marcó un antes y un después. Durante esos días los libros se volvieron su mayor compañía. Desde entonces, transita un proceso de introspección y sanación, sin perder de vista el compromiso político que la define: continúa su labor como concejala y desde diciembre asumirá nuevas responsabilidades institucionales en reemplazo de la actual intendenta Mayra Mendoza. En su relato, la experiencia se transforma en aprendizaje y en una reafirmación de su identidad militante. Eva se define feminista y entiende la militancia como una forma de vivir: “Cuando una se pone los anteojos violetas ya no hay vuelta atrás”, dice, desde que tomó consciencia de las desigualdades de género y cambió su forma de ver el mundo. Para ella, militar es decidir transformar la realidad del otro, del barrio, de las mujeres y diversidades. En esta entrevista, repasa su experiencia de encierro, el rol de los derechos humanos, la política local y los desafíos del peronismo tras las elecciones. Y sobre todo, deja una certeza: incluso en los momentos más duros, la organización es la clave, y la lucha colectiva siguen siendo su refugio y su motor.
Pregunta (P): ¿Cómo recordás esos días que estuviste detenida y cómo este proceso te impactó a nivel humano, y a nivel político? ¿Cómo estás viviendo todo el proceso judicial?
Respuesta (R): Bien, vamos de atrás para adelante. Estoy en un momento de introspección fuerte, con terapia y demás, porque fueron días muy bravos, pero también muy vertiginosos. Y si bien tenía algo de información de afuera, estuve bastante tiempo incomunicada. Estuve detenida en una celda común, en un penal de máxima seguridad, pero aislada del resto de la población. No se me permitía el contacto con otras mujeres por mi calidad de
funcionaria pública. Cuando recién me habilitaron un teléfono, era de los públicos, los de la monedita. Eso estaba en la cocina, mi celda estaba a media cuadra y cada vez que sonaba el teléfono era correr por la desesperación de hablar con alguien. Y si bien me iban contando, yo no había tomado dimensión de la exposición que tuve, hasta que un día en la televisión estaban tratando uno de los vetos, no me acuerdo si era el de universidad o el de salud, y en todas las bancas de los senadores estaba mi cara con el cartel de “Eva Mieri Libre”, y yo decía “esto es una realidad distópica, yo no soy esa, o sí, soy esa, pero no estoy acá, o sea… yo tengo que estar afuera, peleando por la que está dentro”, y me generó…
P: Despersonalización, imagino…
R: Totalmente. Y antes de eso Juliana Di Tullio hizo una intervención muy conmovedora, que es alguien a quien admiro, y quiero mucho… Y después me llamó Wado de Pedro, que estaba reunido con los senadores que me mandaban fuerzas. Y ese fue el primer día que lloré, pero en ningún momento me quebraron. Wado me dijo: “¿Vos te acordás en el 2001, cuando fue la represión del 19 y 20 de diciembre, que hay una foto que yo tengo bigotes, y que me están poniendo contra un patrullero?”, y le dije que sí, que la foto es histórica. Y siguió… “Bueno, cuando me llevaron, me tiraron en una celda, en un calabozo, y yo estaba muerto de miedo, y le pedí y recé a mi papá, a mi viejo, que me de la fuerza militante para atravesar ese momento que yo no sabía qué iba a pasar conmigo, y lloré… y acá estamos, y vamos a seguir estando, y yo sé que vos tenés la fuerza militante para bancarte estas y todas las que vienen”, y peor lloré, pero esta vez de emoción y de sensibilidad…
P: ¿Te dejaron recibir visitas?
R: Solo familia… y lo que eso significa, ¿no? Y una es una privilegiada también, yo no podía dejar de pensar en términos feministas lo que pasaba ahí adentro. Tengo el privilegio de tener una familia que, y gracias al abrazo de la militancia, podía ir día por medio y llevarme comida y abrigo. Pero veía a otras mujeres, sostenidas y cuidadas por otras mujeres, y muy pocos los varones que están, que acompañan, que aman tras las rejas. No podía dejar de pensar en eso. Yo sabía que esto era una canallada, algo que no tenía ni pies ni cabeza, y que era parte de un show mediático que ellos necesitaban en ese momento para aleccionar a la militancia y particularmente al peronismo. Lo que no pudieron hacer con Cristina es lo que nos terminaron haciendo a nosotras. Yo sabía que eso en algún momento iba a terminar, pero para esas mujeres no, y verlas acompañadas por otras mujeres me hace seguir reflexionando en esto que nosotras llamamos “trabajo no pago”, que son tareas de cuidado, y que si no nos tenemos entre nosotras, es muy cruel.
P: ¿Pensaste en dejar la militancia?
R: Jamás. Cuando a mí me allanan, allanan el domicilio de mi mamá, el de mi hermano y el mío, porque me buscaban cual narcotraficante… Y al momento de salir de mi casa, cuando ya había terminado el allanamiento, se llevaron tres elementos de prueba: un piluso que decía “La Cámpora”, una visera que decía “Feminismo Popular” y un buzo gris.
P: No… armas peligrosísimas, la verdad.
R: Esos fueron los tres elementos que surgieron del allanamiento. Y cuando me van a sacar, el oficial que estaba a cargo del operativo me dice: “mirá, afuera hay mucha gente, tus vecinos, no sé quién más, ponete una capucha porque te voy a sacar esposada”. A lo que yo le dije “de ninguna manera voy a salir de mi casa con la cabeza gacha y encapuchada, porque yo soy orgullosamente una militante política y una militante peronista, y voy a salir con la frente en alto”. Dicho y hecho, salí con la frente en alto, y me subí al patrullero al grito de: “viva Perón, viva La Cámpora, viva Cristina, no van a poder con nosotros”. De ahí no me corro, ni nos van a correr. Por más que lo intenten, nosotros venimos con la historia de los 30.000. Esos pibes y esas pibas se entregaron, ofrendaron su vida por una patria justa, libre y soberana. A nosotros no nos puede achicar.
P: ¿Qué rol crees que tienen los organismos de derechos humanos en casos como el tuyo?
R: Fundamentales. Abuelas, Madres, hijos, nietos, que son ahora la generación que se está haciendo en cargo de estos organismos, le dieron una visibilidad enorme al caso mientras transcurría e hicieron distintas peticiones. Cuatro días después de salir de estar detenida, viajé a la ONU. Estuve en Suiza participando de un Congreso de Derechos Humanos y fui a contar lo que está atravesando Cristina Fernández de Kirchner, el lawfare en la Argentina y lo que me había pasado en carne propia, que fue también una experiencia única… que pudiera ser yo y hablar en primera persona de que estuve detenida ilegalmente en un penal de máxima seguridad durante 13 días… todo el mundo se acercó a brindarme su solidaridad y demás, porque fue zarpado lo que pasó. Quizá yo todavía no logro tomar dimensión.
P: Sos sobreviviente de eso…
R: Sí, y quizás muchas veces cuando una estudia y lo ve como algo lejano, y cuando te toca es esto: no le pasa solamente a nuestros dirigentes, como es Cristina, sino que te puede pasar a vos también. Ahí una dice “¿me achico o no me achico, sigo o no sigo?”. Cuando llegué a la ONU me recibió un grupo de francesas, me abrazaron y me cantaron una canción, y yo no entendía nada, fue como… una argenta llegando a Suiza, y las mujeres ahí bancando, cantando y celebrando que estaba ahí, y a nuestra lucha. Te lo cuento y me vuelve a emocionar más que nunca, estoy convencida de que el camino es la militancia política y la militancia feminista.
P: Entiendo que no podes hablar del caso porque la causa continúa. ¿Tampoco podes nombrar al diputado? ¿Hay algún impedimento legal?
R: Aunque no hay pruebas de que hayamos estado ahí, de que hayamos sido nosotras, no recuperé mi celular ni Alexia su auto. Es injusto ver la comparación con el diputado (sic., no lo llama por su nombre nunca), que hace poco tuvo de su medicina, pero a él no le rompieron la puerta, no lo allanaron, no lo sacaron esposado ni lo humillaron.
P: Porque es varón…
R: Sí, y porque tiene nexos muy poderosos también. Salí del penal con una perimetral, no puedo acercarme al Congreso de la Nación. Todo lo que es el mensaje patriarcal para nosotras, que sabemos lo que es ir a una comisaría a denunciar, pedir perimetrales, botones antipánico y todo lo que eso significa… y tipos como este, poderosos, con conexiones narco, para mí es un sello de dignidad, eh… Como dijo Cristina. Por todas esas razones, prefiero no nombrarlo.
P: ¿Qué es lo que te motiva hoy? ¿Qué entendés por militar y qué desafíos crees que tiene la militancia? Especialmente cuando sos mujer, feminista, joven, también las adultas mayores; en este contexto, siendo peronista, kirchnerista en Quilmes.
R: Es todo una mala palabra en este contexto. Y me saqué el flequillo hace poco, pero era también una de las “flequilludas”; siempre hay un “pero”, y para nosotras siempre ha sido muy difícil estar en espacios políticos. Mi militancia viene de haber atravesado en lo personal y en lo individual violencia de género, ser mamá soltera en un momento donde el país no tenía posibilidades de crecimiento, recién había asumido Néstor Kirchner y la vida para muchos de los argentinos y argentinas era muy difícil. Muchos años después entendí que la política es una herramienta de transformación y que militando podés acompañar y transformar esas vidas. Algunos años después entendí que el feminismo era eso: abrazar a otras para que no pasen lo que una sufrió o para que tus hijos o los hijos de otras tengan una mejor calidad de vida. Es un contexto muy difícil el que estamos atravesando. Y la juventud, a veces caemos desde el adulto-centrismo en decir cómo deberían ser. Yo siempre uso una frase del Indio Solari que me prometí llevar como bandera: “en los nervios de los pibes hay mucha más información del futuro”, entonces hay que escucharlos siempre. Una no puede comprender el contexto si no es escuchando y acompañando. Yo no puedo dejar de poner el oído en que hoy nuestros pibes y nuestras pibas no tienen una mirada de futuro… el contexto es distinto, y si no hay una representación política y una escucha real no vamos a poder cambiar el paradigma como nosotros los peronistas lo creemos.

símbolos que marcan su historia militante. Foto: María Celeste Wolfert Millara
P: ¿Qué significa para vos asumir el rol de Intendenta interina?
R: Un honor y una enorme responsabilidad. Las dos cosas. Con Mayra militamos y trabajamos juntas hace muchos años. Es una mujer extraordinaria. Y es, además de un cuadrazo político y de no tener techo, una mujer muy sensible, compañera, con el título que significa ser compañera. Para mí es seguir con el proyecto de trabajo y con la
ideología política con la que nosotras pensamos y planificamos nuestra ciudad.
P: Me gustaría hablar un poco sobre las elecciones del domingo 26/10. ¿Cómo lees vos el resultado? ¿Qué pasó?
R: Yo creo que hay varios factores. Cristina lo dijo hace un tiempo, creo en abril, que era un error desdoblar las elecciones de la provincia de Buenos Aires, que es la madre de las batallas, porque se iba a perder la fuerza para pelear contra Javier Milei, que hoy es el enemigo de la patria. Y bueno, a las claras está que tenía razón una vez más, por algo es la conducción… Después también creo que pesó mucho el mensaje que se dio desde lo nacional: “si se pierden las elecciones, se va a disparar el dólar”.
P: Fue una amenaza, ni siquiera un mensaje.
R: Exactamente. Una amenaza directamente. Y la falta de conciencia hizo esto, entre la amenaza pública, la falta de representación política y las discusiones que muchas veces terminan alejando a la gente de la política. Bueno, creo que fue un combo explosivo y que es un llamado de atención para quienes hoy representamos un sector de la población.
P: Hay que hacer una autocrítica, tal vez ¿Qué cosas crees que hay que repensar para volver a enamorar a la gente, para volver a atraerlos hacia nuestro proyecto?
R: Son muchas preguntas que nos están dando vuelta en la cabeza a todos los que tenemos responsabilidades institucionales y políticas. Yo creo que no hay que “volver a enamorar” a la gente. El feminismo también cae a veces en esa trampa de enamorar y de volver… Creo que lo que hay que mostrar es una mirada de futuro, una esperanza, que es lo que el pueblo perdió. Estamos todos en una supervivencia cotidiana. Nosotros tenemos mucha responsabilidad al momento de pensar o de planificar qué proyecto de país queremos. Entonces es dificultoso presentar un programa de gobierno cuando está todo roto. A veces se piensa que vamos por la negativa, entonces es contra el gobierno de Milei… ir en contra de esas políticas significa volver a recuperar la industria nacional, volver a recuperar la dignidad de nuestros viejos, volver a poner en pie la salud y la educación pública. Jamás lo vamos a plantear como soluciones mágicas. Cristina siempre lo dijo: no fue magia. Todas las transformaciones que se hicieron desde el gobierno nacional cuando Néstor y Cristina fueron presidentes de la Nación fueron política, fue un Estado. Entonces en este paradigma de inmediatez, ahí es donde me parece que no estamos pudiendo representar ante esa ansiedad o esa falta de esperanza que nuestra población hoy está padeciendo.
P: ¿Crees que el peronismo se alejó un poco de la vida de la gente? Porque tal vez no le estamos hablando a alguien o no estamos siendo lo suficientemente claros… ¿A quién le estamos hablando hoy?
R: No sé si el peronismo “se alejó” de la gente porque sostiene que primero está el movimiento y después los hombres y las mujeres. El movimiento como tal nunca va a estar alejado de las personas ni de su pueblo y Cristina lo dijo: no hay que hablar de los problemas de los dirigentes, hay que hablar de los problemas de la gente y hay que pensar cómo solucionarlos. Lo sigue diciendo y nos sigue convocando a ser parte de ese proyecto. Hay mucha línea de futuro en los mensajes que nos transmite Cristina, y es más allá de verla bailar o no en un balcón.
P: ¿Crees que está en disputa el liderazgo del peronismo?
R: Hay algunas personas que quieren disputarlo y entienden que el peronismo es sólo el PJ, y es más que eso. El peronismo es un movimiento que desde Perón y Eva hasta el día de hoy es parte de un sentir argentino y de un proyecto político de país. Creo que la representación es la que está en disputa, y hay que poder dar los debates que haya que dar, no hay que tenerle miedo al debate político ni a las tensiones políticas que se puedan dar. Nosotros estamos convencidos de que Cristina es la conducción del movimiento peronista de este siglo. Y hoy está presa por ser la representación de esa esperanza. Necesitan tenerla entre cuatro paredes para que el pueblo no piense, no acompañe, no pueda tener esa posibilidad de volver a construir un futuro de igualdad y de esperanza.
P: Por último, un mensaje para la militancia, para los vecinos de Quilmes en este momento de crueldad, angustia, bronca…
R: El feminismo me enseñó que al dolor y la bronca siempre hay que transformarlo en lucha, y este es el momento para decidirnos a llevarlo adelante. Hay que organizarse, la organización es la respuesta siempre. Nadie se salva solo, y tampoco se sale del pozo en soledad. La organización vence al tiempo, como lo dijo Juan Domingo Perón. Organizate donde te sientas convocado a dar el debate, a aportar tu granito de arena para la reconstrucción de una Patria de iguales, ahí hay que poner el foco. No hay otra herramienta más noble que la organización, así que invito a todos los quilmeños y quilmeñas a organizarse.
(*) Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social, UNQ
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