24 marzo, 2026

¿QUÉ PIENSA LA SOCIEDAD ARGENTINA SOBRE LA DICTADURA 50 AÑOS DESPUÉS?

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dictadura

Una investigación de alcance nacional del CELS Y PULSAR UBA, que revela acuerdos, diferencias y formas de transmisión de la memoria sobre el período 1976-1983.

FUENTE (textos e informe): CELS / PULSAR UBA

Rechazo social mayoritario

Siete de cada diez argentinos tienen una visión negativa de la dictadura. La mayoría también considera que no había motivos que justificaran el golpe de Estado, y el 39% identifica directamente a la Junta Militar como responsable del quiebre institucional.

La educación como principal espacio de memoria

El 45 % conoce lo que sucedió en el período 1976-1983 por la escuela o la universidad. El nivel de conocimiento declarado sobre la dictadura es alto y se distribuye de manera bastante transversal en la sociedad. Esto es posible porque el espacio educativo es el de mayor sociabilización sobre esta etapa.

Los desaparecidos como síntesis

Cuando las personas describen la dictadura, los términos que aparecen con mayor frecuencia son “desaparecidos”, represión” y “violencia”.

Apoyo a los juicios

Existe una demanda social persistente respecto de los procesos judiciales: alrededor del 70% está de acuerdo con que el Estado debe seguir juzgando a los militares por los crímenes cometidos durante la dictadura.

El observatorio Pulsar.UBA y el CELS presentan los resultados de la investigación Miradas retrospectivas sobre la dictadura argentina: 50 años después. A cinco décadas del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, la memoria social sobre la última dictadura militar sigue ocupando un lugar central en la vida política y cultural de la Argentina. Sin embargo, la forma en que esa memoria se transmite, se interpreta y se proyecta hacia el presente no es estática: cambia con las generaciones, con las experiencias personales y con los contextos políticos. Este estudio combina dos aproximaciones metodológicas para comprender esas transformaciones. Por un lado, una fase cualitativa basada en ocho grupos focales realizados entre agosto y septiembre de 2025 con personas menores de 50 años, segmentadas según su postura frente a la dictadura. Por otro lado, una encuesta nacional probabilística de 1.136 casos relevada en octubre de 2025, con un margen de error estimado de ±2,8%. El cruce de ambas metodologías permite observar no solo qué piensan las y los argentinos sobre la dictadura, sino también cómo se construyen esas interpretaciones. Los datos muestran una sociedad donde persisten consensos fuertes sobre la condena al régimen militar, pero también aparecen matices, diferencias generacionales y modos diversos de apropiación de esa memoria histórica.

Una memoria social todavía muy presente

El primer hallazgo del estudio es la persistencia de un alto nivel de conocimiento sobre el período 1976–1983. El 1% de los argentinos afirma conocer mucho o algo sobre lo ocurrido durante la dictadura, mientras que el 28% declara conocer poco o nada. Este dato sugiere que, a pesar del paso del tiempo y del recambio generacional, la dictadura continúa siendo un tema presente en la memoria colectiva. Los resultados cualitativos refuerzan esta idea. En los grupos focales, incluso entre personas nacidas después de 1983, la dictadura aparece asociada a imágenes y emociones muy fuertes. Palabras como desaparecidos, represión, miedo o violencia institucional emergen de manera recurrente como las primeras asociaciones cuando se menciona el período. Esta centralidad también se expresa en la evaluación general del régimen militar. El 71% de los encuestados lo evalúa negativamente (45% “muy malo” y 26% “malo”), mientras que las opiniones positivas apenas alcanzan el 7%. Este consenso condenatorio, sin embargo, no implica uniformidad interpretativa. Detrás de esa valoración negativa aparecen marcos explicativos distintos sobre qué fue exactamente la dictadura y cómo debe interpretarse su accionar.

Dos marcos interpretativos: plan sistemático y “excesos”

Una de las divisiones más claras que emergen del estudio se refiere a la forma en que se describe el accionar del régimen militar. Cuando se pregunta cómo caracterizar el período, el 61% de los encuestados sostiene que se trató de una dictadura que llevó adelante un plan sistemático de desaparición de personas y violación de derechos humanos, mientras que el 32% considera que fue un gobierno que enfrentó al terrorismo y en el que pudo haber habido excesos. Esta diferencia reproduce dos marcos interpretativos que han atravesado la discusión pública argentina durante décadas. Los grupos focales permiten observar cómo funcionan estos marcos en la práctica. En ambos casos aparece un rechazo moral inicial muy fuerte hacia la dictadura, expresado en sentimientos de dolor, temor y condena. Sin embargo, cuando las conversaciones se profundizan, emergen algunas diferencias que no son menores. Quienes adhieren a la interpretación del “plan sistemático” tienden a enfatizar el carácter planificado de la represión estatal y a rechazar la idea de que el período pueda interpretarse como una guerra. En cambio, quienes utilizan el marco de los “excesos” suelen reconocer la gravedad de la represión, pero la interpretan dentro de un contexto de violencia política previa. Aun así, incluso dentro de este segundo grupo la valoración general del régimen sigue siendo predominantemente negativa.

El golpe de Estado, la atribución de responsabilidades y la demanda por justicia

El estudio también muestra que existe un consenso amplio en torno a la ilegitimidad del golpe de Estado. Cuando se consulta si en 1976 existían motivos que justificaran la intervención militar, el 63% de los encuestados afirma que no hubo motivos que justificaran el golpe, mientras que el 27% considera que sí existían algunos motivos. Además, la responsabilidad por la dictadura se atribuye principalmente a la Junta Militar. El gobierno militar encabezado por Videla, Massera y Agosti aparece como el principal responsable, según el 39% en primera mención y el 44% en el total de menciones. Otros actores también son mencionados —como organizaciones guerrilleras, el gobierno de Isabel Perón o Estados Unidos—, pero con niveles considerablemente menores de atribución. Estos datos sugieren que, a pesar de las discusiones públicas recientes, la narrativa que ubica a la Junta Militar como principal responsable del golpe sigue siendo predominante en la opinión pública. Esto nos lleva a otro punto otro de los consensos sociales fuertes en la sociedad argentina: la demanda de justicia sigue vigente. El 70% de los encuestados está muy o bastante de acuerdo con que el Estado siga juzgando a los militares por los crímenes cometidos durante la dictadura, mientras que el 26% expresa desacuerdo sobre este punto. Este apoyo mayoritario indica que, a pesar del paso del tiempo, la demanda de justicia continúa siendo un componente importante de la memoria social sobre el período.

Experiencia personal y memoria social

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el papel que juega la experiencia personal en la construcción de las opiniones sobre la dictadura. Aunque el período se encuentra cada vez más lejos en el tiempo, el 30% de los encuestados afirma tener algún familiar, amigo o conocido que fue desaparecido, detenido o perseguido por la dictadura, mientras que el 67% no tiene vínculos personales con víctimas directas. Esta diferencia no es menor. Los datos muestran que quienes tienen algún vínculo personal con víctimas tienden a evaluar la dictadura de manera más negativa y a expresar mayor confianza en organismos de derechos humanos como las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. La experiencia personal funciona así como un ancla moral que organiza las interpretaciones del pasado y condiciona la forma en que se evalúan distintos actores asociados al período.

La socialización de la memoria

La investigación también permite observar cómo se transmite socialmente el conocimiento sobre la dictadura. Las principales fuentes de información mencionadas por los encuestados son la escuela o la universidad (44% como primera mención) y las conversaciones con familiares o amigos (30%), lo que indica que el acercamiento inicial sobre el período ocurre principalmente a través de agentes de socialización primarios y secundarios. Sin embargo, cuando se observa la experiencia personal con el tema, aparecen otros canales de acercamiento a los hechos, sucesos y actores del período militar. Muchos encuestados señalan haber visto películas o documentales (37% de primeras menciones, 50% en el total), leído fragmentos del libro Nunca Más (6% de primeras menciones, 26% en el total) o visitado sitios de memoria (5% de primeras menciones, 20% del total), lo que muestra que el vínculo con ese pasado también se construye a través de consumos culturales y experiencias simbólicas vinculadas a la memoria.

Una dictadura que parece imposible de repetir

Finalmente, el estudio muestra una percepción extendida de que un nuevo golpe de Estado es altamente improbable en la Argentina actual. El 83% de los encuestados considera poco o nada probable que vuelva a haber una dictadura en el país, frente a un 13% que cree que podría ocurrir. En los grupos focales, esta percepción suele asociarse a dos ideas principales: por un lado, la convicción de que la sociedad reaccionaría frente a una ruptura del orden democrático; por otro, la creencia de que existen mecanismos internacionales que impedirían una situación de ese tipo. Sin embargo, las discusiones cualitativas también revelan una paradoja. Muchas de las personas que sostienen que “la sociedad no lo permitiría” reconocen al mismo tiempo una baja participación política en la vida cotidiana, lo que sugiere que esa confianza en la reacción social se basa más en una expectativa que en experiencias concretas de movilización.

A modo de cierre

A 50 años del golpe de Estado de 1976 la sociedad argentina muestra un conjunto de consensos robustos sobre la dictadura, pero también matices interpretativos que reflejan distintas formas de procesar ese pasado. Tres conclusiones se destacan especialmente. En primer lugar, la memoria social sobre la dictadura sigue siendo ampliamente negativa y moralmente condenatoria, con altos niveles de conocimiento sobre el período y un fuerte rechazo al régimen militar. Adicionalmente, hay un alto consenso social en mantener los juicios a los responsables de los crímenes cometidos durante la dictadura. En segundo lugar, aunque la condena es mayoritaria, persisten dos marcos interpretativos distintos para explicar lo ocurrido: uno centrado en la idea de un plan sistemático de represión y otro que interpreta el período dentro de un contexto de violencia política más amplio. Finalmente, el estudio muestra que la memoria de la dictadura está cada vez menos asociada a experiencias directas y más vinculada a procesos de transmisión cultural e institucional. En ese contexto, la educación, la conversación familiar y los marcos interpretativos disponibles en la esfera pública adquieren un papel central para definir cómo las nuevas generaciones comprenden ese pasado.


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