TEATRO | De Martín Flores Cárdenas

"La obra (...) nos interpela en la capacidad de ver y reconocer aquellas violencias que, de pie frente a un vidrio, no dejan de gritarnos a la cara"

“Entonces la noche”

Texto:
Fotografia: https://www.plateanet.com/


Cuatro personajes (Cecilia Roth, Dolores Fonzi, Guillermo Arengo, Ezequiel Díaz) reunidos en un lugar incierto -un especie de limbo western donde las almas tienen la oportunidad de repasar episodios de su vida- relatan sus historias junto a dos músicos (Fernando Tur, Julián Rodríguez Rona).

El director  Flores Cárdenas (Othelo, Entonces bailemos, Matar cansa) dispone seis cuerpos en escena que, reunidos por la noche y una escenografía moderna, evocan historias de violencia, abandono y soledad acompañadas por guiños humorísticos y canciones que remiten a un lejano oeste aggiornado con acordes metálicos, blusas animal print y pelucas platinadas.

Los cuatro personajes sucesivamente relatan y, al mismo tiempo que nosotros, ofician como espectadores de las historias que sus compañeros de escena llevan adelante. Un niño que sufre el abandono de su padre a los 5 años de edad (Díaz), una mujer acechada por un pasado que intenta olvidar (Roth), un policía que investiga casos de mutilación y escarmiento dirigidos a gente en situación de calle (Arengo) y una prostituta que sufre el destino que la noche y la ruta tienen preparado para una mujer (Fonzi). ¿Cómo abordar este tejido de recuerdos que en algún momento del espectáculo se entrecruzan?

“Entonces” como adverbio de tiempo nos reclama un contexto para poder ser descifrado (¿entonces qué? podríamos refutar), la identidad del hablante y su ubicación, un tiempo, un lugar, a lo que el director nos contesta: la noche.

“Hubo un tiempo en que los atardeceres invernales inspiraban paz e ideas románticas. En la época en la que sucede esta obra, en cambio, la inminente llegada de la noche traerá consigo miedo e incertidumbre”[1]

La carga semántica que adquiere la noche en cada uno de los relatos a lo largo de la obra abre un espacio virtual en el que podemos imaginar -gracias también al excelente trabajo de evocación que realizan los actores en escena- una sucesión de actos violentos y descarnados que como sociedad se ven amparados cuando la luz del día se desvanece, o mejor dicho, cuando nuestra capacidad de ver se ve disminuida. En el relato que lleva adelante el personaje de Cecilia Roth, un restaurante lleno de comensales se escandaliza por los insultos y gritos que desde afuera del vidrio les profiere un indigente. Dando la espalda al centro de la acción, sentada en su mesa favorita, ella observa las miradas de los demás clientes, asegurando gozar en el acto de poder ver a los que ven, en lugar de dirigir sus ojos a la persona en cuestión.  Hay algo del orden de la mirada, del hacerse cargo de aquello que a uno lo interpela en lo individual, que en cierta forma metaforiza la noche como escenario de las violencias de todo tipo.

La violencia no ocurre en ambos sentidos; se desprende de un padre que abandona a su hijo, de una sociedad que deja en los márgenes a quienes no pudieron adaptarse a las reglas del sistema económico, de una cultura en donde el trabajo sexual tiene como contrapartida la mutilación en manos de una jauría de perros. La violencia no es percibida como violencia por todos; aquellos perros hambrientos que encuentran en la carne de la prostituta embarrada un manjar, son también los que en la historia del sheriff interpretado por Guillermo Arengo, aúllan y lamen la sangre de su dueño que ha sido masacrado.

“Entonces la noche” mediante el poder evocador del relato de los personajes, nos permite imaginar la puesta en escena de la oscuridad, donde la soledad y las miserias humanas encuentran refugio. La noche, como oscuridad natural, metaforiza la imposibilidad de ver y por tanto, de reconocer aquello que en el día nos parece inofensivo. De percibir la violencia inherente al estado normal de las cosas.

En una suerte de operación estética que nos distancia y aleja de la posibilidad de ubicar estas historias en un tiempo y un lugar concreto, la obra, sin embargo, nos interpela en la capacidad de ver y reconocer aquellas violencias que, de pie frente a un vidrio, no dejan de gritarnos a la cara.

 FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Dramaturgia y dirección: Martín Flores Cárdenas
Actúan: Cecilia Roth – Dolores Fonzi – Ezequiel Díaz – Guillermo Arengo
Músicos en escena: Fernando Tur – Julián Rodríguez Rona
Música original: Fernando Tur
Diseño de escenografía: Alicia Leloutre
Diseño de iluminación: Matías Sendon
Diseño de vestuario: Ana Markarian – Alicia Macchi
Diseño de make up y peinados: Alberto Moccia
Asesor de movimiento: Manuel Atwell
Director técnico y de montaje: Jorge H. Pérez Mascali
Supervisión de sonido: Pablo Abal
Asistente de dirección y Stage manager: Mariana Binder
Asistente de iluminación: Adrián Grimozzi
Vestidor: Héctor Ferreira
Peinador: Oscar Rodríguez
Operador de luces: David Pelozo
Operador de sonido: Carlos Ferreyra
Maquinistas: Damián Lanza – Mauricio Moriconi
Locución spots: Arturo Cuadrado
Fotografía estudio: Alejandra López
Comunicación audiovisual: Milwatts
Comunicación digital: Bushi Contenidos
Producción gráfica: Romina Juejati
Comunicación visual: Gabriela Kogan
Prensa: SMW
Productora ejecutiva: Carla Carrieri
Director de producción: Ariel Stolier
Productor general: Pablo Kompel

 

MÁS INFORMACION

De Miércoles a domingo | Paseo La Plaza
Av. Corrientes 1660 | CABA | Buenos Aires | Argentina
Entradas desde $550

[1] Programa

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