Aborto: Relatos de vida V

Todavía recuerdo los aullidos de perros de ese día. Parecía que sabían qué era lo que iba a pasar. Recuerdo que me desperté con una sensación maravillosa de placer y, entre sueños, decía "¿Qué me pusiste?, ¡Qué bien se siente!

Quetamina

Texto:


Soy Mujer, tengo 36 años.

Estaba separada hacía más o menos veinte días. Hacía 4 años que estábamos de novios y ya la relación no daba para más. Nos surgió un reencuentro desafortunado. El preservativo se rompió y quedé embarazada. Yo estaba planeando irme de viaje con amigas, no estaba ni cerca el proyecto de ser madre. Estar embarazada y parir un hijo son dos situaciones muy distintas. Seguramente habría fantaseado con estar embarazada alguna vez en ese entonces, ¡pero no tener un hijx!

Decidimos abortar. Vimos a un médico obstetra que practicaba abortos ilegalmente, que tenía el consultorio en pleno Barrio Norte. El lugar era realmente muy oscuro.

Antes de abortar era necesario que me hiciera una ecografía. Nadie me preguntó si yo tenía ganas de ver y oír los latidos. Todavía recuerdo lo angustiante que fue eso. Creo que fue lo que me generó más culpa. Los días pasaban hasta que llegó el momento. Todavía recuerdo los aullidos de perros de ese día. Parecía que sabían qué era lo que iba a pasar. Recuerdo que me desperté con una sensación maravillosa de placer y, entre sueños, decía “¿Qué me pusiste?, ¡Qué bien se siente!

El médico, con una sonrisa, se negaba a responder. Salí de ahí reconociendo algo en el cuerpo que nada tenía que ver con el que había entrado. Estaban esperando quien era mi pareja, mis dos amigas y mi mamá. En ese momento vivía sola pero decidí volver al cuidado de mi madre. Recuerdo la cantidad de pesadillas que tuve esa noche. Era como si al día siguiente el mundo se hubiese puesto patas para arriba, me sentía deprimida, lloraba y sangraba.

El médico hizo un seguimiento de mi estado por unas semanas y, después de mucha insistencia, finalmente me dijo qué era lo que me había inyectado: era Quetamina. La historia no terminó ahí. Me invitó a fiestas nocturnas que hacían con sus colegas en su consultorio inyectándose “Queta” con moderación.  Me explicó del mal uso que le daban los adolescentes a la droga y que él sabía muy bien cuál era la dosis justa. Sus brazos viejos estaban llenos de marcas, de pinchazos.

Por suerte no supe más nada de ese señor. Hacía poco tiempo que había dejado mi terapia porque mi psicólogo, en el último tiempo, casualmente previo al embarazo, me  había mostrado sesión tras sesión fotos de su primer hijita, casi religiosamente.

Así que estaba recién abortada, recién separada, sin terapia, sin ir a trabajar porque estaba complemente deprimida, pero con la decisión de continuar la universidad. Recuerdo que ese segundo cuatrimestre hice 4 materias en un estado de “total, no me importa nada”.

Empecé de a poco a trabajar, diariamente con niños, como lo hacía siempre. Arranqué terapia con una analista mujer y me puse de novia con un compañero de la facultad a los pocos meses. Ya me quedaba muy poco para recibirme. Creí que se encaminaba mi vida. Sin lugar a dudas estaba en un estado de excesiva vulnerabilidad. Quería tener un hijo y quedé embarazada de un compañero de la facultad que resultó ser un abusador de niñxs. Un perverso. Porque los perversos también estudian y van a la facultad. Pasé un embarazo castigada, amenazada por esta persona a hacerme un aborto, amenazada a padecer sufrimiento y padeciéndolo, sintiendo muchísima culpa por mi historia anterior. Casi que hasta parecía justificar los reiterados abusos a mi hijo con las reiteradas veces que me pidió que abortara, mientras viajaba en un crucero con su mamá. Me lo imagino diciéndome: “¿Viste que yo te lo advertí? ¿Viste que tendrías que haber abortado? Si hubieras abortado hubieses podido evitar todo esto. Casi como un acto profiláctico.

Todavía hoy estoy en la lucha, con una justicia revictimizante y sin perspectiva de género ¿Se imaginan en una pericia psicológica del cuerpo médico forense, en donde está en juego defender la palabra de mi hijo, que salga a la luz el haber abortado sin poder decirlo porque si no voy en cana?

Pude, pudimos salir adelante  y vivimos una hermosa vida a pesar de todo.

Cuando una aborta, no aborta un hijx. aborta porque no existe el deseo de un hijx.

El aborto debe despenalizarse y tiene que ser legal. De otra manera vean qué malas consecuencias puede acarrear. Un remolino de vulnerabilidad femenina puede llegar a la propia muerte.

ABORTO LEGAL YA

 

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