Aborto: Relatos de vida II

"También mi familia, mi madre y mi hermana, ejercían coacción para que cambie mi mirada"

Y desperté llorando

Texto:
Ilustración: Laura Alderete


Tenía 30 años y 2 hijos. Calculamos mal y quedé embarazada. Siempre quise tener 3 hijos, no por propia convicción sino por seguir alguna especie de mandato familiar. Llegado el caso, mi cuerpo y mi mente me dijeron que no. Varias razones actuaron como fundamentación en mi negativa: poder desarrollarme a nivel laboral, la posibilidad de perfeccionarme, de estudiar y la firme convicción de que a un hijo hay que traerlo al mundo, buscado y deseado. Y a mí no me había pasado ninguna de las dos cosas. No creo en la frase “donde comen dos comen tres”. Tampoco teníamos un espacio físico, y no era cuestión de vivir en condiciones de hacinamiento. En fin, tenía mis propios fundamentos. Mi esposo, que no me imponía su manera de pensar pero intentaba hacerme cambiar de parecer, me resultaba violento y me confundía. También mi familia, mi madre y mi hermana, ejercían coacción para que cambie mi mirada. Mi sentimiento fue de culpa, de soledad. Ante la coerción experimentada en el ámbito intrafamiliar, luego de consumado el aborto, me desperté y dije: ¿ya está? Y lloré. Porque fue una decisión difícil de asumir en esa época, hace 20 años atrás.

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