#CEOcracia

Cambiemos avanza hacia su objetivo primordial: una reforma laboral que licue los derechos de los trabajadores, en favor del capital concentrado, que hoy ocupa todos los ministerios.

Licuado popular

Texto:


Cuando pasó la primera vuelta de las elecciones presidencias ya se hablaba de una segunda vuelta. Cambiemos, según todas las encuestas ganaría la segunda y se perfilaban este elenco de “chetos” encabezados por Macri a manejar los destinos del país. En sus primeras medidas ya empezaban a delinear su política antipopular. Sin ir mas lejos los nombres a ocupar los cargos eran los mismos que las de las calles y avenidas porteñas, sobre todo de barrios del norte.

Pero no debemos reparar en este hecho para afirmar la hipótesis de estas líneas. Una vez en la Casa Rosada las primeras medidas impactaron de lleno en los bolsillos de todos y en mayor medida sobre los sectores mas bajos, con una devaluación de casi un 40% en materia económica. En lo político fueron contra las iniciativas públicas con el sello de “populistas”, desarticulando todos o casi todos los trabajos de campo que se hacían por parte del Estado en los sectores mas vulnerables, redundando en la inactividad de los trabajadores que llevaban adelante estas tareas. Su consecuencia: despido por “ñoqui” y aplausos de los acólitos amarillos. Pero el fin es en principio el abandono por ajuste a las partidas de esos sectores que el Estado debe proteger, esos estamentos de la sociedad en general pobres o indigentes. Y como segundo factor el verdadero fin, el ataque al trabajador, en este caso al estatal y al trabajo como eje principal de cualquier tipo de economía direccionada a las mayorías. Ajuste a esa mayorías, y beneficios para una minorías, las encumbradas, las que siempre o casi siempre ganaron. Otra vez vuelven a dominar las clavijas, aplicando o haciendo aplicar los mismos planes que llevaron a las crisis mas profundas de nuestra historia reciente, en las que ellos siempre salieron ganadores.

Estas políticas tienen una vuelta de rosca mas en su concepción antipopular. Me atrevo a ir mas allá y catalogarlas de antiperonistas, sobre todo si entendemos que cuando se avanzó sobre las conquistas sociales llevadas adelante por el peronismo, fue con dictaduras o gobiernos neoliberales arrodillados al poder económico central y sometidos. Sin soberanía política, redundando en la destrucción de la justicia social. La novedad, y citamos el articulo “Esto no son los noventa”, es que el gobierno actual lo expresa claramente. Y si de novedades hablamos, es el primero de derecha que con esas característica llega al poder por medio del voto popular.

Pero todavía van mas a fondo en su cruzada antipopular, su batalla mas importante la dan contra los representantes de los trabajadores. Hay una premisa clara y la expresaron: “el salario en Argentina es muy alto”. El domingo un editorialista encumbrado del medio de la corneta lo dijo prístinamente: “el Gobierno requiere la reforma laboral, para bajar costos productivos”, y léase bajar el salario. Para esto criminalizan los reclamos de los sindicatos (los que reclaman, claro). Así ensucian a toda la dirigencia sindical, aunque claramente el objetivo es Moyano, alguien que en principio pareció apoyar la gestión. Inclusive se lo pudo ver en algunos actos de campaña junto a Macri. Hoy es el principal objetivo del monstruo mediático-judicial, el que devora todo lo que le sirve el poder. Rumores hablan de una próxima detención, mostrando el trofeo y aleccionando a los dirigentes díscolos. Claro que los hay contemplativos también, no todos “trabajan” por lo mismo, a esos solo le muestran la oreja de la carpeta, con eso alcanza para que coman de la mano.

Pero hoy posiblemente y después de un diciembre ajetreado, el escenario muestra otra realidad. La reflejan algunas encuestas: la caída de la imagen del gobierno es marcada. Ya algunos editorialistas amarillos se lo hacen notar en sus líneas y la economía empieza a ser un factor imporante para el incipiente descontento popular. Como sostuvimos desde esta columna, hubo costo político a pagar con la reforma previsional. La muestra es el retraso a la futura reforma laboral, la cual estarían gustosos de mandarla por decreto y que se acabe esa tediosa y agobiante tarea en el Congreso de “convencer” a las “facciones opositoras”, como las catalogó Massot. No todos son tan fáciles de convencer, que entiendan lo “buena” que sería esa atrasada reforma. Sabemos que los sanguchitos para algunos aumentaron su valor descaradamentemente, como todo bajo el macrismo,.

Las líneas distractivas siguen jugando en las pantallas, las mentiras son el principal aliado del discurso oficial, algún lugar tienen las bravuconadas, pero todas estas están pensadas en destruir y desterrar la posibilidad de pensar que otro gobierno popular llegue a Balcarce 50. El rótulo de “populista” tiene gusto a la licuado popular.

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