Literatura

"¡Esos Tanos hijos de puta tienen más tierra que mis orejas y ni saben dónde carajo está! Y están cagados en guita, ¿Por qué mierda no les dan un cacho más de tierra a estos indios pulguientos y nos dejan de joder la vida a todos de una buena vez? Te lo dije mil veces, Negra, ¡este es un lugar de mierda, no lo aguanto más!"

Guiso de Cordero

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


El Sargento Sartirana llegó hasta el umbral de la puerta y zapateó con fuerza para sacarse el barro y las piedras de las botas. Cada vez que repetía ese pequeño ritual hogareño recordaba lo cansado que estaba de esa tierra yerma, de esas piedras de mierda y de ese viento del orto que parecía que nunca más se iba a detener. Entonces, sacudía los pies con furia imaginando la cabeza de los burócratas que le negaban el pase a un destino mejor.

-Dejá los borcegos afuera y lávate las manos que en un ratito cenamos, Negro- sonó la voz de su esposa antes de que hubiese abierto la puerta de casa.

– ¡Mmm, qué olorcito, no me digas que hiciste guiso de cordero, negrita! –

-Si. Escuché las noticias temprano y me imaginé que ibas a tener un día fulero y justito el Panza me había dicho que iba a carnear un par de animales hoy. Así que pensé que nos iba a venir bien una buena comida. ¡O al menos me iba a salvar de tu mal humor! –

– ¡Esa es mi Negra! Y por ahí podemos inventar un buen postre…

– ¡No te agrandés milico que seguro que te quedás dormido después de la comilona!

Sartirana se derrumbó en el sofá mirando hacia la inmensidad patagónica que asomaba con su ultima luz por el ventanal del living.

-¡Pensar que hay boludos que hacen documentales sobre este desierto de mierda! Dijo en voz alta mientras se acomodaba para que el sillón lo abrazara.

– ¡No te vayas a dormir que en seguida sirvo! Y pará con esa queja que tan mal no nos fue acá. ¿O te olvidás de todos los andurriales por donde anduvimos? Por favor…

-Solo a esos indios de mierda les puede gustar acá-

-Dale, Negro, lavate las manos y vení que se enfría-

El día se apagó por la ventana con el grito lejano de un chimango mientras Sartirana limpiaba los restos del guiso en su plato, con un pedazo de pan.

-Anduvieron por Cushamen, ¿no? – Hubo baile, escuché por la radio…- interrumpió Marta.

-Lo de siempre. Diez indios de mierda haciendo quilombo. Son esos loquitos de Huala otra vez. Cortaron la ruta, prendieron unas llantas…la misma pelotudez de siempre. Pero viste que estos no se por qué mierda los ponen más nerviosos y nos andan metiendo presión…¡y nos hacen hacer cagadas!-

-Bueno, Negro, en la tele dicen que son terroristas…-

– ¡Qué van a ser terroristas esos, ¡Negra, si no tienen ni pa´comprarse una naranjera, déjame de joder! Andan con piedras y gomeras. Son unos piojosos. El Huala ese y alguno quiotro son “leidos” y avispados, nada más-

-Pero ¿no se anduvieron cargando unos animales de los Tanos hace unos meses? –

-Si, si, son un poco más ruidosos y tienen pelotas, pero nada, nada. ¡Esos Tanos hijos de puta tienen más tierra que mis orejas y ni saben dónde carajo está! Y están cagados en guita, ¿Por qué mierda no les dan un cacho más de tierra a estos indios pulguientos y nos dejan de joder la vida a todos de una buena vez? Te lo dije mil veces, Negra, ¡este es un lugar de mierda, no lo aguanto más!

 

El eco de los gritos fue rebotando por la casa, alejándose como ondas en el agua hacia el silencio de la noche. La luz de la luna pintaba la presencia sombría de las montañas en el cuadro del ventanal en donde Sartirana clavaba la vista.

-Eh, Negro, calmate. ¿Qué pasa che? Hace tiempo que no te veía así. ¡Vos no me estás diciendo todo, milico, largá que te conozco como si te hubiera parido! Vení, sentémonos, fúmate un pucho y te sirvo un wiskicito como a vos te gusta. Y quien te dice hay postre…-

-No, Marta, no te preocupes. Hay que levantar todo esto. Mañana tengo que arrancar temprano que seguro vamos a tener baile, mucho baile. Estuvo todo pa´chuparse los dedos…-

-Dejá de joder Sergio, que esto lo dejo para mañana que viene la Berta a darme una mano, ¿te acordás? Dale, vení, larga lo que tenés en el buche que te vas a atragantar y después la que te aguanta soy yo. – lo interrumpió Marta, con palmadas tentadoras en los almohadones del sofá.

-No sé, Negra, está todo raro…- suspiró Sartirana, hipnotizado con el recorrido circular del hielo en la copa de whisky en su mano izquierda. – ¿Cuántas veces entramos y rastrillamos las comunidades? Desde que tengo memoria. Acá, en Pirané, en Tartagal, en Chaco… Es como un juego para mí. A veces. Pero esta vez fue distinto… hace rato que hay un clima raro, Marta. Nos vienen apretando de arriba. Los jefes están molestos, los patrones andan más alzados…no se… desde hace unos días vino un figurón importante de Buenos Aires y ¡hoy hasta estuvo en el operativo el cabrón!

-Política, Sergio, ya sabés. A nadie le interesa una mierda de nosotros, vos tenés que hacer tu laburo y ya está. Como siempre.

-No entendés, Negra, siento que no decidimos nada, que se nos va la vida haciendo boludeces para otros.

-Acá nadie decide nada, Sergio. En ningún lado. Nosotros no, al menos.

– Es que hay un clima de mierda y cuando pasa eso los vagos empiezan a hacer cagadas. Yo ya la conozco esta. Hoy se mandaron un moco, sabés. Me parece que la cagaron…

– ¿Qué pasó? – Interrumpió Marta mirando si había cerrado bien la canilla de la pileta.

-No se bien, yo estaba arriba, en la ruta, cuidando la chata… los mandaron a meterse en el Pu Lof… se cebaron me parece…volvieron muy nerviosos…

-¡Eso era!- gritó incorporándose bruscamente del regazo de su marido – Me parecía raro que no te había oído llegar. Por eso no preparé la mesa… ¿Dónde está la camioneta?

-Me trajo Echazú en la suya. La mía la tuve que dejar allá, órdenes del Comandante, qué se yo. La van a usar para algo, dicen. ¿No te digo que todo está culo p´al norte? Pa´colmo el loco vino manejando lleno de sangre, los negros esos lo cagaron a piedrazos. Tengo los huevos al plato de este lugar, Negra. Esta tierra está maldita, algo malo nos va a pasar, yo lo se.

– ¿No ves? ¡Tanto estar entre la indiada ya te volviste más bruto y supersticioso!! Dale, negrito, vos ya sabés cómo es esto. Mañana todo el mundo se olvidó de todo. Convidame un pucho, querés, dejá de pensar boludeces y terminá ese whisky que hay que ir a la cama… ¿o no querías postre vos?

Sartirana pegó una pitada larga y tomó el ultimo sorbo mirando hacia el ventanal. El aullido del viento mataba todos los sonidos de la noche. Alcanzó a ver la sombra de la vieja lechuza de siempre en el poste del galpón y pudo imaginar su chistido. Cerró los ojos y se vio flotando plácidamente en un velero sobre un mar tan azul como ese cielo detrás de las montañas que lo despertaba cada mañana. El mar le trajo algún recuerdo y lo devolvío al living.

– ¿Sabemos algo del Eduardito? – preguntó hacia el ruido de cajones que venía desde la habitación.

-Mandó otro whatsapp con fotos desde Porto Seguro. Cuatro meses sin saber nada y manda dos fotitos el desgraciado… Está tocando en bares y dice que los tatuajes salen como pan caliente. ¡Se lo ve tán lindo! Debe andar con alguna chiruza. ¡Esperemos que no sea negra!

Sartirana soltó un suspiro sonoro y apagó la luz del living.

-Esperemos que vuelva pronto-

Roberto Villarruel 8/10/17

 

 

El 31 de julio de 2017 organizaciones mapuche y de derechos humanos realizaron un corte de calle frente al Juzgado Federal de Bariloche para pedir la liberación de Facundo Jones Huala líder de la comunidad Mapuche de Cushamen. Los manifestantes fueron reprimidos por Gendarmería Nacional, que detuvo a varias personas. El mismo día el gobernador de Chubut, Mario Das Neves, pidió la destitución del juez Guido Otranto, por haber liberado a Jones Huala en agosto de año anterior, apoyado por el jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación Pablo Noceti quien se trasladó a la provincia para dirigir un operativo de desalojo del corte de la ruta nacional 40.

En la madrugada del día siguiente se produciría el violento allanamiento de la comunidad Pu Lof en Resistencia de Cushamen y la desaparición de Santiago Maldonado, un artesano y tatuador oriundo de 25 de mayo, provincia de Buenos Aires, quien apoyaba a los pueblos originarios en su reclamo por la restitución de sus tierras arrebatadas y ocupadas por estancieros extranjeros.

El Sargento Sergio Sartirana, chofer de una camioneta Ford Ranger, integraba una de las patrullas del operativo junto con el Subalférez Emmanuel Echazú, que terminó herido a pedradas; el cabo Darío Zoilán, y su compañero Juan Carlos Pelozo.

El 17 de octubre de 2017 fue hallado el cuerpo de Santiago Maldonado cerca del punto en el que se denunció su desaparición, en una zona donde ya se había realizado previamente otro rastrillaje.

El 3 de enero de 2018 El Ministerio de Seguridad dispuso el ascenso del subalférez Emmanuel Echazú, único imputado en el caso Santiago Maldonado.

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