Internacionales - Estados Unidos

"Donald Trump presidente de los EEUU ha terminado siendo, sin lugar a dudas, un terremoto tanto para la política interna de su país como para el escenario geopolítico y de relaciones internacionales global".

EL AÑO DE TRUMP

Texto:
Ilustración: Leandro Gillig


Donald Trump presidente de los EEUU ha terminado siendo, sin lugar a dudas, un terremoto tanto para la política interna de su país como para el escenario geopolítico y de relaciones internacionales global. Hacer un balance de su primer año de gobierno desde estas dos perspectivas es difícil porque, salvo por sus exabruptos política (y éticamente) incorrectos, no es muy fácil desentrañar que es lo que ha aportado realmente él y sus equipos al rumbo político- económico de los EEUU durante el 2017.

Esto es así porque los exabruptos ( igual que las frases bonitas y las promesas grandilocuentes) son como la espuma de las olas que en nada o casi nada reflejan cuales son las verdaderas fuerzas y rumbos de las poderosas corrientes que las producen.

La ambigüedad de la consigna “América first” pareciera tratar de anunciar una estrategia que intenta diferenciarse de la que, no sin contradicciones, venía desplegando el gobierno de los EEUU desde, por lo menos, los años de Bill Clinton hasta los de Obama con diferencia de matices entre el patriciado de los Clinton y el de los Bush pero con continuidad en cuestiones internas y externas centrales (gran apoyo a la globalización financiera e intromisión en todo el territorio global en forma directa o últimamente en forma preferencialmente indirecta a través de maniobras nefastas de sus servicios de inteligencia).

Sin embargo el slogan “Primero EEUU”, que le trajo a Trump los votos de grandes masas de estadounidenses claramente afectados por las políticas Clinton-Bush-Obama, alentadas por la esperanza del regreso de grandes fábricas al territorio nacional, la defensa del trabajo de los norteamericanos con ciudadanía y el redireccionamiento del gasto público norteamericano exclusivamente hacia las estructuras estatales y militares existentes en el territorio estadounidense mismo o en sus alrededores más cercanos, no parece, hasta el momento, haber dado muestras de un comienzo de implementación demasiado contundente.

La burbuja financiera de Wall Street no ha hecho más que crecer a niveles muy superiores del de los del 2008, la quita de impuestos a los ricos (único triunfo legislativo del “trumpismo”) parece incluso haberla alimentado, y la acechanza de explosiones de conflictos o agravamientos de los ya existentes, en lugares tan distantes del territorio norteamericano como Corea de Norte o Ucrania siguen latentes e, incluso por momentos, aumentan en milibares.

En el principio de su mandato se produjo como señal auspiciosa un desescalamiento de la guerra terrorista contra Siria y el anuncio a la OTAN de que debía mantenerse por sí misma. Poca cosa en comparación con la alarmante cantidad de escenarios de riesgo que existen en el mundo por obra y gracia de la intervención norteamericana. Las declaraciones de Trump en relación a Corea, Venezuela, Cuba, Palestina (en donde se fue más allá del mero terreno de las declaraciones) Irán y finalmente, nada menos que contra Rusia y China, no han ayudado, sin dudas, a abrigar demasiadas esperanzas de avances reales inmediatos en pro de la paz mundial.

De todos modos es imposible saber exactamente hasta qué punto todo ello obedece a decisiones y poderes desplegados realmente por Trump y el “trumpismo” ya que es evidente que, hoy, en Estados Unidos, el presidente preside pero no gobierna. Tanto más un presidente como Trump que, desde antes de la asunción del cargo, ha estado al borde de “impeachment”. Y lo más llamativo son las causas por las que se lo quiere derribar: la colusión con Rusia en contra de los intereses de los EEUU. Es decir se lo está acusando de pro ruso¡?, con cierta remembranza de clima de guerra fría, lo que lleva a la conclusión disparatada pero no por eso menos real de que el propio presidente de los EEUU ( que es además un empresario multimillonario) está siendo objeto de una campaña “post mackartista”. No hay que descartar el hecho de que muchas de sus sobreactuaciones en contra de Rusia y China hayan sido precisamente producto de esta lucha interna con la que convive cotidianamente el presidente Trump

En suma un año complejo, de una política estadounidense muy empantanada en una tremenda confrontación interna donde se cruzan sectores enfrentados del poder, no sólo norteamericano sino global, enfrentamiento en medio de lo cual Donald Trump es, al menos hasta ahora, más un síntoma del grado general de la crisis sistémica, que la punta de lanza de un cambio real de época.

Mariano Ciafardini. Integrante del Centro de Estudios y Formación Marxista (CEFMA) y del Instituto Argentino de Estudios Geopolíticos (IADEG).

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