Reforma Previsional - Opinión

Una advertencia al lector, este artículo se escribe en caliente. El objetivo es dar un contexto al debate por la reforma previsional propuesta por el gobierno. Se procurará realizar las menores consideraciones de tipo técnica jurídica y no abrumar innecesariamente con cifras.

La Reforma Previsional de Cambiemos: hipotecando el presente para no tener futuro y volver al pasado

Texto:
Fotografia: Télam


En lo referente al Sistema de Seguridad Social, desde la asunción del gobierno actual, los que nos dedicamos al estudio jurídico en este terreno estamos viviendo en una trinchera. A poco de asumir, la actual administración envió al Congreso la ley de “Reparación Histórica”. De esa ley 35 artículos corresponden al sistema previsional y el resto de los 62 al blanqueo de capitales. En este sentido, y a la luz del resultado de su aplicación, afirmamos que el gobierno metió un Caballo de Troya para justificar la adopción de una medida que sacó del delito, mediante una amplísima amnistía fiscal, a los amigos y familiares del poder económico concentrado de nuestro país. Pero no solo esto, sino que también se logró crear una comisión para la reforma previsional, otra para la armonización de los regímenes provinciales no transferidos a la Nación, la liberación del Fondo de Garantía de Sustentabilidad que había sido blindado en el final del mandato del gobierno anterior, se creó la Pensión Universal para los Adultos Mayores que es la primera de las tres patas de la verdadera reforma previsional que se quiere instaurar y, finalmente, se incorporó la devolución a las provincias del 15% de la coparticipación federal que había sido la prenda de cambio en los 90 con la creación de las AFJP. Este último punto con ayuda de la CSJN que dictó un fallo al respecto, a pocos días de terminar el mandato del gobierno anterior.

A un año y medio de la sanción de aquella norma, que iba a alcanzar, según vociferaba a los cuatro vientos el Presidente de la Nación, a 2.4 millones de jubilados y pensionados solo han cobrado mejoras en los haberes, según datos oficiales, poco más de un millón y tan solo una ínfima parte ha percibido algún tipo de retroactivo por la deuda reconocida en los acuerdos transaccionales. Tampoco logró terminar con los juicios al ANSES por mala liquidación de haberes atento a que, la enorme mayoría de las ofertas, representan aumentos tan escasos para los beneficiarios que no les es atractivo aceptarla y deciden iniciar un juicio que asegura un aumento mucho mayor sin renunciar a ningún derecho. Todo esto a costa de tirar por la borda el ordenamiento jurídico vigente para el que se declaró la emergencia en materia de litigiosidad previsional, cuestión que ya había declarado la CSJN en el año 2014 pero con otros fines. Otra perlita escondida dentro de la fanfarria de la “Reparación Histriónica” la representa el punto IV del acuerdo transaccional con el ANSES en donde se establece con total claridad que el que los suscriba “renuncia a cualquier otro reajuste que no sea el reconocido en este acuerdo” vedando la posibilidad de realizar reclamos en el futuro. Todo verdaderamente muy conveniente a la luz de los acontecimientos actuales en la materia. Esta primera reforma fue el principio de una historia que hoy está a punto de darnos un nuevo paso de los más álgidos a nivel político y social que se recuerde en mucho tiempo. Si el oficialismo logra sortear el escollo que hoy tiene por delante va a quedar hallando definitivamente el camino para presentar la verdadera reforma que modifique de cuajo el sistema previsional argentino.

De cómo prometer y desprometer o de cómo comer y descomer

No cabe duda alguna de que el actual gobierno tiene total legitimidad democrática de origen, esto es, ganó lícitamente la contienda electoral a las presidenciales en el 2015. No sucede lo mismo, lamentablemente, con la legitimidad de ejercicio al no haber honrado el contrato electoral con sus votantes. Las promesas electorales manifestadas por el Presidente Macri pueden resumirse sucintamente en lo siguiente: “No voy a cambiar nada de lo que está bien y voy a modificar todo lo que está mal” dicho la noche de la primera vuelta electoral. Lo que no dijo fue que, en realidad, iba a destruir todo lo que estaba bien y empeorar todo lo que estaba mal… como un beneficio de la duda podemos suponer que puede haber existido una mala interpretación o, por qué no, un error de lectocomprensión de los que el más alto de los magistrados de la Nación ya nos tiene por demás acostumbrados cuando reproduce los textos que le son escritos para sus discursos.

Entre esas promesas desprometidas, en uno de los exquisitos spots publicitarios, nuestro primer mandatario nos decía que “No te voy a sacar nada de lo que tenés” pero, para poner un manto de piedad, nunca aclaró a quiénes iba dirigida su promesa. A esta altura de los acontecimientos queda muy claro que la promesa iba dirigida al selecto grupo de personas que se encuentran en la cúspide de la pirámide social.

Con el fin de cumplir su promesa hacia el sector más favorecido de la sociedad, el Presidente Macri decidió inmediatamente recortar cuanto impuesto progresivo existiera y, cuando no lo recortó, lisa y llanamente lo suprimió (recordemos que en la “Reparación Histórica” se estableció la disminución de la alícuota de bienes personales para dejarla a cero en tan solo unos años). Eso sumado al levantamiento del “cepo cambiario” y al pago a los fondos buitre, que supuestamente no iba a traer ningún inconveniente, generó el aumento desmedido del déficit fiscal que, adicionando a la apertura indiscriminada de las importaciones, nos deja hoy en la situación fiscal, comercial y social en la que nos encontramos. Como una de las bondades de la pesada herencia fue el desendeudamiento feroz del gobierno anterior, toda esta verdadera fiesta de concentración de la riqueza se financió con deuda externa y emisión de Lebacs y otros instrumentos financieros por parte del BCRA.

Como todo el pueblo argentino sabe, a esta altura del partido, una vez que el Estado ingresa en la espiral de toma de deuda indiscriminada para financiar la fuga de capitales de los que después son beneficiados con amnistías fiscales, no queda otra que meter mano de los fondos acumulados de trabajadores activos y pasivos que son los que, desde el discurso, se beneficiarían en algún futuro bien distante, con el fin de continuar sosteniendo, todo lo posible, la bicicleta financiera que es, en definitiva, el verdadero proyecto económico de los sectores concentrados.

Así las cosas el Sistema de Seguridad Social moderno, que fue diseñado por Beveridge en Inglaterra por orden de Churchill quien sabía que iba a tener que hacer frente a cientos de miles de soldados lisiados que volvían de la guerra y que no estaban en condiciones físicas ni psicológicas de reincorporarse a la vida productiva, es un verdadero obstáculo para la consecución de los fines antes mencionados. La acumulación de grandes fondos que son extraídos de la rentabilidad empresaria como compensación de una distribución del ingreso eternamente regresiva para el sector de los trabajadores, es un ultraje que un gobierno neoliberal no puede soportar y que queda liberado a utilizar una vez que se logra instalar el estado de Shock que tan bien describió la escritora canadiense Naomi Klein en su voluminoso libro “La Doctrina del Shock”.2 En su libro “Capitalismo y Libertad” uno de los padres del neoliberalismo, Milton Friedman, nos ilustra: “Solo una crisis real o percibida produce auténticos cambios, cuando esas crisis sobrevienen las medidas que se toman dependen de las ideas que flotan en el ambiente”.

Las ideas que flotan en el ambiente

Como bien dijera el gurú neoliberal Friedman, la crisis no necesariamente debe ser real sino que con solo percibirla o crear la noción de su existencia es suficiente para que la población acepte una merma en su nivel de vida en pos de un futuro venturoso. Desde la asunción del actual gobierno, y un poco antes también aunque de forma más aislada, se viene machacando con la noción de que el sistema previsional se encuentra quebrado o que es insustentable. Altos funcionarios echan a rodar esta noción sin ninguna precisión técnica, o cuando lo hacen no pueden sostenerla de lo ridícula que es (recordemos recientemente al Director Ejecutivo del ANSES, Basavilbaso, quien manifestara que nuestras jubilaciones son de las más altas del mundo y las comparó con Finlandia), y los medios de comunicación luego amplifican hasta el hartazgo casi sin oposición, teniendo en cuenta que prácticamente no quedan ya grandes medios que manifiesten algún tipo de oposición frontal contra las políticas del gobierno macrista.

La mesa está servida, pues, para avanzar con la liquidación del Sistema de Previsión Social con la anuencia de los beneficiarios damnificados y los afiliados a quienes se les ha inoculado el miedo irracional de que, de no adoptar las medidas propuestas, podrían perderlo todo. Queda preguntarse entonces, ¿cuál es la realidad técnica objetiva respecto a la sustentabilidad del sistema? Actualmente los ingresos en concepto de aportes personales al sistema de seguridad social ascienden al 17% del salario bruto de los trabajadores registrados y en concepto de contribuciones patronales al 17% o 21% dependiendo de qué sector de la economía se trate. Es fundamental recordar que desde el año 2001 con el decreto 814/01 Domingo Felipe Cavallo, en aquel entonces Ministro de Economía del gobierno de la primera Alianza, los bajó del 27%. Si tomamos en cuenta esto dentro del análisis y computamos el monto total de ingresos genuinos al sistema establecidos por cada una de las leyes que lo componen, la realidad de la sustentabilidad se modifica sustancialmente.

Claro está que para el empresario, las erogaciones que debe pagar para el sistema de seguridad social, tanto los aportes como las contribuciones, representan un costo que reduce su ganancia. Un gobierno que solo mira el lado de la oferta y que pretende recomponer rentabilidad bajando todos los costos laborales posibles con la finalidad de generar incentivos para la inversión, se ha perdida una gran lección de la historia… nunca ha funcionado. La razón es que ningún empresario racional invierte en maquinaria y en la contratación de trabajadores si no puede colocar su producción en el mercado interno o externo. Con una población cuyo poder adquisitivo se ha visto fuertemente disminuido por una inflación descontrolada, que iba a ser de lo más sencillo para resolver, y que ha sufrido un violento aumento de tarifas sumado a un mundo que cierra sus fronteras y no deja entrar productos extranjeros, poco pueden pretender los empresarios argentinos colocar su producción en algún lado y mucho menos puede pretender el gobierno que esos empresarios inviertan en actividades productivas. Mucho menos aún si tomamos en cuenta que el mejor negocio que se puede hacer hoy en el país es subirse a la bicicleta del BCRA y subsistir a fuerza de LEBACs. La inversión y la creación de empleo de calidad que pretende el gobierno queda del lado del “esa te la debo”.

Sin mostrar un solo número, sin mostrar un solo cálculo actuarial, con meras consignas salidas de la mente del gurú cambiemita el gobierno pretende defender, bajo la consigna de la quiebra del sistema y su insustentabilidad intertemporal, la reforma que ha propuesto asusando los fantasmas ya por todos conocidos.

Tomando el Índice que más te conviene

Resumidamente la reforma previsional en discusión en diputados, que tiene media sanción de senadores, ataca varias dimensiones:

  1. Modificación del índice utilizado para la actualización de las últimas 120 remuneraciones tomadas en cuenta en la fórmula del cálculo del primer haber jubilatorio.
  2. Modificación del índice utilizado para la movilidad jubilatoria.
  3. Aumento en 5 años para que el empleador puede intimar al trabajador que reúne las condiciones para jubilarse a hacerlo y culminar la relación laboral.
  4. Los aportes necesarios para obtener el beneficio jubilatorio dejan de ser devengados y pasan a ser efectivos.

Respecto al primer punto, el objetivo es reducir la tasa de sustitución que deben mantener, conforme nuestra legislación en la materia y la jurisprudencia pacífica de la CSJN desde 1900 a esta parte, los haberes jubilatorios comparados con los salarios de actividad. A este respecto el haber jubilatorio debe ser tal que le permita al trabajador pasivo mantener un nivel de vida relativamente similar al que tenía cuando se encontraba en actividad. Conforme pretende el FMI hay que bajarlo del actual 65% a lo más cerca del 40% posible. Esto perjudica a los trabajadores en actividad que van a obtener su jubilación en el futuro, mucho más dentro de unos años en comparación a los que se jubilen en breve donde la incidencia de este cambio va a ser menor.

Respecto al segundo punto, el objetivo es generar un “ahorro” de alrededor de 100 mil millones de pesos que dejarían de estar disponibles para la vida de los jubilados y pensionados actuales, que deben necesariamente sumarse a la quita de beneficios en remedios y todo tipo de prestaciones del PAMI que producen un perverso combo e inseguridad existencial en los jubilados que deben verse en la obligación de resolver sus problemas de salud de manera privada. De este modo se está cada vez más lejos de recuperar la pérdida sufrida durante el 2016, muy a pesar del Diputado Tonelli que, violentando ya las leyes de la física, dijera que “los jubilados van a perder plata pero no poder adquisitivo”.

Estos dos puntos sumados nos llevan al tercero. Aumentar la edad en 5 años para que el empleador pueda intimar al empleado, siempre y cuando reúna los requisitos para obtener una Prestación Básica Universal, a iniciar los trámites administrativos para obtener el beneficio jubilatorio. La argumentación esgrimida en torno a este punto es que la jubilación sea voluntaria. Esto representa un grave error conceptual atento a que la jubilación es un derecho y no una obligación, nadie está obligado a iniciar los trámites para obtener su beneficio. Lo que sí sucede es que la ley actual le da un beneficio económico al empleador al poder culminar la relación laboral sin tener que hacer frente a indemnización alguna. Imaginemos pues, cuál sería la decisión que tomaría un trabajador ya en edad de jubilarse si sabe a ciencia cierta que si obtiene el beneficio pasaría a vivir con el 40% de su ingreso habitual. Decidiría continuar trabajando sin duda. Ahora, esta situación genera una presión extra en el mercado laboral al no poder liberar trabajadores en edad de jubilarse que serán reemplazados por los jóvenes que se incorporan año a año a la vida laboral. Si esto es así, de forma clara que esa presión va a provocar mayor pauperización no solo en las condiciones sino también en los salarios, por lo que es probable que ese trabajador en edad y condiciones de jubilarse tenga que continuar con su tarea pero percibiendo salarios más bajos.

Finalmente un punto adicional que ha pasado desapercibido. Para obtener el beneficio del 82% del Salario Mïnimo Vital y Móvil se requieren 30 años de aportes efectivos cuando las leyes previsionales siempre han establecido que los mismos deben ser devengados. Imaginemos, entonces, un empleado que tuvo la desgracia de trabajar en una empresa que entra en quiebra y no paga sus aportes y contribuciones por largos períodos. Como el aportes y contribución no ha sido efectivo, ese trabajador no podrá obtener este beneficio.

Qué ha sido del Fondo de Garantía de Sustentabilidad

Con la reestatización del sistema previsional, se creó el FGS con los fondos acumulados en poder de las AFJPs cuyo fin sería el de poder continuar pagando los beneficios previsionales en caso de una crisis económica. De los 100 mil millones de pesos de 2008 se llegó a más de 1 billón de pesos en el año en curso. Como dijéramos al principio, y con el Caballo de Troya de la ley de “Renunciamiento Histórico”, se habilitó la posibilidad del comienzo paulatino de la liquidación del fondo para ir haciendo frente al déficit creado del sistema. Es de público y notorio, por otra parte, las andanzas de algunos ministros y ex tenistas que pretendieron hacer negocios con algún país del mundo Árabe pero que tuvieron que dar marcha atrás al ser descubierta su juvenil treta.

La idea, ya manifestada en voz baja por los funcionarios actuales, es devolverles a sus dueños originales los activos propiedad del FGS que son alrededor de 200 millones de pesos en grandes empresas. Ya se han hecho públicas también, y hay denuncias penales al respecto, algunas ventas que se han realizado, en forma totalmente desafortunada y sin querer queriendo, manipulando el mercado con el fin que el precio de la acción baje y luego vendiendo la misma a un precio que le resultaba conveniente, y mucho más barato, a la empresa que recompraba sus acciones.

Este gran fondo propiedad de todos los trabajadores, tanto activos como pasivos, representa hoy un poco más de lo que hay hoy de reservas en el BCRA y alrededor de un 70% de lo que el gobierno ha tomado en concepto de deuda externa por lo que es claro que irán por él cuando las puertas de los mercados internacionales comiencen a cerrarse.

A medida que se vaya poniendo en marcha el plan de desfinanciamiento del sistema más se quitará del FGS y menos sustentabilidad y garantía tendrán los haberes jubilatorios. Esto va a permitir que se argumente, finalmente, lo que es el verdadero plan del neoliberalismo respecto a la previsión social… la capitalización individual. Los trabajadores argentinos ya han sufrido en carne propia lo que es tener en vigencia un sistema de esta naturaleza por lo que van a tener que crear realmente una situación de verdadera zozobra para lograr imponerla. Mucho más teniendo en cuenta el descontento social que hoy se está evidenciando en el Congreso Nacional con una multitudinaria manifestación popular de los trabajadores que salieron en su conjunto a defender sus derechos. Desde ya que las fuerzas represivas del Estado comandadas por una Ministra que el 2001 les quitó, lisa y llanamente, el 13% a los jubilados y trabajadores estatales, comenzó a reprimir la manifestación y reestablecer el orden… neoliberal.

1 Título inspirado en el “fallido” de la actual Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, en la noche de la victoria quien dijera “Cambiamos futuro por pasado”.

2 Puede verse un documental al respecto en https://www.youtube.com/watch?v=_Q7X5pYKi00

Federico Bobrovsky. Abogado Previsionalista y Profesor de la Cátedra Cipolletta en la Facultad de Sociales UBA.

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