#NosComimosLaCurva

Aunque lo llamemos Neoliberal, este gobierno es un engendro que combina lo peor de cada etapa histórica

Esto no son los noventa

Texto:


Un día después de la votación que dio lugar al balotaje en 2015 vomité. Vomité durante todo el día y no me pude levantar. El cuerpo me estaba diciendo algo.

Esto no son los noventa. Y mi cuerpo lo supo antes que yo.

No soy de las que caen tan fácilmente en la autocrítica, esa en la que insiste la agenda del antiperonismo de siempre. Sin embargo algo no hicimos bien. Un día, sin darnos cuenta, quedamos en piloto automático.

Quizá fue en 2006. El día que cambiamos el prólogo del libro Nunca Más, incorporando la dimensión económica a la dinámica del terror. De la Teoría de los dos Demonios de Sábato pasamos a una mirada más abarcativa con Eduardo Luis Duhalde, que implicaba pensar que la Junta Militar era el brazo ejecutor del gran capital. Todo eso fue acertado. Pero terminamos tomando la parte por el todo. Dimos por hecho que lo económico explicaba todo y que había lugares a los que no íbamos a volver. Pusimos a los noventa como el peor escenario posible. Creímos que el NUNCA MÁS era una puerta que no podría volver a abrirse.

Nos equivocamos.

Esto no son los noventa. Estos tipos nos odian. Sí, nos odian. Odian al pueblo. No buscan esconderlo. Nada más asumir nos interpelaron como la “basura” del Estado y como la “grasa militante”.

Lo que tenemos a dos años y medio de gobierno es un engendro. Un Frankestein que combina lo peor de cada etapa histórica.

Del modelo agroexportador ostentan una democracia de cotillón. Un modelo regresivo, conservador, oligárquico, cipayo y funcional a los intereses del orden económico mundial. Eso sí, prescinde de alguna elite ilustrada, aun Positivista, como en esa época.

De la Libertadora promueve la proscripción, la persecución judicial, política, laboral e ideológica; la represión y la censura. Arman listas negras. Eso sí, prescinde de un objetivo económico industrial desarrollista.

De los setenta están incursionando en la dinámica de construcción del enemigo interno que neutraliza la empatía social. Promueven la delación para generar la desconfianza social que permita llevarse todo puesto. Y ya llevan dos muertos. Falta la sistematicidad. Pero van allanando el terreno.

De los noventa tiene mucho pero, a riesgo de ser polémica, me atrevo a decir que Menem no fue tan provocador. Quizá porque no lo necesitó. La hiperinflación hizo el trabajo sucio. El caos generado por la falta de previsibilidad nos sacudió y nos dejó desparramados, desorganizados y rotos. Repiten las desregulaciones y el desmantelamiento de lo público. Pero la represión –que en los noventa era puntual y espaciada- ahora se vuelve sistemática y continua

Del kirchnerismo profundizó todo aquello que decía que estaba mal y que venía a combatir. La inflación, la corrupción y la inseguridad, a dos años y medio de gobierno, se dispararon de forma exponencial.

Nos comimos la curva. Nos tocó militar el balotaje en el 2015 y no la vimos venir. Nos las ingeniamos para alertar sobre la vuelta de las AFJP, sobre el riesgo de la deuda externa y sobre el cierre de fábricas. Ingenuamente trazamos un alerta anclados en lo estrictamente económico. Se nos pasó de largo lo ideológico y lo político. Y hoy, todavía, decimos que la heladera vacía va a ganarle la pulseada a la TV. Nos seguimos equivocando.

Aunque insistamos con la palabra Neoliberalismo, esto todavía no tiene nombre. Esto es un engendro. Esto es un Frankestein que prescinde de lo bueno de cada época –si lo tiene- y profundiza lo peor.

Foto: sitio Infobae

Foto: sitio Infobae

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cambiaron próceres por animales en los billetes, hacen berrinches por un monumento que no les gusta y te tiran un muerto un 17 de octubre. El cuerpo de Santiago Maldonado apareció el día de la Lealtad Peronista. Y el día que enterraban a Santiago se cargaron otro, Rafael Nahuel, asesinado a los 22 años por las fuerzas represivas del gobierno macrista. Los vuelven locos los símbolos. Porque la economía no explica todo. Vinieron a extirpar toda una identidad política. Y a cualquier precio.

Quedan muchas batallas por librar. Venimos del 55, venimos de una bomba en Plaza de Mayo con 300 muertos, venimos de Centros Clandestinos de Detención. Quedaron 30 mil en el camino y aun así acá estamos.

La angustia se politiza, se transforma. Hay que barajar y dar de nuevo, pero de ninguna manera rendirse. Hay que ponerse en órbita. Recalcular.

Máximo Kirchner cuenta que, cuando era chico, jugaba a los soldaditos con un amigo. Néstor pasaba y les tiraba todo. Ellos puteaban y lo volvían a armar, hasta que él pasaba y les hacía la joda de nuevo. Máximo dice que quizá les estaba enseñando algo. Que esa enseñanza se extienda a nosotros también. Volveremos.

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