#Editorial

El genocidio que se perpetró a los habitantes de estas tierras y su capítulo pampeano es el origen del proyecto político que hoy nos gobierna.

¿Qué pasó con Santiago Maldonado?

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


La generación post-dictadura

Somos la generación que nació algunos años después de la muerte de Perón, hecho que concluiría con toda una etapa de la sociedad argentina. El desarrollo industrial alcanzado hasta ese momento, las conquistas laborales y el pleno empleo de la mano de la lucha de los trabajadores, la amplia participación política a pesar de las restricciones y la persecución; todo eso quedaría en un cono de sombras. Las manos de los verdugos se llevarían a los 30.000 para que nadie se les pudiera oponer, para que incluso los sobrevivientes que quedasen fueran los encargados de transmitir el terror y así nadie se atrevería a querer repetirlo.

Nuestras infancias recién llegadas o por llegar, eran parte del nuevo escenario político que se redibujaba a fuerza de botas y deuda. Para los albores del ‘76, el neoliberalismo era una todavía desconocida teoría económica desarrollada por los Chicago Boys de Milton Friedman. Irrumpió en el escenario mundial con la dictadura de Pinochet, para luego ser el icono del capitalismo exultante e invisible luego de la caída del bloque Soviético.

El neoliberalismo se lanzó al mundo como la nueva nave insignia del capitalismo y en Argentina desarrolló con todo su esplendor una secuencia demoledora: 24 de marzo del 76, bicicleta financiera de Martiínez de Hoz, la guerra de las Malvinas en el 82, la hiperinflación del 89 y los noventas, las privatizaciones y la destrucción del aparato productivo. Secuencia que puede ser completada a gusto hasta el detalle pero que sin duda, su objetivo fue producir el quiebre de países periféricos como el nuestro.

Fuimos la generación que enfrentó en las calles al gobierno de Menem. De la mano de los sobrevivientes de la barbarie fuimos encontrando nuevas formas de organización. Era la época del sálvese quien pueda. La militancia en esos años era más bien acotada a algunos grupos políticos y sociales, algunos sindicatos y por supuesto la CTA, muy valiosa en esos tiempos. Aunque había mucha gente comprometida era una porción minoritaria la que estaba movilizada.

Se luchó contra la reforma educativa, contra la reforma laboral, la privatización de las empresas del Estado, el cierre de estaciones de trenes, el cierre de escuelas. Se intentó parar lo indetenible y aunque hubo triunfos aislados, el proyecto neoliberal avanzaba como un gas tóxico sobre el aire. Hasta se mandó a lavar los platos a los científicos. En esos tiempos se decía que Menen estaba llevando adelante lo que no había podido terminar la dictadura de Videla. Eran tiempos de resistencia, eran tiempos de derrota cultural.

¿Qué pasó con Santiago?

El genocidio que se perpetró a los habitantes de estas tierras y su capítulo pampeano es el origen del proyecto político que hoy nos gobierna. Para que quede bien en claro, Santiago estaba parado sobre la ruta pidiendo por la libertad de Jones Huala, líder y referente de la comunidad detenido injustamente y con un pedido de extradición por una causa ya juzgada. Son esas tierras arrebatadas a los pueblos originarios el botín de la mal llamada campaña del desierto. Para tener dimensión de lo que estamos hablando es muy ilustrativo tomar como referencia la figura de Calfulcurá, quien fuera un cacique y jefe militar mapuche muy destacado. Al frente de las comunidades mapuches controlaba la mayor parte de la provincia de Buenos Aires, San Luis, el sur de Mendoza, Neuquén y Río Negro. Eran sin discusión alguna los habitantes de esas tierras.

Los mapuches fueron también de la liberación de América, como lo cuenta San Martin en sus escritos. A pesar del reconocimiento que tenía Cafulcurá, como el que consiguió de Rosas nombrándolo coronel del ejército de la Confederación Argentina, había otra Argentina que no miraba con buenos ojos este tipo de relación con las comunidades mapuches. Calfulcurá puso sus hombres a disposición de Rosas en la batalla de Caseros en 1852, que finalmente terminó en la derrota del federalismo a manos del traidor de Urquiza. Y ya sabemos qué lugar le deja la historia a los que pierden a manos de los poderosos.

Fue el propio Sarmiento, como presidente, quien llevó adelante la guerra contra este cacique y su comunidad. Luego de varios enfrentamientos logra vencerlo y herirlo gravemente. En 1873 muere el cacique y se desencadena la guerra de exterminio. Será la gloriosa generación del 80 con Roca a la cabeza, la que pondría su gran aporte a la historiografía nacional, las elites porteñas irían por todo. Más de 20.000 indígenas fueron desplazados de sus tierras en el sur. Presos, asesinados y esclavizados se los confinó al final de sus días. Hasta los separaron por sexo para asegurarse de que no se reproducieran. Lisa y llanamente fue una limpieza étnica.

El gobierno argentino fue el encargado de distribuir las tierras ganadas al malón. Se repartieron 42 millones de hectáreas en 1800 terratenientes. Esas tierras que fueron regaladas a familias patricias, como por ejemplo a los Bullrich Pueyrredón, o las dos millones y medio de hectáreas que recibió el bisabuelo de Martinez de Hoz, son la muestra concreta y palpable de los intereses que representan. Cómo se entiende sino la agresividad desatada durante los 80 días que estuvo desaparecido el cuerpo de Santiago. Se diseminaron una cantidad insólita de hipótesis descabelladas que tenían como objetivo, ante todo, confundir a la sociedad sobre el paradero y principalmente el interés de Santiago y el pueblo mapuche. Todavía puede buscarse el audio radial de Pablo Nocetti, el segundo de Patricia Bullrich, hablando sin tapujos sobre la estrategia a desarrollarse: “Los vamos a judicializar”, “Llos vamos a meter presos a todos”. Nocetti, que según la ministra “pasaba por ahí”, dejaba bien en claro cuál era el sentido de la represión: quedarse con las tierras que reclamaban los mapuches.

No hay posibilidad de que tamaño objetivo no resulte en muerte y desprecio por la vida humana. El interés no es racial, esa es la carga ideológica, su justificación. El verdadero interés son los recursos naturales. En este caso, el terrateniente se llama Luciano Benetton. Pero pasa en otros lados de nuestra tierra y nadie se entera. Lo que se mantiene inalterable es la posesión incalculable de grandísimas extensiones de tierras en manos de extranjeros. Es el caso de Luciano Benetton, que entre 1991 y 1997 acumuló 900.000 hectáreas, lo que equivale a casi cuarenta veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Hectáreas que fueron cedidas por aquella campaña del desierto a la Compañía de tierras del Sud Argentino y que luego Benetton adquiriría a través de su holding de empresas.

No se puede dar la discusión sobre Santiago seriamente sin comprender el entramado que lleva desde la conquista a nuestros días. La represión al pueblo mapuche está estrechamente vinculada a la Ley 26.160 que pide la prórroga del desalojo de las tierras ocupadas legítimamente por las comunidades originarias de todo el territorio nacional. Ante la desgracia del caso Maldonado la prórroga se aprobó una vez más, pero la necesidad por una solución de fondo queda todavía inconclusa.


Aparecido

Se viven horas muy complejas. El cuerpo de Santiago Maldonado fue finalmente hallado en los márgenes del río Chubut, en una zona donde ya se habían realizado tres rastrillajes. Según los testigos directos del hallazgo, fue encontrado a metros donde se llevó a cabo la represión.

Más allá de los cálculos políticos y las hipótesis de café que se puedan ensayar en los días posteriores al hallazgo, es necesario esperar que la autopsia arroje los resultados finales. Todavía es imprescindible conocer el día de muerte, cuánto tiempo estuvo en el río, si fue su cuerpo trasladado y puesto días después en ese lugar. Sin contar además, que pueden aparecer lesiones posteriores a la primer autopsia según especialistas.

Además hay que analizar la represión ilegal cometida por gendarmería que entró de manera ilegal a territorio mapuche, sin autorización del juez, el poder de fuego que se utilizó y la forma en que se llevó a cabo la represión El otro andarivel es sin duda el capítulo posterior que tiene que ver con el encubrimiento. No sólo el mecanismo mediático, asombrosamente similar al ejecutado en tiempos de dictadura, sino además el del propio Estado. Se negó información que se supo posteriormente que se ya era conocida y se puso a altos funcionarios del Ministerio de Seguridad al lado del juez para dirigir la investigación.

Otras generaciones vendrán

A nosotros, que nacimos sin conocer en carne propia los secuestros y las torturas, y que fuimos en cambio los depositarios de los resultados de sus políticas económicas, nos toca hacer la síntesis para las futuras generaciones. Después de tanto tiempo transcurrido, vuelven a apoderarse las mismas garras de las riendas del país. No es que no estaban presentes pero la política era un dique de contención a su desenfrenada avaricia. Ni en los tiempos de Menem y De la Rúa pudieron llegar a tanto. Ese dique se rompió.

Al cierre de esta edición se daban los resultados de la elección legislativa en todo el país, conformando un nuevo tablero político. La victoria a nivel nacional del macrismo se puede explicar por su capacidad de construcción de poder que no debe subestimarse y por el otro lado la gran dispersión opositora permitiéndole mostrarse ganador a pesar de ser un tercio del electorado. La clave sigue estando en la unidad, y de una correcta lectura de los resultados puede emerger la construcción de una fuerza opositora en ambas cámaras. Cristina es la candidata de la oposición que más votos sacó a nivel nacional pero sólo con ella no alcanza. Será un trabajo de toda la militancia construir esa nueva mayoría.

Una nueva generación va naciendo en estas tierras húmedas y turbulentas del sur. Nuevos procesos despiertan subterráneamente bajo los palacios putrefactos de las instituciones liberales. Hay un cambio inconcluso que no sabe de tiempos correctos ni de escenarios precisos. Nunca antes se había podido lograr que los conservadores llegaran al poder por medio de los votos, pero tampoco había pasado que un gobierno popular pueda seguir dando la pelea política a pesar de la persecución que existe. Cada momento histórico tiene su particularidad y su coincidencia con el pasado, es un arte popular poder hacer el pan con la harina que se tiene. O ellos llevan adelante el cambio que termine por llevarnos a una Argentina pre-peronista, o conseguimos sublevar a un pueblo que desea un proyecto de prosperidad e inclusión.

 

 

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