Catalunya

"Si hay algo con lo que lidiamos los peronistas desde hace 70 años es con la fábula gorila y estigmatizante del “pancho y la coca”. Década tras década el mito sobrevive y salpica el sentido común más reaccionario, lo reproduce y lo alimenta".

Claves urgentes para pensar Catalunya

Texto:


Si hay algo con lo que lidiamos los peronistas desde hace 70 años es con la fábula gorila y estigmatizante del “pancho y la coca”. Década tras década el mito sobrevive y salpica el sentido común más reaccionario, lo reproduce y lo alimenta. Se trata de bajarnos el precio. Se trata de deslegitimarnos como movimiento. Se trata de encasillarnos en la lógica del clientelismo para negarnos como interlocutores válidos. Dicho esto resulta por lo menos curioso que repliquemos esta lógica cuando miramos Catalunya. Pensar que a los catalanes los mueve principalmente lo económico, además de ser un reduccionismo, es bajarle el precio. Es ningunear su historia, plagada de censura y de persecución. Es hacerse eco de argumentos de derecha. Es invertir la carga de la prueba, porque fue la oligarquía castellanocéntrica la que expropió con violencia los recursos de Catalunya. Y son esos mismos recursos lo que impiden la independencia.

Los Estados-nación se formaron con violencia y expropiaciones compulsivas. Lo que acá se hizo con la “Campaña del desierto” allá se hizo con la unión en matrimonio de dos coronas que buscaban expandir sus dominios llevándose puestos a pueblos que ya tenían su propia identidad e historia. Así hay que pensar Catalunya. Las coronas de Castilla y Aragón se unieron en matrimonio en función de los intereses por los que ahora se victimizan. De lo mismo se los acusaría a los Mapuches si en vez de haber sido diezmados, expoliados, aplastados y ninguneados por todos los estados nacionales hasta hoy –incluyendo los nacionales y populares- hubieran representado un peligro real para la oligarquía Argentina. Si hubieran conservado su cultura. Si hubieran conservado sus instituciones. Si se reconociera el mapuche como lengua oficial en las escuelas. Si sus calles estuvieran en Mapuche. No fue el caso. Y es esa falta de “peligro” real para las clases dominantes de la Argentina la que explica las simpatías que los pueblos originarios despiertan en la clase media blanca, vegetariana y snob. Esa misma clase media que “desconfía” del nacionalismo catalán. Otra vez somos presas de formatos de sentido común eurocentrista, por más que nos pese. Linkeamos nacionalismo con totalitarismos, fascismos y xenofobia. Porque es la forma en que conocimos el mundo.

Y si pensás que corrés la discusión por izquierda porque antes de repudiar una represión brutal como la del 1 de octubre, preferís arrancar por decir que los catalanes “son” esto o son lo otro, entonces es otro punto para la derecha. Porque siempre es la derecha la que construye al enemigo. La que le adjudica una esencia.

Justamente hace unos días escribí una nota sobre Catalunya, que salió publicada en la web de Hamartia, donde intenté plantear cómo se construyen los discursos hegemónicos a través de diferentes dispositivos ideológicos. Para eso me apoyé en Gramsci y su concepto de hegemonía.

La idea me surgió a partir de lo que el sociólogo Daniel Feierstein llamó “periodización del genocidio”. Es decir, cómo se va construyendo al enemigo para que, cuando se concrete la decisión política de exterminarlo reinen en la sociedad la complicidad y/o la indiferencia. El problema está en que todo ese proceso previo sólo tiene relevancia si el exterminio se concreta. Sólo ahí cobra sentido. Si no pasa, se naturalizan el hostigamiento, el aislamiento y el debilitamiento sistemático. O sea, todo lo que hace que ese grupo social despierte suficientes antipatías.

El mote de xenófobos tampoco explica el independentismo catalán. Porque haberlos los hay, como en todas partes. Pero fue en Catalunya donde el pueblo salió a la calle en 2003 para repudiar la guerra en Irak, cuando la mayoría miraba para otro lado. Es Barcelona una de las ciudades más cosmopolitas de España. Es a Catalunya a donde fuimos a parar los argentinos después de 2001 a buscar laburo y lo conseguimos. Es en Catalunya donde eligen vivir y tener nietos gallegos, extremeños y andaluces.

Los resultados del referéndum del pasado domingo arrojan cifras contundentes: más de dos millones de personas votaron por el SI mientras que 176 mil optaron por el NO. La participación fue del 42% del electorado, una cifra significativa teniendo en cuenta que las elecciones en España no son obligatorias.

Lo que pasó el domingo pasado es una muestra más de la historia de tensión entre Catalunya y el resto de España. Más de 800 heridos. Violencia desmedida. Incautación de urnas.

Catalunya es la piedra en el zapato de la derecha que insiste en una unidad nacional que sangra por todos lados, porque fue un estado nacional parido con violencia.

Si todavía quedan dudas sobre de qué lado estar es fácil salir de ellas. Basta con ver qué actores se mueven y en qué dirección. Las grandes corporaciones económicas amenazan con irse de Catalunya en caso de que se decida avanzar en la declaración unilateral de independencia, como plantea Carles Puigdemont, el presidente de la Generalitat. A su vez, Mario Vargas Llosa, el gran escritor latinoamericano que destila fascismo explícito, salió en defensa de la “unidad nacional española”. En la misma sintonía, El rey Felipe VI salió a decir a los catalanes que “respeten la democracia”. No se solidarizó con ninguno de los heridos. Un tipo que nunca fue elegido, que representa una institución medieval donde la fuente de legitimidad de su poder se lo da nada más y nada menos que “Dios”. Pero además, un mensaje provocador al usar la imagen atrás de un cuadro de Carlos III, un Rey que fue especialmente represor con el pueblo catalán. Y otra señal no menos importante es que los principales actores sociales que salieron a antagonizar con el pueblo catalán se relacionan directa e indirectamente con tradiciones franquistas.

No sólo no debemos bajarle el precio a este nacionalismo porque está basado en una lucha por la identidad que viene de siglos. Sino porque hay que observar que la represión y censura sistemáticas se reinventan: esta semana el gobierno central está considerando aplicar el art. 155 de la Constitución que implica quitarle la autonomía a Catalunya. Pero no sólo eso, también se está considerando aplicar el art. 116 que avanzaría con los derechos fundamentales en la medida en que se ocuparía Catalunya con el ejército.

Estas especulaciones muestran que el gobierno español quedó herido de muerte y que carece de herramientas políticas básicas en un estado de derecho.

Ya no se trata de catalanes, de independentistas o de separatistas. La gente salió a las calles en todas las ciudades a solidarizarse con Catalunya, pero también a pedir más democracia.

El referéndum, junto al 15M del año 2011, permitirá explicar en los libros de historia cómo la crisis política fue anunciando el principio del fin del gobierno de Mariano Rajoy.

¡Visca Catalunya LLiure!

  • Facebook
  • Google Plus