Foto de una elección

Zulma jamás había votado, ni acá, ni allá. Llegó de Paraguay a los veintipico. Hace unos meses decidió hacerse un tiempo mientras empapelaba el que fue su negocio con cartelitos que le ayudó a hacer su nieta que decían liquidación por cierre y después de escuchar a funcionarios hablar sobre la necesidad de que los inmigrantes dejen de ir a los hospitales comenzó los trámites para poder poner su sobre en la urna. Esta es una foto de aquel domingo.

Hoy vota mamá

Texto:


–Entonces, ¿es meter la boleta directamente?

Lo había hablado la noche anterior, pero quería confirmarlo ahora, a las 17:45, mientras carga a su nieta y la escoltan sus dos hijos hasta la escuela. Es un domingo especial, dijo temprano, con la paciencia que le dieron los años de enfermería y un eco donde todavía, para quien tiene la virtud de escuchar, se siente el sabor guaraní: hoy va a votar por primera vez en su vida.

Había hecho los trámites y estaba en el padrón. Esta vez sí, por algún motivo, esta vez sí, se dijo. Tal vez haya sido porque hace unos días cerró el negocio, o tal vez por ver en la televisión a esos tipos hablando de los inmigrantes, que tiene que volverse, que por qué van a hospitales públicos, que por qué van a nuestras universidades.

Entonces, esta vez, con 54 años, sí.

–Les das el documento, le decís el número orden y te dan el sobre. Te metes al cuarto oscuro y prendes la luz –la gastan sus hijos.

Bianca da un salto y le cuenta a la fiscal que va a votar con su abuela. Ella saca el documento, le dice el número de orden y le entregan un sobre. Es meterlo directamente. Se pierde en el cuarto oscuro, uno de sus hijos prepara el celular para sacarle una foto, Zulma abre la puerta.

–Faltan boletas.

17:50

La fiscal le dice que las boletas del partido que ella busca nunca llegaron, que es tarde, que por qué mejor no lo deja así o agarra otra.

–No

17:52

–Mirá, esas boletas nunca aparecieron. Si querés votarla vas a tener que ir a buscar a otro lado –dice la fiscal con tono autoritario. Lejos de sentirlo como una ofensa, uno de los hijos levanta el guante y corre hasta la otra escuela que está a una cuadra, habla con una fiscal, le explica, putean. Vuelve a toda velocidad.

17:56

Zulma recibe la boleta, la guarda en su bolsillo y se mete, otra vez, en el cuarto oscuro. Sale. Risas. Fotos. Bianca no sabe bien qué está pasando, pero la felicita. Abueeeela, abueeeela. La fiscal cambia el tono ¿Es la primera vez? Sí. Aplausos.

Salen.

La nieta se va con uno de sus hijos, ella se queda con el otro, que todavía está agitado por la corrida. Él le dice que tiene un tiempo antes de volver al trabajo, que por qué no toman algo en un bar que abrieron acá cerquita, que está muy lindo.

–No, ahora elijo yo –le devuelve Zulma y su hijo siente que está hablando de otra cosa.

–¿Querés que volvamos a casa?

–Sí, mejor. –Hace una pausa, piensa y dice con toda seguridad–: Vamos a volver.

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