Laica o religiosa, una vez más

El debate sobre la educación católica obligatoria en las escuelas públicas de Salta llegó a la Corte Suprema. Un debate que se creía saldado hace un siglo y medio.

Un retroceso de 150 años

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


La sala era imponente y algunas personalidades la hacían aún más. De todos modos, no son los jueces, ni los juristas que han disertado en esta Sala lo que la hace especial, sino que allí, se han manifestado las luchas por conquistas de derechos y eso emociona hasta los huesos. Saber que en ese lugar se desarrollaron las primeras audiencias del juicio a las juntas conmueve hasta el más osado.

 A las 9:45 había que estar presente y a las 10:00 las puertas de la sala se cerraban. Yo agradecí ir acompañada de Ernesto Moreau y Guillermo Torremare que sabían como llegar. Ese laberinto altera a cualquiera.

En los bancos de la Sala, había papeles con nuestros nombres. No fue azar, a la izquierda quedamos todos los promotores de la laicidad. A la derecha la ministra de educación salteña, seguida de miembros del gobierno provincial, adeptos a la religiosidad en las escuelas y por supuesto representantes de la iglesia católica.

 El crucifijo justo arriba de los ministros era intimidante, y señalaba que en esta cuestión, alguien lleva la delantera. Ahora bien, que lleve la delantera no significa que diremos poco sobre la religión en las aulas de escuelas públicas salteñas.

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 La suerte quizo que arrancara la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. El Secretario de la Corte nos anunció y pasamos los dos primeros oradores, Guillermo Torremare y esta servidora.

La Asamblea acreditó su interés en la causa. Siempre estuvimos del lado de las minorías. Son causas nuestras las de cualquier desaparecido, las de pueblos originarios, las de los despojados de cualquier derecho económico, las de las mujeres golpeadas, las de las minorías sexuales, o religiosas como en este caso, también las de cualquier ateo o agnóstico.

Es un imperativo para la Asamblea acompañar a cualquiera que se encuentre en situación desventajosa o sea ignorado por los poderes de turno.

Los miembros de la Corte están escalones más arriba que los/ las disertantes, y un reloj comienza en 10:00 minutos la cuenta regresiva.

Son muchísimos los argumentos que se pueden mencionar al momento de confeccionar un escrito judicial (la APDH ya había presentado semanas previas un escritos extenso y detallado), pero cuando hay un reloj que solo permite exponer oralmente diez minutos, hay que ser estratega y elegir los más oportunos sabiendo que otros organismos también alegarán a favor y en contra de impartir religión en las escuelas.-

 Todo este conflicto comienza cuando la Provincia de Salta hace modificaciones en su Constitución Provincial y en la Ley Provincial de Educación estableciendo que la instrucción religiosa tendrá lugar en las aulas de escuelas públicas. Comienza a implementarlo, encuestando a los padres para saber qué religión practican, luego dividiendo a los niños entre católicos y no católicos. Las minorías deben oír los rezos después de izar la bandera, en los almuerzos si es que hay doble escolaridad, y en las horas que se dicte religión estarán en los pasillos, sin actividad o en la biblioteca, aguardando que termine aquel adoctrinamiento. Los niños que enfrentan estas situaciones tienen 6 años, y claramente están solos en la escuela, sin sus padres.

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 Va de suyo que estas normas locales discriminan, contrarían todo el ordenamiento jurídico, y nos retrotraen hacia fines del siglo XIX, cuando en 1884 se dicta la ley nacional de educación previendo que si se dictaba religión seria antes o después del horario escolar.  Las leyes locales olvidan los tratados internacionales de Derechos Humanos y las observaciones que han hecho los organismos de contralor internacional (Por ejemplo la Observación General Nº 22 del Comité de Derechos Humanos de la ONU expresa que se “protege las creencias teístas, no teístas y ateas, así como el derecho a no profesar ninguna religión o creencia”.

 Las normas locales ignoran que en el Registro Nacional de Culto hay alrededor de cinco mil religiones inscriptas. Eligen ignorar que hay ateos y agnósticos, también que hay cosmovisiones específicas que no se han registrado en el área de cultos. Es evidente que lo que pretende el legislador salteño con esa normativa es ampliar el espectro de privilegios de la Iglesia Católica. Esto avasallando a las minorías, porque no quieren una formación integral, o que se desarrollen contenidos del judaísmo o islamismo, tampoco la Pachamama o la energía de las rocas, claramente. Se busca que se de religión católica.

Los argumentos del estado salteño son en palabras más, en palabras menos, los de siempre: “Somos mayoría” y “Los niños pobres católicos no podrán recibir instrucción religiosa culpa de la pretendida laicidad”.- Y contestar a estas falacias es realmente sencillo, tan sencillo como identificar la infinidad de veces que la mayoría se equivoca, razón por la cual no sirve la formula “somos más”. En un Estado Democrático de Derecho, los mas y los menos son exactamente iguales. En cuanto a la excusa que los niños pobres no podrán recibir instrucción religiosa queriendo hacerlo, esto es un verdadero ataque al sentido común. La Iglesia Católica es sostenida económicamente por todo el Estado argentino, creyentes y no creyentes (de manera burda y autoritaria todos sostenemos este credo). Si los colegios confesionales no son accesibles a todos los niños católicos, entonces los padres debieran elevar ese reclamo ante las autoridades eclesiásticas, nunca esperar que el Estado siga ampliando la lista de privilegios de los practicantes de este credo.

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Ahora el tema es aun mas sencillo: Hay que imaginarse un minuto la vida de un padre, que lleva a su hijo a una escuela pública. Que sabe que allí recibirá instrucción de distinto orden, matemática, lengua, historia, entre otras. Pero camina con su nene o nena de la mano nervioso. Se le vienen a la cabeza historias familiares, a su abuelo lo ponían en el mástil dos horas por semana en penitencia, aun lloviendo y con frío. Teme que a su hijo le pase lo mismo, que sufra bulling pero de parte de toda la comunidad educativa, compañeros, maestras, directivos. Sencillamente imaginate que en esa historia sos el papá judío, islámico, hinduista, budista, bautista, evangélico, mormón testigo de jehová, adventista, ateo, agnóstico, o sencillamente, imaginate minoría.

Lo único cierto es que la verdadera democracia, no es solo que se resuelva acorde con los gustos de la mayoría, sino que también se tengan presentes a las minorías, porque de modo contrario, las minorías no viven en democracia, sino que sufren la tiranía de la mayoría.

 Soy Mariana Catanzaro, abogada, Doctora en Derechos Humanos, Pero en este caso digo que: Soy ex alumna de la escuela primaria pública Nº1 Juan Bautista Alberdi de Olavarría. El martes 8 de diciembre de 1987, en primer grado, me resistí a dibujar la virgen en mi cuaderno de clase. Desde ahí mi afinidad por este tema.

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