La perfidia como ejercicio político

La religión, la literatura, la mitología y sobre todo la política son algunos de los territorios en los que las traiciones suelen permanecer en la memoria colectiva con mayor persistencia y eficacia aleccionadora.

Traiciones

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La historia de la traición tiene ejemplos paradigmáticos y otros que aún permanecen en el marco de intrincados debates. La religión, la literatura, la mitología y sobre todo la política son algunos de los territorios en los que las traiciones suelen permanecer en la memoria colectiva con mayor persistencia y eficacia aleccionadora. Nadie duda que el pastor Abel fue traicionado por su hermano, el labrador Caín, motivado por el rencor que le generaba el amor que su padre Adán le profesaba a su hermano menor. El prototipo de la traición se encuentra también asociado al nombre de Dalila, que sedujo a Sansón con el objetivo de entregarlos a sus enemigos los filisteos. En la tradición griega, Efialtes de Tesalia, es descripto como el discapacitado que, despreciado por el rey Leónidas, entrega a los suyos a las huestes persas de Jerjes, en las Termópilas, donde son ultimados trescientos épicos guerreros.

La memoria histórica de nuestro país no es ajena a ejemplos que oponen distintas formas de fidelidad a la mezquindad de la traición: el 17 de octubre es una fecha paradigmática en que la lealtad se enfrenta a la conjura y la conspiración. Un pueblo peregrina para defender a quien ha sido confinado como resultado de componendas palaciegas con terminales en el extranjero. La traición fue considerada en distintos periodos de la historia como una acción más grave que el homicidio. En la obra “El Rey Lear”, William Shakespeare refiere a que Regan –hija del Rey– ha deshonrado a su padre, quien afirma: “No podían, no harían, es peor que asesinar”. En la “Divina Comedia” de Dante Alighieri, la traición es el máximo pecado que un ser humano puede cometer. Sus responsables son enviados al último anillo del averno y le corresponde la peor de las condenas: ser deglutidos por Satán.

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La palabra “traidor” deriva del latín “el que entrega” y en la tradición judeo-cristiana remite paradigmáticamente a Judas, el apóstol que entregó a Ieshua (Jesús) a cambio de favores comprometidos por las jerarquías religiosas de la época, asociadas a los ocupantes imperiales de Roma. En nuestro país, el Director Supremo Carlos María de Alvear traicionó a José de San Martín –entonces gobernador de Cuyo—y gestionó subrepticiamente a través de su enviado, Manuel José García, la entrega de las Provincias Unidas al reino de Gran Bretaña. En sendas cartas dirigidas al embajador inglés en el Río de Janeiro, Lord Strangford, y otra al ministro de relaciones exteriores británico, Robert Stewart, advierte que la experiencia de 1810 ha “hecho ver de un modo indudable a todos los hombres de juicio y opinión, que este país no está en edad ni estado de gobernarse por sí mismo, y que necesita una mano exterior que lo dirija y contenga en la esfera del orden antes que se precipite en los horrores de la anarquía (…) Inglaterra no puede abandonar a su suerte a los habitantes del Río de la Plata en el acto mismo que se arrojan en sus brazos generosos.”

Esta sombría historia de traiciones tiene en la actualidad reverberaciones cuyo impacto es difícil evaluar a la luz de los vertiginosos acontecimientos del presente. Sin embargo, figurantes políticos que irrumpieron con mayor o menor fortuna en los años del kirchnerismo han mostrado evidencias de ingratitud rayanas con la deslealtad e incluso con la perfidia: Florencio Randazzo cabalgó en andenes dispuestos por un gobierno que decidió hacer un esfuerzo prioritario para mejorar los trayectos del transporte público después de sesenta años de desinversión. Juan Manuel Abal Media hizo gala de portación de apellido para escabullirse en vericuetos jurídicos que derivaron en acusaciones de “Futbol de Primera” hacia colegas y compañeros de ruta. Uno de sus subalternos en la Jefatura de Gabinete de Ministros, Lucas Nejamkis, otrora su jefe de asesores, se exhibe públicamente como socio en emprendimientos de seguridad con Antonio “Jaime” Stiuso, antiguo mandamás de la SIDE y la AFI, responsable de gran parte de los apócrifos “carpetazos” con los que en la actualidad se persigue a militantes de toda laya.

Según eminentes tratadistas ligados al estudio de la “Historia de las traiciones argentinas”, los nombres de Alberto Fernández, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey y Miguel Ángel Pichetto acumulan suficientes cucardas para incorporarse en el noveno círculo de la Divina Comedia. A eso anillo se derivaban –según Dante Alighieri– a los traidores. Pero el más infame de sus habitáculos. la “cuarta y última ronda”, está reservada para quienes se comportan con deslealtad con quienes fueron sus promotores, sus protectores o sus benefactores. En el relato bíblico –eficiente en tanto parte de la raíz simbólica y cultural de gran parte de la humanidad–, el fugitivo Caín es castigado por la deidad con una marca visible e imprescriptible en su frente. Una señal que se divisa desde diferentes ángulos dispares, como forma de advertencia, humillación y relato pedagógico, de lo que el Dante asoció a lo canallesco e innombrable.

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