Gustavo Silva, artista plástico

Diarios en desuso, partituras y palabras olvidadas generan un soporte incontrastable con el tiempo en que la obra del artista Gustavo Silva sucede.

Rojo gris

Texto:
Fotografia: Veronique Pestoni y Joan Manuel Silva


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Diarios en desuso, partituras y palabras olvidadas generan un soporte incontrastable con el tiempo en que la obra del artista Gustavo Silva sucede. Sus composiciones tienen el sonido y la magia de todos los tiempos: máquinas, bodegones y peces multiplicados atesoran historias del pasado. Presente y futuro también conjugan sus verbos y abren su mirada a múltiples interpretaciones. Silva nos cuenta que sus primeros pasos estuvieron relacionados con la compra y venta de obras, cambalaches que nadie rescataba: “A los veinte años empecé a comprar obras principalmente relacionadas con el arte argentino, esto despertó en mí una verdadera pasión. Ahí descubrí mi amor por la pintura y el arte”. Fue Parque Patricios el barrio que lo vio crecer, ahí los recuerdos se funden en afectos y en sutiles vestigios que quedaron insertos en los sentidos de su obra.


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¿Cómo fue descubrir que querías ser artista?

Si bien copiaba y dibujaba de lo que veía y recolectaba, me fascinaba saber la historia del pintor que lo había hecho. También miraba documentales sobre los artistas que admiraba y no sólo veía su historia desde lo biográfico sino que hurgaba en lo que pocos sabían de ese artista, su historia oculta, la no contada. Te puedo contar sobre Molina Campo, que lo veías naturalmente en los almanaques pero que no imaginabas su historia promiscua, o aquella vez en que Walt Disney lo vino a buscar para dar vida a sus personajes llevándolos al cine. Había sido convocado cuando ya estaba bastante avanzada la primera de las tres películas que planeaban realizar. El pintor argentino no compartía las extravagancias que el estudio cinematográfico quería hacer protagonizar a los paisanos y, tras varios intentos fallidos por lograr una representación más fiel del gaucho argentino, renunció. Ya sin Molina Campos, Disney decidió convertir las tres películas en una sola, que se conoció como “Saludos, amigos”. Retomando la pregunta, empecé a pintar solo hasta que un día me sentí impotente para resolver algunos temas a los que no podía llegar y fue mi mujer que me dijo: “No pierdas más el tiempo, ¿por qué no vas a estudiar?”. Así fue que empecé con un pintor que conocí cuando vendía sus cuadros en la calle. Se llama Jorge Hermida, fundamentalmente hacía bodegones, una pintura intimista, de notables claroscuros. Ahí fue que descubrí las maravillas del óleo. Un día me llama y me dice: “Vas a llegar muy lejos, sos muy hábil y tenés que progresar, tenés que volar. Esto es una despedida porque entiendo que tenés que buscar otros caminos para seguir creciendo”. Ahí quedé sólo, hasta que me gustó incursionar sobre el color y sobre todo  con los colores más claros. Conocí entonces a un pintor acuarelista que se llama Daniel Salaverría. Luego conocí a Horacio Politi, mi maestro de pintura y de la vida. Él fue mi referente. Hasta me enseñó a cocinar, porque decía que era fundamental que un pintor supiera cocinar. ¡Era como mi padre! Antes de morir dejó un regalo inolvidable para mí, cuando al observar una obra mía dijo: “Eso es andar por el buen camino”. ¿Cómo lo conocí a Horacio? Recuerdo que un amigo llevaba unas persianas a su casa y, como Horacio era algo cascarrabias para recibir gente, le pedí a mi amigo que me llevara como ayudante, sólo para conocerlo. De pronto mi amigo le dice: “¡El chico pinta!”. Al rato Horacio me preguntó si había comido y le dije que no. Ese día me hizo de comer y así fue como nunca más me separé de él.

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¿Y cómo fue ese aprendizaje, siendo que se forjó un vínculo de afecto tan importante?

No me decía que tenía que hacer esto o aquello, sino que miraba mi obra y me señalaba diciendo “Acá hay un problema”, y no me decía cómo buscarlo. Tal es así que cuando él fallece en Radio Nacional me hicieron una entrevista y cuando vieron mi obra observaron que a pesar de nuestro vínculo tan cercano e íntimo mi obra no se parece a la de él, porque pude plasmar siempre lo mío y él me ayudó a descubrirlo. Esto fue lo que logró, por eso para mí fue mi gran maestro.

En tus obras usás objetos de todo tipo, guitarras u otros instrumentos musicales, peces, hipocampos, caracoles que dialogan con diarios que usás como soporte. ¿Por qué? ¿Cómo componés las obras?

Los diarios son desechos para mí, terminan en la basura o envolviendo verduras o huevos. Lo que rescato de ellos es lo cotidiano y lo rescato en la obra para que esa esencia no se pierda. No hay elección de la página que sostiene la obra, la elección es al azar. En la composición uso el collage y la línea en sí. También el color, que hoy es monocromático. Antes pintaba con mucho color, pero ese color se fue yendo porque entiendo que el color lo pone el ojo, la imaginación del que observa. Si pongo todo el color en la obra, ¿qué queda entonces para pensar? Podría haber hecho este espiral o caracol en rojo, pero lo dejo sin color por esto de permitir al otro que lo complete. Me gusta jugar con los tonos. Por ejemplo, usar un determinado gris que luego pasado a la computadora puede darte un rojo. Ojo que el ojo registra eso.

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Te interesa lo tecnológico cuando pensás la estructura de tu obra. ¿Esas máquinas imperfectas tienen ese sentido?

No, porque esas máquinas no sirven para nada. Son imperfectas, no hacen nada. Sólo ocupan un lugar, son inútiles. Es como el arquero que se prepara para tirar con el arco, no importa que no dé en el centro, lo que importa es si el tiro está bien tirado. Es como el que vuela. Salvador Gaviota decía que le importaba volar. ¿A dónde? No importa, lo único que quería era volar. Él se quería perfeccionar en el vuelo. Eso es lo que yo hago. No me interesa tanto la forma, lo que no quiero es cautivar o seducir a quien mira mi obra, simplemente quiero dibujar y pintar.

 

¿Sucede algo similar con la Serie “Miradas al futuro”?

La pregunta es a quiénes están mirando. También esto queda en manos del espectador. Habría una composición que une mi obra a través de círculos, como la de los peces que tienen una connotación bíblica por esto de la multiplicación de los peces. Es el futuro pero también el pasado lo que persiste. Un violín me hace pensar en el pasado y si ves la caja vieja que lo contiene también te remitirá al pasado. Siempre digo que me tendría que haber nacido en otra época porque me encanta rescatar lo antiguo, lo elaborado, lo artesanal, aquello que se hizo a mano.

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Tu obra tiene ritmo y mucho movimiento. ¿Te atrae la música? ¿Qué lugar ocupa la composición en tu obra?

Bueno, mi hijo estudia profesorado de música, así que la música circula por mi casa. Me atrae la forma de la guitarra porque tiene las formas de una mujer. He hecho peces que parecen guitarras. Soy muy riguroso con la composición. Mi maestro me decía: “El cuadro puede ser que no le guste a nadie, pero lo que nunca tienen que discutirte es la composición”. La composición es todo. Compongo directamente frente al papel en blanco. No sé cuándo empiezo a dibujar, ni sé tampoco lo que voy a hacer. Hoy en día me paro delante del atril y hasta que no llevo el lápiz o el pincel a la tela no tengo idea de lo que voy a hacer. No pienso en eso, me parece que pierdo el tiempo en pensar lo que hacer porque después quizás me arrepiento. Todos los días tengo que hacer una línea, cuando estuve en Europa bastante tiempo sin dibujar la última semana estaba como loco. Creo que cuando eso me pasa estoy como desencajado, como el que falta al trabajo.

¿Te sentís artista?

Todavía no soy artista. Artista voy a ser el día que ya no esté. Picasso dos meses antes de morir miró un cuadro de él y dijo: “Creo que ahí hay algo”. Picasso decía también: “No busco, encuentro”. La pintura es encontrar. Uno a veces cree que encontró un camino y luego suele ir por otro. El arte es saber mirar y sacar lo mejor de eso que se mira. No me llama pintar tu cara porque vos seas linda, pero pintar o dibujar tu historia sí. Contar la historia sobre esa persona o esa silla que llamó mi atención, ¡eso es lo que más me gusta!

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Estás exponiendo en la Facultad de Derecho en una muestra que se llama “Lo diferente”. Contanos sobre su temática.

Es una muestra que habla sobre lo diferente, lo derecho y lo torcido. Porque en el dibujo todo se puede enderezar y todo se puede torcer. La idea de la leyenda sufí de “Lo sei / lo derecho / lo torcido” habla de una persona que viene a hacer una única cosa y no la puede concretar. La aventura sucede ante esa imposibilidad, lo imposible es la cosa en sí. Somos un grupo de seis artistas (Horacio Cacciabue, Yuco Fabian, Javier Urani, Roberto Calcagno, Daniel Castro Cuccuini y Gustavo Silva) que tenemos un proyecto en común siendo bien heterogéneos. Mostramos justamente lo diferente, lo que nos distingue. Además tenemos un manifiesto que entre otras cosas declama: “La pintura es una casa sin puertas ni ventanas. Un edificio, un fondo inconsciente, inmaterial, común a todos, hecho de infinidad de fuerzas, inclinaciones y percepciones. Un pintor tomado por su obra está hecho de todo lo que podría ser. Lo bueno y lo malo, lo limpio y lo sucio. Lo recto y lo oblicuo. Con una línea puede dominar a un tigre, domesticarlo y llevarlo a una celda sin rejas. Eso es dibujar, eso es la pintura”. Yo me puedo meter adentro de tu casa, pero si vos me lo contás puedo dibujarlo sin entrar porque lo imagino.

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Ahora viajás a Londres para exponer tu obra en la galería de arte contemporáneo Catharine Miller. Una excelente oportunidad para mostrar y expandir tu obra. Acá en Argentina, ¿cómo es el mercado del arte en estos tiempos que nos toca vivir?

Si te cuento lo que me sucede a mí como artista, además de lo que veo que sucede con la escuela pública y con los docentes, es claro que está absolutamente todo desvalorizado. Si quiero sacar una obra del país tengo que hacer unos trámites tremendos, pero si me quedo acá nadie se preocupa por mí. Diría que me desconocen. Por eso creo que los maestros también están olvidados de la misma manera que los artistas. ¡A un maestro no se le puede echar la culpa de nada! ¿Cómo hace un maestro para reclamar lo suyo si no hace un paro? Claro que los niños están y todos estamos de acuerdo que deben tener clases. Pero son los que gobiernan los primeros responsables de que esto no suceda. Volviendo al tema de los artistas, no hay una cultura del arte. Es poco democrático, la posibilidad de exponer no es factible para todos. Todo es muy elitista, desde las galerías como en los museos. A nivel general también sucede la desvalorización. Una vez le preguntaron a mi hijo: “¿Qué hace tu papá?” Y él respondió: artista plástico. “¿Y de qué trabaja?”. Entonces, ¿qué hubiera pasado si no hubiesen existido Maradona, Chaplin, Frida Kahlo, Marilyn Monroe, Diego Rivera? Ser artista lleva las mismas horas que ser ingeniero. Hay que invertir tiempo, esfuerzo en la vida. ¡Acá te la tenés que jugar! Es una decisión muy compleja.

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“Si pongo todo el color en la obra, ¿qué queda entonces para pensar?”

“La pintura es encontrar. Es saber mirar y sacar lo mejor de eso que se mira.”

“Ser artista lleva las mismas horas que ser ingeniero. Hay que invertir tiempo y esfuerzo.”

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