Entrevista a Alfonso Barbieri

"Me parece que lo azaroso es genial. Lo extremadamente calculado se endurece, pierde frescura, tanto en el estudio como en el vivo"

“El rock se volvió un lugar cómodo”

Texto:


Compositor, productor, artista plástico, músico de rock, coleccionista emocional, cálido anfitrión. Alfonso Barbieri entra en todos los casilleros a los que quieran restringirlo, aunque no podrá evitar romperlos. Sin concesiones, elucubró una carrera musical y artística que llevó desde las sierras cordobesas hasta las porteñas planicies asfaltadas. Cinco discos solistas, uno en camino, compilado y epés, sin contar las placas en las que fue productor y aquellas grabadas con los grupos de los que formó parte, lo vuelven uno de los más prolíficos músicos en la escena actual. La creación sin pausa también encuentra cauce en su obra plástica, que se multiplica tanto como es valorada en el ambiente. Alfonso es capaz de ser amenazado de muerte y atacado a palazos por la extrema derecha católica cordobesa, mientras ve como demuelen su exposición de cuadros. También puede ser aplaudido por versionar temas de Disney en sus recitales. Si hay un término medio, probablemente no le interese. Los últimos (por ahora) tres discos de Barbieri fueron lanzados en el transcurso de un año y conforman una trilogía: TE AMO (“Tontos Enanos Amarillos Matando Osos”), Feromona y el aún no editado TE ODIO (“Tus Elegantes Oídos Dicen Influenciar Océanos”).


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Te amo, te odio

¿Podríamos decir que tus discos se caracterizan por las colaboraciones?

El otro día leí a un periodista que preguntaba en Facebook: “¿Títulos de discos que tengan que ver con lo que está pasando?”. Tontos Enanos Amarillos Matando Osos. Dentro de ese acróstico se forma la palabra TE AMO, con lo cual no pierdo las esperanzas. ¿Por qué? Porque colaboro, no soy verticalista, abro el juego. Yo no podía escribir las letras, estaba en una situación pésima. Pedí ayuda y me corrí del centro porque me aburro de mí. No hay cosa que me divierta más que hacer cosas con otro. Eso es TE AMO. Muchos de los músicos que convoqué para Feromona no se conocían entre ellos. Los metí adentro de una sala y funcionó algo extraordinario y en confianza. Había clima, se provocó algo. Nosotros exhalamos feromonas constantemente que provocan en otro humano determinada cosa. Hay muchos tipos de provocación, lo relacionado a los sexual pero también a lo organizativo. Las abejas exhalan feromonas para organizarse y generar un panal. TE ODIO es más difícil. Son canciones, pero la música es una mezcla de TE AMO con Feromona. Esta cosa de usar las Roland 808 que usaba García con los teclados.

¿Había plan para Feromona?

Sí, total. Cuando produzco discos hay un plan, hay un estudio de los temas, una organización obviamente. Pero lo que sucede en el estudio lo grabamos sin ensayo. Los llamé a los pibes y les dije que íbamos a grabar un disco. “¿Y qué vamos a grabar?”, “Yo les indico en el momento”. Es como el solo de “Cerca de la revolución” de Charly. La banda se va para otro lado, el violero sigue y es un error. Y lo dejaron así.

¿No rechazás entonces el azar en el laburo?

Me parece que lo azaroso es genial. Lo extremadamente calculado se endurece, pierde frescura, tanto en el estudio como en el vivo. Todo no se puede calcular, terminás siendo una formulita muy mínima. Efectiva por ahí, pero no hay sorpresa. Me aburre un montón. Me gusta el collage sonoro, así como me gusta el collage visual, que es algo que hago además de pintar y dibujar. Todos mis discos tiene una cosa de collage. Yo lo intervengo después.

¿En TE ODIO también vas a hablar de política?

Sí. Amor y política. TE AMO es, sin serlo, muy romanticón, bolerístico, desesperado. La descripción pasional del amor. Feromona es la parte biológica. TE ODIO es la parte política del amor. Hace varios años que digo que hay gente que se maneja como Macri en el amor, es gente por supuesto descartable, que no sirve para nada. También está el chiste de la tapa. La idea siempre es mía. En este caso, la última la hicimos con Nora Lezano, Néstor Burgos y Jorge Doneiger que trabajó en el diseño tipográfico, junto a Ale Paul. Y con Verita Spinetta haciendo de Charly, que dio increíble, y mi amiga Victoria Roland haciendo de Eva.

En cuanto a tus influencias, venimos hablando de Charly García. Yo encuentro cosas de David Bowie también.

Absolutamente, es una influencia total. Sí, García, Bowie, los Kinks, el genero bolerístico, la música clásica. Palo (Pandolfo), obvio. Es mi amigo, lo adoro, lo admiro mucho y hemos laburado juntos, hemos hecho temas juntos, tocamos mucho. Adrián (Dárgelos) también es un gran amigo. Me gustan mucho. Son tipos que la tienen muy clara, son escuela para nosotros.

 

Hiperproductivo

¿Como llegás a la música?

Empecé a tocar acordeón. Viví en Corrientes de chico y en las radios sonaba chamamé. Flasheaba ese sonido, no podía entender qué era eso. Mi abuelo tenía un acordeoncito, que es ese que está ahí arriba, a botonera. Muy viejo. Está ahí perdido de los mil muñequitos que tengo. Empecé a jugar con eso. En realidad lo primero que hice fue música clásica. Biri biri biri biri. Escalas y la concha de la lora, que era muy divertido. Era una copada la profe también, porque te incentivaba a componer, cosa muy rara. Mis viejos y mi hermano eran muy melómanos, todo el tiempo sonaba de todo. Mi hermano me lleva diez años y escuchaba Piano bar cuando yo era chiquito. Me ponía Sui Generis, la Máquina, Serú y Piano Bar. Spinetta también, Virus, Sumo. Después fueron surgiendo cosas por incorporación propia. Todo esto en paralelo con pintar, hacer muestras.

Por otra parte, llegaste al punto de exponer y vender obras. ¿Cómo se dio eso?

De muy chico también, quizás más chico que lo del piano, estimulado por mis viejos. Ellos hacían el relevamiento del patrimonio artístico nacional. Eran investigadores de la Academia Nacional de Bellas Artes. Íbamos por provincias y nos instalábamos los años que llevara el laburo. Consistía en ir a museos, iglesias, cementerios, casas particulares, donde hubiera una pieza importante para fotografiar, inventariar, investigar. Hay como una cosa del museo que yo aprendí desde chico que está buena: conservar para saber cuál es nuestra identidad en el mundo del arte. Fue una gran apertura mental para mí y para mis hermanos. Íbamos en medio de cementerios que no sabés lo que eran, cajones abiertos, pasaban yararás y ratas. Aprendíamos también la visión con respecto a la vida y la muerte. Era genial enfrentarse a eso. “Hay un señor ahí”, “Y bueno, son tumbas muy viejas”. “Hay una rata ahí”, “Y bueno, algo tienen que comer”.

¿Por qué la hiperproducción, el trabajo en series cuando pintás?

Sólo tengo la primaria. Hice la secundaria y me echaron, me aburría en el secundario. Mis viejos me dijeron “Bueno, pero música, pintura, dibujo a full”. Le llevaba a mi viejo cinco dibujos y me decía “Buenísimo. Doscientos más”. Y así empecé a hacer series. Y la mano estaba. Expuse a los 14 años por primera vez. Me incorporó eso de producir mucho. No puedo estar sin producir. Con la música me pasa lo mismo. Yo veía a mis viejos fascinados con una talla del siglo XVII y diciendo “Guau, tiene firma boludo, vamos a investigar en los archivos de tal Arzobispado a ver si el tipo dejó huella”. Yo decía, qué loco si yo genero obra, eso va a generar quizás en el futuro no sólo una intriga en los humanos que no me conocieron, sino quizás en extraterrestres. Eso me flasheó la cabeza. Me preocupa la obra, producir. Estoy dibujando una serie nueva ahora. Estas son las partituras de piano de mi abuela, era profe de piano. La idea es la siguiente. Yo estoy pintando arriba animales esqueléticos que bailan, y deformidades. Son todas separadas. Una pianista va a tocar esto en vivo con una cámara en la cabeza. Y va a tocar lo que pueda leer, lo que el dibujo le deje leer. La cámara va a mostrar la partitura y la gente va a escuchar y va a ver la obra en una pantalla. Otra serie que estoy trabajando en simultáneo se llama “Más careta que tu cara”, con las máscaras que hice para la tapa de mi primer disco. Son cuarenta. Me autosaqué cuarenta fotos con las distintas máscaras, las pinté como si fuesen tarjetas postales de los años 20, 30. Las amplío así, grande, papel afiche. Y ahora el tercer paso es pintar arriba de esto.

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Dame más

Hay una discusión sobre si tocar o no para gobiernos que nos hacen la contra. ¿Qué pensás?

Para mí está mal, porque es nuestro laburo y lo tienen que pagar. Me parece un reduccionismo un poco ciego decir “No, no toco más en el CCK o en el Conti, o en tal lado, porque ahora está Macri”, o es de Larreta, o quien sea. Ellos tienen la obligación de pagarnos, para eso está la guita. En todo caso es invadir la trinchera del enemigo. Me parece que vivimos de esto y no se puede cancherear con “Ah, no voy a ese lado”. No me están pidiendo que hable bien de Macri yendo ahí. De hecho cada vez que estuve en un lugar así dije lo que pensaba de este gobierno.

En tu trayectoria es casi obligado referirnos al ataque de la extrema derecha católica cordobesa en tu exposición de arte. ¿Qué te queda de ese momento?

Fue muy zarpado, un nivel de violencia increíble. Después para mí fue muy divertido también, porque generó un revuelo espectacular. Dije “Guau, mirá vos, qué interesante que se empiecen a debatir estas cosas en medios donde no se habla de esto”. Había pasado un poquito con León Ferrari, pero el nivel de violencia que tuvo esto fue mucho más grave porque rompieron todo, porque hubo sangre, porque buscaban mi cabeza. Unos días después quemaron la puerta de mi casa. Cuando me volví a Buenos Aires a vivir dos pibes me pegaron en el subte. A Jimena (López Chaplin, su compañera) le mandaron correos diciendo que me iba a encontrar en un cajón. Denso. Son densos, son el enemigo real. Ahí no hay fe, son intereses, los peores intereses que puede tener un humano tiene esa gente. Opus Dei, ¿no?, y el Opus del Opus Dei. Muchos de los que gobiernan tienen relación con eso.

En ese momento el intendente era Luis Juez. Hoy se lo ve como una especie de bufón, entre embajador y bufón.

Es que siempre lo fue. Luis Juez daba sus discursos en Córdoba con una virgencita en el atril de los micrófonos. Está mal eso, es laico el concepto. No se puede instalar. Fue una de mis críticas a Cristina en estos años, con respecto al aborto. No podés no verlo, es grave. Con lo que la amo y la adoro…, pero me hincha las pelotas. Yo creo en la fe, en la obra, en la pasión por lo que cada uno hace. Eso es fe, eso es ir para adelante. Creer en el otro, pensar en el otro. La idea de “la patria es el otro”, por supuesto. Estos tipos que agreden así no piensan en eso, les importa un carajo. Son tipos ricos además. Yo les hice un juicio, la causa desapareció, se pinchó. Hablé con León Ferrari y me dijo “Mirá, si estos son tus enemigos vas por buen camino”. En otras formas de expresión, como pueden ser los medios, se ve también. Eso también fue interesante con el kirchnerismo, cómo se abrieron ciertas cosas, como se delató, cómo se puso popularmente esto de “Mirá cómo determinados medios se manejan”.

Una grieta por la cual asomarse y ver lo que pasa.

Hermoso. Pero además a mí lo de la grieta me parece genial. Creo que sería espantoso un planeta, un país, una provincia donde todos seamos exactamente iguales y pensemos igual. Es inevitable que haya grietas, es buenísimo que haya enfrentamientos, que eso despierte, si no dónde mierda se construye de posta. No creo en las políticas alegres. La política no es alegre. Es muy difícil hacer política, es muy cruel, es muy duro enfrentarse, tener incluso que transar con gente que no tenés ganas de transar. Por eso no es tan idílico, ni tampoco es “Oh, el kirchnerismo fue lo mejor”.

¿Te parece que hace falta eso, más autocrítica?

Sí, por supuesto. Pero no autocrítica boluda, porque veo mucha autocrítica poco valiente. Sí, hicieron algunas cosas mal que hace que esté pasando esto también. No es que fue por magia que Macri gana. No, hubo unas jugadas malas. Todo esto que está pasando lo sabíamos. Eso es lo más grave. Si no estás enojado ahora en el mundo, sos un hipócrita. Sos una persona que está aislada. Y solamente la gente rica está aislada. Si sos pobre o clase media y te cuesta, no podés no estar enojado. Con este gobierno, con el anterior, con el que sea. Uno tiene que estar bien con sus cosas, con el amor, con sus amigos y no ser una mala persona y un cabrón de mierda. Pero creo que el motor del enojo me incentiva para hacer cosas, no sé si “cambiar el mundo” pero vamos, muchachos. Usemos un poxipol de globitos, alegría y amor y… ¡No existe, no es real! Es una farsa total. Ellos siempre llegaron a fin de mes, siempre estuvieron bien, ¡Siempre!, ¡todos ellos! No hay uno que se haya esforzado realmente.

Hay un mito que versa que cuando estamos mal el arte se pone mejor porque empieza a apuntar. ¿No vamos a hacer mejores discos ni mejores cuadros?

Yo estoy en contra de esa teoría. Pareciera que el romanticismo del artista tiene que estar en un constante nivel, bajo fuego, con lo cual inhabilita al artista para estar en una militancia posible para mejorar. ¿Cómo es eso? Entonces cuando sí gana quien creo que está bueno y ayuda con sus políticas a más gente, con sus aciertos y errores, ¿entonces como estoy bien no genero arte? Sigo estando enojado. El mundo no mejoró. El país no mejoró en su totalidad, sigue habiendo pobres. Sigo sin llegar a fin de mes. Pero siento que hay una mayor cantidad de gente un poco más protegida.

¿Ves una escena que no está comprometida?

Hay un termómetro que es notable, que son las redes sociales. Porque cuando veo shows de cierta gente que admiro, colegas, dicen cosas. El tema es que queda en esa situación. Me parece que hay que sostenerlo en las redes sociales, en las entrevistas. Todo es una declaración política, siempre. Y veo que estos pibes se agarran mucho de una supuesta nada, con una supuesta poesía. En muchos de ellos hay grandes canciones, grandes músicos. Me encantaría que haya una explosión real. No me refiero o a una canción de protesta, si no a ciertos chispazos de creatividad que incomoden. El rock se volvió un lugar cómodo. No puede ser que sea cómodo escuchar las banditas. Odio las cosas cómodas. Cre­o que hay grandes triunfos del mundo de los independientes, como Lisandro, los Onda Vaga, Los Espíritus, Él Mató. Ahí hay una filosofía importante, política. Hacer las cosas desde un lado que sea una declaración de principios. Esos son grandes triunfos.

¿Qué te dispara la palabra “unidad”?

Ay, qué querés que te diga. Unidad básica. Es incómoda la palabra “unidad” y está bien que lo sea, me gusta, porque tarde o temprano esa unidad se rompe. Para mí el conflicto tiene que existir. Esto de “unir a los argentinos para que la Argentina esté bien”, dale, no funciona así loco. Hay que hacer bien las cosas para que para que estemos todos bien. Por un lado el gobierno genera todo lo contrario al concepto de unidad, van en contra de su propio discurso, son un oxímoron caminando. Por otro lado, donde nos sentimos más cómodos algunos políticamente, veo que hay un conflicto importante. Creo que jugaron los egos de un lado muy choto. No se pensó. Ganó la verticalidad, la sed de poder, boludeces. Teniendo tan buenos antecedentes, cosas tan importantes que han pasado. Por otro lado hay cierta parte del peronismo que da vergüenza. El peronismo arcaico es lamentable. Me da mucha pena eso. Unidad femenina, como movimiento sin un líder, y como movimiento nuevo de lucha importantísimo, genuino y merecidísimo. Eso me parece maravilloso. Ese es un movimiento. La visibilización de toda esta mierda que han comido las mujeres toda la vida me emociona mucho, me parece realmente el movimiento más interesante de los últimos años. Me parece interesante que no haya líder también. Quizás la idea de líder empieza a romperse también. Creo que muchos de los cambios buenos, políticos, van a venir por romper esas mierdas que se han comido por años las mujeres, por los soretes que hemos sido los hombres desde siempre. Me impacta mucho el tema.

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La discografía de Alfonso Barbieri se puede escuchar en https://alfonsobarbieri.bandcamp.com/

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