Entrevista a Leopoldo Moreau

"Ya no vivimos en un país con bipartidismo sino, como en el resto de América Latina, con bifrentismo"

“La UCR está inexorablemente condenada a la desaparición”

Texto:
Fotografia: Paula Lobariñas



Leopoldo Moreau nos recibe en una pequeña oficina a escasos metros del Congreso Nacional. Con 71 años y más de cincuenta de militancia, supo ser uno de los fundadores de la agrupación universitaria Franja Morada y se desempeñó como senador y diputado nacional por la Unión Cívica Radical (UCR). En el año 2014, creó el Movimiento Nacional Alfonsinista, en un intento por evitar el corrimiento a la derecha que protagonizaba el centenario partido. Un año más tarde, la UCR se alió al macrismo y Moreau se sumó a las filas del Frente Para la Victoria, lo que le valió la expulsión de la UCR. Desde entonces, aboga por la creación de un frente que aúne las voluntades dispersas del campo popular detrás del liderazgo de Cristina Kirchner y termine con la regresión neoliberal en la que cayó nuestro país tras la derrota de diciembre de 2015.


Entrevista a Leopoldo Moreau - Hamartia

Entrevista a Leopoldo Moreau – Hamartia

¿Qué balance hacen de este primer año y medio de gestión de Mauricio Macri?

Pusieron en crisis el consumo, la producción, el trabajo, la industria, el comercio y la educación pública. No hay muchos antecedentes de que en un período tan corto un gobierno haya provocado una crisis de esta magnitud, ni de que se haya llevado adelante una política de endeudamiento del volumen de la que se ha concretado hasta ahora. En el primer año, el endeudamiento ha llegado a alrededor de 77 mil millones de dólares y para esta segunda etapa del 2017 están presupuestando otros 40 o 50 mil millones más. En la última dictadura militar, el endeudamiento pasó de 7 mil millones cuando cayó Isabel Perón, a 45 mil millones que es lo que recibió Raúl Alfonsín como herencia: en términos nominales, el gobierno de Mauricio Macri se ha endeudado en un año más de lo que la dictadura militar lo hizo en seis.

Podríamos decir que Alfonsín sí recibió una pesada herencia…

La pesada herencia ha sido una invención ingeniosa en términos de marketing político que los grupos dominantes instalaron. Cuando la derecha y los sectores conservadores se disponen a llevar adelante un ajuste, tienen que justificarlo inventando una crisis previa. En los 90, inventaron la crisis con el golpe de estado económico que llevaron adelante contra el gobierno de Alfonsín en 1989; que fue lo que les sirvió de paraguas para desnacionalizar la economía argentina y flexibilizar a los trabajadores. Efectivamente, pesada herencia recibió Alfonsín, al que le entregaron un Estado organizado para matar a los ciudadanos y tuvo que democratizarlo. O les tocó una pesada herencia a Néstor y Cristina, que recibieron una sociedad paradójicamente sin Estado, porque había sido pulverizado por las políticas económicas que hoy se pretenden resucitar en la Argentina. Yo creo que hoy el pueblo, o por lo menos una parte del mismo, está empezando a llegar a la conclusión de que el problema no es la pesada herencia sino los herederos, que son los que están fabricando esta crisis. A la misma velocidad que se ha ido produciendo el ajuste y el atropello contra las instituciones democráticas, también se ha ido produciendo la reacción popular. La primera carpa blanca en la época de Menem se instaló seis o siete años después de que él hubiese empezado su gestión. El primer paro general que le hicieron fue cinco años más tarde de que él llegase al gobierno. Hoy tenemos una sociedad que está movilizada. Nadie puede negar que millones de argentinos salieron a la calle. El paro general de abril fue inédito, pero no solamente por la potencia que tuvo, sino porque se decidió en una asamblea popular de 400 mil personas que exigían a los gritos que se le pusiera fecha. No recuerdo que haya ocurrido algo semejante en más de 50 años de militancia. Eso habla de un elevado nivel de conciencia de la sociedad y por eso el gobierno reacciona con violencia, reinstalando políticas de criminalización de la protesta social, la juventud, los inmigrantes, los pobres y al adversario político. Esto es muy grave, porque le quita densidad a la democracia.

Más allá de los números, ustedes están recorriendo la provincia de Buenos Aires. ¿Cuál es el cuadro de situación que ven alli?

Se nota en primer lugar muy fuertemente la crisis, particularmente en el Gran Buenos Aires y en los grandes centros urbanos del interior, como Bahía Blanca, Pergamino, San Nicolás y Mar del Plata. Una crisis que afecta al mundo laboral, no solamente con la desocupación, sino también con la reducción de horas de trabajo, la suspensión de horas extras y demás cuestiones que se suman al deterioro del mercado laboral; junto con una crisis muy importante de las pequeñas y medianas empresas industriales y comerciales. Sobre todo en aquellas que están vinculadas íntimamente al mercado interno, que son la inmensa mayoria. Se nota el cierre de comercios y un esfuerzo enorme de los pequeños y medianos empresarios para tratar de sostener sus negocios, aún comprometiendo su patrimonio personal; algo que ya ocurrió en los 90 y que terminó con muchos perdiendo las empresas y el patrimonio. Se ve también un alto nivel de endeudamiento de particulares, con mucha gente tomando préstamos personales para cubrir los saldos de las tarjetas de crédito. Hay una situación compleja. Y ni siquiera el sector agropecuarios, que se supone ha sido el más beneficiado por las medidas iniciales del gobierno de Macri, se está viendo beneficiado; por lo menos en lo que se refiere a pequeños y medianos productores. La industria tambera está virtualmente quebrada y ni que hablar de algunas economías regionales. Se nota una situación profundamente recesiva, con algunos manchones particularmente complejos, como el caso de Mar del Plata que es la ciudad con mayor nivel de desocupación en la Argentina.

Vidal es la funcionaria de este gobierno que mejor imagen positiva detenta. En su momento Néstor Kirchner se vio en la necesidad de aclarar que Mauricio es Macri. ¿Sería necesario recalcar que Vidal también lo es?

Absolutamente. Y la mejor demostración de eso son dos elementos que hay que tener muy presentes. El primero es que María Eugenia Vidal lleva adelante una política de endeudamiento tan o más importante que la del propio gobierno nacional, a una velocidad inusitada. En el primer año ha superado los cien mil millones de pesos y en el segundo probablemente ya esté llegando a los 200 mil millones de pesos. El otro factor es el alineamiento, la complicidad, que ha tenido Vidal con Macri en el manejo del conflicto docente. Ellos dos decidieron que fuera precisamente la Provincia de Buenos Aires la que endureciera las posiciones, fabricando un enfrentamiento que no era tal, porque este conflicto artificial les sirve como disciplinador del resto de los trabajadores. Y además se trata de la provincia con la mitad de los docentes, la mitad de los alumnos y más de la mitad de los establecimientos escolares de todo el país.

No quedan dudas de que la salida de este atolladero tiene que ser democrática y a través de elecciones. ¿Será posible lograrlo con el campo popular tan atomizado?

Yo no tengo dudas de que el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner es el elemento esencial para reconstruir y reagrupar este espacio nacional. Los poderes fácticos, los grupos dominantes, también lo tienen en claro: por eso han desatado una persecución político judicial contra ella. Ese liderazgo podrá o no expresarse en una candidatura, eso es una cuestión que, en todo caso no es la más relevante y depende exclusivamente de la decisión que ella tome. Pero de lo que no hay dudas es que ejercita un liderazgo que va en ascenso, en la medida en que la situación social también se va deteriorando y se va extendiendo la crisis.

La UCR se planteó siempre como una fuerza de centro izquierda, con componentes que lo balanceaban hacia la derecha. ¿Cómo fue que la derecha llegó a apoderarse del partido?

Fue un largo proceso de deterioro, la identidad política no se perdió de la noche a la mañana. El radicalismo, como el resto del sistema político de la argentina, había tenido en la década de los 90 una fuerte influencia de la ideología política neoliberal. Muchos dirigentes compraron la tesitura de que estábamos ante el fin de la historia y la muerte de las ideologías. Si eso no se agudizó aún más fue por la presencia de Alfonsín. A pesar de que había sido derrotado en elecciones, mantenía una influencia fuerte hacia el interior de nuestra fuerza política y actuaba como una suerte de barrera que impedía la penetración de esa ideología neoliberal en el radicalismo. Esa circunstancia se agrava con el gobierno de De la Rúa y se termina de complicar con la muerte de Alfonsín. Uno de los componentes que llevó al radicalismo a perder su identidad política fue confundirse ser radical con ser antikirchnerista o antiperonista. Además, el vaciamiento de militancia y de identidad política, llevó a que los dirigentes se ataran impulsivamente al tacticaje electoral. En ese marco, dejaron de tener una representación territorial vinculada a los sectores populares y postergados, para pasar a ser dependientes de los grandes medios de comunicación. Sus carreras políticas quedaron atadas al mayor o menor favor con el que podían contar en los medios. Los medios hegemónicos se alinearon contra el gobierno popular y ellos hicieron lo mismo. Así es como en el Congreso terminaron votando en contra de la estatización de las AFJP y Aerolíneas Argentinas. No es que se llegó a una alianza con Macri en un abrir y cerrar de ojos. Venían deslizándose hacia la derecha y terminaron en un frente de derecha. No han interpretado que en estos 34 años de democracia ininterrumpida, se ha reconfigurado el sistema político argentino. Ya no vivimos en un país con bipartidismo sino, como en el resto de América Latina, con bifrentismo. Lo que importa no es la camiseta que vos portás, más allá de que no reniegues de ella, lo clave es la vereda que transitás. Y hay dos veredas: la del campo popular, progresista y democrático; y la del proyecto neoliberal y conservador.

Entrevista a Leopoldo Moreau - Hamartia

Entrevista a Leopoldo Moreau – Hamartia

La UCR le aportó a Cambiemos el armado nacional. ¿Cómo sentís que recibió la militancia de base a lo largo del país este alineamiento con el PRO?

Aquellos que tienen con el radicalismo un compromiso ideológico y valoran gobiernos como el de Yrigoyen, Illia y Alfonsín (que, más allá de algunos errores, nunca se apartaron de la defensa del interés nacional y popular) rechazaron este acuerdo. Esto se reveló en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) dentro de Cambiemos, cuando la candidatura de Ernesto Sánz obtuvo menos del 2,5% de los votos. La UCR aportó una fortaleza de superestructura que el Pro no tenía, pero con una enorme debilidad de representación política.

¿A dónde fue a parar esa gente que se sintió expulsada por esa alianza con el Pro?

Así como la dirigencia hizo un tránsito deslizándose hacia la derecha, los sectores alfonsinistas, que es la corriente progresista más contemporánea que ha tenido el radicalismo, también se deslizaron. No es que ocurrió cuando se hizo la alianza con Macri. Varios de nosotros veníamos desde mucho antes marcando una diferencia y nos habíamos decidido a abandonar ese camino en el 2011. En el 54% de los votos que obtuvo Cristina en el 2011, hay un 15% que se definía como voto alfonsinista. Del mismo modo que en 1983 había un altísimo porcentaje de votos que se definían como peronistas que, sin embargo, votaron por Alfonsín. Ni Alfonsín obtuvo un 52% de votos puramente radicales, ni Cristina un 54% de votos exclusivamente peronistas. Pudieron sintetizar en su momento a otras expresiones. Alfonsín canalizó lo que podemos llamar el sector progresista y popular del peronismo, que no se sentía representado ni por Ítalo Luder ni por Herminio Iglesias. Y Cristina ya había facturado el voto radical alfonsinista en el 2011 en una proporción muy elevada. Eso es lo que nosotros hoy pretendemos expresar y representar, pero orgánicamente.

¿Que opinión te merece el gobierno de Gerardo Morales, la detención de Milagro Sala y la situación general que se está viviendo en Jujuy?

Milagro Sala es indudablemente una presa política. Además no lo digo yo. Lo dice la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Organización de las Naciones Unidas, Amnistía Internacional y muchos más. Ya no hay nadie vinculado a la defensa de los Derechos Humanos que no haya dicho que Milagro Sala es una presa política. Además, se da en un contexto de un Estado provincial como Jujuy, con un sistema de justicia, un Código y una organización político policial que ejercita la persecución sistemática. Milagro no es la única víctima de ese sistema. Yo no subjetivizo la política, pero Morales es uno de los responsables de esta regresión conservadora del radicalismo.

Julio Cobos también sufrió la expulsión del partido pero después fue aceptado nuevamente. ¿Ustedes sueñan con volver o recuperar la UCR?

Nosotros soñamos con construir un radicalismo popular. No tenemos ningún interés en disputar hacia el interior de una sigla vacía de contenido político ni nos desvivimos por volver a un partido que, por el camino que ha decidido transitar, está inexorablemente condenado a la desaparición. Lo que no va a desaparecer es la cultura y la tradición política que ha significado el radicalismo a lo largo de más de 126 años de historia, que es lo que nosotros sí queremos resignificar y representar.

Fuiste uno de los fundadores de Franja Morada. ¿Cómo ves a la agrupación hoy y cómo juzgas la aparición de personajes como Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau?

Lousteau es oportunismo puro. Ha pasado de ser ministro de Cristina a embajador de Macri, casi sin estación intermedia. Yo creo que él es la expresión de un oportunismo marketinero que, más allá de los rulos, no tiene mucho más en la cabeza. El caso de la Franja Morada es uno especialmente doloroso, porque estamos hablando de militantes jóvenes, que deberían tener una reacción muy fuerte ante esta pérdida de identidad del radicalismo. Yo me imagino que es muy difícil para alguien de la agrupación justificar que hace unos años atrás los radicales estábamos en la carpa blanca defendiendo a la educación pública, y hoy están parados al lado de los que reprimen a los maestros. Me imagino que provoca una enorme contradicción para un partido que alentó en el año 1918 la reforma universitaria y transformó la educación de confesional a laica, que fundó universidades nacionales y que ha hecho siempre de la educación pública una de sus banderas fundamentales. Salvo que hayan perdido las convicciones, los valores y los principios fundamentales.

Otro tema con el que el radicalismo hizo punta de lanza fue el de los Derechos Humanos. ¿Cómo te sentís hoy frente a la política que despliega el gobierno?

Efectivamente, el radicalismo debería custodiar como nadie la defensa de los Derechos Humanos y del camino que abrió Alfonsín y después continuaron Néstor y Cristina en 2003. El radicalismo debería sentirse orgulloso de esa política que impulsó el Juicio a las Juntas, creó la CONADEP, sentó las bases para el Banco Nacional de Datos Genéticos, extraditó a López Rega para que respondiese en el país por los crímenes de la Triple A y cimentó nuestra incipiente democracia con el lema de “Verdad, memoria y justicia”. A mí me produce un profundo dolor y hasta vergüenza ajena que hoy el partido le dé la espalda a todas esas políticas y se pliegue al macrismo que pretende llevar todo eso al olvido.

Vos hablas de un momento frentista. ¿Cuál es el límite de ese frente?

El límite lo representan aquellos que no tengan una posición clara de oposición al modelo neoliberal y aquellos que quieran actuar como caballo de Troya, yendo en las listas de un frente nacional y popular para después hacer lo que ocurrió con algunos tras la elección de 2015. Todos tienen derecho a pararse en donde quieran, pero tienen que decirlo antes y no traicionar el mandato popular. El frentismo hay que caminarlo desde ahora, pero no a cualquier precio. Yo soy de los que creen que la unidad del peronismo es una condición necesaria, pero no suficiente. Si hay algunos que actuando de manera vandorista quieren desconocer el liderazgo de Cristina Kirchner, me parece que tenemos que tener bien claro que con ellos no podemos caminar. Porque los colectivos que se han ido construyendo en estos últimos años, como el de los trabajadores que se expresa en la CTA y en la Corriente Federal que encabeza Palazzo, o los de intelectuales, de científicos y técnicos, de usuarios y consumidores, o de estudiantes, se sienten expresados y representados por el liderazgo de Cristina. Y eso hoy es más importante que cualquier sello partidario.

¿Vos crees que Massa y Macri representan dos caras de una misma política?

Yo creo que Massa ha intentado construir lo imposible, que es un camino por el medio. Y digo que es imposible porque la grieta existe, está expuesta, forma parte de la historia argentina y hoy no hay lugar para los grises. Hay dos veredas, la del proyecto nacional y popular y la del proyecto neoliberal. Es un fenómeno que está recorriendo, con matices, toda América Latina, porque estamos en presencia de un intento de recolonización de nuestro continente. Por eso se da esta ofensiva de la derecha, que equivocadamente muchos de nuestros compañeros del campo popular creen que es una restauración que viene acompañada de legitimidad. Y no es así, porque en el único caso que esto ocurrió fue en la Argentina. En Brasil fue un golpe de estado parlamentario, en Ecuador se ganó la elección y Evo Morales está fuerte en Bolivia. Entonces, no hay una legitimidad que la respalde, pero sí un intento de restauración conservadora que viene acompañando este proceso de recolonización. El objetivo de hoy no son ya las empresas del sector público, sino los recursos naturales. Esa es la batalla que se está librando en toda América Latina.

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