Entrevista a Carlos Heller

"El gobierno tiene un plan económico que en sus líneas generales no tiene grandes diferencias con lo que se quiso hacer en Argentina en los 90 o con Martínez de Hoz"

“El límite del ajuste es la capacidad de resistencia de los ajustados”

Texto:
Fotografia: Joan Manuel Silva



La trayectoria de Carlos Heller, uno de los referentes del diverso espacio kirchnerista, es imposible de entender por fuera del movimiento cooperativo. Su rol al frente del Banco Credicoop, la banca como Diputado Nacional y su alta presencia en los medios no le permiten tomarse un respiro. En una pausa en su agenda, Heller repasó su historia dentro del cooperativismo y se refirió a los resultados catastróficos del plan económico del gobierno en términos sociales. También habló de las consecuencias de bajar la inflación con recesión. Además se metió con las ganancias de las empresas: ¿cuánto deben ganar?, ¿se les puede poner límite? A semanas de los cierres de listas, Carlos Heller, dirigente cooperativista y presidente del partido Solidario, se posiciona como uno de los referentes que puede garantizar una nueva mayoría en el Congreso.


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¿De dónde surge Carlos Heller? ¿Cómo se dio tu trayectoria en el movimiento cooperativo?

Soy hijo de una familia trabajadora de clase media entrerriana, vinimos para Buenos Aires a mis 9 años. Mi padre mecánico y dos hermanos pusieron un taller. Hice el secundario, empecé a estudiar Ingeniería y al mismo tiempo empecé a trabajar en una empresa donde hacía turnos rotativos, lo cual me impedía cursar. Seguí buscando trabajo y conseguí en otra empresa del rubro autopartista. En el año ’62, en el marco de una crisis de las tantas crisis argentinas, el sector de las terminales automotrices canceló órdenes de compra y muchas autopartistas decidieron ajustar. En la empresa donde yo trabajaba hicieron una lista donde entraban los que tenían menos antigüedad, los más jóvenes y los solteros: yo entraba en las tres categorías y me quedé en la calle. Fue un hecho providencial en lo que es mi historia, porque tenía planes personales: me echaron el 30 de noviembre del ’62 y me iba a casar en febrero del ’63. Era un momento como el de ahora, conseguir trabajo no era tan fácil. En el barrio mi papá, que siempre tuvo inquietudes sociales y políticas, estaba con un grupo de vecinos del barrio armando una caja de crédito. Cuando estaban por abrir la caja, me ofrecen que entre a trabajar de cajero. Tuve un ataque de espanto, no había visto un cheque en mi vida. Empecé a participar, a acompañar al gerente a visitar a los comerciantes y a las pequeñas industrias para explicarle las ventajas de la entidad cooperativa y me fui metiendo en el tema. El movimiento cooperativo estaba viviendo una etapa de expansión brutal porque en la Argentina había habido años antes un gran cambio en el sistema financiero, porque se salió del sistema de centralización de los depósitos y se le dio a los bancos la capacidad de decidir a quién le prestaban, por lo cual las PyMEs se quedaban sin financiamiento. En ese contexto se crea el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos y las cajas de crédito se reproducen de manera vertiginosa. Había un problema de cuadros, entonces los líderes del Instituto tenían una gran audacia y se animaban a hacer cosas como la que hicieron conmigo: ocho meses después de que debuté de cajero me propusieron ir a otra caja de crédito que se inauguraba en José León Suárez como contador. Y tres meses más tarde, a otra caja de crédito en Villa Maipú ya de gerente. Era el año ’64, yo era un pibito. Floreal Gorini confió en mí y me mandó con una tarjetita firmada por él que decía que “el portador, Carlos Heller, es la persona que recomiendo”. Había un auge de las cajas de crédito y los vecinos descubrían que las pequeñas finanzas de los pequeños comerciantes, unidas y administradas por ellos mismos, generaban una fuente de financiamiento que les permitía resolver sus problemas, es decir, el auto-financiamiento. Es el secreto de la actividad financiera, ninguna entidad financiera podría soportar que todos sus depositantes vayan el mismo día a retirar sus depósitos, eso se llama corrida. Los sistemas financieros funcionan sobre la base de la estabilidad, tenés la plata en el banco y la sacás cuando la necesitás, y en general no la sacás sino que le pagás a otro. Estuve tres años como gerente en Villa Maipú y fue una experiencia maravillosa porque ahí aprendí todo.

¿Cuáles fueron los desafíos de estas cooperativas de crédito con la dictadura?

La dictadura de Onganía atacó a las cajas de crédito de una manera brutal, detuvo a gerentes del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, instaló la idea de malversación de fondos y cerraron muchísimas cajas de crédito. La dictadura de Videla, con Martínez de Hoz, vino con un proyecto de ley de entidades financieras que prohibía la forma cooperativa directamente. Hicimos una gran movilización mediática con solicitadas con miles de firmas de pequeños y medianos empresarios, entidades, personalidades. Logramos que se incluyera a las cooperativas como una forma posible para desarrollar la actividad financiera, pero con una ley que establecía requisitos de capitales que esas cajas de crédito en forma individual no podían resolver. Eso nos llevó a la opción de quedar reducidos a pequeñas entidades con operatoria muy complicada o el desafía de fusionar cajas de crédito y conformar bancos cooperativos. El Instituto diseñó un esquema que trata de preservar la esencia del funcionamiento cooperativo de las cajas de crédito, la idea de que los bancos sean lo más regionales posibles. Credicoop en su origen fue Capital Federal, Gran Buenos Aires y una caja que había en La Plata. Se crearon un montón de bancos cooperativos, se desarrolló un estatuto tipo que tendía a preservar los valores de la cercanía, de la participación del socio cooperativo en la gestión de la entidad, algo que con la idea del gran banco se podía perder. El estatuto tipo del Credicoop y de los otros bancos establece comisiones de asociados locales, abiertas, sin límite de número, que participan en la gestión y en las tomas de decisiones. Hoy el Credicoop tiene 3500 dirigentes ad-honorem que integran esas comisiones de asociados en 261 filiales, que aprenden a gestionar algo que parece tan tabú y complejo como las finanzas, manejan en pequeña escala un pedacito del banco.

Estamos ante un nuevo escenario de crisis provocada, ¿en qué situación están las PyMEs?

Las PyMEs vienen de un período de mucha bonanza, porque vivimos 12 años de priorización del mercado interno, de protección de la producción nacional frente a las importaciones. Muchas PyMEs se capitalizaron e incorporaron tecnología, más que de la pesada herencia están disfrutando de la holgura de la bonanza. Las políticas que implementa este gobierno todavía no se sienten en toda su dimensión porque hay colchón. Es como la Argentina: si el país está poco endeudado, puede endeudarse y nos vamos a dar cuenta del problema más adelante. Hay dos puntos de aumento del desempleo, es una señal grave. Además de que un montón de gente se quedó sin laburo, el efecto es multiplicador porque esa gente deja de consumir y a su vez se ve afectado el trabajo de quien fabricaba lo que se consumía. El ajuste va avanzando y las consecuencias son cada vez más severas.


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¿Cómo caracterizarías al plan económico del gobierno?

El gobierno tiene un plan económico que en sus líneas generales no tiene grandes diferencias con lo que se quiso hacer en Argentina en los 90 o con Martínez de Hoz. No decimos que esto es como la dictadura de Videla, decimos que los lineamientos del programa económico de la dictadura son muy similares a los lineamientos del programa económico de Mauricio Macri. Los ejes son achicar el Estado, abrir la economía, insertarse en el mundo, bajar la inflación a cualquier precio… Creo que finalmente en la baja de inflación van a tener éxito, porque cuando terminen de acomodar tarifas la propia pérdida de la capacidad adquisitiva de la población y la baja de consumo hace que los precios dejen de subir. Eso es lo que mejor les va a salir, con las terribles consecuencias que tiene. La inflación no es un fenómeno en sí mismo sino un síntoma de otro fenómeno. Se puede llegar a inflación cero por estar en un marco recesivo. Los europeos hoy tienen políticas desde los bancos centrales de tasas negativas para tratar de generar un poco de inflación para reactivar la economía. Han convertido en un mito a la inflación. Por ejemplo, “la inflación es el mayor impuesto a los trabajadores”: yo les puedo mostrar según datos oficiales cómo el salario de los trabajadores privados y estatales entre 2007 y 2015 aumentó 29% en términos reales, más que la inflación medida según las consultoras o las provincias. Desde el 2003 al 2007 los salarios recuperaron lo que habían perdido en la crisis, a partir de ahí comenzaron a crecer. La inflación es el impuesto que más castiga a los pobres si los salarios no se actualizan como corresponde. ¿Qué quiere decir?, ¿que la inflación es buena? No, lo que quiere decir es que hay que hacer un buen diagnóstico de la inflación y atacar lo que hay que atacar, que es lo que este gobierno no hace. La inflación es puja distributiva. El gobierno también lo entiende así, aunque no lo dice, y por eso quiere paritarias a la baja. Uno piensa que puja distributiva es sacarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen, pero también es puja distributiva al revés. Cuando el gobierno quiere pautas de paritaria por debajo de la inflación, se está metiendo en la puja distributiva de una manera regresiva. El límite del ajuste es la capacidad de resistencia de los ajustados. Lo vengo diciendo desde el menemismo, es algo que acuñamos en el programa de Aliverti. El ajuste no tiene límites. El límite es la gente.

¿Vas a ser candidato?

Aspiro a ser candidato, sí, claro. No es un tema personal. Nosotros tomamos en un momento dado la decisión de formar un partido. Lo decidimos con la idea de que había un espacio en la sociedad que podía verse contenido y reflejado en las ideas de la cooperación. Tenemos una profunda convicción sobre el cooperativismo, con una visión que ha ido creciendo y acentuándose frente a la realidad que nos muestra este mundo. En las grandes economías mundiales la productividad fue toda para el capital, el salario se quedó estancado o bajó. Entonces es mentira que para que mejoren los salarios tiene que mejorar la productividad, lo que tienen que mejorar son las políticas de distribución. El capitalismo como sistema llevó adelante una lucha contra el sistema con el que confrontaba, el socialismo, y durante muchos años tuvo la necesidad de desarrollar un Estado de bienestar. Al caer la Unión Soviética apareció la idea del fin de la historia y se desarmaron los Estados de bienestar. A eso se suma la revolución científico-técnica que hizo que se destruyan empleos a una velocidad acelerada. No hay solución si no hay un gran cambio de reglas de juego. Ese cambio de reglas de juego debería ser una reducción drástica de la jornada de trabajo sin disminución del ingreso. Es decir, repartir de vuelta y hacer que el capital entregue parte de esa acumulación que ha tenido por el aumento de la productividad.

¿Eso es una propuesta de campaña?

Es una propuesta que es mucho más que una propuesta de campaña, porque no se puede pensar en sólo un país. Hay una creciente idea en el mundo de que los valores de la cooperación, que son los valores de la solidaridad, de la justicia social, del esfuerzo recíproco compartido, tienen que ser el fundamento sobre el cual se construyan los ejes de una sociedad más equitativa que aproveche esa formidable acumulación de riqueza que la revolución científico-técnica ha posibilitado y que termine con la injusticia que a la vez ha creado. Nosotros hemos demostrado en la práctica que las cooperativas no son sólo para resolver pequeñas cuestiones, que las cooperativas no son sólo para resolver el problema de un grupo de trabajadores porque el patrón abandonó la empresa, que se pueden gestionar grandes organizaciones prestadoras de servicios esenciales compitiendo de igual a igual con las empresas cuyo objeto es la maximización de la ganancia. Ahí llegamos al nudo de la cuestión: ¿maximización de las ganancias o prestación de servicios eficiente? ¿Cuál es nuestro modelo? Primero, 19 de marzo, creación del banco Credicoop. Asumimos el desafío de demostrar que eficiencia y democracia no son incompatibles. Una organización puede manejarse con criterio democrático y al mismo tiempo tener un esquema de gestión eficiente. Es mentira que la democracia va en contra de la eficiencia, es otro mito. Segundo, se puede ser eficiente sin tener como objetivo la maximización de la ganancia. Desarrollamos el concepto de rentabilidad mínima necesaria, aquella que necesitamos para reinvertir en el proceso tecnológico, en la capacitación de nuestro personal, en la adecuación de nuestras sucursales para que sean modernas y competitivas. El precio de nuestros servicios se fija desde la rentabilidad mínima necesaria y no cobrando lo más que puedo para maximizar la ganancia. Creemos de verdad que tenemos una experiencia viva para mostrar, que es un testimonio importante en una sociedad como la nuestra, y la presencia de alguien como yo como referente de una fuerza que aspira a esas cosas es una contribución útil a la construcción de una sociedad más justa y más equitativa.

¿Cómo se traduce eso en el armado de listas de la Ciudad de Buenos Aires?

Fui candidato a vicejefe de gobierno con Daniel Filmus, contra Mauricio Macri. Hago una broma que por ahí ya la escucharon: soy el argentino que más veces perdió con Macri, porque empecé a confrontar con él en Boca y si le hubiéramos ganado ahí tal vez no tendríamos que estar soportando esta situación. Cuando nosotros empezamos a actuar en política fue con esta idea, con esta visión. Mi primer candidatura a diputado fue producto de una iniciativa de Néstor Kirchner que planteó claramente el tema de construir con amplitud y diversidad, y que la Ciudad de Buenos Aires es un ciudad de sectores medios extendidos y había que tener candidaturas que reflejen a esos sectores. Eso sigue estando absolutamente vigente. Soy diputado desde el 2009 producto de esa decisión impulsada por Néstor Kirchner. Hoy hay un proceso de debate, de discusión y de tironeos que es propio de la política y nadie ha logrado superarlo, es universal. Podemos trabajar juntos, ponernos de acuerdo en un montón de cosas, pero a la hora de la lista se abre un proceso de tensión inevitable. Habrá que atravesar ese proceso.

Más allá de las candidaturas, ¿hay una discusión por el programa?

Nuestra postura es clarísima al respecto. En esto también hay más de una opinión. Hay quienes dicen que hay que construir la alianza más amplia posible para derrotar al macrismo. Otros decimos que el macrismo es una expresión del modelo neoliberal, hay que construir entonces una alternativa para derrotar al modelo neoliberal con gente que esté comprometida y no que al día siguiente de ganar vote las leyes que hacen a la consolidación de ese modelo. Efectivamente para nosotros el acuerdo programático es una prioridad. Una cosa que yo he aprendido es que en política a veces todo se resuelve en las últimas 24 horas. Hasta ahí todo el mundo tensiona, pero llega un momento en el que hay que cerrar, hay que firmar, acá o allá. También hay que aprender a contener las ansiedades.

En cuanto a Cristina, ¿pensás que tiene que presentar ahora una candidatura o tiene que esperar al 2019?

Es muy difícil opinar sin saber cuál es su estrategia. Te podría argumentar media hora sobre las dos posibilidades, a favor y en contra. Íntimamente a mí me gustaría que sea candidata porque creo que potenciaría la elección. También entiendo que puede haber una estrategia más sofisticada: esta es una elección de medio término y el referente principal de este espacio está para disputar la presidencia en el 2019. Si Cristina no se presenta, habría que asumir que el candidato es el proyecto. Desde luego que tendría que haber algún candidato que lo represente y creo que se podría lograr porque hay muy buenos referentes en todos los distritos. Esto es posible si se construyen las listas con amplitud y con la cuota razonable de generosidad que tiene que haber para que sean listas plurales, diversas y representativas de la sociedad donde se desarrollan. El perfil de los candidatos del Gran Buenos Aires no necesariamente tiene que ser el mismo que el de la Ciudad de Buenos Aires, porque se dirigen a un electorado diferente. Ponerse de acuerdo en la confección de las listas es una de las cosas más difíciles de la política. También están los mecanismos de las internas o de las PASO. A mi juicio las PASO tienen una complejidad porque por cómo están previstos los tiempos electorales tenés que definir las alianzas antes que las candidaturas. Nuestra fuerza ha transitado estos momentos otras veces y hemos logrado buenos resultados. Creo que nuestra fuerza ha crecido, de aquel partido que creamos para disputar en la Ciudad de Buenos Aires a este partido nacional que hoy tenemos con personería ya en diez distritos más otros cinco a siete distritos en donde estamos en distintos grados de conformación. Hay un partido nacional con referentes que tienen trayectoria. A esta sociedad tan castigada tenemos para exhibirle una experiencia concreta de gestión ética y de gran escala. Cuando entré en Boca hubo una gran discusión en el Banco sobre si eso no iba a dañar mi prestigio, por la mala fama del ambiente dirigencial del fútbol. Yo defendí y logré que me acompañen en la idea de que era al revés, que se podía demostrar la idea de que en todos los ambientes se puede gestionar bien, incluido en el fútbol. Creo que después de diez años en Boca salí favorecido en el prestigio, en la valoración. Hoy, más de 20 años después de que dejé de ser presidente, la gente me sigue reconociendo por esa gestión. Creo que nosotros podemos exhibir algo, en un momento en que está tan desvalorizada la política y la gestión, donde el gobierno pone CEOs a conducir la cosa pública. Creo que si pudiera hablar uno por uno con todos los habitantes del país, sería presidente de la Nación, pero en la realidad te movés con las herramientas que tenés. Eso tiene que ver con los recursos que tenés y también esos recursos tienen que ver con la ética con la que te manejás. Uno de los fenómenos universales contemporáneos es el poder de los grandes medios de comunicación. Cuando mirás cómo están distribuidos los rating te das cuenta de que es muy difícil llegarle a una porción muy grande de la sociedad que consume determinadas informaciones de determinada manera. El asunto es cuánta gente lográs que se interese por tu propuesta.

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