Cara a cara con Víctor Santamaría

"Cuando hablan de ´errores´, todos fueron a favor de los que más tienen. No se equivocaron ni una sola vez a favor de los trabajadores.

“Para defender a Cristina, estamos nosotros”

Texto: y
Fotografia: Nicolás F. Blanco


Víctor Santa María mamó la política desde la cuna. Ya a sus seis años escuchaba los discursos de Perón de forma clandestina en el sótano de la portería de su padre. Años más tarde, se convirtió en el integrante más joven de la convención constituyente que dotó a la Ciudad de Buenos Aires de su carta magna. Hoy en día, es el Secretario General del Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (SUTERH), y conduce el Partido Justicialista (PJ) de la Capital Federal. Desde ese lugar, se propone cerrar el período de diáspora que caracteriza al campo popular desde la derrota electoral de 2015, generando un nuevo frente que trascienda la consigna que aspira simplemente a una vuelta al gobierno. La apuesta es por un proyecto superador que reúna a todo el que se sienta identificado con el campo popular y reconozca el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner.


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El kirchnerismo y el peronismo

 

Es casi obligatorio pensar en que ya pasó mucho más de un año de Macri. ¿Cómo analizan este período desde el PJ de la Ciudad de Buenos Aires?

Este año marca claramente un nuevo mundo en la política. El gobierno de Macri ha dejado de lado la gran mayoría de las cosas que se habían construido en los últimos doce años. Es un gobierno de ricos para ricos. Lo que al principio parecía solamente una consigna creo que en la práctica se ha demostrado, porque desde que asumieron han gobernado para los más ricos, no solamente de la Argentina sino también de grupos internacionales. Esto quedó en claro con la salida del mal llamado cepo cambiario, con la quita de retenciones agropecuarias, con el pago a los fondos buitres, con el aumento de tarifas, y con el favorecimiento a las grandes empresas. Si uno analiza cada una de las medidas que ha tomado este gobierno, todas han favorecido a los sectores más concentrados de la economía. Y cuando hablan de “errores”, todos fueron a favor de los que más tienen. No se equivocaron ni una sola vez a favor de los trabajadores. Lo que se ve es una enorme transferencia de recursos en detrimento de las clases populares y en favor de los sectores más pudientes. El más claro de todos ellos es el aumento extraordinario de las tarifas de los servicios públicos. Y eso es básicamente dinero que sale del salario de los trabajadores y va directo a las empresas. Hay un plan económico, político y social, que está buscando su propia definición ideológica. Esto se revela con el tratamiento que hacen, por ejemplo, del tema de los derechos humanos. Cuando intentan correr los feriados ligados a fechas como el 24 de marzo o el 2 de abril, o cuestionan públicamente la cifra de desaparecidos; más que una provocación, lo que están tratando de hacer es buscar su propia identidad. Esa identidad tiene que ver con temas que son centrales en nuestra propia identidad ideológica y política.

Este gobierno avanzó en muchos de estos terrenos porque tiene una fuerza importante, ya que es prácticamente toda la derecha de la Argentina unida detrás de este proyecto; pero también porque no encontró una oposición sólida y férrea. Después de las elecciones, se atomizó el espacio político que pudo aportar tanto para construir inclusión social en nuestro país. ¿Tuvimos el Frente para Victoria, pero no el frente opositor?

No sé si hubo una atomización o más bien faltó un conductor único. En esos mismos términos podríamos decir que se atomizó el sector de Massa, que también es oposición aunque parezca que no. Pero si analizás la composición de las cámaras, la mayoría es de la oposición. Lo que nunca se vio antes es que un gobierno haya votado tantas leyes en su propio beneficio. Esto se debe a que el gobierno de Mauricio Macri se da cuenta de que diputados y senadores son solamente una coyuntura y que los puede hacer jugar para un lado o para el otro: en la Cámara de Diputados, conforme a su propia presión; y en el Senado a través de los gobernadores, que defienden intereses económicos para sus provincias. La derecha siempre ordenó con la billetera y en ese marco construyó una mayoría con muchos legisladores que no son parte del partido de gobierno. Por otro lado, la CGT es otra pata de la oposición [ver recuadro]. La oposición política está dada en función del escenario político, que comenzó con la derrota del Frente Para la Victoria (FPV) en diciembre de 2015 y culminará en octubre de este año. Este año tendrá que ver con elecciones puramente locales, cada distrito tendrá su propia lógica y una impronta única de cada lugar. Ahí también se aparenta una atomización, que para mí no es tal, sino que cada uno de los dirigentes se concentrará más en su distrito y se pierde la visión nacional. Lo que estamos viendo es cómo defiende cada uno su territorio. Creo que de ahí saldrá una nueva dirigencia, que alguno llamará renovación, con dirigentes que van a estar avalados por el voto popular. De ahí en más se abrirá un panorama nacional de cara a 2019, donde veremos cómo el peronismo, o el frente nacional y popular o como quieran llamarlo, va a encabezar las próximas elecciones. Después de 12 años en el gobierno y de la derrota que fue por poco más de un punto, el frente popular se mantiene muy unido en comparación de lo que podría haber sido. Hoy no hay grandes divisiones, fundamentalmente en la gente. Hay un fuerte liderazgo de Cristina, que espero que ella logre traducir en un rol de conducción y que esto a su vez determine un triunfo en la Provincia de Buenos Aires. Después tenemos la responsabilidad, cada uno en su distrito, de tratar de lograr lo mismo desde su lugar.

¿El kirchnerismo puede convertirse en una corriente interna del justicialismo como movimiento más amplio?

Yo creo que el kirchnerismo es hoy un paraguas más grande. Hay colectivos que se definen como tal y seguramente lo son, pero que no por eso conforman un mismo espacio político. Nosotros en el peronismo de la ciudad, nos sentimos identificados con estos doce años y con Néstor y Cristina. Y reconocemos el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner. Pero también hay otros espacios, como La Cámpora, que no tiene nada que ver con nosotros. No tenemos un espacio político que se llame kirchnerismo. Hay una corriente dentro del peronismo, que creo que hoy en día es la mayoritaria, que reconoce el liderazgo de Cristina, pero tenemos matices entre nosotros. Y seguramente si las circunstancias se dan, podremos ir juntos o separados, pero siempre en el mismo colectivo.

En la Ciudad de Buenos Aires, ¿qué conclusiones se sacan de la última elección porteña, donde la disputa se terminó dando entre Lousteau y quienes después terminaron convirtiéndose en sus aliados?

A mí me parece que ese análisis hay que hacerlo en el marco de una película, no de una foto. Nosotros desde 2003 comenzamos a construir un espacio, que fue el Frente Para la Victoria, que pasó por diferentes estados. En algún momento con liderazgo de Alberto Fernández, en otro liderado por Zannini y más tarde por La Cámpora. Si uno analiza cada uno de esos liderazgos, yo me quedo con el último, que fue un momento de transición. El peronismo en la Capital, siempre que fue gobierno en la Nación, trabajó para profundizar el proyecto nacional. En la última elección, logramos por lo menos armar un espacio donde se definió la realidad del distrito; pero no dentro de ninguna oficina. De un momento en el que se definía en un recinto cerrado, pasamos a discutir la construcción de nuestro espacio en la sede de un partido político como el PJ. Y pasamos también de tener siempre una lista única a tener siete candidatos a jefe de gobierno y tres listas de legisladores. No sé si fue lo mejor, pero indudablemente fue mejor que lo que teníamos antes. Confío en que esta elección lograremos una construcción mejor que la que tuvimos hasta ahora.

Hace poco empapelaron la ciudad con afiches que decían “Con el peronismo unido, es pan comido”. ¿Alcanza sólo con eso?

No alcanza sólo con el peronismo, eso ya lo decía Néstor en 2004. Lo más importante es que el peronismo sea el constructor de un frente electoral que nos haga ganar en la Ciudad de Buenos Aires, pero no tiene que ser exclusivo ni excluyente. Tenemos que sumar la mayor cantidad de gente posible. Hoy el adversario del pueblo argentino es que la gente no llegue a fin de mes, que les aumentaron las tarifas pero no el salario, que no pueden irse de vacaciones. Es por esto que los que venimos del peronismo entendemos que tenemos que hacer el mayor esfuerzo posible para armar un gran arco de unidad, que tenga como finalidad sacar a este enemigo del gobierno.

Se desprende de lo que decís que necesitamos un marco de unidad muy amplio, porque nos enfrentamos a un sector muy concentrado y con una espalda grande porque son los dueños del país. ¿Cuáles son las bases políticas de esa unidad?

Hay sectores que hablan de hacer algo más cerrado. Yo les propongo a todos aquellos que quieran cerrar el espacio que no sean candidatos, así queda en claro si esto se debía a una postura ideológica genuina o miedo de no quedar en la lista. Porque siento que todos los que hacen discursos desde el sectarismo, los hacen con la calculadora en la mano, preocupados por no caerse de la lista. Lo más importante hoy es volver a ganar el país. Y para eso la única manera es a través de un frente de unidad que nos permita ser, no sólo la expresión de lo que fuimos durante doce años, sino fundamentalmente la expresión de lo que podemos hacer en los próximos diez. Tenemos que ser una instancia superadora. El peronismo no es dogmático con los nombres. Podremos serlo en nuestros valores y nuestras banderas, pero no con los nombres. Lo más importante es cómo podemos ser un proyecto hacia adelante y en esa proyección podrán sumarse los que quieran, vengan de donde vengan. Para defender a Cristina, al peronismo y a lo que hicimos los últimos doce años, ya estamos nosotros. Yo lo único que le pido a los que vengan es que no nos critiquemos, porque si no no tiene sentido sumarlos. Es un poco llamar a los que estén dispuestos a construir con nosotros pensando en qué Argentina queremos. Esa inteligencia la tuvo el Pro cuando construyó el bloque opositor y el famoso bloque A en el parlamento con un fuerte apoyo mediático. Nosotros lo que tenemos que hacer es política de cara a la gente y no a los medios.

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El movimiento obrero y la batalla cultural

Hay sindicatos, como el que te toca dirigir, a los que se los ve robustos no sólo en el plano sindical, sino también en el plano de la comunicación, la cultura y la educación. ¿Por qué los movilizan, a vos y a tu gremio, esos intereses que escapan a las reivindicaciones inmediatas de los trabajadores?

La idiosincrasia del movimiento obrero argentino es muy particular y tiene que ver con el peronismo y el empoderamiento que éste le dio al pueblo a través de los sindicatos. Mi experiencia es que el movimiento obrero ha sabido aprovechar las obras sociales, los centros de formación profesional y los hoteles sindicales. Son conquistas que el movimiento obrero ha tomado más allá de sus propias luchas sindicales como un convenio colectivo, un salario más o un artículo de un estatuto que beneficie más a los trabajadores. Creo que esas cosas están en el gen mismo del movimiento obrero y ese gen se lo dio ese peronismo que fue del ‘46 al ‘55. Si el peronismo sigue vigente hoy en día es porque lo que sucedió por aquellos años fue una verdadera revolución cultural, que son el único tipo de revoluciones que permanecen. En los 12 años de kirchnerismo hubo un intento de revolución cultural que quedó tambaleando, tal vez el tiempo y el desastre que es hoy este gobierno lo afiance más como cambio cultural. Es muy reciente todavía, cuando lo veamos dentro de 50 años va a estar más claro. Por otro lado, los cambios culturales se hacen generando contenidos culturales, pero es necesario que éstos tengan medios para transmitir. Los medios de comunicación tienen la posibilidad de ser la expresión de lo que uno entiende que es la cultura popular, y es justamente lo que tratamos de expresar nosotros desde el sindicato. Siempre me llamó mucho la atención cómo hemos perdido batallas culturales en los últimos 12 años. La más clara de ellas tiene que ver con el Impuesto a las Ganancias, porque más allá de si lo tributaba el 8 o el 10% de la población empleada, era de fondo una batalla cultural que no pudimos ganar. Cristina fue la única que la emprendió y nosotros desde abajo no supimos darla con el mismo énfasis. Hay un fuerte debate en el campo cultural y el peronismo es principalmente una revolución cultural. Pero para llevarla a cabo tenemos que tener medios de comunicación que, o bien sean propios, o por lo menos deben ser cercanos a este espacio.

Parece que el macrismo entendió antes que nosotros esto de la batalla cultural y uno de los frentes en los que la pelean es el negacionismo. Nos quieren llevar a discutir nuevamente los grandes pactos de la sociedad argentina, no sólo lo acaecido en la última dictadura, sino también los derechos laborales y sociales.

Yo creo que hay una sociedad que escucha esas cosas y se suma. Pero en esto juega un papel muy importante la manipulación de la información. Hoy en día muchas de las herramientas sociales, como por ejemplo los medios de comunicación, son también fáciles de ser manipuladas. El macrismo se maneja muy bien en este sentido. En general los gobiernos, trabajan y generan su propio proyecto y su propio relato. Esto no es ni bueno ni malo en sí mismo, el tema es cuánto se aproxima ese relato a la realidad. Ahí es donde la gente hace un click, cuando el relato que le cuentan no tiene nada que ver con la realidad que vive todos los días. Hoy en día el gobierno trata de vender un relato que la gente no compra, porque hoy en día la gente no puede comprar nada, ni un relato.

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“La CGT es otra pata de la oposición”

“La CGT realizó una estrategia propia contra un gobierno que siempre entendió como de derecha, pero con los tiempos de la propia CGT. ¿Qué quiero decir con esto? Que, por ejemplo, puso como tema número uno en su agenda la unidad y a partir de ahí armó su propia estrategia de oposición. En el transcurso de un año, convocó por lo menos a tres grandes marchas y a un paro general. La CGT sabe que en algún momento va a haber una colisión directa con el gobierno de Macri, porque es un gobierno de ricos para ricos que nunca va a representar los intereses de los trabajadores; pero va a hacerlo con sus tiempos. Es fundamental que, ante este gobierno, se cuide la unidad del movimiento obrero.



 

Santa María, dirigente peronista

¿Por qué te hiciste peronista?

Yo nací peronista. No conozco un día del que pueda decir “ese día me hice peronista”. Me acuerdo de hechos de mi vida que tienen que ver con el peronismo y con mi familia. Creo que me hice peronista por procedencia, por el lugar donde nací, por mi viejo que era delegado sindical. Hablaba con mis hijos, hace poco, sobre los hechos de nuestra historia que a uno lo han conmovido y marcado. Me acuerdo de los discursos de Perón en los 70, cuando yo tenía seis años, escuchados en el sótano de la portería de mi viejo. La muerte de Perón fue la primera vez que lloré un hecho de ese tipo, descontando a la muerte de un familiar.

Tus orgullos más grandes, ¿en lo gremial y en lo político?

Desde lo colectivo, la defensa de nuestros derechos como trabajadores de edificios. Me enorgullece haber sido parte de la historia de un gremio que empezó representando a una actividad casi invisible y explotada enormemente, a ser hoy uno de los sindicatos con mayor visibilidad y con la defensa de los derechos de los trabajadores tan fuerte como los gremios más importantes de la Argentina. Por otro lado, en el sindicato pero desde lo personal, es también parte de mi orgullo haber recibido la herencia de mi viejo, darle continuidad a todo lo que él hizo de forma tal de que hoy cualquier trabajador de edificio se sienta orgulloso de serlo.

Hay gente que todavía no se repone de la derrota de 2015 y la consigna “Vamos a volver” le suena como un eco. ¿Qué se les dice a esos compañeros?

Que militen, que trabajen, que hablen con sus vecinos. Ayer estaba con Lula (Da Silva), y le contaba justamente de esa consigna. Él me decía que el “Vamos a volver” es muy conservador, que tenemos que aspirar a más, porque volver sería mantener en estado quieto algo que fuimos. Tiene razón, tenemos que modificar esa consigna por la de un proyecto superador de lo que pudimos lograr en esos doce años. Se puede hacer, más con la experiencia que nos está dando el macrismo. Yo le digo a aquel que es militante o se siente identificado con el peronismo y con algo más que eso, que tiene que ver con un proyecto nacional y popular con liderazgo de Cristina, que hay que salir a hablar con cada uno de los vecinos. Sin rencores, sin revanchismo y con amor. Porque el amor es lo que nos va a hacer vencer a este proyecto de odio. Tenemos que mantenernos firmes en eso, no entrar en provocaciones y saber que el compañero que está al lado no es nuestro enemigo. Podremos discrepar, pero nuestro verdadero enemigo es quien hambrea al pueblo argentino.

Para las últimas elecciones, un montón de compañeros lanzaron una mega-campaña de afiliación al PJ, con intenciones de alimentar una interna que, viéndola en retrospectiva, parece una carnicería. Finalmente se optó por la salida de consenso. ¿Cómo interpelan a esa gente que se afilió al PJ, quizás con anhelos de un partido distinto al que había?

Yo siento que en realidad pasa otra cosa, la campaña no fue por un PJ que fuera diferente. La gente se afilió para defender a Cristina, sintió que podía aportar su granito de arena en ese sentido. La campaña fue realmente exitosa, porque se afiliaron 20 mil personas sólo en la ciudad de Buenos Aires. Pero, te vuelvo a repetir, la gente no lo hizo con idea de participar de la interna del PJ sino de defender a Cristina.

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