"Fanny y el Almirante" de Luis Longhi

La obra propone rescatar del olvido a una mujer que pudo ser memorable si no hubiese sido tan frágil y traicionada. Pero también a una época que pareciéramos insistir en olvidar, teñida de sangre y horror.

De lo ridículo a lo patético, a lo siniestro

Texto:


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Fanny y el Almirante

Fanny es encantadora. Canta tango, sabe bailar, declama, llora, ríe, recita. Preparada toda su vida para brillar, ser estrella.

Supo serlo. Casi serlo. Pero el maldito cáncer se lleva a Eva, su amiga, su protectora y su líder. Y la proscripción de su nombre y de cualquier indicio que aluda a ella o al peronismo, le impiden nombrarla. Fanny entonces se ve arrasada, sin nombre, sin su hombre, sin más amor que el de su madre. Su teléfono ya no suena. Pero alguien sí toca a su puerta…

“Fanny y el Almirante” propone una puesta austera, significativa, que posibilita desplazamientos y cambios de plano heroicos, histriónicos, sombríos, dramáticos.

Cuatro personajes en escena que logran encenderse y desvanecerse intermitentemente. Energías de distinto calibre e intensidad, que no obstante logran armonizar, generando una dinámica ágil y sostenida. Rosario Albornoz interpreta sentidamente una Fanny ingenua, altiva, desafiante, emotiva, que con cierta inocencia descree de su desventura y se aferra a los brazos de su madre y a lo que ya no es. Se pregunta si estará soñando, si lo que le toca vivir ahora es tan sólo una pesadilla. Ella quisiera creer eso. (Nosotrxs también). Su madre –encarnada con sutileza y ternura por Karina Antonelli–  la acompaña, la acota, la regaña, la consiente. Regala un destello de brillo de alguna ilusión escénica que quizás dejó sin más en pos de su hija. Ella no es artista, dice. Y luego están ellos: el Almirante y su Guardamarina. Absurdos, grotescos, ridículos. Cazadores de metáforas, no las tienen y precisan de una artista que se las pueda brindar a la manera de la rapiña mercantilista en la que el otro es un objeto que complace el capricho de juguetear un rato. Quiero, tomo. No te mato, pero te aniquilo. Allá va el Guardamarina a ofrecer a Fanny a las garras de su amo. Luis Longhi –además de generar un bello guión– despliega con gran histrionismo poses burlescas, insólitos pas-de-deux que acaso por un momento llevan a pensar que el Almirante es un loquillo excéntrico, pero inofensivo. Casi cuesta creer que debe su prestigio y sus petulantes insignias a la sangre en sus manos y al odio de su corazón. Guardamarina –en la piel de Lalo Moro– lo secunda, tanto en sus danzas como en sus berretines. Muestra con su ridículo patetismo lo peligrosa que puede ser la obediencia. Encarna a una ciega marioneta sin más afectos que su obsecuencia, aunque en un inocente descuido comete el pecado de dudar, efímero instante de subjetividad, aplacado inmediatamente por su Excelentísimo Señor.

Una historia de segundones. Por opción, por vocación. O por frustración de primerazgo. El Vice y la amiga de… la amante de… protagonizan un encuentro ficticio, pero probable. Intenso Inquietante. Un encuentro en el que una rosa no es amor. Un encuentro que produce risas, más desde la incomodidad que desde el humor. Un encuentro en el que la amistad, el amor y la lealtad son los ingredientes imprescindibles para asegurarse un destino fatal. Tal la perversión y el cinismo de los poderosos, de tornar lo más valioso de un pueblo en contra de sí mismo.

La obra propone rescatar del olvido a una mujer que pudo ser memorable si no hubiese sido tan frágil y traicionada. Pero también a una época que pareciéramos insistir en olvidar, teñida de sangre y horror. Acaso también la obra tenga la misión de quitar el manto protector del olvido de algunos seres oscuros que tienden a perpetuarse en el fango del poder, que siempre están al acecho para depredar y destruir lo bueno y lo bello. Dejarnos interpelar por esta obra tiene que ver con preguntarnos cómo nos paramos ante lo siniestro. Parece que aún necesitamos entender lo que nos pasa. Lo que nos sigue pasando. Y que esto, de un modo u otro, ya nos pasó.


 

FICHA TÉCNICA:

Autoría: Luis Longhi
Actúan: Rosario Albornoz, Karina Antonelli, Luis Longhi, Lalo Moro
Vestuario: Ana Nieves Ventura
Escenografía: Andrea Mercado
Iluminación: Sebastián Irigo
Maquillaje: Ana Nieves Ventura
Realización de escenografia: Miguel Santana
Fotografía: Agustina Luzniak
Diseño gráfico: Juan Francisco Reato
Asistencia de dirección: Roberto Gonzalez Segura
Asistencia De Escenas: Valentín Larroy
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Coreografía: Laura Figueiras
Dirección: Tatiana Santana

 

INFORMACIÓN:

Lugar: TEATRO LA MÁSCARA
Piedras 736
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Reservas: 43070566
Web: http://www.lamascara-teatro.blogspot.com
Entradas desde: $ 200,00 / $ 150,00 – Jueves – 21:00 hs – Hasta el 08/06/2017

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