Iglesia o Cristianismo

La inflación de la nave de la Iglesia y el límite de sus adversativas

El fetichismo de la “reconciliación”

Texto:


Escribir sobre la Iglesia sigue siendo escribir sobre el cristianismo. Y, en nuestro país, una de sus versiones: el catolicismo. Nadie escribe ni en ni desde el vacío: eso es jacobinismo. Y no es que no sienta admiración por su pasión, sino que me alerta su guillotina. La pasión que es mera voluntad es la base del “martirio”. En la bella introducción que el cura De La Serna escribió al libro “El Inocente” de María Sucarrat, el cura de uno de los tantos grupos pululantes de la progresía católica, que no abandona “la nave” de la Iglesia, la describe sencillo, en pocas palabras: “El mártir no lo es por su muerte, lo es por su vida; no lo es por “dar la vida”, sino “por dar vida”. Lo contrario no es más que una muestra de “necrofilia política”. La teología del martirio congela cuando todo se resume en una adoración abstracta como los (necesarios) procesos de beatificación y canonización de Monseñor Romero. Y la consecuente parafernalia fetichista de recrear su imagen, producir llaveros, velitas, estampitas o reproducir sus sermones hoy, cuando aquellas palabras apagadas por las balas de la derecha pasaron de la condena al papel de las editoriales. En buena hora. Pero un poco tarde, aunque sepamos aprovechar ese tiempo. Añoro a Monseñor Romero no como “mártir”, sino siguiendo meta sermón hoy con su carisma.

Soy cristiano, cada vez menos católico. Y no voy a responsabilizar a la jerarquía solamente, sino también a aquellos/as que desde los movimientos de base apuestan en este punto, no sé si por conveniencia o creencia, en seguir en esa poderosísima embarcación que no para de atracar e insistir en la misma roca: la de la derecha. Y que no es, esta vez, la metáfora de nuestro Dios padre-madre como inspiración de salvación segura, sino lisa y llanamente el uso aún de las palabras discordantes de l*s católic*s del pueblo como la adversativa con la que el catolicismo se quiere exculpar. Frases del tipo “Si está claro que la jerarquía con el facho de Casareto es el que pide reconciliación, PERO en la base…”. Cierto, buena onda y bello. Pero también peligroso en su larga data: veo difícil que el catolicismo, esa nave con adversativas, llegue a ser parte de la política que requiere la construcción del amor y la igualdad del Reino que predicó el Nazareno. Un Papa más popular que Francisco no pasaría la primera cena. Más de 40 años de intentos de “liberar” la Iglesia me hacen pensar, dudar, en la clave más humana, y por lo tanto religiosa, de a quien sirvo.

Tampoco me gusta el atajo de mucha letra consagrada que construye a “la” Iglesia como el poderoso titiritero por el que las mujeres siguen muriendo por la ilegalidad del aborto, la caída del comunismo, las dictaduras latinoamericanas entre otras cuestiones. Esa monocausalidad es en parte vagancia intelectual y a veces cuentas personales de periodistas que tiene un contador que a mí no me hace los papeles de la AFIP. No hay “Iglesia” (la nave con adversativas) sin alguna articulación social que debería envidiar más de una fuerza que se pretenda popular. Y, Dios mio, esa articulación suele ser definitoria para much*s de nosotr*s. Las actitudes “iluministas” de la letra diaria, o las movidas pseudopunks de atacar templos no son a favor de los que sufren su yugo, sino servir en bandeja y a la carta un nuevo pretexto. La guillotina jacobina preparó la llegada de Napoleón; la pasión de Mariano Moreno dejo paso al conservadurismo que cuajaría en el Partido Unitario. La revolución como “sueño eterno” es un martirio/altar en el que los sacrificios solo “dan vidas” y no “vida”. No soy “saavedrista” ni conserva, solo que ya recorrimos los suficiente para saber que el pueblo no está para “turismo aventura” de ninguna dirigencia irresponsable ni ensayos CONICET.

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Ilustración: León Ferrari

Cuando se anunció el “2 x 1” y salió a la luz las elucubraciones “oscuras” de la Conferencia Episcopal que contaron con la participación de personajes como Graciela Fernández Meijide y de la Dra. Cristina Cacabelos. Los derroteros del Meijide no llaman la atención: ella fue parte de un gobierno que asesinó a 35 personas antes de irse, sin contar las muertes previas. Esta “Graciela” siempre fue representante de la tibia socialdemocracia clasemediera que odia la pobreza por cuestiones estéticas. La Dra. Cacabelos es un caso más que interesante. En su testimonio por la desaparición de sus familiares terminó su alocución a los gritos de que no perdonaría jamás a estos “asesinos”. Declaró en su momento: “No me va alcanzar la vida para arrepentirme de haberle creído a todos estos asesinos, torturadores y desaparecedores de cuerpos y ladrones de hijos.”(29/04/2013)

¿Arrepentimiento? Así como Meijide le dio a su hijo un saquito para que no tomara frío en el viaje a la comisaría de la que nunca volvería; Cacabelos, por sus contactos católicos, había dado dirección a los genocidas de uno de sus familiares desaparecidos con la “esperanza” de ayudarlos. La culpa parece la carcomió hasta el día en que Néstor Kirchner la llamó para decirle que se iban a reabrir los juicios y ella festejó. Ya ahora, Cacabelos se presenta como representante del ¿fenecido? grupo católico “70 veces 7” que hace referencia a la alegoría de Jesús sobre las veces en que debemos perdonar. Lástima la lectura “manca”: la palabra de los Evangelios no habla nunca de perdonar a diestra y siniestra, ya que si el Nazareno dijo traer la espada para oponer padres a hijos y dio vuelta el Templo convertido en banca, en qué cabeza cabe que un genocida entra en esa ecuación de perdón. Este grupo como el cordobés “Portal de Belén” que se dedica a la persecución de toda conquista de género, fue creado por el fallecido Obispo de San Juan “Don” Carmelo en el año 2011. Un think tank en desuetudo que se levanta en los momentos en que los capitanes de la nave Iglesia necesitan disparar.

La Iglesia cuenta en su filas 403 muertos en la última dictadura cívico-militar que trabajaban seriamente en la “cultura del encuentro” de la que habla el Papa Francisco: el que se produce al subir a los territorios arrasados por la pobreza, la exclusión y el desprecio ¿Todavía cree “un” Casareto que alguno/a de esos/as 403 perdona a quienes los/as picanearon, violaron y/o asesinaron? ¿“Los” Casaretos y Arancedos se creen en la posición de perdonar en nombre de los/as muertos/as? (Con Aguer ni me gasto porque es un payaso de pollera) ¡Uau! ¡Qué megalomanía monseñores y obispos!

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Ilustración: León Ferrari

Cuando el 9 de diciembre Cristina Fernández de Kirchner fue censurada en su posibilidad de entregar el bastón de mando en una actitud más que cobarde por parte de Macri, se dio el gusto de entregar el Gobierno en un acto en el que escuchamos en silencio lo que dijo y alertó. Y sin ser maga, no le pifió. Y el perdón a los milicos fue una de sus alertas. También parafraseo allí la noción de “herencia” que Perón pronunció en los 70: el pueblo recibe los dones y las gracias. Debo decir que yo no lo creí demasiado. Pero como para mi cristianismo la “fe” es un “camino humano de dudas y certezas” moquié menos. Pero lloré porque pensé que a mi 50 años ya nunca viviría una época como la que el peronismo kirchnerista nos permitió construir y que yo saboreo tan parecida a los relatos de mi nono sindicalista de la cerrada Aceitera Deheza en la Ciudad de Avellaneda. Sin embargo, en esta le erré yo: la manifestación contra el 2 x 1, el “milagro” macrista de dos 24 de marzo en un año y en unidad de todas las fuerzas, la reacción masiva fue la concreción de un vaticinio. Alentadora alegría de ver “celestes y blancos”, “rojos” y “sueltos” presionar al mamarracho de la desprestigiada Corte Suprema, a un peligroso snob como Avruj y a esos capitanes de lo celeste que no dudaron en retroceder aún en los pasillos de la Vicaría castrense por orden de Roma.

Simplificamos si reducimos la causalidad del solo intento de esta aberración ética, jurídico-legal, política y religiosa a la parte 1 de la adversativa, a la Corte o al reinante neoliberalismo. Medio millón de personas le bajó la excitación de los 25.000 que con dronaje (de dron) total montaron un pretendido apoyo popular a la política en curso. Si sumamos el medio millón porteño a las movilizaciones en otras ciudades y las encuestas parece indicar que entre un 80% y 88% se oponen a la medida de los/as cortesanos/as. Sin embargo me da temor dormirnos en los laureles santiguados o no: hubo números semejantes, movilizaciones contra los carapintadas, parecida efervecencia a la que en estos días nos levantó el ánimo: ¡Muchachos/as la política no empezó en el 2003! En los 80 el peronismo la pasó feo y cuando asumió el poder se convirtió en marioneta del Consenso neocon. Mientras que en la oposición desde 1983 nos rearmamos una y otra vez, muchas veces sin comprender los dilemas alfonsinistas como el que tuvo que cortar por el lado malo cuando rajo a Bernardo Grisnpun del Ministerio de Economía por pedido del FMI. En los 80 hubo un movimiento de juventudes políticas (MOJUPO) que tuvo la potencia de realizar movilizaciones mucho más seguido que ahora y bajo banderas partidarias que pretendíamos representaban proyectos. Sin embargo el camino al indulto se fue tejiendo a pesar de las resistencias, las alertas y el fragor de las calles con multitudes.

Un antiguo jefe, militante revolucionario desde los 60, siempre me cuenta una anécdota. Él, quien fue torturado por Astiz, viajaba en taxi cuando se anunció su perpetua. Mi amigo guardo silencio, nunca le pregunté porque. Pero no tuvo que esperar el comentario tachero: sin darse vuelta, viendo por el espejito el conductor le dijo “No tengo dudas que este es un hijo de puta, pero en que me cambia la vida a mi que vivo con el culo pegado al taxi”. Algunos se apresurarán a criticarlo por “egoísta”, pero mi amigo me convenció de algo: le estamos pifiando. Si ese tachero no relacionó a Astiz y el genocidio con su miseria, es porque se sigue sin leer lo que Rodolfo Walsh ya dijo en su carta a la Junta: el plan sistemático de hambre y entrega es la violación de los derechos humanos y la maquina genocida una de sus estructuras políticas. El culo en el taxi para llevar la guita a su casa es consecuencia de la miseria planificada por los dueños de la Argentina que hoy se agrandan al calor de un gobierno que le pertenece por entero.

Ni monocausalidad, ni adversativa de una explicación protodialéctica: hoy las luchas exigen repensarnos, renuncias o persistencias productivas, encuentros humildes que el protocristianismo supo construir en la resistencia antes de su venta al Imperio, porque la voracidad del capital ya no dejará lugar para ningún Reino colectivo, sino la barbarie futurista de canibalismos varios que no podemos dejar se vistan de contiendas, aun sean una “PASO”: terminar en la necesidad de una decisión externa y dividida es y será signo del fracaso de la articulación que requiere el presente. Ellos, amigos/as ya están en todo.

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Flavio Rapisardi es Dr. en Comunicación UNLP. Docente e investigador de la FPyCS y Untref. Militante del movimiento Nacional & Pop y de movimientos contra la discriminación. Hincha del rojo de su tierra: Avellaneda. Cristiano por elección luego de años de ateísmo militante. Autor de tres libros y preparando su cuarto sobre la militancia juvenil de los 80. Su carrera de grado Filosofía donde se graduó con una tesis sobre Ernesto Laclau. Allí aprendió, dice, no solo lo que sabe sino también lo que es mejor no aprender.

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