Matías Ibarra, artista visual

Matías Ibarra nació en 1983 y se graduó como artistas visual en la Universidad Nacional de las Artes.
La escultura le dio las herramientas para realizar instalaciones y proyectos. Hoy está trazando un camino propio, por lo que aquí entrevistamos lo nuevo, lo que está por surgir.

La ciudad ensamblada

Texto:
Fotografia: Nicolàs Finoli Blanco


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Matías Ibarra nació en 1983 y se graduó como artistas visual en la Universidad Nacional de las Artes. La escultura le dio las herramientas para realizar instalaciones y proyectos. En el año 2014 fue uno de los 14 artistas visuales contemporáneas seleccionados para la Beca Fondo Nacional de las Artes – Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. Hoy está trazando un camino propio, por lo que aquí entrevistamos lo nuevo, lo que está por surgir. Matías tiene la intuición del inicio, aquello que está madurando, lo que pronto será visible.


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Mucho de lo que a uno lo termina definiendo en el transcurso de la vida tiene que ver con lo que se atraviesa en la infancia. A mí me pasó eso. Mis papás son escultores pero cuando yo era pequeño trabajaban con cerámica, eran ceramistas. En ese taller me crié. Para mí modelar o meterme la arcilla en la boca fueron juegos, pero también aprendizajes determinantes para mi elección futura. Tuve siempre el apoyo de ellos, permanentemente me incentivaban a hacer arte. Por eso cuando tuve que decidir dónde estudiar la secundaria me propusieron que lo hiciera en una escuela de arte. En ese momento había tres escuelas para elegir, la Belgrano, la Pueyrredón y la que quedaba más cerca de casa que era el Rogelio Yrurtia. Estudiar en el Yrurtia fue como estar en una gran familia. Me recibí en el 2001. Después comencé la Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Ahí sí que puse el cuerpo. En aquel momento, cuando el UNA aún era IUNA, teníamos que pulular por todo Buenos Aires porque la sede Pueyrredón no funcionaba. Claro que lo digo desde la infraestructura, porque el contenido y todo lo que aprendí me terminaron de formar. Ahí es donde elegí la escultura.

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¿Por qué la escultura?

Siento que es una de las disciplinas más completas. En algún punto te permite jugar con los materiales y los espacios. Contiene también dentro de ella la instalación, la performance. O sea, otros lenguajes que te permiten profundizar aún más sobre lo mismo. Personalmente dentro de la escultura me estuve dedicando y especializando más en instalaciones y en objetos.

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Tus obras tienen un aspecto que las distingue porque se relacionan con lo arquitectónico. ¿Es así?

Muchas de mis obras son autorreferenciales. La arquitectura empezó a atravesar y plasmar mis obras en el momento en que me mudé, cuando empecé a buscar un lugar para vivir con mi mujer. Ahí surgieron todos los problemas que uno tiene para mudarse. De allí surge una de las obras que es “El monoambiente” del año 2008, que expuse en la Pueyrredón y en un Concurso para jóvenes artistas que se llamó Curriculum Cero de Ruth Benzacar. Esa obra tiene que ver con lo paródico, una temática que trabajaba en aquel momento. La idea fue utilizar los elementos del campo inmobiliario y trasladarlos a una situación artística, exagerados de tal manera que se generaba un espacio inhabitable para quienes quisieran vivir allí, un espacio inhabitable que a su vez se pudiera alquilar. La propuesta surgió como crítica de la crisis habitacional en la que se encuentra nuestra sociedad, la gran concentración de la población en centros urbanos genera espacios reducidos, alienantes y pocos funcionales.

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¿Tu tesis de graduación tuvo relación con esta problemática?

No, investigué sobre la relación que existe entre el campo artístico y la inserción del artista, con todos los problemas que esto sugiere. El artista ocupa un lugar en el campo del arte que no es el que tendría que ocupar. Es el motor que hace girar toda la rueda pero por lo general no cobra, sus obras cuando están expuestas (o en cualquier otra situación) están en una situación de fragilidad. Es muy raro que alguien te pague un flete o el seguro de las obras. En las últimas exposiciones que realicé no sentí ese destrato. No obstante, lo habitual es lo otro, lo que desarrollo en mi tesis. Es decir, el artista tiene como dos momentos, dos reconocimientos. Puede ser un reconocimiento económico por su obra o un reconocimiento de estímulo que no es material que constituirá su biografía o curriculum. El campo del arte en realidad involucra a los dos. Si no tenés un curriculum no podés ingresar. Es como que necesitás mostrar una hoja de ruta, mostrar por dónde pasaste. En mi experiencia personal tuve la suerte de estar o elegir lugares de intercambio donde estas problemáticas podían discutirse. Por ejemplo en el 2010 me dieron una Beca en LiPac del Centro de Arte del Centro Cultural Rojas de la UBA que organizaba Alicia Herrero. En ese laboratorio de prácticas contemporáneas nos separaron en grupos y fuimos generando debates, situaciones interesantes y diferentes proyectos. Como cierre tratamos la problemática de los derechos del artista.

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Tu preocupación respecto a la defensa de los derechos de los artistas no fue solo teorica sino que participaste activamente de esa lucha.

Tiene que ver con tratar de mejorar tu situación en el campo laboral, como ser obra social, jubilación y otros tantos derechos que hoy no cuentan para el artista plástico. Participé en muchos colectivos por este tema, como cuando se formó en 2012 el Foro de Arte y Centro Cultural Caras y Caretas. También participé de las reuniones de la Unión Nacional de Artistas Visuales (UNAV). Aníbal Cedrón fue el impulsor de la iniciativa junto a artistas de diferentes provincias. Se pensó en un reconocimiento a los artistas visuales y los escritores con una trayectoria en el país. El proyecto de ley, del presidente de la Comisión de Previsión y Seguridad social de la Cámara de Diputados de la Nación, Juan Carlos Díaz Roig, preveía una jubilación para quienes tuvieran una trayectoria como artistas de 20 años en el país, acreditable a través de exposiciones y muestras en salones. Se había logrado la media sanción, pero lamentablemente no se llegó a promulgar.

¿Qué fue lo que los talleres alimentaron o aportaron en vos como artista?

En realidad los talleres me ayudaron a entender cómo funcionaba esto de insertarte en el circuito del arte. Por ejemplo el tema de las becas, los concursos. Esto es un laberinto, no está organizado y entonces se convierte en un boca a boca, es algo más bien social. En realidad si uno se pone a pensar es como si fuera una especie de oferta de trabajo. Es una legitimación, no es económica pero es una manera de legitimarte.

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Estas formas indefectiblemente llevan a muchos a una conducta individual, poco solidaria. Es indudable que se emparenta con lo político. ¿Qué opinas del arte político?

Tengo para mí esa posición de que todo arte es político. Todo arte habla de algo. Hay muchos artistas cuya obra tal vez no es explícitamente política, pero tienen una militancia política que desarrollan fuera de su obra. El arte político tiene que ver con la utilización de este lenguaje plástico para profundizar o plasmar esa idea. No creo que la política en el arte determine el discurso; no obstante, el arte puede cambiar la mirada de las cosas. La realidad es que en ese instante en que el espectador o uno mismo observando o terminando la obra, eso ya es un cambio.

Una instalación que resalta por su contemporaneidad y compromiso con lo social es tu obra site-specific “Obrador” del 2015, expuesta en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti. ¿Qué nos podés decir de esa experiencia?

Esa obra tiene un contexto político importante no sólo por el lugar donde está emplazado, que es la ex-ESMA, sino también porque la obra en sí está hecha a partir de todos los elementos que fui juntando recorriéndola. Todas esas maderas son elementos que se dejaron de usar de las restauraciones que se estaban haciendo en los distintos pabellones y centros. Ahora con este gobierno todo eso quedó abandonado. En este contexto había sido seleccionado para una beca de formación del Fondo Nacional de las Artes (FNA) y el Conti. Había clínicas de nuestras obras con artistas de gran renombre, que nos hacían enriquecedoras devoluciones. Teníamos además un taller de proyectos. Soy de hacer muchos proyectos y en esos tiempos de formación tenía muchas obras que sólo quedaban en proyectos a veces por la cantidad de material, por el espacio necesario para exponer o por la temática. Andrés Labaké que era el presidente del FNA y también era quien dirigía artes visuales en el Conti, y fue quien me alentó a hacer la obra site-specific. Ese fue el cierre de la beca. Muestra una situación precaria. Uno ve la obra terminada pero no ve todo el proceso. Esta es mi manera de trabajar sobre todo en las instalaciones. Previamente realizo el proyecto y planifico la obra.

w 3En 2015 en la Casa Nacional de Bicentenario también fuiste seleccionado entre 51 artistas contemporáneos para la Muestra Ópera Prima, donde realizás una instalación que también interpela con lo espacial.

Es la misma obra pero en una escala más pequeña. Del Conti devolví el material que pertenecía a montaje y me llevé lo que había recolectado en las calles del predio. Esta experiencia fue como extraña. Si bien fue una alegría enorme haber sido seleccionado entre tantos artistas también se dio en un contexto de gran incertidumbre ya que fue justo con el cambio de gobierno y eso se trasladó a la organización de la muestra. Teóricamente tendríamos que haber expuesto en el Centro Cultural Kirchner y finalmente fue en la Casa Nacional de Bicentenario. Por suerte la línea curatorial de la Casa respetó nuestras obras y nuestra idea de emplazamiento y se hicieron cargo de todos los gastos de traslado y seguro. Finalmente fue una muy cuidada experiencia. La obra lleva el mismo título que la del Conti sólo que en este caso el obrador hace de un no-lugar entre el taller del artista y el lugar de exposición. Un lugar que se monta y se desmonta, que está en continuo movimiento. Quizás también tiene que ver con las arquitecturas.

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La obra “Tres módulos para una ciudad encastrable” del 2016, por la cual recibiste una mención, nos habla de espacios pero en la ciudad. ¿Cómo fue ideada?

Esta obra es como opuesta en su desarrollo a todas las anteriores que hemos hablado. Las anteriores surgen de un concepto y esta de un proceso. Tiene muchos años de elaboración para poder llegar la separación en cada módulo. En un principio era un bloque único, después lo separé en los dibujos que hice en el 2015 y en el 2016 empecé a experimentar con la pintura. La idea es trabajar con distintas cuestiones sobre la arquitectura que tiene la ciudad y la vinculación que uno tiene con esa ciudad. Partí de la idea de módulos que se van encastrando, cómo se encastra un estilo con otro, una funcionalidad con otra. A medida que va creciendo o que va avanzando, la ciudad tiende a resignificarse. Esta obra es mi recorte de la ciudad, no es lo que yo rescato, pero sí es lo que yo evidencio. Hay una obra anterior a los tres módulos, llamada “10 módulos para una ciudad encastrable”, que va a quedar como dibujo por sus dimensiones (190 cm por 160 cm). Encarar un proyecto de  instalación por ahora no lo veo factible. Siempre trato de prevenir cada una de las fallas que puede tener una instalación, con bocetos de cada uno de los módulos y su perspectiva. Cada módulo tiene que ver con un lugar de la ciudad observado por mí, es un ensamble. Es una manera de mostrar cómo la arquitectura convive con la ciudad.

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Por último, ¿cómo es y qué se siente en el taller de Matías Ibarra?

Por ahora mi taller es el quincho de la casa de mis padres. Necesito estar en un lugar de paso. Siempre me pasó, estoy cómodo así.


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“La escultura te permite jugar con los materiales y los espacios, con instalaciones y performances.”

“Un proyecto de ley preveía una jubilación para artistas visuales y escritores con trayectoria de 20 años en el país. Se había logrado la media sanción, pero lamentablemente no se llegó a promulgar.”

“No creo que la política en el arte determine el discurso; no obstante, el arte puede cambiar la mirada de las cosas.”

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