Arte stencil en Buenos Aires

“En el 2001 todo lo que habías conocido se había venido abajo. Salíamos a las calles a decir lo que nos parecía que había que decir.”

Holywood In Cambodia

Texto:


Los stencils tienen su lugar en Hollywood In Cambodia (HIC), una galería de arte callejero que abrió en el 2006, arriba de un bar de Palermo. Buenos Aires Stencil, Malatesta y Tester son algunos de los artistas callejeros que le ponen el cuerpo a HIC. Aquí nos cuentan cómo se transformaron en difusores de este movimiento que copa las calles de las ciudades del mundo.


Desde que existen las mujeres y los hombres, existe el stencil. Hay stencil en la pintura rupestre, la pintura egipcia, en los estampados textiles de la China antigua, en la pintura decorativa en Grecia y Roma, en la Caverna de las Manos en Santa Cruz. Así hasta hoy, porque básicamente el stencil es una técnica pictórica que consiste en estampar una imagen sobre una superficie. Se trata de una herramienta de reproducción gráfica, que se enmarca dentro del arte del grabado. Y es una técnica económica, simple y versátil: sólo se necesita pintura y una plantilla (un cartón, una radiografía) con una imagen y/o un texto calados.

El stencil tal como lo conocemos hoy tiene sus orígenes a finales de los años 70 y principios de los 80 en EE.UU. y Europa. La aparición del aerosol en lata sumada a nuevas variedades de soportes y materiales para recortar y aplicar pintura dio lugar a una nueva ola de artistas. Lo que fue cambiando con el paso del tiempo es su utilidad y sofisticación. En Argentina y particularmente en la Ciudad de Buenos Aires, los pibes de Hollywood In Cambodia (HIC) fueron de los primeros en agitar las calles con plantillas y aerosol. Hoy HIC es una galería con exposiciones que se renuevan mes a mes, dedicada exclusivamente a difundir y apoyar al arte callejero.

El stencil en Argentina

El grupo Buenos Aires Stencil es uno de los colectivos que integra HIC. Según GG, uno de los miembros de este grupo, más allá de algunos antecedentes aislados, los que comenzaron con la movida del stencil fueron ellos. Fue a principios del 2000. Casi como un juego, salieron a las calles con sus primeras plantillas a escrachar paredes. GG cuenta que cuando empezó a pintar no tenía idea de que había más gente haciendo lo mismo: “El stencil era una cosa que estaba empezando. Ni acá ni en el mundo había muestras o galerías. Después, cuando nos gustó la técnica, empezamos a ver que había otra gente en la misma Ciudad de Buenos Aires que también pintaba. Había en otros lugares del mundo gente que pintaba. Al ver lo que hacían los demás, probamos hacer cosas a dos colores, un poquito más grande. Cuando nos quisimos acordar había 20 mil personas haciendo stencil acá en el 2003. Creo que no había ni una cuadra en la ciudad de Buenos Aires que no tuviera algo pintado. Había salido todo el mundo a pintar. Se había puesto medio trendy y todos los estudiantes de diseño salieron a pintar”.

Los stencils poblaron Buenos Aires en un contexto histórico de crisis económica, política y social. Para Malatesta, otro integrante de HIC, el uso del stencil como herramienta de expresión social se dio antes de que la técnica se pusiera de moda: “Había una bronca tremenda acá en Argentina”. GG agrega que la crisis los empujó a responder con arte: “Empezaba el 2001, en diciembre fue toda la hecatombe. Además estaba todo lo que había sucedido en septiembre, lo de EE.UU. y las Torres Gemelas. La gente se juntaba para intercambiar una remera por algo que hacías vos. Todo lo que habías conocido se había venido abajo. Salíamos a las calles a decir lo que nos  parecía que había que decir. En ese momento eran mensajes anti-guerra o anti-política. Después con los años las cosas se fueron estabilizando, pero vos seguís, de alguna manera siempre de algo te quejás”.

Malatesta, en cambio, nos dice que él nunca estampó mensajes políticos. “El sólo hecho de salir a pintar en la calle era un mensaje en sí mismo. Iba y hacía lo que se me cantaba el ojete, sin mensaje. No escribía, no firmaba, nada. Sólo pintaba, me gustaba pintar. Digamos, a mí me hace bien pintar. Entonces pinto. Que cada cual interprete lo que se le cante”. GG agrega: “Pintar en la calle sin pedir permiso es una declaración política”.

En esas calles de diciembre, los pibes cuentan que no tenían un centavo, estaban aburridos, no podían ir al cine ni tomar algo y caminando por la ciudad encontraron el paraíso: el microcentro de noche. “Toda la zona bancaria. Pintás, pintás, pintás…, y al otro día se llena de gente que lo ve. Eso era muy flashero, después salía en el diario”, recuerda GG. Con orgullo y un poco de nostalgia Malatesta recuerda que: “Yo conocí las pintadas de todos mis socios antes de conocerle las caras. Pasaba por Congreso, el barrio de Tester y Fede [otros miembros de HIC] y había stenciles de ellos. Entonces intervenía sus stenciles con los míos. Charlábamos a través de las paredes antes de conocernos las caras”.

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La galería

Entre los bares que uno puede encontrar en Palermo para tomar una birra fría y a buen precio está el Post Street Bar. Hace 10 años, ese local de la calle Thames al 1800 se empezaba a llenar de los primeros de miles de stencils que habitan en sus paredes.

“Había salido un libro de stencils. Unos tipos que se querían poner un bar vieron el libro y les pareció linda la idea de decorar su bar con stenciles. Nos llamaron. Nosotros en el 2006 ya estábamos en contacto con gente de afuera. Algunos ya habíamos viajado a pintar afuera y habíamos visto en en algunos países había galerías. Sabíamos que acá iba a terminar abriendo algún espacio, era cuestión de tiempo que alguien abriera una galería de arte urbano”, cuenta GG. “Los del bar no tenían plata. Nos querían pagar la pintura. Y ahí se nos ocurrió proponerles que nos cambiaran el laburo de pintarles el bar por prestarnos las habitaciones que tenían de depósito para hacer una galería”. Fue así, medio de casualidad, que encontraron el espacio ideal para darle forma a una galería donde poder visibilizar a diversos artistas del arte urbano. Dos salas donde se realizan las exposiciones, una terraza y un salón de ventas.

¿Qué unió a estos artistas más allá del stencil? GG relata: “Todos nosotros hacíamos la misma técnica y al conocernos nos dimos cuenta de que nos gustaba la misma música, que habíamos estado en los mismos lugares y sin conocernos. Tester y Fede de Run Dont Walk hacían fanzines y editaban discos. Yo había editado discos y organizado shows de bandas punks. Cada uno por su lado tenía una idea de producción: de producir un evento, un fanzine, un disco”. Esas experiencias, sumada a lo que la calle y la vida les brindó, fueron fundamentales a la hora de pensar una galería diferente a las demás. “No hay un interés comercial. No es un negocio, no nos interesa si hay obras para vender o no”, afirma Malatesta. GG agrega: “Manejamos la galería como una cooperativa. Toda la plata, el porcentaje que se queda la galería, va a un pozo que es de la galería. Limpiamos, colgamos los cuadros, laburamos, no nos llevamos plata. Cobramos una comisión muy baja para que los artistas ganen guita para seguir laburando”. El trabajo que se expone es local e internacional, “siempre con la premisa de compartir el lugar, cuando invitamos a algún artista es para que aproveche el espacio, que lo disfrute, que se sienta como en su casa”, agrega Tester, otro artista que se suma a la charla.

Durante los 10 años de vida que lleva la galería, se renovaron las exposiciones casi todos los meses, se promovió el laburo de artistas locales, se realizaron actividades y talleres de stencil, serigrafía o cultura skater, entre muchas otras cosas que pueden pasar en una galería con impronta callejera. Y todo esto sucedió porque los pibes siempre tuvieron una idea clara: crear un espacio por artistas para los artistas urbanos.

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El nombre de la galería es un chiste. El artista GG, de Buenos Aires Stencil, explica cómo surgió. “A todos los integrantes de Hollywood In Cambodia nos gusta el punk rock. Una banda de punk muy política de los 80, Dead Kennedys, tiene un tema que se llama Holidays in Cambodia (Vacaciones en Camboya), que habla de la guerra de Vietnam. Nos resultó cómico el juego de palabras con Palermo Hollywood: Hollywood in Cambodia”. Entre risas, nos cuentan que una vez les escribieron de la Embajada de Camboya en Argentina: “¿Por qué Cambodia? Nos llena de orgullo, todo bien, todo súper, pero explicame por qué”.


 

 

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