Microrrelato

Un embutido de carne picada y especias depositado en el corazón de un noble marroco es la síntesis exquisita de un bocado criollo creado hace siglos. Su nombre deriva del juego lingüístico de estos dos elementos: “CHORI-PAN”. Esta costumbre gastronómica se hizo popular, quedando así emparentada a las más genuinas tradiciones porteñas.

La secta del choripán

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


 

Esta pequeña crónica del Choripán, nos sirve de introducción para informar que nos ha llegado, de fuentes confiables, la información de la existencia de una logia de fundamentalistas de la tradición, que creen haber descubierto en el choripán, la raíz misma de la argentinidad. Una copia de sus estatutos está en nuestras manos y allí podemos leer: Página 2, artículo 1º: “Nos hemos conservado en estado latente, hasta que el Imperio, que nos ha humillado de mil formas, ha osado, de manera inaceptable, pretender borrar este último bastión de nuestra cultura”. Y más adelante en la página 14, artículo 8, dicen: “No dudamos que la sistemática instalación de una poderosa cadena de comidas rápidas en nuestro amado país, obedece a una maniobra desculturizante de los dueños de la globalización. Arrastrando así a miles de argentinos incautos hacia la paradoja de su propia fagocitación”.

 

Estos masones del chimichurri se han organizado de manera secreta para resistir. Saben que su mejor arma es el sabotaje. Por ejemplo: han logrado infiltrarse entre los empleados de la cadena de nombre escocés y contaminan con insectos todo lo que allí ofrecen, es común sentir el gusto ácido de los gusanos en las hamburguesas y el tornasol propio de las cucarachas que tiñe al café molido. Para pasar desapercibidos, estos grupos se reúnen mezclados con la gente común en la costanera y mientras comparten el símbolo de su lucha planean medidas de gobierno para cuando tomen el poder. Una de estas sería: “La expulsión de las cadenas de comida rápida y declarar al choripán Símbolo Nacional“, con monumento incluido.

 

Hace semanas que recorro la costanera porteña con la intención de entrevistar a alguno de estos subversivos. Sé que se caracterizan por comer con la vista clavada en el horizonte, siempre mirando al Sur, para que no queden dudas de su oposición al Norte. Pero aún no he tenido suerte, cuando los abordo ellos mienten negando rotundamente pertenecer a la logia y ante mi insistencia suelen ponerse violentos. Esto no hace más que confirmar mis sospechas, porque es sabido que los miembros de la Secta del Choripán, son maestros en el arte del disimulo.

 

 

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