María Seoane en Hamartia #25

Un fragmento de la entrevista a la escritora, periodista y ex directora de Radio Nacional

“La memoria histórica de nuestro pueblo es kryptonita para la derecha”

Texto:


por Santiago Mouradián

Hay grandes acuerdos de la sociedad argentina, que creíamos ya zanjados. Sin embargo se vuelve a tener que explicar que hubo terrorismo de Estado, que hubieron 30 mil desaparecidos. ¿El gobierno quiere rediscutir esos grandes acuerdos?

El problema es el negacionismo. Cuando el Sr. Lopérfido sale a decir que la cifra no fue 30 mil…, ¡chocolate por la noticia! La cifra de 30 mil expresaba y expresó siempre un valor simbólico de una multitud, porque eso fue lo que los organismos de DD.HH. en medio de la oscuridad de la dictadura comenzaron a tener como registro. Por supuesto, puede llegar a la mitad después del trabajo de la CoNaDeP y los organismos de DD.HH., no importa porque no es un tema de números. ¿Qué hay detrás del negacionismo, como en el caso del Holocausto? Lo que hay es la búsqueda de impunidad. Porque el tema central de la memoria, la verdad y la justicia es que en los últimos dos o tres años los juicios empezaban a llegar a los civiles que se habían favorecido con el Proceso, como Blaquier o Massot. Tenés el caso Papel Prensa, con la acusación de delitos de Lesa Humanidad por la manera en que se vendió a precio vil, cosa que la Justicia ya determinó. Entonces la memoria, la vedad y la justicia comenzaba a trascender al plano de los verdaderos beneficiarios del Estado terrorista. Porque el Estado terrorista, el golpe del ’76 vino a reformatear socio-económicamente a la Argentina, a cambiar la matriz de distribución del ingreso. Por supuesto los conflictos políticos dieron como resultado la persecución, asesinato, el robo de bebés y otros delitos gravísimos contra las organizaciones populares. El objetivo de la dictadura era el plan económico de Martínez de Hoz que a través de la deuda externa produjo una brutal transferencia de ingresos de los sectores populares a los sectores dominantes, como ahora con el gobierno de Macri. Cada tanto vuelve el odio al país plebeyo que surgió políticamente después de 1912 con el voto obligatorio, y al país socialmente más armónico que surgió con el peronismo. Ese es el país plebeyo que desde principios del siglo XX la oligarquía no tolera. Sólo que ahora lograron armar un partido político con los requechos del radicalismo y con un trabajo de marketing y construcción de una gigantesca manipulación de masas.

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Foto: Julia Vélez

La representación política de la oligarquía atendida por sus propios dueños, ¿habla de un nuevo proceso?

Claro, lo nuevo es eso. Es interesante ver históricamente cómo en el siglo XX se va armando la representación política de la clase alta en Argentina, de la oligarquía y de la gran burguesía. Primero terrateniente, después ligada permanentemente al capital y el comercio internacional, después ligada a las empresas y banca extranjera. Desde el Partido Autonomista Nacional, con Roca a principios de siglo XX, y hasta el 2007 o 2008 cuando Macri ganó la Ciudad de Buenos Aires, que la derecha no había logrado tener un partido con posibilidades de ganar elecciones. De cualquier manera, cuando termina el Partido Autonomista Nacional, comienza 1930 y a partir de entonces la representación política de la derecha se hacía a través de la delegación en el poder militar. Golpes de estado del ’30 al ’76. En la entrada a la democracia esa representación política es muy voluble, les cuesta armar algo hasta principios del siglo XXI. Ahora ese armado es sin mediaciones. Los grandes grupos económicos nacionales y extranjeros y la banca internacional no delegan en un partido transmutado neoliberal dirigido por Menem, no hay mediación con la política, directamente están los verdaderos dueños del poder económico ejerciendo el poder del Estado. Este asalto al Estado del poder económico configura un gravísimo problema para la democracia popular en Argentina, para la República democrática. Yo no sé cuál es el formateo que se va a dar de la república democrática a partir de ahora, pero sí está en riesgo. Tanto está en riesgo que hay alguien que se anima a decir que va a hacer un plebiscito para decidir si una persona tiene que estar presa, muerta, viva, con laburo o sin laburo. Y esto es un retroceso a la Inquisición.

Continúa esta lectura también en el número 25 de Revista Hamartia

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