"Y aquí gracias a Dios uno no cree en lo que oye".

Carlos “El Indio” Solari no es un dios ni el salvador, es humano y por lo tanto no es infalible. Lo que celebramos es su obra que nos ayuda a pensar diferente y que nos inspira a hacer un nuevo mundo, independientemente de EL Indio Solari. Quizás él lo deba entender también.

Te quiero tanto que me hace daño

Texto:


 

Necesito dormir mucho y bien, y no hablar así como toda la mierda que se habla hoy por la TV que come mis ojos. Los desposeídos mediáticos también tenemos el derecho (y la obligación) de narrar y compartir lo sucedido. La desigualdad en la batalla comunicacional con los poderosos no tiene adjetivo posible, porque decir “abismal” es muy poco. Sin embargo acá estamos, un numeroso grupo de amigos de barrio que viajó una vez más a una misa, ya sea seguidores del Indio, enamorados de Los Redondos, encantados con sus letras o fascinados por su música. Pero todos bajo una misma coincidencia: estuvimos ahí.

 

Nada es aislado y todo es una construcción, así que no es descabellado pensar que todo comenzó 20 años atrás en la misma ciudad, cuando Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota eran prohibidos por razones políticas a manos del intendente de turno. Marzo 2017, días antes del recital, voceros del Indio Solari advertían: “El sábado, a cuidarse y a cuidar de quienes nos rodean, aunque no los conozcamos. Cierta gente de mierda (debería puntualizar: PODEROSA gente de mierda) se regodearía si alguien sale lastimado. No le demos el gusto.”

 

Manijeados y ansiosos, agarramos el auto y encaramos para Olavarría el sábado bien temprano. Nuestra primera sorpresa fue que, a diferencia de misas anteriores, el control vehicular en la ruta fue nulo. Una vez llegados a la ciudad, nos asentamos al costado del arroyo para comenzar con el ritual del fuego y el asado. Como sucedió en Tandil o Gualeguaychu, nos encontramos con un lugar desbordado, al cual ya estamos acostumbrados. Lo que no esperábamos era la total ausencia de presencia municipal (agentes de tránsito, señalización, yuta, etc).

 

De repente y contra todo pronóstico, la lluvia parecía ser premonitoria de un día gris. Se acercaba la hora del show y nos encaminamos hacia el predio. Sin darnos cuenta, estábamos adentro. ¿Cómo? No sabemos. El mar de personas nos situó en “La Colmena”. El ingreso fue todo a campo abierto, sin tener noción por donde habíamos entrado y sin ningún rastro de cacheo o corte de entrada. Todos sabíamos que iba a suceder, pero no sé si de forma tan alevosa.

 

El pelado apareció en escena y dio comienzo al recital. A los pocos minutos, todo comenzó a desvirtuarse y ya nada fue lo esperado. Adelante, a 30 metros del escenario, jamás vimos tal “avalancha”. Es cierto que estábamos apretados, como cualquier otro recital donde el público se amontona desde la primera valla que separa el escenario. Y aquí lo que ya todos saben: el Indio interrumpiendo el recital, cambiando su humor, mostrándose frío, distraído, fastidioso y preocupado hasta el final del mismo. Más allá de esta notoria alteración, nada extraño sucedió dentro del predio.

 

Pero las anomalías más evidentes se hicieron presentes a la hora de abandonar “La Colmena”, 300.000 almas que se encontraron con las salidas valladas y tapiadas, obligados a desconcentrar todos por una sola salida. Ni una sola señal, ni un agente municipal, ni un representante relacionado con la organización. Nadie. Solo los que ponemos el pecho, inventando escapes saltando tapias, trepando baños químicos o rompiendo vallas. Olavarría parecía ser una ciudad abandonada sin luz, sin instituciones, sin policía, sin ambulancias, sin defensa civil. En fin, una ciudad sin Estado.

 

avalancha

 

Tenés la licencia para envenenarnos

 

Luego de un laberinto logramos encontrar el auto. La gente estaba desorientada, perdida. Como si el predio se hubiera movido hacia otro lugar en las casi tres horas de espectáculo. Luego de dormir, prendí el teléfono y quedó oficialmente inaugurado el show. “¿Estás bien?”, “Contestá por favor”. Alrededor de 20 mensajes más llamadas perdidas con los mismos interrogantes. Al querer averiguar por qué tanta preocupación, nos desayunamos con un mensaje que afirmaba “Hubo 7 muertos en el recital”. Anonadados, incrédulos y shockeados, ese fue el sentimiento en común.

 

Emprendimos la vuelta sin inconvenientes, a pesar de los constantes avisos de “vengan con cuidado, está peligroso” o “están colapsadas las rutas”. Intentamos llevar tranquilidad que fue inexistente ante lo que imaginábamos decía la caja boba. La indignación iba en aumento con el correr de los minutos, por lo que empezamos a hacer conjeturas sobre el discurso mediático. “¿Cuánto van a tardar en comparar esto con Cromañón?”. Llegamos, prendemos desesperados la TV, y el primer comentario de la conductora de TN es “un nuevo Cromañón”. Luego las autopsias en vivo: “Avalancha, descontrol y muerte”.

 

Hay que ser cautelosos y prudentes porque hay dos vidas menos y sendas familias destrozadas. Hay que tener el respeto que no tuvo la Agencia Nacional de Noticias, porque cuando Télam anunció diabólicamente que hubo 11 muertos,  los medios reprodujeron y volvieron a sus fuentes de contar las muertes como si fueran caramelos. No me quedan dudas de que los estaban esperando, les prendieron velas antes de muertos. Los mataron antes de morir.

 

El Indio por primera vez antes de un show advirtió en la semana sobre posibles “cosas oscuras” que podían llegar a pasar. Un Solari más mediático y crítico que nunca fuera de la música. Un Estado totalmente ausente en Olavarría. Salidas tapadas. Cientos de micros que se fueron antes y dejaron tiradas a miles de personas, como antes nunca había pasado. Y de repente, una cacería mediática. ¿Por qué no pensar mal? ¿Por qué no cruzarse por la cabeza de que, si bien hubo infinidad de fallas organizativas, “la tragedia” fue inducida y buscada?

 

La paranoia fue alimentada. Una amiga desesperada porque son las 4 de la tarde y su amiga no aparece. Nadie atiende en el hospital, nadie sabe nada. Publicaciones y rastreo en las redes sociales. Desgraciadamente, mi amiga se topa con una publicación que aparentaba ser un comunicado oficial del Hospital de Olavarría en el cual se notificaban nuevos fallecimientos. El nombre de su amiga estaba escrito. A las dos horas la joven apareció en Capital Federal, al parecer sin haberse dado cuenta de que había resucitado. Cuando uno cree que el mundo no puede ser más mierda, se encuentra con una asquerosa diarrea humana.

 

Capítulo aparte merece el intendente Ezequiel Galli, pero no sé si vale la pena gastar caracteres en semejante basura que sólo se describe por sus actos. Firmó el show, lo promocionó por todos lados, apostó a que iban a llegar 300.000 personas, aseguró que estaban dadas todas las condiciones, entró al recital y cuando el Indio paró por primera vez, rajó como un cagón. Pensemos bien, habrá sido para poner a disposición los aparatos de la Municipalidad. Pero no, error. Porque al otro día dio una conferencia de prensa que ya todos vieron, donde ahora afirmaba que “no esperaban tanta gente”, con un cinismo propio y característico de su partido político. Ah, eso sí, de cobrar la plata no se desdijo ni olvidó.

 

No vimos tal avalancha fatal. Perdí la cuenta de cuantas autopsias en vivo hicieron a la distancia en la Divina TV Fuhrer, pero todas fallaron. Que el predio estaba colapsado es mentira, de la tercera torre de sonido hacia atrás había lugar. Encima hay que fumarse a los panelistas de redes sociales que son expertos en todos los temas que impliquen estar pegados al sillón, presos entre paredes. Pedir que el Indio haga muchos recitales para albergar tanta gente es no entender nada. Sin embargo, acá viene la parte menos simpática de la historia y es la de mirarnos hacia adentro.

 

No sabemos en qué momento miles de personas idealizaron la misa ricotera con darse vuelta y quedar en estado zombie. También muchos deberán aceptar que Carlos “El Indio” Solari no es un dios ni el salvador, es humano y por lo tanto no es infalible. Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota están más allá de su persona, su mito ya se devoró a su ego y humanidad. Sus letras son la esencia. Lo que celebramos es su obra que nos ayuda a pensar diferente y que nos inspira a hacer un nuevo mundo, independientemente de EL Indio Solari. Quizás él lo deba entender también.

 

Por lo tanto y a modo de conclusión, es nuestro deber defender la verdad y lo que es nuestro. El discurso hegemónico es que somos salvajes, bárbaros y como consecuencia nos tienen que prohibir y dejar sin nada. Porque los pibes de la Time Warp eran buenos chicos que tenían algunos excesos; en cambio nosotros somos unos negros de mierda que saqueamos, viajamos en camiones y quemamos terminales. Lo más probable es que hayan logrado dejarnos sin misa, porque lo popular les da asquito. Pero que no nos callen, y menos a los que la vivimos. Y aquí gracias a Dios uno no cree en lo que oye.

 

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