Entrevista a Palo Pandolfo

"Toda mi vida está basada en lo que pasó en la dictadura y lo que pasó en el alfonsinismo"

“El arte es perturbar al espíritu público”

Texto:
Fotografia: Nicolás F. Blanco


ADELANTO


Para quienes transitamos los 90 entre tropiezos y resistencias, Palo Pandolfo irrumpió con una poética que fue incomodando las escenas a borbotones. Arrasó espacios y noches oscuras en festivales en defensa de la escuela pública, pubs y discotecas. A la influencia musical británica le incorporó el diálogo del tango y el folklore, y así se transformó en un afluente único a lo poco de novedoso que tenía el rock argentino. Nos lo hemos cruzado muchos 24 de marzo o —más recientemente— solidarizándose con Víctor Hugo Morales cuando fue echado de Radio Continental. La entrevista se hermana a partir de esas vivencias que también son parte de nuestra identidad. Palo Pandolfo está entre el laberinto del neo y el post, como puente entre las generaciones del silencio, del exceso y de la rebeldía. Con tres décadas en los escenarios de la cultura rock, Palo sostiene a borbotones una actitud transformadora. La risa empieza a ocupar el espacio de este encuentro, con excusa del lanzamiento de Transformación, el segundo disco de Palo Pandolfo y la banda La Hermandad.


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Oficio del cantor

¿Cuáles fueron los disparadores de “Transformación”, tu nuevo disco?

Los temas bien pesados, eléctricos, tienen como una cosa ochentosa, post punk. Por otro lado, el disco tiene que ver también con cómo la música global empezó a ponerse retro a principios del siglo XXI. De a poquito empecé a escuchar la música contemporánea, a la que en los 90 no le daba mucha bola. Empecé a aggiornarme, como por ejemplo cuando estábamos en los 60, en los 70 y en los 80 y nos referenciábamos en el rock inglés. Nosotros somos ochentosos por generación. Hay canciones del disco anterior, como “Madre computadora” o “Dame luz” que se pueden reconocer como el comienzo de este disco. Lo importante para mí es que es el segundo disco con la banda La Hermandad. El primer disco es pura ilusión, toda la fe y fuerza del vivo. Un segundo disco es la consolidación de la banda, como pasa con “Espiritango” de Los Visitantes o “Patria o muerte” de Don Cornelio y la Zona.

¿Cómo encaraste la composición de los temas del disco?

El concepto del disco estaba bastante claro antes de empezar a componerlo. Desde la composición se configuró lo real. Por un lado, yo vengo generando desde hace años técnicas de composición. Desde el ‘99 al 2010 fueron once años de estar desde la paternidad, empezás a no tener tanto tiempo para el ocio, a estar fuerte por la necesidad de ser un padre que dé una cara noble y digna a un niño. ¿Cuándo compongo? No tengo tiempo para la composición. En “Esto es un abrazo” (el primer disco con La Hermandad) me volqué a componer automáticamente, como la escritura automática de los surrealistas. Sin pensar, un vómito de palabras, una catarsis. Son todos como ejercicios orales y musicales al mismo tiempo. Eso tuvo un techo para mí. Me agoté y no compuse por un par de años, fue el tiempo más largo sin componer. Después, hablando con amigos nos preguntamos por qué los Beatles y uno de los porqué que encontramos es que la melodía de los Beatles es internacional. Entonces dije: “La melodía es el objetivo”, y  empecé a componer desde la melodía. Fue bastante divertido componer “Transformación”, lo compuse de pie, sin guitarra ni piano ni otro instrumento. Sólo vocal. Y sin letra. Me enfoqué pura y netamente en la melodía vocal. La melodía es un placer. Tengo una gran cantidad de música adentro, porque escucho mucho jazz, música clásica, además de todo el pop y rock global, y toda la música folclórica. Y soy un dios de la improvisación vocal. Lo digo sin falsa modestia. Soy devoto de Ella Fitzgerald y le rindo pleitesía, así como a Miles Davis, a Gardel, a todos. Son todas melodías que están, me tiro a una especie de pileta cósmica. Después de tener esa melodía grabada, me puse a estudiar la armonía que esa melodía me sugería. Porque la armonía es también subjetiva. Y luego escribir la letra, que es el trabajo difícil, que la letra tenga esa libertad, esa musicalidad. Tiene que ser honesta, desde algún lugar podés decir algo de verdad. Podés inventar una historia, que igual en esa historia se te escapa, es casi imposible mentir. Algunas canciones las compusimos con Alito Spina y Mariano Mieres. Es muy diabólico todo, yo pensaba estar escribiendo sobre otras cosas pero nunca escribí algo tan autorreferencial como este disco. Es más, el disco es medio premonitorio. Lo que escribí en 2003 o 2014 me terminó pasando en el 2015.

Como una profecía autocumplida.

Sí, exacto. Yo prefiero pensar en la intuición y en una premonición de lo que va a pasar. Igual nada es lineal. Es premonitorio y al mismo tiempo artífice del destino. Yo creo que acompaña lo que vos ya tenías adentro, lo que intuitivamente sabías que iba a pasar. Creo bastante en la intuición y en la parapsicología, por otro lado. Me interesa la mediumnidad como concepto para el arte y para la vida. Tenemos muchos potenciales no desarrollados por las religiones represivas y por la Inquisición y por la muerte del chamanismo. Nos han reprimido el sexto sentido, entre otras cosas. Y me interesa la canción como hecho premonitorio.

¿Existe un circuito cultural?, ¿o el artista construye su propio mercado?

Mi laburo principal es el de productor independiente. Tranquilamente yo podría decir que uno genera su propio circuito. Rasgo de las piedras, araño, rasguño, cavo, horado. Soy el manager también, manejo la parte extra-musical. Si bien me asocio con un productor, siempre estoy yo. El laburo de manager es una picadora de cerebro y no tiene horario. Cuando uno quiere contactarse con grandes productores, el mercado también te condiciona. Porque no lleno teatros, hago lugares más chicos. Igual yo asumí ser un artista de culto en este siglo y desde que lo asumí me empezó a ir bárbaro.

¿Qué es ser un artista de culto?

Soy un artista cuyo público generalmente hace algo. No soy tanto para empleados, sino para gente que es estudiante de Ciencias de la Comunicación, escribe un libro de poesía, son músicos o cineastas, son activistas políticos, son militantes sindicales. Mi público está rebelado. Eso es ser un artista de culto. Es la gente la que te hace. Alguien tiene que hacerlo. Alguien tiene que cantar para esa gente que no se morfa la pija de La Beriso. Que le aburren esas letras, no se emociona, no se excita. Hay gente que se emociona con eso, hay gente que se emociona con otras cosas más oscuras, más claroscuro, hablando de un libro de Virginia Woolf. Amén de que por otro lado, porque hay una contradicción, soy muy popular. Si no no estaría ni tocando ni hablando, ni haciendo discos ni nada. Tengo tengo temas como “Playas oscuras” o “El leñador” o “Soy un sol”, hay algo muy popular y simple en lo que yo hago, que tiene que ver con un italiano, básico y rítmico. Me gusta que la gente baile, si no bailan me deprimo. Yo tengo cosas totalmente alegres y felices [aplaude y ríe], casi un Palito Ortega del punk.

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¿Cuál sería el rol del artista, el papel que cumple?

Interesante. ¿Para qué se canta, para qué son las canciones? Cantamos para incomodar. Cantamos para perturbar. Escribimos poesía, que si no es perturbadora no es poesía. El arte es perturbar al espíritu público. Eso es artaudiano. Salir a atacar y escupir al espíritu público, la “Carta a los poderes” de Artaud. El arte necesita contrastes, tiene que haber claroscuro. ¿Viste las fotos de Man Ray?, son banco y negro, puro contraste. En el contraste está la vibración, el arte, lo artístico. O lo elevado, la vibración es más que arte, la vibración es espíritu. El espíritu se manifiesta en esa vibración, en ese claroscuro. Estamos haciendo canciones para transformar el mundo. Porque estamos un una línea que nace con los poetas beat que en los 50 se van a Oriente: Kerouac, Burroughs, Grinberg, Ferlinghetti. Los poetas de la “beat generation”, los padres del movimiento hippie eco y alternativo de los 60. Hoy creo que la revolución es ecológica, ecopolítica. Sigue estando lo mismo. Hoy confío más en la ecología que en el guevarismo. El guevarismo ya probó sus armas contra el imperio, te van a hacer mierda, van a traer la Quinta Flota de EE.UU. La van a poner ahí y te van a hacer bosta. Entonces las canciones están escritas dentro de ese movimiento revolucionario pacifista del que nacieron Manal, Almendra, Los Gatos, Los Beatniks, Vox Dei. O sea, Moris y Pajarito Zaguri. Eran chabones que estaban cantando que iban a estar desnudos y se iban a hacer pis en la fuente de Arroyo y a la vez eran una intelligentzia, buscaban una lectura, cultivarse y no comerse todas las propagandas del imperio. De alguna manera el rock nacional, para decirlo mal y pronto porque se dice rock argentino, es algo que nos identifica aunque nos pese. Charly García es el letrista rupturista. ¿Viste que “Mariel y el Capitán” es originalmente Ariel y el Capitán? Un canto homosexual, “¿estás diciendo que los militares tiene un rasgo homosexual?, ¿Ariel y el Capitán?”. Le puso Mariel, “¿a dónde estaba él?”. García es como un punk total desde el ‘70. Yo canto para estar en la vereda de enfrente. No estoy en ese lugar de mierda, que ustedes comen toda la mierda que les venden. No, nosotros no comemos esa mierda. Nos alimentamos con nuestros propios errores.

¿La grieta empezó cuando bajaron del barco los españoles?

¡Sí! Claro, obvio. No se puede hablar de política si no hablás de historia. Hago mucho revisionismo, por ahí le molesta a cierta gente. Si no hablamos de historia estamos parados en una cuerda floja, te caés y no hay nada. Tenemos un sólido piso histórico que hay que estudiar permanentemente. Es como la psicología, como no concebir que un ser humano adulto es el resultado de todas las emociones que se morfó de chico. Los tres primeros años se configura todo el ser emocional y a partir de ahí hacés tu historia emocional, hasta los 20, que ya salís a la vida, estás hecho mierda, los viejos te marcaron, la vida te marcó. Y vos vas a actuar en consecuencia. Vas a enamorarte de una persona que sea un molde o un antimolde de tus viejos. Vas a ser acción o reacción con tu historia, vas a estar todo el tiempo dialogando con tu historia emocional psicológica. Lo mismo que una Nación, una sociedad. Necesitamos hacer psicología social.

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El fuego rojo

 

¿Cuál es el papel de la calle en la cultura rock?

Para mí la calle se divide en dos: la calle de la dictadura y la calle del alfonsinismo. Después viene el reviente, el menemismo. Toda mi vida está basada en lo que pasó en la dictadura y lo que pasó en el alfonsinismo. Pasaron cosas fuertes en lo cultural, político, social y psicológico. La calle de la dictadura es la calle de la resistencia total contra el terror y la muerte. Vimos todo el terror en la cara y algunas veces íbamos presos, vivíamos contra la pared. ¡Mañana, tarde y noche contra la pared! Era la dictadura. Vi al terror en el rostro. Estaban chupando a todos. Era un holocausto. Esa calle era la calle del infierno, el infierno de Dante. Era la “Divina Comedia”, todo el infierno. La música era directamente la última verdad, la libertad en donde eras Anna Frank. En la calle vivíamos una situación de campo de concentración, era un Estado tomado por las fuerzas de seguridad de todos los colores. Policía militar, con itakas, cascos, botas, trajes de fajina, siempre escuchabas el ruido de las armas. Esa calle me da mucha tela para cortar desde el peor de los sentidos, nos enseñó justamente que el ser humano es un animal bestial y oscuro y asesino. Y de repente se vota, está la militancia, la gesta del ‘81, porque justamente nosotros nos afiliamos a la Fede en el ’81 [Nota: se refiere a la Federación Juvenil Comunista, juventud del Partido Comunista].

Seguí leyendo en el número 25 de Revista Hamartia en papel

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