Apartheid gaucho

A fin de contrastar la demagogia punitiva desplegada en las últimas horas como respuesta gubernamental a la tragedia de Flores, que terminó con un joven muerto y una pueblada barrial en un contradictorio reclamo que conjugó la denuncia de complicidad policial con la exhortación a saturar las calles de uniformados; el equipo del programa de radio de Revista Hamartia consultó a Ricardo Ragendorfer, quién aseguró que este tipo de delitos representan un porcentaje ínfimo con respecto al total, y están indisolublemente ligados a la utilización de los menores en el delito por parte de las fuerzas de seguridad.

Brian vs Brian

Texto:


Entrevista: Santiago Moraudián y Agustín Sosa.

 

En tiempos de un gabinete de CEO’s con cuentas offshore en paraísos fiscales, en un país con el sur devorado por las llamas y el norte bajo el agua, y con un presidente investigado por evasión y lavado por la justicia alemana al tiempo que uno de sus supuestos testaferros es acusado de pagar coimas a una empresa brasileña; el gobierno logra detonar una nueva bomba de humo en la agenda mediática y utiliza la tragedia de Flores para forzarnos una vez más a discutir un tema, que probablemente no esperen imponer, pero por el que deberemos pagar prenda de negociación para que no se haga realidad: La baja de la edad de imputabilidad de los menores. Consultado por el equipo de No Nos Queda Otra, el periodista Ricardo Ragendorfer se encargó de enfrentar la visceralidad del reclamo con racionalidad estadística. “De la totalidad de los homicidios que se cometen en el país en ocasión de cualquier cosa, solamente el 0.04% son perpetrados por menores. Esto quiere decir que en el 94.96% de los casos, quienes los cometen son mayores de edad”.

 

La nueva embestida que busca ocultar el profundo desgarro en el tejido social que impulsan las políticas económicas de Cambiemos con slogans punitivos; se da en el marco de la respuesta gubernamental al crimen de Brian Aguinaco, un joven de Flores que murió en un confuso episodio, supuestamente a manos de un adolescente con el mismo nombre y dos años mayor que él (que, por ende, puede ser imputado sin necesidad de reformar la ley actual). Ragendorfer, aseguró que la iniciativa oficial, busca cortar el hilo por donde es más delgado y recordó que este tipo de delitos, no representan más que la punta del iceberg. “Los menores que delinquen, no sólo son el chivo expiatorio de una sociedad embarcada en la violencia urbana, sino también el eslabón más débil del sistema criminal al que pertenecen. Cada vez que algo como esto sucede, se vuelve a agitar este tema. Yo creo que antes que atender a este reclamo, deberíamos también cortar con la impunidad de los intendentes que los protegen a los ladrones, los comisarios que les cobran un diezmo, los delincuentes que desguazan los autos robados, los comerciantes que venden los repuestos mal habidos y las personas que compran esas autopartes”.

 

El periodista relacionó la conflictividad social que sufre la Argentina con el régimen de separación racial que dividió a Sudáfrica. Al tiempo que resaltó la contradicción inherente en el reclamo de los vecinos de Flores; que tomaron la comisaría denunciando la connivencia policial en el delito, pero reclamaron mayor cantidad de efectivos en las calles. “Para llegar a este tipo de situación, es necesario un trabajo largo y extenuante en la construcción del miedo y de un enemigo social: Los varones pobres de los barrios de emergencia. Esto tiene que ver con una suerte de Apartheid. Las barriadas populares son para el espíritu público como una especie de tumores urbanos que crecen a la sombra de la sociedad, un inframundo absoluto. Vivimos en una sociedad racista y segregacionista, que a falta de gente de otro color, se la agarra con los que son de “raza” pobre”.

 

Por último, Ragendorfer denunció que los delitos perpetrados por menores de edad están indisolublemente ligados al reclutamiento de éstos por parte de las mismas fuerzas de seguridad. Pero planteó que todo intento de investigar la utilización por parte de la policía de esta mano de obra casi esclava, no pasó del intento. “Unos años atrás, en respuesta al crimen de un ingeniero en San Isidro, uno de los pocos jueces probos de la Provincia de Buenos Aires, Luis Arias, inició una pesquisa en este sentido. Pero fue defenestrado por el entonces ministro de seguridad, Carlos Stornelli. Algunos meses después y tras de cometer el error de meterse con una de las “cajas” más importantes de la Policía Bonaerense, la sección automotores; fué el propio ministro quien presentó una denuncia en el mismo sentido cuando empezaron a tirarle cadáveres sobre el escritorio. El fiscal Romero, por supuesto, archivó la causa y Stornelli no volvió a pisar nunca el territorio de la provincia”.

 

Escuchá la entrevista completa acá:

 

ragen

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