Entrevista a Leo Barceló, de Almagro Boxing Club

La revista Hamartia se calzó los guantes y saltó al ring para sumergirse en el mundo del box, de la mano de Leo Barceló, de Almagro Boxing Club; el club que vió supo entrenar a Pascual Pérez, Pedro Décima y Carlos Monzón.

La fábrica de luchadores

Texto:
Fotografia: Nicolás F. Blanco


En el barrio de Almagro, en Díaz Vélez 4422, hay unas cuantas motos en la vereda. Corrés un portón tipo garaje, con fuerza, y apenas entrás ya se respira boxeo. Un club nonagenario, con vestuario de mujeres que ya tiene varios años. Las clases son en equipo, se ven muchas mujeres y hombres de todas las edades. Leo Barceló tiene 34 años. Es instructor y técnico de boxeo, boxeador amateur y profesional, fue presidente del Almagro Boxing Club y actualmente es integrante de la Comisión Directiva. Leo saluda a sus compañeros, que lo felicitan por la última pelea. Acerca el mate y nos juntamos en un rinconcito del club. Habla pausado, pensando las respuestas. Entre cada campanazo de round corta, respira profundo y sigue, respetando los tiempos del boxeo. Leo está en su salsa.

 

¿Qué rol puede jugar el boxeo en la inclusión social?

Si bien el boxeo es practicado por todas las clases sociales, en su mayoría lo practican las clases más bajas. El boxeo integra mucho. Como el entrenamiento de boxeo necesita de mucha dedicación, al boxeador le ordenás la vida porque por ejemplo le armás una rutina. A veces el técnico se interesa por la persona más allá del boxeo. Nosotros acá a cambio de la clase de boxeo les pedimos que traigan el boletín: hemos llegado a tener pibes desde los 15 años que repetían segundo año tres veces, y a los 18 o 19 años completaron la secundaria. El boxeo en sí demanda mucha atención y te ordena, se tratan de abarcar otras cuestiones como que se duerman temprano, que no tomen alcohol o que no consuman drogas. El boxeo te da una responsabilidad.

 

¿El boxeo ayuda a mitigar la violencia?

Yo pienso que sí, igual depende mucho de quien te lo enseñe. No te voy a mentir, a todos los boxeadores les gusta pelearse. Como cualquier deporte de contacto, obviamente la persona lo practica porque le llama la atención, le interesa. Pero yo pienso que sí, primero porque saber te da una responsabilidad y segundo porque entrenarte te quita las ganas, llega un momento que te pegás todo el tiempo ahí arriba y no te querés pegar más en la calle. Hay ejemplos de boxeadores conocidos que son re violentos, como la Hiena Barrios: le pegó a la señora, atropelló a uno y muchos piensan que la causa es porque es boxeador, yo pienso todo lo contrario. Pienso que si ese tipo no hubiese sido boxeador, esto que le pasó le hubiera a los 15 años, no a los 30, y peor. El tipo era una bomba de tiempo.

 

Hemos visto que en el barrio hacen actividades al aire libre, incluso pusieron un ring sobre la calle y en el Parque Centenario. ¿Cómo se organizan teniendo en cuenta que son un club de barrio?

Tenemos una Comisión Directiva que se reúne una vez por mes, hoy está formada por los propios profes y algunos socios de los más antiguos. El festival que hicimos en la calle fue con la comisión anterior, pero éramos también profes. Lo hicimos relacionándonos con la comuna del barrio, con los vecinos, pidiendo permiso en la comisaría para cortar la calle. Tratamos de todos tirar para el mismo lado, que es para el lado del club. Incluso armamos “Boxeo sin Cadenas”, que se encarga de instruir a personas privadas de su libertad. A los que tienen buena conducta se los instruye no sólo como boxeadores, sino también para enseñar boxeo, para que el día de mañana salgan con un título de técnico de boxeo y puedan dar clases en un gimnasio.

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¿Podría pensarse en el uso de protectores para que las peleas se rijan por puntaje y no exista más el knock out?

En un principio lo que se buscó con la puntuación amateur por cantidad de golpes era estimular más la movilidad, el desplazamiento, la estrategia de contragolpear, de no dejarse golpear, más que el choque en sí. El tema de la protección es una paradoja, hace poco lo charlamos con el presidente de la Federación Argentina de Boxeo. Uno piensa que al sacar el cabezal el boxeador corre más riesgo, porque no tiene protección. Pero a partir de estudios que hicieron, comprobaron que el boxeador con cabezal se deja pegar más que el que está sin protección. Con cabezal sentís menos los golpes, perdés el miedo y te defendés menos que si no usás protección. Por eso ahora la Asociación Internacional de Boxeo impuso la quita de cabezal nuevamente. Si bien se evitaban los cortes, se notó más daño con el correr del tiempo en la carrera del boxeador.

 

¿En qué se diferencia un boxeador de un practicante de otro deporte como fútbol o tenis?

El boxeo te demanda mucha más atención durante la práctica así como mucha preparación. En otros deportes el golpe es un accidente, en cambio en este, como en cualquier otro deporte de contacto (como el rugby o el taekwondo), el golpe se busca. A nivel social el boxeo carga mucho con prejuicios, eso de que es para más pobres, para los más violentos, pero como vos verás no es así. Una diferencia básica entre el boxeo y otro deporte es la personificación del boxeador. Si decís que hacés tenis generalmente no te miran con la misma cara que si hacés boxeo. El boxeador tiene un arquetipo.

 

¿Qué les dirías a los chicos que todavía no practican boxeo?

Que lo practiquen. Si tienen la duda, o les interesa un poquito ni lo duden. Yo incluso empecé de grande, hay boxeadores que arrancan a los 5 años. Tengo alumnos que vienen desde los 5 años de manera recreativa. Les diría que no se dejen llevar por los prejuicios, que se lancen.

 

Hay una concepción social que el boxeador es un luchador.

Claro, el boxeo tiene mucho que ver con la vida diaria. Como dicen las metáforas, te caés y te levantas, te sacaron hasta el banquito, todos los que están afuera opinan pero adentro estas vos solo. Es un deporte súper solitario, ya de por sí es individualista. Acá armamos equipos entre un par de boxeadores, pero siempre estamos ayudando a uno que tiene algo que hacer.

 

¿Por qué elegiste el Almagro Boxing Club?

Fue por accidente. Yo no entendía nada de boxeo. De chico quise practicar  boxeo pero mi viejo no me dejaba porque quería que estudiara. Me dijo: “Vos no tenés carácter para eso”. Esperé un par de años, tomé coraje y fui. Quería competir de entrada pero era menor de edad y pensaba, tontamente, que para ir a la Federación Argentina de Boxeo había que ser mayor. Entonces di con este club. Hice una muy buena relación con los profes de ese momento, me fui haciendo cada vez más compinche de los compañeros. Y la verdad es que después no me pude ir. No sé si mi viejo cambió de opinión pero me terminó yendo a ver boxear, me terminó aplaudiendo y felicitando. A mí el boxeo me cambió la vida, es un deporte hermoso. Tenemos un dicho entre boxeadores que “Como sos en el ring, sos en la vida”. Hay, como en todo deporte, deportistas limpios y deportistas sucios, hay quienes están más apegados a las reglas y hay quienes las quieren romper. Nosotros decimos que el que boxea huyéndole a la pelea, en la vida le huye a los problemas, y es asombroso cómo se da esa coincidencia.

Buscá la entrevista completa en el último número de Revista Hamartia.

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