Sobre las cuatro conferencias de 1965

Lo pequeño del lugar donde se dieron las conferencias y la gran afluencia de gente hicieron que Borges entrara al lugar a través del balcón de una ventana.

Borges y el tango

Texto:
Ilustración: MaF


Cuando ya han transcurrido algo más de 30 años de la desaparición física de Borges, las resonancias de su obra literaria nos siguen cautivando. En este tiempo, extenso para la brevedad de la vida humana, pero que representa apenas un instante en la historia de la humanidad, han aparecido diversos textos, en su mayoría inéditos, que ratifican lo ya consumado en su prolífica obra literaria. Hace escasos meses, en mayo de 2016, la Editorial Sudamericana dio a conocer Cuatro Conferencias dictadas por Borges en el año 1965 sobre los orígenes y vicisitudes del tango. Oportunamente en “Borges Vida y Literatura”, publicado en 2006, dimos cuenta de estas conferencias:

“El 4 de octubre (de 1965) Borges inició un ciclo de cuatro conferencias acerca del tango. Las charlas tuvieron lugar en el primer piso de un departamento particular de la calle General Hornos 82, en el barrio de Constitución. Lo pequeño del lugar, una sala de 30 metros cuadrados, y la gran afluencia de gente, algo más de 200 personas, hicieron que nuestro escritor, por circunstancias de la aglomeración, entrara al lugar a través del balcón de una ventana. En esta oportunidad su disertación refirió a los orígenes del tango. Sus fuentes habían sido su madre, el doctor Adolfo Bioy y el antiguo y famoso patotero Alberto González Acha. Según su parecer el tango nació alrededor de 1880 en el Buenos Aires de casas bajas con dos balcones de rejas a la calle, una puerta con zaguán y puertas cancel, dos patios, uno de los cuales con aljibe y la tortuga en el fondo para purificar el agua. Por entonces se trataba de una ciudad sin árboles en las veredas que terminaba en la calle Centroamérica (hoy Avenida Pueyrredón). El tango se bailaba por entonces entre hombres, porque su origen era las “casas malas”, como las había en todos los barrios, pero las más famosas eran las de Viamonte y Paseo de Julio (hoy 25 de Mayo), y las del “barrio tenebroso” de Junín y Lavalle. Las mujeres decentes no lo bailaban. El compadrito o “el niño bien” era el que hacía los cortes y quebradas y fueron ellos quienes lo llevaron a París, donde tras su aceptación volvió triunfante a Buenos Aires. Basándose en un poema de Marcelo del Mazo, publicado en el volumen “Los vencidos”, afirmó que los instrumentos originarios del tango fueron el violín, el piano y la flauta. “La guitarra llegó mucho después y el bandoneón se agregó en el barrio de Almagro. Cuando era chico he visto bailar en la calle Boedo parejas de hombres porque las mujeres rechazaban bailarlo debido a su origen en las casas de tolerancia”.

Este texto basado en las crónicas periodísticas de la época solo nos daba un enfoque general de lo referido por Borges en esas cuatro charlas, como a él le gustaba llamarlas. Ahora con el texto completo surge a la luz un depurado trabajo con un enfoque totalmente novedoso sobre el tema. Refiere el autor que en 1929, luego de obtener la importante suma de $3.000, por haber ganado el Segundo Premio Municipal de Prosa, por su libro “El idioma de los argentinos”, se decidió a trabajar en una biografía sobre Evaristo Carriego, su vecino de barrio en el Palermo de principios del siglo XX, y ello lo llevó paralelamente a recalar sobre la historia del tango. Si bien Borges cita algunos libros y autores que trabajaron en ese sentido, Vicente Rossi, Francisco Anselmo Sicardi, Robustiano Ventura Lynch, entre otros, sus fuentes esenciales fueron en primer lugar la transmisión oral de personas que habían sido contemporáneos de los orígenes del tango, y testigos privilegiados de ese nacimiento,  como su madre Leonor Acevedo, el famoso caudillo conservador Nicolás Paredes y don Adolfo Bioy padre de su amigo Adolfo Bioy Casares y en segundo lugar los textos literarios que le han dado ubicuidad temporal y geográfica al tango y muchos otros aportes que nuestro escritor refiere.

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Uno de los primeros textos que Borges utiliza como testimonio de la presencia del tango y de sus orígenes es un tríptico escrito por Marcelo del Mazo, publicado en su libro Los Vencidos de 1910. Los poemas eran “Los Bailarines” (de tango), “El alma del tango” y “Final de tango”. En el primer poema Borges recuerda dos versos de del Mazo: “Persistieron en un giro, desbarraron los violines/ y la flauta dijo notas que jamás nadie escribió”. En ese texto escrito a principios del siglo XX nuestro escritor se afirma en sus dichos sobre los primeros instrumentos del tango, que fueron el piano, la flauta y el violín y resalta que el bandoneón llegó después desde Alemania. Luego cita a Lugones, de quien sostenía que le desagradaba el tango en forma oficial, pero que en la intimidad era un devoto escucha de la música ciudadana y recuerda que en alguna oportunidad Lugones le recitó unos versos que según dijo eran letra de un tango de Contursi, aunque Borges sospechaba que se trataba de un invento perpetrado por Lugones:

Acordate de la cruz

Que te regaló tu hermano

Y del huevo de avestruz

Sobre la mesa de luz

Que era un cajón de Cinzano.

Lugones había instalado al tango como “ese reptil de lupanar” y Borges aprueba ese dicho en la total coincidencia que más allá del espacio geográfico del nacimiento del tango, el mismo provenía de “las casas malas”, de los prostíbulos y era bailado exclusivamente entre hombres. 

Luego para rastrear sobre los orígenes de la palabra tango, del que tanto se ha escrito, se apoya en la poesía gauchesca, pero aquella escrita por hombres de la ciudad, como Hilario Ascasubi y José Hernández. Borges sostiene que si en el poema “A la salú del ejército entrerriano y correntino” de Paulino Lucero el autor hubiera conocido la palabra “corte” jamás hubiera usado “dengue”, de marcado acento hispánico. Y en relación a Hernández cuyo poema “El gaucho Martín Fierro” fue publicado en 1872 su autor utiliza tres rimas en “ango” con las palabras fandango, changango y la casi desconocida pango. De haber sido de uso corriente Hernández hubiera aprovechado la palabra tango para rimar cómodamente. De ahí que el conferencista infiere una fecha fija y determinada que le da origen al tango y esa fecha es la de 1880.

Borges requiere en su conferencia la presencia de otros escritores, algunos amigos como Evaristo Carriego o Ricardo Guiraldes y también de Paul Groussac o de Eduardo Gutiérrez y personajes de ficción como Juan Moreira y Hormiga Negra. Y esto es sin duda un sello de su obra, un escritor literario.

No faltan opiniones sobre el máximo intérprete del tango Carlos Gardel. Borges comienza con elogios hablando de su voz, además de su oído, y señala que logró algo con el tango que según su parecer había intentado con éxito parcial “Pacho” Maglio, y es el contraste que se produce entre la letra de la canción y la indiferencia del cantante. Gardel en cambio convirtió la letra en una breve escena dramática, es lo que vulgarmente se podía decir cantar con sentimiento y esto a Borges le producía admiración. Ahora bien cuando Gardel instala esa proeza los mismos compositores lo advierten y comienzan a componer tangos para ser cantados de un modo dramático. Además Gardel en el decir de Borges interpretaba con encanto, algo vital en cualquier expresión artística.

Estas pocas palabras son solo una invitación a la lectura de las cuatro conferencias con la voz de Borges.

 

(*) Alejandro Vaccaro es biógrafo de Borges y es el actual presidente de la Sociedad Argentina de Escritores

 

 

 

 

 

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