La Conmebol le entregó a TyT los derechos de la Copa Libertadores

Detrás de los próceres latinoamericanos se ocultaron furtivamente los dirigentes para depredar al fútbol como lo hizo la Conquista con el continente.

Copa Conquistadores de América

Texto:
Ilustración: Maite Larumbe


El día del Centenario de la Independencia Argentina se creó la confederación que daría origen a la Conmebol. Cincuenta años después, se jugó la primera Copa Libertadores de América. El periodista deportivo Matías Canillán repasa la historia de corrupción de los dirigentes de Conmebol y la FIFA, atravesada por los negocios multimillonarios de la televisación del fútbol. Matías Canillán trabaja actualmente en 360TV y es uno de los despedidos de Radio Continental.

En los primeros días de julio de 1916, como parte de los festejos por el centenario de la Independencia argentina, se jugó en Buenos Aires un torneo del que participaron —además de nuestra selección— Brasil, Uruguay y Chile. Un dirigente de Montevideo Wanderers, Héctor Rivadavia Gómez, aprovechó la oportunidad y propuso a las cuatro delegaciones reunidas formar una entidad que nucleara a las asociaciones de América del Sur. Así, el 9 de julio de 1916, se creó la Confederación Sudamericana de fútbol, actualmente conocida como Conmebol.

Con el correr de los años, a los cuatro países co-fundadores del organismo se fueron sumando el resto de las asociaciones de la región hasta llegar a los diez integrantes del presente. La intención de la nueva institución era organizar torneos de selecciones y equipos que permitieran el desarrollo y la expansión del fútbol sudamericano. Sin embargo, el deseo amateur y romántico de aquellos hombres de fútbol tuvo una duración efímera. Fue mancillado y despojado por aquellos dirigentes que los sucedieron y que —lejos del defender el legado que habían recibido— robaron al fútbol para beneficio personal, sin el más mínimo pudor.

Hacia fines de la década del 50 los dirigentes decidieron avanzar con la creación de un torneo de equipos que reuniera a todos los campeones del continente. Así nació la Copa de Campeones de América, que comenzó a disputarse en 1960. Tan exitoso fue el nuevo emprendimiento que apenas cinco años más tarde se resolvió sumar a los subcampeones de cada país. La decisión obligaba a cambiar el nombre de la competición. La idea que surgió fue la de homenajear a los próceres que habían logrado independizar a los países sudamericanos. En recuerdo a José de San Martín, José Gervasio Artigas, Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y tantos más, el torneo pasó a llamarse Copa Libertadores de América.

Con 16 participantes y nueva denominación, la primera edición de la “Libertadores” se jugó en 1966. Y coincidió con la designación como presidente de la Conmebol del peruano Teófilo Salinas, cuya permanencia duraría 20 años. Se estrenaba así una manera de conducción del fútbol que se extendería a nuestro país, al continente y al mundo: caudillos verticalistas de duración perenne. Durante sus primeros 50 años de vida la Conmebol tuvo siete presidentes. En los siguientes 47, apenas dos.

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Salinas recibió el manejo de la Conmebol en una etapa de plena expansión del fútbol como atracción masiva y de consolidación como eje de la cultura popular. Desde hacía tiempo ya que la política lo miraba con atención: lo que pasaba en el fútbol tenía repercusión social. El prestigio y la importancia que otorgaba ganar la Copa América de Selecciones o la Libertadores de clubes, el poder creciente que otorgaba pertenecer al mundo del fútbol, llevó al desarrollo de los peores vicios.

Así, Argentina y Uruguay —más un Brasil en ascenso— hicieron pesar su hegemonía deportiva para influir en cada aspecto de la organización de los torneos: modo de disputa, sorteos, sedes, árbitros. Los partidos de la Copa Libertadores comenzaron a transformarse en verdaderas batallas en la que cualquier cosa podía pasar. El viaje y la estadía de los equipos que debían jugar como visitantes resultaban pesadillescos. Sin organismos de control internos ni externos, con partidos que eran vistos sólo por quienes iban al estadio y de los que no quedaban registros más que las fotografías, esos años del fútbol sudamericano fueron un compendio de historias oscuras que mezclaron arreglo de partidos, sobornos, extorsión, amenazas, dopaje, corrupción, violencia, malas artes, impunidad.

El poder de Salinas crecía y lo utilizó activamente en 1974 para operar a favor de la candidatura a la presidencia de la FIFA de Joao Havelange, cuyo reinado duraría 24 años. Juntos dominaron al fútbol sudamericano y mundial hasta 1986, cuando Havelange traicionó a Salinas y promovió la llegada del paraguayo Nicolás Leoz al cargo mayor de la Conmebol.

A poco de haber asumido, Leoz conoció al empresario brasileño José Hawilla, quien le contó que tenía una pequeña empresa de marketing deportivo llamada Traffic. El flamante presidente se interesó y tentó al empresario para que comprara los derechos de TV de la Copa América 1987, que se jugaría en Argentina. La relación entre la televisión y el fútbol era incipiente, por lo que Hawilla sabía que se trataba de un proyecto riesgoso y aventurado, pero aceptó. El resultado superó las expectativas del empresario y el vínculo se repitió para la edición de 1989, realizada en Brasil. El éxito fue aun mayor que el de la anterior. La televisión se volvía masiva, cada vez generaba más publicidad y nacían los cableoperadores

.entrenamiento-de-futbolLeoz entendió que tenía en sus manos un tesoro. Un año más tarde, cuando se sentaron a discutir el contrato de los derechos de la Copa América 91 de Chile, el titular de la Conmebol le dijo al empresario que si quería renovar el vínculo debía sobornarlo. Hawilla aceptó, y con ese acuerdo comenzó un feroz saqueo del fútbol continental a costa de los clubes y las asociaciones nacionales.

Las ganancias por la televisación del fútbol no paraban de aumentar y la modalidad iniciada por Leoz se contagió y empezó a expandirse. Hawilla no sólo comenzó a corromper a la mayor parte del Comité Ejecutivo de la Conmebol, sino que utilizó el mismo modus operandi para apropiarse de los derechos de la Copa de Oro de la Concacaf –entidad que agrupa a los países de Centro y Norte América–.

En el año 2001, tras la quiebra de la empresa PSN, la sociedad entre empresarios capaces de todo y dirigentes corruptos a los que nadie controlaba, decidió replicar el mecanismo en los torneos de clubes. Es entonces cuando nace TyT, una empresa producto de la unión de Traffic y Torneos Y Competencias, que desde hacía más de una década televisaba el fútbol de Argentina sin rivales. Sin concurso ni licitación, la Conmebol le entregó a TyT –en exclusividad– los derechos de la Copa Libertadores, la Copa Sudamericana y la Recopa Sudamericana, a cambio de sobornos millonarios en dólares.

Sin embargo, la voracidad insaciable por el dinero sumada a la sensación de impunidad, llevó a los dirigentes a cometer un grave error. Tentados por una oferta de las empresas Torneos y Full Play para apropiarse de los derechos de cuatro ediciones consecutivas de la Copa América, decidieron romper unilateralmente el contrato con Hawilla que tenia vigencia hasta el final de la edición 2011, en Argentina. Lejos de aceptarlo, el empresario brasileño radicó una denuncia ante la Justicia de EE.UU. por incumplimiento del vínculo. La movida descolocó a los miembros de la Conmebol, quienes temieron quedar expuestos a que todo se descubriera. Fue entonces que les pidieron a Hugo y Mariano Jinkis, por Full Play, y a Alejandro Burzaco, CEO de Torneos, que compartieran los derechos con Hawilla para que éste retirara la demanda judicial. De esa negociación, el 21 de mayo de 2013 nació “Datisa”, una empresa producto de la unión de Traffic, Torneos y Full Play. Apenas cuatro días mas tarde, el 25 de mayo de 2013, la Conmebol le cedió a Datisa, sin licitación y en exclusividad, los derechos de las Copas América de 2015, 2016, 2019 y 2023. A cambio, y sólo por la primera edición, los empresarios les pagaron a los integrantes del Comité Ejecutivo de la Conmebol 20 millones de dólares en coimas. Así comenzaba, además, la breve presidencia del uruguayo Eugenio Figueredo, quien reemplazó a un Leoz apartado por la FIFA debido a la escandalosa corrupción que le descubrieron puertas adentro.

Las partes creyeron, entonces, que todo había vuelto a la normalidad. Los trapitos sucios volvían a lavarse en casa. No obstante, aquella pieza empujada por Hawilla había iniciado un efecto dominó. En la madrugada del 27 de mayo de 2015, a días del Congreso en el que la FIFA reelegiría a Blatter como presidente, la policía de Suiza ingresó por sorpresa al hotel que hospedaba a los dirigentes y detuvo a siete de ellos, al tiempo que libró ordenes de captura para otras siete personas, entre directivos y empresarios.

Tras cuatro años de investigación, la justicia norteamericana desenmascaró la red de corrupción creada por los dueños de los derechos de TV y la plana mayor de dirigentes de Conmebol y Concacaf, denunció que el fútbol de América Latina había sido robado en cientos de millones de dólares y acusó a los responsables de cohecho, fraude y lavado de dinero. El impacto fue tan brutal que, pese a ser reelecto, Joseph Blatter fue desplazado del cargo y luego suspendido por ocho años. El 3 de diciembre pasado se realizó una nueva redada con más detenciones. Al cabo de los operativos, quedaron detenidos e imputados tres ex presidentes de la Conmebol, dos ex presidentes de la Concacaf, dos ex presidentes de la Confederación Brasileña de fútbol, y todos los presidentes de las asociaciones sudamericanas y de América central. La investigación encabezada por la fiscal general de EE.UU, Loretta Lynch, dejó en claro –ademas– que si Julio Grondona no hubiera fallecido, estaría preso.

A fines de enero de este año, el paraguayo Alejandro Domínguez –ex titular de Olimpia– fue elegido nuevo presidente de la Conmebol hasta 2019. En su discurso de asunción habló de la necesidad de recuperar la transparencia y los valores del deporte. Sin embargo, días atrás, el periódico paraguayo ABC Color denunció que la Conmebol no concretó la anunciada rescisión del contrato con Datisa por los derechos de la reciente Copa América Centenario, que le pagará 40 millones de dólares por ella y que le mantiene los contratos por las ediciones 2019 y 2023. Como si nada hubiera ocurrido.

Cien años pasaron desde que un grupo de dirigentes, inspirados por los festejos de la Independencia Argentina, fundaron la Confederación Sudamericana de fútbol para darle mayor impulso y organización al deporte que amaban. Su torneo más importante fue bautizado “Libertadores de América”, como un homenaje a aquellos que liberaron a nuestros pueblos. Detrás de esos próceres se ocultaron furtivamente los dirigentes para depredar al fútbol como lo hizo la Conquista con el continente. Cruel ironía…

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