Entrevista a Jorge Melo

Aprendimos de Jorge Melo que el campo del arte es un espacio donde la creatividad no da lugar a titubeos, dudas ni arrepentimientos. Esa permanente construcción del arte genera una arquitectura de riesgo y ésta asienta sus bases en la sensibilidad y la aventura de pintar sin mandatos, como él nos enseña. Jorge Melo no es cualquier artista plástico. Tiene 96 años y conserva las mismas agallas de su juventud.

Sin bocetos: pintar con agallas

Texto: y
Fotografia: Veronique Pestoni


Aprendimos de Jorge Melo que el campo del arte es un espacio donde la creatividad no da lugar a titubeos, dudas ni arrepentimientos. Esa permanente construcción del arte genera una arquitectura de riesgo y ésta asienta sus bases en la sensibilidad y la aventura de pintar sin mandatos, como él nos enseña. Jorge Melo no es cualquier artista plástico. Tiene 96 años y conserva las mismas agallas de su juventud. Proclama a viva voz que es de izquierda y que ama a Evita, nacida el mismo año que él y a quien siempre fue a ver. Es un intelectual que hace culto de lo popular. El barrio, los amigos, los suburbios, el tango son el pilar de su vida. Jorge le pone garra a la conversación y a su arte. Su taller está atiborrado de afectos y de obras suyas y de otros tantos amigos que pasaron por allí.En sus telas está su culto a la amistad, sus tangos, el riachuelo, el barrio de Liniers y los acontecimientos más terribles y los más felices de la patria. Con su obra, Jorge Melo aporta a la búsqueda de nuestra identidad cultural.


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Te llevo al lugar y momento en que eras un niño, ¿qué despertó esto de ser artista?

Chascomús. Ahí empecé. Recuerdo que en las mañanas frías de los bordes de hojalatería de la galería de mi casa caía agua de rocío sobre el patio de tierra, un patio que de tanto ponerle agua con jabón queda como si fuera portland. Ah, ¡es divino! Y esas gotas que caían sobre la tierra formaban líneas que yo seguía con un palillo, generando múltiples formas. No eran figurativas, sino que me dejaba llevar por lo que sentía. Luego nos vinimos a Buenos Aires, al barrio de Liniers, pero aquella impronta quedó en mí para siempre.

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¿En dónde estudiaste en Buenos Aires?

Estudié en la Academia, ahí conocí a muchas personas y viví entrañables experiencias. Recuerdo que todas las noches a Spilimbergo lo llevábamos a la casa en Vicente López porque había tomado unas copitas de más. También recuerdo que a fines del 30, cuando Berni regresó de Francia lo nombraron profesor en la Academia, ¡pero de Geografía! Fue un castigo, una crueldad. Cuando Berni se hizo cargo recuerdo que estábamos todos los alumnos a su alrededor y nos dijo: “Me nombraron profesor de geografía y yo de geografía no sé nada. Así que todos tienen 10 y aprobaron el año”, ¡fue a un aplauso general! También me encantaba ir con Berni desde la Academia hasta su casa en Caballito. Eran verdaderas clases de pintura a cielo abierto. Nunca fui su alumno, pero esas clases cuando íbamos caminando fueron un lujo. A Berni lo conocí en el conventillo de la calle Rivadavia, cuando vino de París, frente al Parque Lezica. Ahí está la entrada todavía, ahí tenía su estudio y ahí lo iba a visitar. Mi profesor de pintura fue Emilio Centurión. Llevábamos nuestros trabajos y lo criticábamos entre todos. Pero la verdad, entre nosotros, fue en el barrio de la Boca donde aprendí a pintar.

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¿Cómo fue ese aprendizaje, en ese lugar tan intenso y de una gran sensibilidad popular?

Allí se formaron varios grupos de pintores. El grupo donde yo estaba se llamaba “El Grupo la Ribera”. Yo era íntimo amigo de Leonardo Gorrachategui, que era de Liniers como yo. Pérez Celis también era de Liniers, así como Alejandro Lanoel que también era un gran pintor.

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¿A quién recordás como el compañero, el más solidario?

Todos los pintores que pintábamos en la Boca fuimos muy solidarios. Pintábamos los domingos y después íbamos a un café que se llamaba Pérsico, igual que el pintor. Exponíamos los trabajos y nos sentábamos en ronda. Las críticas eran descarnadas pero así aprendíamos. También íbamos al café Berna donde se hacían grandes peñas de artistas importantes, quedaba justo en la esquina de la Plaza Lorea, en Congreso. Ahí conocí y me hice amigo de Mariano Perla, exiliado en Argentina desde 1939, periodista, crítico y escritor de guiones cinematográficos. También iban grandes pintores como Laxeiro, que formó parte del grupo de “Los Renovadores” dentro de la vanguardia artística gallega y Enrique de Larrañaga, nacido en el 1900, discípulo de Bernaldo de Quirós y Fernando Fader. También estaba Horacio Juárez, importante escultor argentino nacido en 1901. Recuerdo que un día Horacio Juárez llegó de Tucumán y preguntó quiénes eran Larrañaga y Quirós. “¡Nosotros!”, dijeron, y ahí nomás Juárez les dio un puñetazo a cada uno. Todo porque no lo tenían en cuenta para exponer en los salones. Es indudable que había mucha pasión. [Risas].

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¿Y vivían de la pintura o era pura bohemia?

En esa época se vivía de la pintura, vendíamos en las muestras. Recuerdo haber vendido una muestra completa en Mar del Plata antes de inaugurar. ¿Y sabés quién vendió también una muestra entera? Teresio Fara, un pintorazo. Y en al año 83 en Azul me pasó lo mismo. En Paraguay en la Galería Fábrica ni hablar lo que he vendido. Y hoy “el-arte es morirte de frío”, en todos los sentidos posibles.

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¿Qué opinás del arte político?

No se puede hacer arte si no hacés política. Siempre va a estar lo político atravesando la obra. Por ejemplo nosotros admirábamos a Raquel Forner por su compromiso con la Guerra Civil Española. Su esposo era Bigatti, cuya hija fue compañera mía. La primera mujer que revolucionó la sociedad fue la escultora Lola Mora, muy amiga de una tía abuela mía, Rosita Melo, la del vals “Desde el Alma”. Siempre me involucré políticamente. Desarrollé una actividad artística muy intensa con los ex combatientes de Malvinas, sobre todo con los mutilados. Era esa época dónde se escondía a quienes habían podido regresar. Armé un taller de pintura en el Hospital Militar, donde estaban internados. Tuve que imponerme ante tanto milico, no crean que fue fácil. Recuerdo que llegaba fin de año y los milicos, como no querían que fueran a visitar a la familia, no le daban dinero para el pasaje. Entonces organicé una muestra en el Correo y vendimos todas las obras que ellos mismos habían realizado. ¡Cómo no las iban a comprar! Eran tarjetas de fin de año pintadas por los mutilados de Malvinas. Todos pudieron sacar pasaje para encontrarse con los suyos. Por supuesto me echaron.

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¿Tuviste alguna vivencia que puedas contarnos del Di Tella?

Estuve en contra del Di Tella. Siempre pensé como el “Toto” Presas: nueve años pintó cerdos que simbolizaban a Romero Brest. Reconozco que de allí salieron extraordinarios artistas. Eso era la anti-pintura para mí. Además el movimiento de izquierda no estaba ahí, el Di Tella estaba más ligado a lo norteamericano.

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Nombranos algunas artistas que considerás que hayan sido fundamentales en la pintura argentina.

Eduardo Schiaffino, Ángel Della Valle, Eduardo Sívori. En la obra de Sívori “El despertar de la criada” está lo social y lo político condensado. También Roberto Rossi y sus maravillosas naturalezas muertas, ese trabajo tan modesto como iluminado. Un pintor quizás olvidado. Hubo un pintor que en Europa la rompió: el “Toto” Presas. Al estudio de Presas fueron todos, por ejemplo Pérez Celis, Xul Solar, Deira. También Lino Enea Spilimbergo, al que lo considero mi maestro, mi guía. Le decíamos “El Viejo”, ¡un militante de izquierda de aquellos! Y para mí “El Grupo Litoral” ocupa un lugar fundamental. Sobre todo las estampas de Leónidas Gambartes. También Zerva, Ricardo Warecki y Juan Grelael. Fueron los mejores. También está la obra de Ricardo Supisiche, inspirada en el paisaje de las islas cercanas al Paraná. ¡Qué pintor! El paisaje era su vida.

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Los “Artistas del Pueblo” generaron una ruptura en el arte argentino de los años 20, como José Arato, Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hebequer, Agustín Riganelli y Abraham Vigo. ¿Que pensás de este movimiento?

Los “Artistas del Pueblo” aparecen asociados al “Grupo de Boedo”. Esta referencia urbana los vincula entre sí y al mismo tiempo los aparta de quienes entonces representaban la posición más académica, los pintores Fernando Fader y Cesáreo Bernaldo de Quirós, que con una marca nacionalista cultivan la temática rural. Quirós era de derecha para nosotros, porque pintaba estancieros. Era el retratista de La Rural. En esa época las relaciones entre los diferentes grupos (Florida, Boedo, la Revista Martín Fierro, los de la Boca) fueron intensísimas en términos de intercambio y también de conflictos.

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Borges y Arlt estaban identificados con grupos como los de Florida y Boedo, y en la Revista Martín Fierro o en el propio diario Crítica participaban escritores, pintores. ¿Cómo era esa convivencia?

Recuerdo que Botana, director del diario Crítica, trajo de Europa muchos escritores con pensamiento de izquierda y les dio trabajo a todos. Botana era un hombre muy especial, su mujer Salvadora Medina Onrubia era anarquista. Recuerdo que todos nos reuníamos en la casa donde se pintó el mural de Siqueiros “Ejercicio Plástico” que hoy se exhibe en el Museo del Bicentenario. Era en la quinta de Botana. Siqueiros también iba al café Berna. De allí tengo dibujos de él y de Berni. Era costumbre, café de por medio, intercambiar dibujos que realizábamos. Fueron momentos imborrables. Algunos de los artistas que se reunían en lo de Botana hicieron los murales de la Galería Pacífico. En una de sus restauraciones recuerdo con dolor cómo fueron cambiados los colores de las pinturas de Castagnino. Luego fue la amputación de las lunetas que pertenecían a las calles Viamonte, San Martín, Florida y Córdoba. Fue en los 90 cuando el patrimonio histórico fue desplazado por el shopping [Nota: los murales de Berni, Castagnino, Colmeiro, Spilimbergo y Urruchúa se emplazaron en 1946 en las Galerías Pacídico. En 2006 comienza un proceso de conservación para que finalmente en 2012 volvieran a ser expuestas, esta vez en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional].

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¿Cómo fue la relación de los pintores de izquierda con el peronismo?

Valorábamos a Evita sobre todo. Ella fue para mí lo mejor del peronismo. Hoy tendría mi misma edad, 97 años. Yo era de izquierda, pero iba a todos los actos a escucharla porque Evita sin duda era de izquierda y popular. Soy de izquierda pero siempre estuve con el pueblo. El arte fue elitista en su forma de expresarlo y de comprenderlo, por culpa de Borges que es de derecha. Pero al mismo tiempo resalto a Roberto Arlt con la misma vehemencia que cuento sobre su obra. Roberto Arlt dormía en el altillo de las casitas de Liniers. Un día nos llevó a mí y a tres muchachos más a Puerto Nuevo, donde había un lugar con enormes caños por donde iba a pasar el arroyo Maldonado. En uno de los caños tenía la máquina de escribir y una cama pequeña. La escribió ahí porque allí transcurre la obra y porque decía que tenía que sentir lo que le pasaba a sus personajes.

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En tus obras resalta la figura como temática, pero también hay un acento puesto en los abrazos. ¿Cómo es tu actitud frente a la tela?

¿Sabés por qué?, ¿por qué me gusta el tango y lo pinto? Porque es una actitud vertical de un deseo horizontal. Si pienso, no pinto. Yo encuentro, no busco, porque si vos buscás en la pintura vas a buscar lo que te gusta, ¿y la pintura qué culpa tiene? ¡Nada de bocetos! Mis bocetos son los pinceles, a veces espátulas, trapos. Hay obras que tienen un sentido en la actualidad, como “Los rostros del ajuste” o “Los rostros del puto paco”. O “Alca-rajo el fondo”, un dibujo que nació en Mar del Plata cuando Hugo Chávez le dedicó cuatro horas a Bush. Aquello fue maravilloso. Siempre fui feliz con todo lo que pinté. Si no era feliz lo tapaba. Lo que pintás encima de un cuadro hecho es el mejor cuadro, porque ya tiene el sabor de la otra pintura.

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Hoy hay mucha gente que pinta pero no hay movimientos, como fueron Espartaco, el Grupo de los 20, el Grupo Sur. ¿Que pensás que hay que hacer ahora?

Todos piensan en el dinero. ¿Qué hay que hacer? No hay que aceptar nada. ¡Si yo tuviera 20 años tomaría el Salón Nacional! Hay que barajar y dar de nuevo. Nos hemos metido en un laberinto sin salida. Por eso subsiste Nacho Zaldivar, de la Galería Zurbarán. Y eso que yo expuse allí. También expuse en Galeria Wildenstein y en Palatina. Eran galerías de la alta burguesía. Una vez cuando expuse en Palatina, Ricardo Coppa, su fundador, sacó todos los títulos de las obras porque tenían connotaciones políticas y de izquierda. Era el año 82, estábamos en dictadura. Esa fue mi última exposición en esa Galería y eso que era una de las galerías que más me vendía. Recuerdo que me pidió perdón.

¿Cómo armaste este taller y qué sentís cuando estás aquí?

Cuando vinimos esto era una fábrica de cerámica y arriba estaba el horno, subiendo esa escalera. Acá estaba todo vacío, dormíamos en el suelo. Todo lo fuimos haciendo con Susana [su mujer]. Toda nuestra vida está aquí. Igual te digo que pintaría en cualquier lado. Sólo necesito a Susana, con eso me basta. ¡Para qué más! Igual te cuento que de aquí no me muevo, son muchos los recuerdos y la gente que pisó este lugar. Ese cuadro que está ahí es de Ricardo Supisiche. Ahí tengo uno de Leónidas Gambartes realizado por él cuando era peluquero y eso que pintaba con esos pinceles baratos que te dan cuando comprás acuarelas. En aquella pared hay una escultura de Harogalli, un escultor que vive en la montaña de Tilcara en Jujuy. Vivió aquí en esta casa un tiempo. Luego se fue a Alemania. No lo volví a ver. Esa pintura es de Gerardo Feldstein, un gran pintor y escultor.

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Hay muchos artistas que dicen que vos fuiste su maestro.

Ellos lo dicen y se los agradezco, pero en realidad ellos nacieron buenos artistas, como Rómulo Maccio o como Nine que también trabajó para mí, ¡era un genio!

De los pintores europeos, ¿hay alguno que te guste especialmente?

Sí, Gustav Klimt. Además de un gran pintor me apasiona como ser humano. Y ni hablar de Egon Schiele, su alumno. ¡Mejor todavía! La destreza y la firmeza de su trazo, el impacto violento que causan sus autorretratos, es maravilloso. Para mí Van Gogh es una mentira, me gusta mucho más Paul Gauguin. En realidad pienso que Van Gogh fue famoso porque su hermano Theo tenía una galería.

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¿Actualmente qué estás pintando?

Ahora estoy pintando menos. Pero en realidad estoy pintando mucho mejor, porque veo menos. Como veo menos pinto mejor.

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“Me encantaba ir con Berni desde la Academia hasta su casa en Caballito. Eran verdaderas clases de pintura a cielo abierto.”

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“No se puede hacer arte si no hacés política. Siempre va a estar lo político atravesando la obra.”

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“Lo que pintás encima de un cuadro hecho es el mejor cuadro, porque ya tiene el sabor de la otra pintura.”

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“Todos piensan en el dinero. ¡Si yo tuviera 20 años tomaría el Salón Nacional! Hay que barajar y dar de nuevo.”

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