Columna Gustavo López en #NoNosQuedaOtra

"Comprender la continuidad de nuestra historia nos permite emparentar el abrazo de Guayaquil entre Bolívar y San Martín con el apretón de manos en 2005 entre Lula, Chávez y Kirchner contra el ALCA"

La contradicción fundamental

Texto:


Durante décadas, los argentinos vivimos enfrentados por cuestiones secundarias y nos costó muchos años reconocer lo que estaba a la vista, la contradicción fundamental entre dos modelos de país, entre intereses encontrados irremediablemente.

Radicales y Peronistas discutieron inútilmente si la libertad o la igualdad, cuando una y otra son imprescindibles. No hay libertad posible si no luchamos por la igualdad y no habrá igualdad jamás, sin libertad para los hombres.

Tuvimos que pasar el horror de las dictaduras para comprender que el enemigo de la democracia, el enemigo del pueblo siempre era el mismo, el poder económico concentrado; que como las capas que recubren la cebolla, actúan como una máscara que cubre su rostro pero que mantiene su esencia.

El primer radicalismo lo había llamado La Causa contra el Régimen. Eran los intereses de los desposeídos contra la oligarquía corrupta. Esa formulación de fines del siglo XIX, la va a expresar Perón en la década del 40’ y la va a simbolizar en Patria o Colonia. Los mismos intereses, con otros actores que representan la misma contradicción de proyectos.

En los 60’ el Alfonsinismo la denominó Pueblo y anti pueblo y la juventud Peronista hablaba de Liberación o Dependencia. Con la globalización por un lado y la imposibilidad de golpes tradicionales por el otro, hoy esa contradicción se expresa en democracia o corporaciones.

Por eso, la política Argentina dejó hace tiempo de ser bipartidista. Ya no importa si sos peronista, radical, socialista o conservador. Hay de todo en ambos lados. Lo importante es de qué lado estás. El lado de la causa de los desposeídos, de la patria, del pueblo, la liberación y la democracia o del régimen oligárquico, colonizante, contra los intereses de las mayorías populares y en favor de las corporaciones económicas. Esa es la dicotomía, que no es simbólica, sino profundamente práctica y por supuesto, ideológica.

La redistribución del ingreso en favor de las mayorías o la concentración en pocas manos, hace la diferencia entre llegar o no a fin de mes; entre tener o no tener trabajo; entre que nuestros hijos tengan un futuro o deban migrar para conseguirlo.

Entre 1930 y 1983, los grupos económicos concentrados utilizaron a las FFAA como ejército de ocupación en su propio país. Los militares golpistas, actuaban como ejército privado en defensa de los intereses económicos oligárquicos, por eso fueron siempre dictaduras cívico-militares. Pero cuando el pueblo decidió que la democracia era el sistema de vida esencial y la plataforma mínima para cualquier proceso de transformación, los grupos de poder atacaron el corazón del sistema democrático, cooptaron a buena parte de sus dirigentes y limitaron la democracia al sólo ejercicio electoral: no importa quien gane, igual gobiernan las corporaciones.

Ese resultado, producto de los golpes de mercado y de los golpes blandos, condicionó a las incipientes democracias recuperadas y las fue convirtiendo en pleno auge neoliberal, en cáscaras vacías.

La brutal crisis de pobreza y miseria que se abatió no sólo sobre nuestro país sino sobre toda América Latina convirtiéndola en la región más desigual del planeta, permitió el surgimiento de nuevos movimientos populares, que se expresaron cada uno de ellos con distintos liderazgos, pero que contenían las luchas histórica de los mismos intereses.

Comprender la continuidad de nuestra historia nos permite emparentar el abrazo de Guayaquil entre Bolívar y San Martín con el apretón de manos en 2005 entre Lula, Chávez y Kirchner contra el ALCA.

Hoy, que las corporaciones gobiernan sin intermediarios, comprender la contradicción es fundamental para la defensa de la democracia como herramienta de transformación en defensa de los intereses de las mayorías; sino la democracia puede volver a convertirse en una cáscara vacía, en una palabra sin sustancia.

La dicotomía está entre enfrentarse al ajuste para cambiarlo por políticas de crecimiento económico con redistribución de la riqueza, profundizando la democracia y extendiendo derechos o justificar la brutal transferencia de recursos del conjunto de la sociedad a los bolsillos de las 20 empresas más concentradas del país.

La reconstrucción de un frente popular amplio o frente ciudadano que defienda los intereses históricos del sentido de nación va a requerir tiempo, esfuerzo, diálogo y persuasión. La unidad es fundamental, junto con la horizontalidad del debate. En el “mientras tanto” no podés confundir de qué lado estar.

La pregunta que tenemos que hacer es, vos… ¿De qué lado estás?

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Gustavo López

Presidente de MNA FORJA

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