Entrevista a Daniel Tano Catalano

"El freno al ajuste lo van a dar las organizaciones desde los barrios, no el movimiento obrero."

“El quilombo que tiene la gente es que no le alcanza la guita”

Texto:
Fotografia: ATE Capital


Entrevista: Jimena Riveros

Daniel “El Tano” Catalano empezó a trabajar para el Estado a los 18 años, en la misma secretaría en la que sigue prestando funciones al día de hoy. Al mes de haber ingresado ya estaba afiliado a la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) y 30 días después se encontraba en la calle defendiendo a seiscientos compañeros que habían sido despedidos. Corrían los nefastos 90 y, tras un año de trabajo estatal, ya era delegado de base. El Tano Catalano supo transmitirles el “gen político” a sus hijos: uno da clases de apoyo en Ciudad Oculta los sábados y la otra milita en el centro de estudiantes de su colegio. Cargando con 42 años y una ardua lucha contra la burocracia sindical en su haber; Daniel “El tano” Catalano logró a fines del año pasado, de la mano de la lista “Verde y Blanca”, acceder a la conducción de ATE Capital. Y ahora, va por más.


¿Cómo se forma la lista “Verde y Blanca” de ATE y por qué?

La lista “Verde y blanca” fue un armado electoral nada más, que creo que después de las elecciones se terminó transformando en otra cosa. Nosotros participamos de ese armado desde la agrupación “La Verde de Germán”, que era la expresión del sentir de un colectivo de compañeras y compañeros que tenemos mucha pertenencia al peronismo y al kirchnerismo. Comenzamos a organizarnos hace cuatro años más o menos, arrancamos a cuestionar la burocracia sindical y la institucionalidad. Antes de eso se vivían situaciones muy complicadas al estar dentro del gremio, porque no se debatía la política partidaria. Había un lineamiento del sindicato que implicaba rechazar la participación electoral, sobre todo por lo que fue la constitución de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA). Recién con la fractura de la CTA todos empezamos a poder transitar un poco más cómodos nuestra pertenencia al peronismo, porque para aquellos que veníamos con una trayectoria dentro de él, éramos marginales. Somos un gremio donde se celebraba que no se cantase la marcha peronista. No podías hablar de Evita, no podías hablar de Perón. Dentro de ATE no había mucho lugar para nosotros.

¿Y aún así no dudabas de que tu espacio militante era ese?

Para mi sector de laburo es como medio impensable otra situación. Nuestra base tenía esa impronta y desde ese lugar veníamos a discutir fraternalmente a nuestro gremio, sin expectativa de generar otra cosa más que la discusión. No buscábamos peronizar ATE sino que veníamos a dar el debate. Así estuvimos, fuimos marginales durante mucho tiempo. Había toda una idea de centro-izquierda dentro del gremio y creíamos que la situación de sindicalismo apartidario o apolítico tenía que sobrevivir. Eso le daba herramientas a la CTA para disfrazarse de una falsa autonomía, que se fue rompiendo cuando se fracturó.

¿Cómo fue ese quiebre para ustedes?

Nosotros desde nuestro sector planteamos que no estábamos de acuerdo con la fractura de la CTA y nos empezamos a juntar con otros compañeros que tampoco acordaban. Decíamos, y lo sostenemos, que nos cuesta ver a los docentes como alguien con quien uno tiene que competir electoralmente. Porque a un guardapolvo nunca lo vamos a ver en una situación de disputa. El guardapolvo es posibilidad para seguir construyendo. No fuimos escuchados y la CTA se dividió. Los estatales de ATE quedamos por un lado, los compañeros de la CTERA por el otro. Después hubo situaciones en donde se fue saltando de una CTA a la otra, con esas desprolijidades que vamos teniendo. Pero nosotros fuimos consolidando nuestra relación con los docentes, con la CTA de Yasky. Acá en Capital, estos cuatro años fueron la prueba de fuego. Hubo momentos muy puntuales que nos fueron marcando y en los que la situación, el contexto del país, hizo que tuviésemos que involucrarnos más y hacernos más visibles.

¿Cuál era la relación con las cúpulas por aquel entonces?

Cuando los gendarmes y la policía de Córdoba se levantaron, la conducción de ATE Nacional planteó que había que organizar a la policía. Nosotros afirmamos que era un golpe institucional, que estaba en riesgo la democracia y que había que estar con el movimiento obrero para que las fuerzas de seguridad no se cargasen a un proyecto nacional y popular. Eso generó un quilombo acá adentro. Cuando Cristina logra la estatización de YPF, nos fuimos a Vélez. Nos movilizamos sin estructura y fuimos más de mil estatales, aun con lo complejo que es poder movilizar laburantes. Pusimos un punto de encuentro, una esquina, y los estatales fueron sin estructura. Eso fue también un indicador de que había algo más para discutir. Cuando hicimos el homenaje a Néstor en la Legislatura no entraban los compañeros de la cantidad de gente que asistió, entonces evidentemente los compañeros de ATE estaban para dar un salto en el debate, un salto en lo que se iba a jugar y ahí se empezamos a organizarnos.

¿Así nace la “Verde de Germán”?

Primeros habíamos arrancado con una expresión que se llamaba La 102, que era un grupo de juntas internas a las que el Estado nos nomenclaba con ese número, por la forma de pago que era a través del 102. Un centro de jubilados que está cerca del gremio nos prestaba el lugar para que hiciésemos las primeras reuniones, que eran como clandestinas al principio. Después, dejaron de serlo porque cuando los compañeros y las compañeras se enteraban te decían: “Che, ¿se están juntando? Invitame”. Entonces el círculo se fue ampliando, venía gente de todo el arco político. Se acercaban y planteaban que estaban ahí sin ser kirchneristas, porque bancaban la discusión que estábamos dando. Que había que ganar ATE para cambiar la forma de hacer sindicalismo y para poner en tela de juicio cómo se utilizan los recursos de ATE. O el rechazo sistemático a las paritarias, sin tener una política para poder discutir salario. Había un malestar que esas situaciones fueron creando y que empezó a saturar a los compañeros. Eso hizo que la “Verde de Germán” fuese creciendo. Después, además de crecer, pudimos alcanzar un acuerdo de lista con los compañeros de la Azul, la “Pocho Lepratti”, que ya en elecciones anteriores habían decidido confrontar, desde el kirchnerismo, a la Lista Verde.

¿Las ideas de ustedes no eran más afines a las de ellos que a las de la lista Verde?

Nosotros pensamos que teníamos la posibilidad de cambiarlo desde adentro, por eso decidimos quedarnos estos cuatro años. Nos presentamos a elecciones y empezamos a cambiar por dentro. Lo que nos pasó fue que nos intervinieron toda la Secretaría, nos pusieron barra bravas, atentaron contra nuestras casas, nos amenazaron. Fue toda una experiencia de cuatro años muy complicada para todos nosotros. Incluso una vez fuimos a un plenario en ATE Nacional para discutir por un paro que ellos ya habían lanzado de manera inconsulta; llegamos y estaba la barra brava de Boca. Hicieron un cordón para que no entrásemos y ese día todos los compañeros cobramos, porque no dejaron a uno sin pegarle, pero entramos al sindicato. Logramos que ATE Nacional reconociese que había contratado una barra brava para que impedirnos la entrada. No lo lograron porque éramos 400 delegados convencidos de lo que teníamos que hacer y enfrente había un barra brava al que le tiraron 300 pesos para no dejarte entrar al gremio. Bueno, entramos. Se ganó el plenario, se hizo lo que se tenía que hacer. Es parte de una historia de la que en ATE no había antecedentes. Yo hace más de 20 años que estoy afiliado al sindicato y nunca hubo contratación de barras, las comenzó a utilizar como instrumento el gobierno de José Luis Matassa (ex secretario general de ATE Capital). No tenía base militante pero sí plata para contratar matones. Así les terminó yendo. Perdieron las elecciones. Nosotros, en tanto, fuimos dando toda una política donde los compañeros y compañeras estaban convencidos de que había que cambiar al sindicato.

 Daniel Catalano - Secretario General de ATE Capital 0

Desde el gobierno sostienen que no hay una crisis de empleo, ¿es así?

Es que Macri se termina pisando solo. Vetó la Ley de Emergencia Ocupacional fue a Cresta Roja, una fábrica en donde había 3500 operarios. La recuperaron y rajaron a 2200 trabajadores. El gobierno mismo echó a 2200 trabajadores y reincorporó a 1300. El tipo anuncia su veto y no lo aplauden ni los trabajadores que ellos mismo habían llevado, 45 operarios de telón de fondo. La gente sabe lo que está pasando. Hoy no se puede tapar el sol con las manos, porque lo vamos viendo todo el tiempo, en cada sector del laburo: los supermercados están vacíos, los taxis no están laburando, el que tiene un mango no lo gasta, la gente está mal. O sea, no te encontrás en esa situación de alegría en la que uno se encontraba hace meses atrás en donde vos estabas planificando una vida. Hoy la situación pasa por una realidad que ni siquiera es la que te marcan los medios de comunicación. Vos pensá que antes terminabas discutiendo sobre el futuro de un director técnico de fútbol o el tema de la seguridad, porque esos eran los ejes que te bajaban desde los grandes grupos económicos. Hoy por más que quieran hablar todo el día de Lázaro Báez, el quilombo que tiene la gente es que no le alcanza la guita, que se le apilan las facturas con aumentos exorbitantes de luz, gas, agua. Cuando vas al supermercado, cuando te encontrás con la gente, no habla de otra cosa que de: “Che, me rajaron”, “Rajaron a fulano”, “Tengo miedo”, “No me alcanza”. Así es como se construye la realidad. Eso es lo que Macri no controla. Hay una situación dada, que existe y que no la pueden ocultar, no la pueden tapar. No se requiere ni siquiera ni de una encuesta ni de una estadística para ver que hay un humor social, creado por un marco de realidad, que es el que tenemos. La gente venía de otra experiencia de vida. Hoy se está viviendo mal.

¿Cómo opera este cambio en el nivel de vida sobre el movimiento obrero?

Lo que tiene que suceder es que el cambio en el nivel de vida se materialice en presiones a las cúpulas sindicales, para que éstas terminen siendo el reflejo de lo que le pasa al conjunto de los obreros. El movimiento obrero está a punto caramelo, pero a las estructuras les está faltando un golpe de horno. Entonces se dan contradicciones. Pablo Michelli plantea que hay que ir al paro; la CTA de Yasky acuerda con que hay realizar una medida de fuerza pero pide evaluar en colectivo qué hacer; el hijo de Moyano afirmó que los camiones paraban si vetaban la ley y al mismo tiempo tenías a un dirigente muy importante de la Confederación General del Trabajo (CGT) en las radios diciendo no iba a haber paro porque el veto no lo ameritaba. Evidentemente las bases les están pidiendo a los gremios que hagan algo con todo esto que está pasando.

¿Creés que la fragmentación les resta poder de fuego a las centrales?

El problema es tener sindicalistas como el Momo Venegas o Luis Barrionuevo que son realmente funcionales a cualquier propuesta de gobierno de derecha o centroderecha. Los tipos nunca están del lado del pueblo. Por otro lado, me parece que el resto de los dirigentes sindicales y de las centrales obreras se dan cuenta de que están frente a una realidad que no pueden ignorar mirando para otro lado. Es un poco lo que actualmente pasa en la Unión Obrera Metalúrgica, que está dando una batalla para que no le despidan gente. Y vos no los ves todos los días cortando calles, pero en cada fábrica tenés el quilombo y atrás de eso está el sindicato organizando a esos operarios y a su cuerpo de delgados. Aunque la CGT y la CTA no logren ponerse de acuerdo, indudablemente vamos a seguir estando en la calle. No podés no hacer nada cuando vetan una ley después de que vos movilizaste a 350.000 personas para que se sancionara.

En este contexto, ¿cuál es la relación hoy entre la Verde y Blanca y ATE Nacional?

Este armado de lista tomó cuerpo y volumen nacional y federal. Nosotros ahora tenemos ocho provincias en donde estamos con mucha fuerza y somos conducción. Y nos convertimos en un problema para la Seccional Nacional. Fundamentalmente porque hay dos ATEs: hay cuatro provincias que no resolvieron su elección, y el resto es Verde o Verde y Blanca. Por esto es muy difícil la conducción de nuestro gremio. Nosotros tenemos una impronta bastante definida sobre cómo queremos discutir la política. No nos gusta que nos definan los paros y las movilizaciones en secreto y nos avisen por Canal Trece. Nosotros queremos ir a los sectores de trabajo para discutir y construir las medidas de fuerza. No nos interesa que nuestro gremio esté atrás de una experiencia electoral como “Unidad Popular”. Nos parece que se utilizaron los recursos de ATE de manera desmedida y sin consultar con nadie en una aventura que no contiene a nadie, salvo a esos dirigentes que viven de esa experiencia electoral. Por eso nuestra situación con ATE Nacional es de tensión y no es una discusión para nada simple. Por otro lado, la Seccional Nacional ha tenido reuniones con el gobierno actual, mientras que a nosotros, esos mismos funcionarios no nos reciben. No nos hablan siquiera. Cuesta muchísimo poder abrir una mesa de negociación, porque para ellos nosotros somos un problema.

¿Como ves al movimiento obrero en la prometida panacea del segundo semestre?

Creo que el segundo semestre va a ser el momento de las fragmentaciones más grandes. Me parece que va a quedar como muy expuesto quiénes van a acordar rápidamente con el gobierno para tomar posición de acá a cuatro años y quienes están en condiciones de no renunciar. Va a ser un momento de crisis. Y yo no quisiera que esto pase, pero entiendo que quienes van a tener más volumen de protagonismo van a empezar a ser las organizaciones sociales. No debería ser así, pero si no logramos articularnos bien entre todas las centrales algunos sindicatos estarán metidos hacia adentro en tareas de contención. El freno al ajuste lo van a dar las organizaciones desde los barrios, no el movimiento obrero. La expectativa es que podamos vincularnos de manera tal que también seamos protagonistas en esta batalla que es tan importante dar.

Daniel Catalano - Secretario General de ATE Capital 1

  • Facebook
  • Google Plus