"El paraíso perdido" de César Brie

César Brie y su valiente elenco se han propuesto traer a escena (aunque sea por unos instantes) ese lugar irrecuperable que es la memoria, transitando y poniéndole el cuerpo al acto vertiginoso de recontar, decir, compartir y estar en escena: ese instante presente que se disuelve irrecuperablemente ante nosotros.

Hacer presente lo que no está

Texto:


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“El paraíso perdido” de César Brie

Esta obra fue creada durante un laboratorio de la Bienal de Arte Joven BA 2015 y está basada en “recuerdos, testimonios y textos de los intérpretes”. Se estará presentando los Domingos a las 17:00 horas en el espacio cultural Santos 4040. Con la dirección y dramaturgización de César Brie, este montaje propone un derrotero entrañable y empático a través de las memorias irrecuperables pero representadas de sus integrantes.

Haciendo uso de una serie de dispositivos actorales, sencillos pero contundentes, la obra pone en escena y nos presenta fragmentos de las múltiples historias de los intérpretes que la integran. Pasando por el testimonio, el monólogo, los diálogos y la narración; el montaje bordea entre lo performático de presentar en escena, la teatralidad de representar a otro y una hibridación de ambas técnicas mediante acciones corporales que por momentos sirven de metáfora para escenificar las anécdotas que van surgiendo.

Con una estética comprometidamente alejada del realismo convencional, El Paraíso Perdido logra construir momentos escénicos imaginativos sin caer en abstracciones crípticas. Los poderosos testimonios que los intérpretes van exponiendo tienen un componente de realidad que se complementa a la perfección con la estética elegida. La acción escénica genera empatía por la decidida convicción de los actores, quienes trabajan más desde la exposición de sí mismos en escena a través de sus historias que desde la construcción de artificios de representación. La dirección de Brie actúa más como una composición de ingeniosos momentos escénicos, que como un ojo crítico que nos da su perspectiva, dejando así que sean las singulares voces de los integrantes de este grupo de actores que hablen por sí mismas y nos cuenten su verdad.

Lo anterior no quiere decir que el trabajo de César Brie sea secundario. Al contrario, una de las principales fortalezas del montaje es que logra integrar con solvencia y naturalidad una serie de subjetividades muy diferentes, amalgamándolas en un solo acontecimiento escénico que termina teniendo una nueva identidad propia, acaso colectiva. También es evidente que hubo una ardua tarea dramatúrgica que logró homologar las diferentes voces de las anécdotas de los integrantes y dotar la obra de momentos verdaderamente poéticos.

El Paraíso Perdido recorre historias familiares, amorosas y personales dotadas de la singularidad y el magnetismo de los intérpretes que las vivieron y vuelven a evocarlas ante nosotros. Pese a esto, cada historia puede llegar a haberle ocurrido a algún miembro de la audiencia, generando así una empatía enorme con el público que (durante la función a la que asistimos) se entregó en silencio al goce de la escucha. Pasando por un amplio rango de situaciones entrañables, la obra consigue momentos escalofriantes, hilarantes y tiernos. Pese a carecer de una línea narrativa, prefiriendo que sea el acto de poner en escena esos momentos personales, el montaje nunca decae en su progresión.

El montaje ha preferido una estética teatral que propone vaciar el espacio para permitir que algo surja de la presencia de los actores en el escenario, más que construir dispositivos de representación que ayuden a enmarcar las historias y dotarlas de verosimilitud realista. Esta apuesta es riesgosa porque depende altamente del trabajo comprometido del elenco, que debe compensar la intensidad de su presencia la desnudez del espacio, y le pide al público capacidad imaginativa y disposición lúdica para prestarse a aceptar estas condiciones. En este caso la apuesta es absolutamente fructífera. El Paraíso Perdido es un potente despliegue de una teatralidad en bruto, más intensa y personal que cualquier artificiosa producción de costosos elementos escenográficos.

César Brie y su valiente elenco se han propuesto traer a escena (aunque sea por unos instantes) ese lugar irrecuperable que es la memoria, transitando y poniéndole el cuerpo al acto vertiginoso de recontar, decir, compartir y estar en escena: ese instante presente que se disuelve irrecuperablemente ante nosotros. En ese sentido, no hay nada más teatral que contar los recuerdos, ya que hacen presente ante nosotros lo que no está, al mismo tiempo que vuelve a dejar de estar en ese instante. Esta obra es consciente de este elemento evocativo del teatro, apropiándose del mismo y convirtiéndolo en su mayor fortaleza. Por momentos, miran al público a los ojos interpelándole descaradamente a que se arriesgue con ellos a no evadir la mirada del otro. Reto difícil, pero que nos permite compartir por segundos memorias que estallan ante nosotros, dejando un eco que vibra en el aire.

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Intérpretes: Micaela Sol Carzino, Sofía Diambra, Ana Clara González, Sebastian Gui, Iván Hochman, Gabriela Soledad Ledo González, Florencia Michalewicz, Gabriela Morán, Guido Napolitano, Ignacio Orrego, Florencia Pantano, Abril Piterbarg,Jose Salerno, Melina Salgado, Tomás Sokolowicz, Liza Taylor, Manuel Tuchweber
Prensa: Simkin & Franco
Producción: Bienal Arte Joven Buenos Aires, Banfield Teatro Ensamble, César Brie
Director asistente: Ignacio Gómez Bustamante, Nelson Valente
Dirección: César Brie

INFORMACIÓN
Santos 4040
Santos Dumont 4040 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Web: https://www.facebook.com/santos4040
Entrada: $ 150,00 / $ 130,00 / $ 120,00 – Domingo – 17:00 hs – Hasta el 29/10/2016

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