"El Bululú. Antología endiablada" de Leticia Gonzalez De Lellis y Osqui Guzmán

... hay algo endiablado en esta antología, ya que invoca contundentes presencias a escena. Y aunque son muchos los personajes que vemos, están todos contenidos en un mismo cuerpo. Osqui Guzmán es un monstruo.

Híbrido hilvanado a un cuerpo

Texto:


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“El Bululú. Antología endiablada” de Leticia Gonzalez De Lellis y Osqui Guzmán

En la sala de Timbre 4 en la calle México se está presentando Bululú. Antología endiablada interpretada por Osqui Guzmán. Este tributo al bululú que hizo famoso José María Vilches en los años setentas, se presenta desde el 2010 en diferentes salas y ha sido ganador de premios como el ACE (mejor labor unipersonal), Estrella de Mar (mejor unipersonal), Teatro del mundo (mejor adaptación), entre otros. El éxito de la obra es contundente y prolongado. Una y otra vez, desde hace seis años, Osqui Guzmán convoca al escenario el desborde del siglo de oro español, la nostalgia andina del imaginario Boliviano y los entrañables recorridos por el Buenos Aires de la juventud del estudiante de teatro que nos cuenta su historia. La obra es un híbrido extraño y singular, acaso por eso la enorme seducción que sigue ejerciendo y con la que vuelve a ganarse al público.

Osqui Guzmán hace un despliegue descomunal de energía y fineza técnica, mientras encarna diferentes personajes que van apareciendo ante nosotros con una facilidad tal, que logra hacer al público olvidar la enorme dificultad de la tarea que está llevando a cabo. El bululú es una técnica que fue desarrollada por actores solitarios y viajeros que interpretaban distintos personajes simultáneamente. Esto le obliga a tener un conjunto de habilidades difíciles de reunir en un solo cuerpo: plasticidad, rango vocal, precisión corporal y capacidad de caracterización. Guzmán no sólo reúne todas estas capacidades, sino que da una cátedra de actuación en esta difícil técnica clásica, reivindicando la potencia del cuerpo en escena como principal generador de imágenes. El público viaja con el actor a los lugares que éste va convocando con su cuerpo; basta un gesto para transformar el escenario, que ha sido provisto apenas de los elementos necesarios, para que sea la actuación la que construye y va dando significado al entorno.

El ritmo de la obra es maquinal, de una precisión sorprendente, y dotado de suficientes contrastes y variantes para que la sala respire, ría, se agite y contenga la respiración. Osqui Guzmán transita un amplio espectro de situaciones: desde las más cómicas y farsescas, hasta otras conmovedoras y nostálgicas. Eso sí, la obra nunca es gris. Aún en sus momentos más íntimos y quietos siempre hay un brillo que la atraviesa. Acaso sea por la vibrante energía de su actor que logra mantener al público compenetrado y en estrecho vínculo todo el tiempo.

La adaptación de Guzmán y Leticia González De Lellis da cuenta de un minucioso trabajo. Bululú. Antología endiablada está atravesada por una línea narrativa sencilla y potente: el viaje de la versión ficticia de Osqui Guzmán a través de sus primeros años de formación y descubrimiento del arte teatral. Esta línea va siendo atravesada por distintos cuadros del bululú de José María Vilches que Osqui iba descubriendo y devorando durante las labores de costura con las que se mantenía económicamente mientras cursaba la carrera de actuación. Al mismo tiempo nos va contando sobre la Bolivia de sus padres y del Buenos Aires de su barrio. Como el traje típico boliviano que Guzmán utiliza al inicio de la obra, la dramaturgia es un entretejido colorido y complejo de distintos elementos culturales disímiles. El actor, al estar atravesado y compenetrado por esta diversidad que lo constituye, es la percha perfecta para este complejo manto que el espectáculo construye. Entrecruzando elementos tan distintos y aparentemente distanciados como versos del siglo de oro español y bailes típicos bolivianos, el espectáculo va hilvanando un conjunto de cuadros que, pese a ser independientes unos de otros, se complementan de tal manera que forman una sola cosa. Esto evita que la obra se vuelva un compendio de retazos de escenas, dándole unidad y un grosor que permiten generar empatía e interés.

Sin duda hay algo endiablado en esta antología, ya que invoca contundentes presencias a escena. Y aunque son muchos los personajes que vemos, están todos contenidos en un mismo cuerpo. Osqui Guzmán es un monstruo; se transforma una y otra vez ante nuestra mirada, logrando además convencernos de que estamos en los mismos lugares que contienen a sus personajes. Como poseídos por algún espíritu inexplicable nos dejamos tomar por sus historias, palpitamos al ritmo de su percusión y creemos cada palabra. Cuando parece haber terminado nos engaña para tomarnos de vuelta. Hasta que el actor se desprende de las máscaras que lo habitan -y con las que ha logrado cautivarnos- para transformarse por última vez ante nosotros y despedirse.

En un momento en que el teatro contemporáneo suele buscar hacer evidente su condición de artificio escénico, Osqui Guzmán nos permite tener un gozoso re-encuentro con ese teatro que prefiere utilizar el artificio para transportar al espectador de la sala a la ficción. Sin necesidad de costosos elementos de producción, a fuerza de pura imaginación y un actor que devora el escenario transformándolo con su cuerpo que se transforma con cada personaje.


 

FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA

Autoría: Leticia Gonzalez De Lellis, Osqui Guzmán
Actúan: Osqui Guzmán
Escenografía: Graciela Galán
Diseño de vestuario: Gabriela A. Fernández
Diseño de luces: Adrián Cintioli
Música: Javier Lopez Del Carril
Entrenamiento musical: Javier Lopez Del Carril
Asistencia de dirección: Leticia Gonzalez De Lellis
Prensa: Marisol Cambre
Coreografía: Pablo Rotemberg


 

INFORMACIÓN

Timbre 4
México 3554 (mapa)
Capital Federal – Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4932-4395
Web: http://www.timbre4.com
Entrada: $ 200,00 – Viernes – 20:30 hs y 22:00 hs – Hasta el 09/09/2016

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