Editorial #NoNosQuedaOtra 27-06-16

¿Quién carajo nos enseñó que cuándo sé es Gobierno la calle se abandona?

Autocrítica y Kirchnerismo

Texto:
Ilustración: Leandro Gillig


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Fragmentos del Editorial

“¿Te acordás? Hace rato que te lo venimos advirtiendo… El perverso anticipa el delito proyectándolo en su víctima. Estos tipos tienen negocios en las obras públicas desde los tiempos de la dictadura. Fugaron al exterior miles de millones de dólares. Colaboraron con las listas de los desaparecidos, nadie les dio el papel, ellos se autodenominaron protagonistas en las salas de tortura. Ellos fueron los que salieron a perseguir a la militancia desde el día 1, los que asesinaron la libertad de expresión, los que espiaron por la cerradura del movimiento y planificaron dónde pegarnos, dónde iba a dolernos más ¿Te acordás? Te lo venimos contando hace rato en este programa …”

“Nos metieron a Lázaro Baéz por todos los agujeros. Así funciona la derecha del siglo XXI. Te perforan hasta la médula con un mensaje. Te lo inoculan como un cáncer en el corazón de tu propio discurso. Y mirá que uno sabe muy bien quién es Clarín. Uno entiende perfectamente cómo construyen un relato, una fábula. A esta altura del partido, nadie tiene dudas de que son un laboratorio de la desestabilización. Que representan a la oligarquía. Que mienten. Que todo el tiempo mienten. Pero también uno sabe que llega un punto en el que ya no podés no darle bola. Porque te interpela el vecino, el panadero, el carnicero y tu vieja, que te llama por teléfono y te dice, “Che, ¡cómo robó este tipo!”. Y resulta que el socio de Báez no era Cristina sino Calcaterra, el primo de Macri.  ¿Te das cuenta? Otra vez: El que chorea es Macri pero la que tiene que ir presa es Cristina. Así funcionan estos tipos. Te piden que por favor le dones sangre para la abuelita y vos te sentís culpable. Y vas y le das el brazo para que te saquen sangre. Y después cuando te muerden el cuello, dicen que fuiste vos el que pusiste el brazo para donar sangre. Lo hizo con consentimiento. Te dicen: Vos te dejaste sacar sangre. Así son los perversos. Los vampiros amarillos. Andan por la noche peronista ofreciendo una noche eterna, una que cuando se venga, ya no habrá vuelta atrás”

Pero ellos son las víctimas, los que sufren terribles persecuciones. Un pobre estado que ha sido profanado por un conjunto de montoneros con vagina. Y que ahora, gracias a Dios, fue recuperado por gente de bien, por el peronismo formal, por el PJ del Opus Day y la Sociedad Rural. Coherente, que no le interesa mirar al pasado. Que tiene las botas bien puestas y no se deja corromper por el olorcito de lo popular. Un clan de soretes que a lo único que le teme es a su propia debilidad y qué no descansará hasta sentirse seguro de que nuestra tendencia tiende al abismo, a la fragmentación, a la desaparición. Es que eso quieren compañeros, a ver si nos sacamos las lagañas y nos avivamos que así nos van a embromar. Nos quieren quebrar como lo hicieron con toda una generación en los 70. Nos quieren pegar dónde más nos duele. Nos quieren desmovilizar, desunir, despojarnos de la moral que nos hizo poner al movimiento en los más alto de los Derechos Humanos. Quieren que confundamos la autocrítica con la autodestrucción, las disculpas con la culpabilidad, los errores como aciertos de nuestra indecencia. Quieren vernos muertos, arrodillados antes las estructuras patriarcales de las dirigencias de derecha. Las de afuera y también las de adentro. Quieren convencernos de que despertamos de un sueño infantil, de que nos alargaron la correa por doce años y ahora todo vuelve a la normalidad. De que es hora de asumir la realidad que nos toca como campo popular: ser una minoría desvalida que de tanto en tanto arroja una verdad al vacío y toca quizá, alguna fibra íntima de la sociedad. Eso quieren los vampiros amarillos y sus cómplices”

“Pero claro que hay que hacer autocrítica, una autocrítica responsable, ética. ¿O cómo gobernó el kirchnerismo estos doce años? ¿Me vas a decir que la unidad que nos llevó a ganar las elecciones fue con las estructuras partidarias nada más? El kirchnerismo siempre fue un núcleo duro. A mí me gusta imaginármelo como círculos concéntricos. El más pequeño, río adentro, el de Parrili, Zanini, De Vido y Cristina es el que planificaba las estrategias. Ahora… ¿Quiénes aseguraban que esas decisiones tengan un correlato en la historia? Los círculos más grandes y periféricos. Compañeros, esto es una democracia burguesa. Te doy ejemplos: La 125, la Ley de Medios, La Democratización de la Justicia.  ¿Vos realmente creés que todos los círculos medios, entre el núcleo duro y los amplios de la periferia, hicieron fuerza para que esas medidas tomen impulso? Está claro que no. Siempre tuvimos el enemigo adentro. Porque la corrupción, la traición y la avaricia son fenómenos inherentes a nuestra raza humana. No son inextirpables, pero hay base genética para creer que son congénitos. No nos engañemos más con la autocrítica de la corrupción. Se desataron fuerzas que ya operaban durante estos doce años. Estaban con el puñal en el bolsillo esperando que le demos la espalda. Y esto recién empieza, compañeros, no podemos seguir dándole la espalda al pueblo y caer en la banalización de la política. La política debe ser una herramienta de transformación y sólo puede traducirse en actos. Las palabras, los debates y las autocríticas son parte fundamental de la construcción política pero el verdadero kirchnerista debiera estar pensando en sus ideales no en los de la derecha. De 2011 para acá nos desactivaron cuánta movilización se propusiera desde las bases. No sólo desde las militantes, desde las bases sociales, inorgánicas, espontáneas. !Pero No! ¿Cómo íbamos a ir a la puerta de Clarín a reclamar para que se cumpliera efectivamente con la Ley de Medios? ¿Cómo íbamos a ir a Tribunales a pedir por la democratización de la Justicia? ¿Cómo le vamos a pegar una trompada a los chacareros? Si hay que hacer autocríticas, preguntémonos eso. ¿Por qué nos desmovilizamos? ¿Quién carajo nos enseñó que cuándo sé es Gobierno la calle se abandona? Si tenemos que hacer una autocrítica, preguntémonos por los buitres locales? ¿Por qué no los escrachamos, por qué no los perseguimos, por qué fuimos tan políticamente correctos? Si tenemos que hacer un autocrítica, preguntémonos por la última campaña electoral… ¿Cuántas estructuras políticas salieron a militarla? ¿Cuántos kirchneristas queríamos que Scioli fuera nuestro candidato? ¿Cuántos sciolistas querían que los kirchneristas tuviéramos el mismo lugar que ellos? ¿Cuánto corazón le pusiste vos a la campaña? ¿Cuánto corazón le puso Cristina?”.

“Muchos de los que hoy construimos Hamartia nacimos al calor de los 90, nos acostumbramos a los baldes fríos del fin de la historia, la robotización de los ideales, la filosofía del pelotudismo, el vacío. Las tetas con siliconas, la comida rápida, el culo con doble tanga, el musculito, el oráculo yanqui, el culopatín por el peronismo. En el colegio secundario se reían de nosotros, porque invitábamos a la organización. Se nos reían en la cara porque además de hacer política, no teníamos un mango ni éramos lo suficientemente vivos e hijos de puta. Entonces no éramos políticos. Esa era la joda. El más capo era el más sorete. Mucha autocrítica y formación histórica se requerirán en estos años para entender por qué la batalla cultural de los 90 nos ganó en el último round. Muchos pensaron que habíamos superado definitivamente los hitos culturales de los 90, que con 12 años de kirchnerismo alcanzaba para sacarnos toda la ignorancia, que habíamos desaprendido el goce que nos metieron por los agujeros del cuerpo. ¡Y sabés que no! Quedaba mucho más”.

“Nuestra derrota fue cultural. Quizá en los últimos 4 años nos supimos empoderar a aquellos círculos de la periferia y se hicieron fuerte los círculos del centro, los que andan con la daga en el bolsillo del saco, los oportunistas de siempre, los pragmáticos fundamentalistas. Es que cuando el pragmatismo o el dogma se van muy a la mierda, siempre te encontrás con alguna miseria en el fondo de la bolsa.

“Esa es mi autocrítica. Esa es la autocrítica de Hamartia. Y creo que el Evita debiera preguntarse, entre otras cosas, si hizo lo suficiente en estos doce años en vez de poner la culpa en un monigote y salir por la puerta del costado”.

“Porque ese proceso tiene que venir no de arriba hacia abajo sino también y al mismo tiempo de abajo hacia arriba. Gramsci llamaba a este proceso de irradiación o ampliación político-cultural con el nombre de “hegemonía”.

Esa hegemonía se construye irradiando amor no con acusaciones cruzadas. Dejemos de poner la paja en el ojo ajeno. Dejemos la paja y salgamos a ganar corazones.

Bienvenidos a No Nos Queda Otra, un espacio donde la autocrítica no mata sino que da vida.

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