Cuentos con Historia

Bartolomé Mitre, el fundador del diario La Nación, habría de llevar al país a un colosal endeudamiento externo en la banca de Londres para financiar una guerra cuyo objetivo central era defender los propios intereses de la corona británica

Los chicos de la guerra

Texto:


Llora, llora Urutaú, en las ramas del Yatay. Ya no existe el Paraguay, donde nací como tú…”

Carlos Guido y Spano

La panza de Ramón hacía ruido, mucho ruido. Había comido poco y nada en los últimos seis días, y eso que antes de ayer había sido Navidad. Estaba de cuclillas. Algunos la llamaban trinchera pero era más bien una zanja apestosa que apenas si llegaba a la cintura. Los mosquitos los volvían locos, y las ojotas de yute se pegoteaban en el barro hediondo, tierra batida con sangres y orines. Eran pocos a los que les había tocado un fusil. Ramón, como la mayoría, había recibido una sencilla lanza de tacuara con una bayoneta en la punta. Estaba clareando el alba del séptimo día de batalla sobre las Lomas Valentinas, cuando los rumores finalmente se confirmaban: habían llegado los argentinos.

Cincuenta y cuatro años antes, el Congreso de 1814 había designado al Doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y Velasco en el cargo de Dictador Supremo del Paraguay. Ahogada por la apertura indiscriminada de la economía dispuesta desde Buenos Aires, la antigua provincia guaraní se había visto obligada a cerrarse sobre sí misma.

En nombre de la libertad de comercio, el gobierno de Rivadavia había inundado las provincias de los más variados productos importados que llegaban desde Liverpool, París o Manchester a precios tan bajos que las economías regionales no podían competir. Pero, al mismo tiempo, el centralismo porteño se negaba a coparticipar con las provincias los jugosos impuestos aduaneros que engordaban las arcas de Buenos Aires.

Así, jaqueado económicamente por la oligarquía porteña y por el interés manifiesto del Imperio del Brasil de anexarse su territorio, fue que el Doctor Francia decidió poner en marcha un proyecto revolucionario: inspirado en el plan de operaciones que hiciera Mariano Moreno, Francia decidió convertir su “aislamiento internacional” en una oportunidad de crecimiento autónomo.

Como primera medida puso en manos de un monopolio estatal a la producción de yerba mate, tabaco y madera –sus principales productos exportables– prohibiendo al mismo tiempo el latifundio y garantizando el acceso de todos los ciudadanos a la tierra, el techo y el trabajo. Decretó la educación pública, gratuita y obligatoria dentro de todo el territorio, al tiempo que modernizaba la proto-industria legada por las misiones jesuitas. Con los excedentes de las exportaciones de yerba mate y tabaco, importó maquinaria pesada generando un verdadero proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Se valió de las “Estancias de la Patria” –en manos del Estado– para potenciar la producción agrícola-ganadera y garantizar la soberanía alimentaria de la población. También determinó valores mínimos para los salarios y valores máximos para los arrendamientos.

Al morir el Doctor Francia lo sucedió en el cargo Carlos Antonio López Insfrán, y luego de éste su hijo Francisco Solano López, el “Mariscal”. Ambos continuaron las políticas de redistribución de la riqueza y de industrialización sin caer en la trampa del endeudamiento externo. Así florecieron fábricas de papel, de aceite, de azufre, de artículos de loza, salitreras y caleras. La industria metalúrgica prosperó con el establecimiento de la explotación y fundición de hierro de Ibycuí, de donde salían implementos agrícolas y armas para la defensa. En 1861 se construyó el primer ferrocarril. Al poco tiempo, la primera línea telegráfica de América del Sur. El Paraguay contaba con una marina mercante de once barcos. Tal grado de soberanía política, independencia económica y justicia social no habría de ser tolerado por los imperialismos internacionales ni por las oligarquías vecinas.

El potente mercado interno guaraní, desarrollado por décadas de un modelo nacional centrado en el pueblo era una presa jugosa para los intereses británicos. Del mismo modo, el crecimiento en la calidad de vida de los sectores mayoritarios de la población irradiaba un mal ejemplo para los gobiernos oligárquicos de sus vecinos. Así nació la llamada “Guerra de la triple Alianza”, eufemismo del oscuro pacto genocida. De esta manera, el presidente argentino Bartolomé Mitre, el fundador del diario La Nación, habría de llevar al país a un colosal endeudamiento externo en la banca de Londres para financiar una guerra cuyo objetivo central era defender los propios intereses de la corona británica; y masacrar –en complicidad con brasileros y uruguayos– a un millón de guaraníes.

Merecía un castigo ejemplar semejante insolencia.

Cuatro años –y no tres meses, como profetizara el presidente– le costó a la coalición invasora llegar hasta el arroyo Piquisiry, en las inmediaciones de las Lomas Valentinas. Cuatro años y 50.000 hombres; y todavía faltaban 40 kilómetros para llegar a Asunción. Para los que resistían la invasión, el infierno fue dantesco. El primer año se había llevado al papá de Ramón. El segundo, a los hermanos mayores. El tercer año se llevó a su abuelo. Ahora le tocaba el turno a Ramón. Cuando empezaron a llover los cañonazos, Ramón se aferró a su lanza de tacuara y salió de la trinchera corriendo hacia el enemigo. Sus compañeros de escuela lo siguieron, a lo largo de la línea de defensa. La neblina de la pólvora enturbiaba la vista y ardía en la garganta, pero Ramón seguía corriendo con la punta al frente. De pronto tropezó con una piedra o tal vez un muerto, y al recuperar el equilibrio quedó frente a frente con el otro. Se miraron a los ojos sorprendidos, congelados. En algo eran parecidos: los dos morochos y flacos. Uno vestía uniforme, el otro algunos harapos; uno llevaba un fusil, el otro lanza en la mano; uno la barba crecida, el otro sus doce años. Después sobrevino el grito y el fusil cantó su canto. Mientras Ramón se moría, en el barro de su llanto, pudo ver que el uniforme del que lo estaba matando tenía prendida al pecho la cinta celeste y blanco.El imperio Contraataca Color


El primer Plan Cóndor y los que siguieron

Lo que caracterizó al Plan Cóndor llevado a cabo en la década del 70 fue la utilización de gobiernos oligárquicos al servicio de los intereses del imperialismo, para llevar adelante un genocidio a manos de los militares. Así, se obligó a un pueblo soberano a abrir su economía, a caer en el sobre-endeudamiento externo y a sumirse en la dependencia y el atraso. Pues entonces, el primer “Plan Cóndor” de la historia fue sin dudas la guerra de la Triple Alianza, en la que Argentina, Brasil y Uruguay (con colaboración del imperio inglés) atacaron a Paraguay. Sobre el Plan Cóndor perpretado en los 70, el 27 de mayo de 2016 el Tribunal Oral Federal N° 1 encontró culpables a 15 represores, aplicándoles condenas de entre 8 y 25 años. La sentencia, primera en su tipo en el mundo, demostró la existencia de una asociación ilícita integrada por las dictaduras oligárquico-militares de América del Sur, en complicidad con el Departamento de Estado de los Estados Unidos. El objeto de esta asociación era perpetrar un genocidio a escala continental que permitiera la instauración de un modelo económico de corte neoliberal que favorecía los intereses del imperialismo norteamericano en la región. Asimismo, importantes dirigentes políticos y sociales sudamericanos –entre ellos varios presidentes y ex presidentes– sostienen que en la actualidad se está llevando a cabo una nueva versión remozada del mismo esquema, esta vez reemplazando la participación de las Fuerzas Armadas locales por las corporaciones judiciales y mediáticas apoyadas por la derecha internacional.

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